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MARIO
BORZAGA
1932-1960
El sueño de un hombre que buscaba ser feliz
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“YO REZABA, TRIUNFABA EN LOS ESTUDIOS Y SOÑABA...”
En su ciudad natal de Trento, el joven Mario, espíritu aventurero, gozaba trepando a los árboles, correteando por los
caminos en una bicicleta demasiado grande para él, caminar por los montes. Al crecer en un ambiente familiar profundamente
cristiano, se había sentido llamado al sacerdocio. Estudiaba en el seminario menor diocesano. Por entonces escribía: “Yo
amaba a Jesús en los sacramentos y a María, rezaba. Triunfaba en los estudios, soñaba...” En el seminario mayor, su amor
por la naturaleza le empujaba a desarrollar el espíritu de observación sobre las perdonas y las cosas que luego anotaba con
regularidad en su diario. Sus compañeros de seminario dirán más tarde que eran conscientes de esa creciente hondura
espiritual que empujaría a Mario hacia un compromiso más grande.
UN SUEÑO MISIONERO
Oyendo hablar a un misionero de paso, Mario toma conciencia de su vocación por las misiones extranjeras como Misionero
Oblato y que, para seguirla, tenía que romper con los lazos estrechos que lo ligaban a su familia y a sus amigos. Inicia,
pues, su año de noviciado, que él mismo define así: “Es un año en el que uno pone a prueba sus posibilidades de darse
totalmente al Señor, un año en el que uno se entrena a renunciarse, a vaciarse completamente de sí mismo, como se vacía un
cubo de basura, sin lamentos.”
UN SUEÑO QUE TOMA LA FORMA DE UN DON DE SÍ
Durante los años de preparación para la vida misionera, se propuso un objetivo espiritual preciso: vaciarse lo más posible
en el molde de Cristo sacerdote, víctima y apóstol. Quería conseguirlo gracias a la Eucaristía y a María Inmaculada: la
Eucaristía como pan partido, fruto del sacrificio de la Cruz, es decir, del amor; María Inmaculada, porque ella dio Jesús al
mundo; Mario quería imitarla hasta el punto de llegar a ser misionero como ella y portador de Cristo Salvador.
EN LAOS: LA DESILUSIÓN
Tras su ordenación en 1957, Mario fue enviado a Laos, uno de los países más pobres del mundo y con un escaso porcentaje de
cristianos. Su primer año fue difícil; lo pasó aislado en una misión. Era incapaz de comunicarse con la gente, intentando
aprender la lengua local, no pudiendo ejercer plenamente su ministerio como sacerdote; una situación que lo llevó a sentirse
inútil: “Mi cruz soy yo mismo, yo soy mi propia cruz. Mi cruz es la lengua que no consigo aprender. Mi cruz es mi timidez
que me impide pronunciar una sola palabra en laosiano.” Es ahí donde experimentó las dificultades de ser misionero en el
extranjero, pero donde también buscó la presencia de Dios. “Todo te pertenece, incluso el malestar, la angustia, los
remordimientos, la oscuridad... Yo te amo porque tú eres Amor”.
KIUKATIAN
Finalmente, a la edad de veintiséis años, le confían el primer puesto de misión. Las exigencias rebasan sus fuerzas: cuidar
de los ya convertidos al cristianismo, ir hacia los más alejados, aprender una nueva lengua, dirigir una escuela para los
nuevos catequistas y atender a un sinfín de enfermos cada día. Los desafíos eran difíciles de abordar y Mario se sentía
aplastado por sus responsabilidades. En lugar de abandonarlas, consigue encontrar, en su gran amor a Jesús, la fuerza
necesaria para creer todavía que él se hallaba en ese lugar porque Dios lo quería: “Nosotros, los misioneros, estamos hechos
así: es normal partir, es necesario desplazarnos; mañana los caminos serán nuestras casas; si nos vemos obligados a
pararnos por algún tiempo en una casa, la transformaremos en camino hacia Dios”.
LA PLENITUD
Su breve experiencia misionera –no debía ir más allá de sus veintiocho años- llega a su fin en la soledad del bosque, a lo
largo de un sendero de montaña, al regresar de una gira apostólica con su catequista Shiong. Un grupo de guerrilleros
comunistas los asesinaron, interrumpiendo así y para siempre sobre esta tierra el sueño maravilloso de este joven
misionero.
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“He comprendido mi
vocación: ser un hombre feliz hasta en el
intento de identificarme con Cristo crucificado”
(Pensamiento escrito justo antes de pronunciar sus votos perpetuos en 1956)
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PARA MÁS INFORMACIÓN
BORZAGA, M., Verso la felicità - la mia scelta di sacerdote missionario, Città
Nuova 1986
BORZAGA, M., Diario di un uomo felice - un’esperienza missionaria nel Laos,
Città Nuova 1985
BORZAGA, L., Ser un Hombre Feliz – Mario Borzaga, o.m.i., 1932-1960, “Colección de Herencia Oblata”, nº 4, Roma, 1992.
CIARDI, F., Il Sogno e la realtà - Mario Borzaga, martire, Ancora 2000.