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Tres años después
Guatemala

El P. Gerry LESTRAT fue misionero en Guatemala durante muchos años antes de regresar a la Provincia Oblata de Lacombe, Canadá.

En enero tuve la dicha de visitar otra vez Guatemala tras haber estado tres años fuera y quedé muy satisfecho de ver algunos progresos, a pesar de las dificultades a que la gente tiene que hacer frente. Hallé que no había cambiado mucho la fisionomía de la Ciudad de Guatemala y del interior del país. Enero es un buen momento para visitarla pues la temporada de lluvias y de huracanes ya ha terminado y todo sigue aún hermoso y verde en el campo.

La violencia, en cambio, continua siendo una parte importante de sus vidas. Con las tragedias que ella genera, la gente vive cansada y asustada. Ellos sienten que la violencia parece aumentar. Las causas están relacionadas con las bandas y las drogas. Dada la falta de empleo y la pobreza, hay muchos robos, secuestros y asesinatos por cualquier motivo. Estando yo allí, mataron a un sacerdote en la carretera porque había golpeado a una camioneta que se había detenido ante su vehículo. No se habían producido daños, pero se produjo una breve discusión y, entonces, los dos de la camioneta dispararon al sacerdote a sangre fría. Fueron más tarde arrestados, pues toda la escena había sido grabada por una estación de servicio junto a la carretera.

Otro aspecto que sigue sin cambiar es lo amistosa y cálida que es la gente. Por supuesto, la mayoría son buenas personas. Ciertamente, son un pueblo alegre, a pesar de la pobreza y las dificultades que tienen que soportar. Las iglesias están llenas y la participación en las liturgias es del todo viva.

Visité nuestras misiones oblatas de la ciudad y de El Quiche. Llegué a Cunen, mi primera misión, y la recepción fue fabulosa. Se había construído allí una universidad con la ayuda de donantes canadienses. Tienen ahora cuatrocientos cincuenta estudiantes en esa universidad, donde preparan a los estudiantes para ser maestros. Es un hermoso lugar situado en un valle con un pequeño río. Han decorado su universidad de quince salas con hermosos colores mayas y con flores. Los estudiantes y los profesores son felices allí y agradecen la ayuda canadiense. Se gradúan cincuenta estudiantes al año y llevan diez años funcionando.

Encontré cambiado el municipio de Cunen con el paso de los años y el director de la universidad me dijo que se debe a que los jóvenes maestros, hombres y mujeres, trabajaban como maestros en las aldeas lejanas, volviendo a casa para ayudar a la economía familiar. Se han construído en la ciudad pequeños hoteles, restaurantes y nuevas casas. Se utilizan los automóviles y las motocicletas para ir a a la escuela o para los negocios familiares. Hay flotas de nuevas camionetas para el transporte público que sustituyen a los grandes y viejos omnibuses que solían competir en las carreteras del campo en busca de pasajeros y que tan a menudo causaban accidentes.

Durante mis tres semanas en Guatemala tuve la ocasión de visitar mi vieja parroquia de Chicaman. Quedé complacido de pasar la noche en una hermosa habitación de la nueva residencia parroquial. La construcción de una nueva casa fue necesaria, pues el agua se filtraba por el tejado de la vieja, construida cincuenta años atrás. Cuando trabajaba allí teníamos setenta aldeas en la parroquia y ahora hay setenta y seis. La población crece constantemente a gran ritmo, siendo la mitad de la población de menos de veinte años.

Tuve también la dicha de visitar Playa Grande, al norte de Quiche. Es una zona selvática. Hay tres oblatos allí asignados y tres congregaciones de hermanas trabajando en aquella parroquia. Hay ciento veinticinco aldeas compuestas por variedad de pueblos mayas y que hablan distintas lenguas. Hay una clínica dirigida por las Hermanas de la Caridad, un gran centro pastoral social, una estación de radio y un centro de formación de catequistas. Esta zona es también favorable para la producción de droga, lo que supone otra dimensión con que los misinistros de la iglesia han de tratar.

Me da una gran alegría decir que la familia oblata está creciendo en Guatemala. Tenemos ahora en las misiones a tres jóvenes sacerdotes guatemaltecos en activo. Diez seminaristas oblatos de Guatemala están estudiando en México y pronto habrá uno más ordenado sacerdote. Hay otros en el noviciado y aún otros en el prenoviciado y también hay un grupo preparándose para entrar en el prenoviciado. Doy gracias al Espíritu Santo y a los oblatos que atienden el fomento de nuevos misioneros. Es de esperar que, en un futuro, algunos de estos oblatos guatemaltecos pidan ir a ejercer el ministerio a Canadá para difundir entre nosotros su alegría y el Evangelio (“Oblate Spirit”, abril de 2012).