| Octubre 2008
Meditación Misionera - octubre de 2008
Enviados a evangelizar a los pobres
El mes pasado, el Consejo general de los Oblatos estuvo en Brasil para tener un encuentro con los Superiores
y los representantes de América Latina.
La semana que precedió al encuentro, nos permitió visitar algunas misiones en el subcontinente. De este modo tuve la oportunidad de conocer más de cerca
cuatro nuevos compromisos misioneros en la Amazonía brasilera. Los Oblatos asumieron recientemente la responsabilidad de un suburbio de Belem (70.000 habitantes),
de un sector rural cerca de Itaituba a 700km al oeste y de varios barrios en la periferia de Manaus (alrededor de 40.000 habitantes). En esta misma zona,
es necesario añadir aún el postulantado, que incluso no es nuevo, al contrario ya existía mucho antes de estas cuatro recientes misiones.
¿Hay algo de especial con respecto a estos nuevos esfuerzos misioneros? Se podría decir que no, nada de especial; no se trata sino de un trabajo ordinario.
En efecto, al visitar estos lugares, me sentí inmediatamente mi mismo, estando de vuelta el pie del cañón, como en los viejos tiempo del Paraguay.
Nuestro ministerio se desarrolla según una estructura parroquial, aunque la población es muy demasiado grande para ser una parroquia; ésta es la razón
por la que la parte fundamental de las actividades se desarrolla en las pequeñas comunidades: las “Comunidades eclesiales de base”. Varias de entre ellas
ya existen, con una modesta capilla en el centro; otras, desde hace algún tiempo, tienen aún necesidad de construirla. Los misioneros oblatos visitan las
casas unas tras otras, para invitar a la gente y encontrar posibles líderes. ¿Qué pasa de especial? El trabajo de evangelización, en esta región del
mundo, realizado por una docena de Oblatos, no tiene, en verdad, nada para transformarse en grandes titulares de Diarios.
Y con todo, encontré a las comunidades oblatas en Amazonía bastante especiales. Este tipo de ministerio, que existe también en muchos otros países, pone
en relieve lo mejor de nuestro carisma. ¡Es solamente posible debido a algunas elecciones que todos no están dispuestos a hacer! El compromiso en estos
barrios supone una opción valiente para servir a los pobres. Eso quiere decir, trabajar con personas que acaban de llegar a la ciudad y a quienes la tierra
en la que viven no les pertenece legalmente; gente que aun busca trabajo, que se mueven a menudo para obtener los servicios básicos, como alcantarillado
o electricidad; que sufren con los elementos criminales que viven entre ellos y amenazan a toda una población, incluso a los Oblatos.
¡Asumir tales misiones revela también un gran amor por la Iglesia, vinculado a una fuerte voluntad de aportar la palabra de Dios, tal como lo oímos y la
vivimos en la Iglesia Católica, cortando algo la vía a los numerosos otros grupos religiosos presentes en todas las esquinas de calle! Está es la determinación
y los esfuerzos para llevar a la gente a alimentarse con la sólida enseñanza católica: culto y compromiso social en vez de las visiones del mundo fundamentalistas
presentadas por algunos grupos.
La educación de los adultos y las escuelas de calidad para los niños forman parte de esta evangelización, como en realidad es parte de la solidaridad con
la lucha del pueblo para mejores condiciones de vida y la resistencia a la corrupción. Una fe personal sólida en la presencia de Cristo vivo y una comunidad
viva con él como centro, con los santos y la Virgen María como aliados; todo esto es lo que los Oblatos intentan desarrollar para que todos tengan una
vida en abundancia.
Es alentador ver este tipo de evangelización activa, tan ordinaria y al mismo tiempo tan especial, llevada a la práctica por los Oblatos extranjeros y
locales, jóvenes y viejos. Tuve la ocasión de encontrarme con algunos de los líderes de las comunidades y algunas personas de los barrios. Estoy agradecido
que me hayan puesto en contacto con una valiente niña de diez años, que mostraba una actitud plena de fe, mientras que debía someterse a una operación
peligrosa, hecha posible por la solidaridad de la comunidad cristiana.
La Congregación existe para este tipo de trabajo. Todo el mundo no puede estar en el frente. La administración y el mantenimiento de una conciencia misionera,
la gestión de las finanzas y la formación, los estudios y las campañas de opinión son muy necesarios. Pero una cosa queda clara, la misión de evangelizar
directamente a los pobres es esencial para los Oblatos, y cuando nos comprometemos, sabemos desde luego que hacemos el trabajo de Dios.
Esta conciencia debería darnos paz interior. Recientemente leí una frasecita con respecto a un tipo de conversión, que quizá tenemos aún que hacer en este
tiempo de gran tensión; esta conversión consiste “en pasar de un activismo eficaz, a una participación contemplativa de la misión de Dios uno y trino”.
Al servir a los pobres como los del Amazonas, no sabemos cuán “eficaces” serán nuestros esfuerzos a corto plazo, aunque demos lo mejor de nosotros mismos
e intentemos acercar a la gente, a los horizontes de la esperanza.
De una cosa, sin embargo, podemos estar seguros: participamos incluso en la misión de Dios. “Contemplemos” pues este hecho y encontremos a continuación
la paz para nuestras vidas ocupadas, sabiendo que el Espíritu de Dios está en nosotros; ninguno otro nos ha enviado si no nuestro Dios uno y trino para
que evangelicemos a los pobres, como los de las ciudades y campos del Amazonas.
|