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Jornadas de los mártires: Mons. Yves Plumey
Camerún

El sábado y el domingo 26 y 27 de marzo de 2011, la Archidiócesis de Douala, con el patrocinio del Arzobispo Samuel Kleda, celebró las I Jornadas Diocesanas de los Mártires de la Iglesia.

Ciertamente, la iniciativa de tener tal día se remonta al Papa Juan Pablo II en el Gran Jubileo de 2000, cuando clamó que hay que “reunir los preciosos recuerdos de los testigos de la fe del siglo veinte”. Estos recuerdos se nos trajeron a la memoria el 7 de mayo de 2000, con representantes de otras Iglesias y Comunidades Eclesiales en el sugerente marco del Coliseo, símbolo de las persecuciones de la Antigüedad.

El 7 de abril de 2007, el Papa Benedicto XVI inauguró, en la Basílica de San Bartolomé, el Santuario de los Nuevo Mártires, querido por Juan Pablo II y terminado gracias al cuidado de la Comunidad de San Egidio. La Basílica de San Bartolomé es la iglesia titular del Cardenal Francis GEORGE.

Siguiendo los pasos de las iniciativas de numerosas diócesis del mundo, la Unión de Religiosos de la Archidiócesis de Douala, con el apoyo de Mons. Samuel Kleder, organizó las I Jornadas Diocesanas de los Mártires de la Iglesia. Junto a los Monjes de Tibhirine, la Hermana Clementina Anwarite, Isidoro Bakandja, Maximiliano Kolbe, Gabriel Soho y Mons. Óscar Romero, se destacó la presentación de la vida y obra de Mons. Yves PLUMEY. Las muchas personas que vinieron a la Catedral de San Pedro y San Pablo de Douala y la audiencia de Radio Veritas de la diócesis, que seguían en vivo la ceremonia, quedaron bastante edificados por este hombre que, junto a sus compañeros del primer equipo, fueron los pioneros de la fe en estas sabanas del norte de Camerún y de Mayo-Kebbi (sur de Chad).


Yves Plumey

Supieron de Mons. Plumey, que tanto dio a la Iglesia en Camerón y ulteriormente fue asesinado la noche del 2 al 3 de septiembre de 1991. Algunos de nosotros dijeron que los oblatos tuvieron que romper el anonimato con su sacrificio.

Siendo contado entre los Mártires de la Fe, aún sigue siendo un misterio la cuestión de su muerte, veinte años después de su asesinato. (Charles EKO).