El P. Luckhart
nació el 12 de marzo de 1924 en Ontario, Canadá. Oblato profeso desde 1945, fue
ordenado sacerdote en 1951 en el Escolasticado Internacional de Roma. Desde
1952 hasta 2011, el P. Luckhart estuvo a cargo de la formación de los
escolásticos y seminaristas, primero en el escolasticado de Holy Rosary en
Ottawa (1952-1965), con una interrupción en la que ejerció como director de una
casa de espiritualidad (1965-1970). En 1970, recibió obediencia para el
Seminario nacional de Ampitiya, Sri Lanka, donde enseñó filosofía y teología
durante cinco años. Por primera vez, entró en contacto con la cultura de Sri
Lanka, sus religiones y su geografía. En 1975, fue enviado a Roma con una nueva
tarea: superior del Escolasticado Internacional (1976-1977).
Fue en 1978 cuando
el anterior obispo, Leo Nanayakara, OSB, invitó al P. Luckhart a ejercer su
ministerio en ‘Sevaka Sevana’ junto con el P. Michael RODRIGO, en la diócesis
de Badulla. En 1983, llegó al escolasticado de Kandy. Esta resultó ser su
encomienda más larga, y también la última, un periodo de 27 años hasta su
muerte. El servicio que realizó es incalculable. Las palabras de san Eugenio de
Mazenod fueron encarnadas en la vida del P. Luckhart: uno debe ser primero
humano, después cristiano y finalmente un santo. Era una persona que se hacía
querer y estaba imbuido de un corazón compasivo.
El P. Luckhart era
un hombre sabio, fruto de haber integrado sus conocimientos con su experiencia
de vida. Estaba versado en filosofía y en teología. Muchos estudiantes y
sacerdotes se sentían atraídos por él, no sólo por sus vastos conocimientos que
le ganaron el título de “enciclopedia andante”, sino por su amabilidad en el
modo de recibir a todos los que acudían a él. Muchos seminaristas le buscaban,
ya fuera para la dirección espiritual, o para fines académicos. Las cualidades
de accesibilidad, afabilidad y disponibilidad, junto con la simplicidad, le
hicieron el hombre para todos.
Animaba a los
estudiantes a leer libros y artículos que les dieran un conocimiento más
amplio. Apreciaba la historia, como una materia importante. Podría citar el
axioma de que “quien no sabe historia, sabe solo la mitad de la verdad”. Era un
hombre compasivo, lo que se manifestaba en su tolerancia. No solo la elite
intelectual estaba a gusto con él, sino también los estudiantes ordinarios,
porque sabía acomodarse y hacerse comprensible.
Su última visita a
Canadá fue en 1982. Después, sus últimos 26 años, decidió permanecer en Sri
Lanka. Según pasaban los años, los contactos con Canadá fueron decayendo. Hizo
de Sri Lanka su hogar; de los esrilanqueses, su propia gente, amigos y
compañeros; la comida esrilanquesa, la suya. Asimilo en si mismo todo lo bueno
y noble. Un espíritu de desprendimiento y dedicación caracterizaron su toda su
vida religiosa.
Cada gran personalidad
deja su huella en esta tierra. El mundo es diferente debido a su particular
presencia oblata y su contribución significativa. El enriqueció las vidas de
todos los que le conocieron: este es su legado. (P. Jacob THIRUCHELVAM)