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Canadiense de nacimiento, esrilanqués por opción
Colombo

El P. Robert LUCKHART, canadiense de nacimiento, esrilanqués por opción, un veterano con una personalidad multifacética, dejó esta morada terrenal el 4 de febrero de 2011, en Kandy, a la avanzada edad de 87 años. Sus 38 largos años de dedicación y servicio en Sri Lanka, especialmente en el ministerio de la formación de los seminaristas y religiosos, han dejado una marca imborrable en el corazón de sus estudiantes. 

El P. Luckhart nació el 12 de marzo de 1924 en Ontario, Canadá. Oblato profeso desde 1945, fue ordenado sacerdote en 1951 en el Escolasticado Internacional de Roma. Desde 1952 hasta 2011, el P. Luckhart estuvo a cargo de la formación de los escolásticos y seminaristas, primero en el escolasticado de Holy Rosary en Ottawa (1952-1965), con una interrupción en la que ejerció como director de una casa de espiritualidad (1965-1970). En 1970, recibió obediencia para el Seminario nacional de Ampitiya, Sri Lanka, donde enseñó filosofía y teología durante cinco años. Por primera vez, entró en contacto con la cultura de Sri Lanka, sus religiones y su geografía. En 1975, fue enviado a Roma con una nueva tarea: superior del Escolasticado Internacional (1976-1977). 

Fue en 1978 cuando el anterior obispo, Leo Nanayakara, OSB, invitó al P. Luckhart a ejercer su ministerio en ‘Sevaka Sevana’ junto con el P. Michael RODRIGO, en la diócesis de Badulla. En 1983, llegó al escolasticado de Kandy. Esta resultó ser su encomienda más larga, y también la última, un periodo de 27 años hasta su muerte. El servicio que realizó es incalculable. Las palabras de san Eugenio de Mazenod fueron encarnadas en la vida del P. Luckhart: uno debe ser primero humano, después cristiano y finalmente un santo. Era una persona que se hacía querer y estaba imbuido de un corazón compasivo.

El P. Luckhart era un hombre sabio, fruto de haber integrado sus conocimientos con su experiencia de vida. Estaba versado en filosofía y en teología. Muchos estudiantes y sacerdotes se sentían atraídos por él, no sólo por sus vastos conocimientos que le ganaron el título de “enciclopedia andante”, sino por su amabilidad en el modo de recibir a todos los que acudían a él. Muchos seminaristas le buscaban, ya fuera para la dirección espiritual, o para fines académicos. Las cualidades de accesibilidad, afabilidad y disponibilidad, junto con la simplicidad, le hicieron el hombre para todos.

Animaba a los estudiantes a leer libros y artículos que les dieran un conocimiento más amplio. Apreciaba la historia, como una materia importante. Podría citar el axioma de que “quien no sabe historia, sabe solo la mitad de la verdad”. Era un hombre compasivo, lo que se manifestaba en su tolerancia. No solo la elite intelectual estaba a gusto con él, sino también los estudiantes ordinarios, porque sabía acomodarse y hacerse comprensible. 

Su última visita a Canadá fue en 1982. Después, sus últimos 26 años, decidió permanecer en Sri Lanka. Según pasaban los años, los contactos con Canadá fueron decayendo. Hizo de Sri Lanka su hogar; de los esrilanqueses, su propia gente, amigos y compañeros; la comida esrilanquesa, la suya. Asimilo en si mismo todo lo bueno y noble. Un espíritu de desprendimiento y dedicación caracterizaron su toda su vida religiosa.

Cada gran personalidad deja su huella en esta tierra. El mundo es diferente debido a su particular presencia oblata y su contribución significativa. El enriqueció las vidas de todos los que le conocieron: este es su legado. (P. Jacob THIRUCHELVAM)