En 2004, el Consejo de Administración de
la Educación Católica del Distrito de Niágara creó el Galardón de
Reconocimiento de la Educación Católica de Niágara para reconocer la
considerable contribución prestada por individuos o grupos a la educación católica
en la región canadiense de Niágara.
El destinatario de este año fue el
difunto P. Stanley PUCHNIAK, primer oblato en llegar, en 1935, a la archidiócesis
de Toronto, por medio de una invitación del Cardenal James McGuigan para que
sirviera a la comunidad polaca. Falleció en 1989.
Marco Magazzeni, en su propuesta al
Consejo de Administración de la Educación Católica del Distrito de Niágara de
que el P. Puchniak fuera reconocido como auténtico pionero de la Educación
Católica en la región de Niágara, dijo: “El P. Puchniak es lo que la educación
católica fue, lo que es hoy día y lo que necesita ser en el futuro: sacrificio
y determinación”.
Al aceptar el galardón en nombre los oblatos, el P. Chris
PULCHY dijo de nuestro homenajeado: “Es
un honor estar aquí esta noche para recibir el galardón de reconocimiento del
P. Stanley Puchniak como el beneficiado del Galardón de Reconocimiento de la
Educación Católica de Niágara. Como ustedes saben, él fue el primer oblato en
venir a la Archidiócesis de Toronto. Fue invitado por el Cardenal MacGuigan a
servir a la comunidad polaca en 1935. Tenía un amor y un cuidado tremendos para
con los inmigrantes, los pobres y los abandonados. Fue el fundador de la
Cooperativa de Ahorro y Crédito de las Parroquias de San Estanislao y San
Casimiro, que es la cooperativa parroquial de ahorro y crédito más grande del
mundo. Él fue el instrumento que trajo de Estados Unidos a Canadá a las Hermanas
Felicianas. Construyó tres escuelas, dos en Welland y una en Fenwick. Y recibió
la medalla “Pro Ecclesia et Pontifice”. Fue un sacerdote, profesor y
predicador, pero, por encima de todo, fue un misionero. Fue un miembro,
orgulloso de serlo, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, una
comunidad masculina que contribuyó mucho a la construcción de Canadá y ayudó a
la vertebración de nuestra sociedad. Fuera lo que fuese que hiciera, lo hizo
con el apoyo de su comunidad religiosa, y sin dicho apoyo no creo que hubiera
podido culminar todo lo realizado. Era un visionario, un hombre lleno de humor
y con los pies en la tierra. Fue capaz de tener sueños y hacerlos
realidad. Si estuviera aquí esta noche,
creo que no hablaría, pero en su corazón diría que él fue sólo un instrumento,
y que sólo hizo lo que debía hacerse para el bien de la gente a la que fue
enviado a servir. Pero yo creo que diría también: “¡Gracias!. ¡Gracias por
continuar creyendo en los sueños y gracias por seguir haciéndolos realidad!. De
parte de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, humildemente acepto esta
distinción para el P. Stanley Puchniak y para todos los oblatos que han servido
en esta región”. (“News and Views”, Provincia de Asunción, marzo de 2011)