Amelle y Louis Molin de Manitoba,
Canadá, han sido Asociados Oblatos durante muchos años. Aquí cuentan su propia
historia.
Hemos estado en contacto con los Oblatos desde 1973. En 1986, hemos
participado en un taller de trabajo sobre “Personalidad y Relaciones Humanas”,
dirigido por el Padre Lomer LAPLANTE. Mediante la reflexión personal y el
compartir con los demás miembros del grupo, hemos descubierto un deseo profundo
y casi urgente de vivir una “experiencia misionera”. Esto nos llevó a realizar
nuestro primer viaje a Bolivia en 1987. Nos hemos quedado en Bolivia durante 10
de los 15 años porque también queríamos pasar tiempo con nuestra familia en
Canadá.
En 1989, cuando estábamos en Bolivia, hemos recibido una carta del
Padre Alain PICHÉ, quien en ese momento era provincial en Manitoba, que nos
invitaba a convertirnos en asociados de la congregación. Fue una sorpresa y un
honor que tomamos en serio. El Padre Louis JOLICOEUR nos guió durante el tiempo
de preparación y el 9 de octubre de 1989, hicimos nuestro primer compromiso en
la capilla de los Oblatos en Cochabamba, Bolivia. Armelle recuerda que ella se
sentía como en el día de su boda; estaba entrando una nueva fase de su vida,
una fase llena de promesas y desafíos. Se sintió privilegiada por pertenecer a
una congregación misionera y su deseo fue siempre ser digna de tal honor. Por
otro lado, Louis se sintió mas allá de tener una afiliación con los Oblatos,
una asociación donde el podía encontrar ejemplos y orientación.
Hemos trabajado con los niños abandonados que entraron en la
Institución Amanecer. Como asociada, Armelle se convirtió en responsable de la
preparación de los muchachos que deseaban recibir los sacramentos; fue capaz de
escuchar sus sufrimientos y acompañarlos en el camino de sus vidas jóvenes. La
responsabilidad de Louis fue mantener las 10 casas de Amanecer, invitando a los
muchachos a darle una mano, enseñándoles algunos trucos del oficio, pero por
sobre todo, la importancia de un trabajo bien hecho. También hemos aprendido
que se requiere muy poco para hacer sonreír a un niño; pocas palabras o
acciones son necesarias para que se sienta protegido y valorado.
Durante nuestra estancia en Bolivia, hemos sido invitados para
acompañar al Padre Roberto LACASSE, así como también a otros dos asociados y
unos pocos escolásticos Oblatos que visitaban regularmente las comunidades
rurales alejadas. Allí, descubrimos un universo totalmente desconocido:
carreteras apenas transitables incluso en jeep, el frío punzante en las altas
mesetas de los Andes, la escasa vegetación, las ovejas mal alimentadas, la
gente muy pobre aunque también la hemos visto sonreír y su amistad visible a la
mañana siguiente mientras compartíamos el desayuno que le habíamos traído
especialmente. Luego apreciamos la valentía de los Oblatos en mantener esta
misión, otorgando a estas personas lejanas un poco de consuelo y esperanza.
Fue también con el Padre Lacasse que hemos organizado una serie de
encuentros con matrimonios, encuentros que han demostrado ser beneficiosos para
los participantes bolivianos así como también para nosotros. El mismo Padre
Lacasse fue el primer pastor de la parroquia San Eugenio de Mazenod inaugurada
en 2001 en las afueras de Cochabamba. Con mucho entusiasmo le hemos dado una
mano de ayuda en las áreas relacionadas con la electricidad, realizando
cortinas para las ventanas, en el amueblamiento, etc. De regreso en Canadá, con
las aportaciones de nuestros benefactores, hemos podido ayudar económicamente
en la instalación de un Centro Pastoral para la formación de los catequistas
que serían llamados a enseñar en los sectores apartados de la parroquia.
En julio de 2009, el Padre Lacasse estaba visitando a su familia en el
estado de Maine, EE.UU.. Siendo ese año nuestro aniversario de bodas número 50,
lo invitamos a celebrarlo con nosotros. Que un misionero Oblato estuviera
presente en nuestro aniversario era un regalo del Cielo.
De regreso a Canadá, fue mucho más fácil para nosotros acercarnos a
aquellos que estaban solos, adolorados, eran discapacitados, para escucharlos y
acompañarlos en ese camino a veces difícil. Eso es sin duda uno de los
beneficios obtenidos durante nuestra estancia en Bolivia. (www.omilacombe.ca)