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num. 221 - mayo 1998

1. Aspectos de la comunidad de distrito

La comunidad localcondición necesaria dela existencia oblata

El derecho canónico pide a los religiosos «habitaren una casa legítimamente constituidabajo la autoridad del superiordesignado conforme a la norma del derecho» (cf. can. 608). Estaobligación de la vida común tiene en el código tresexcepciones: «por motivos de enfermedadde estudios o para ejercerel apostolado en nombre del instituto» (can. 665 §1). Los religiososque viven solos por razón de su apostolado estánpor tantoexentos de la obligación de la vida común. La instrucciónLa vida fraterna en comunidad subraya la necesidad de la vida decomunidadque consiste «en habitar en la propia casa religiosalegítimamente constituiday en vivir una vida común pormedio de la fidelidad a las mismas normaspor la participaciónen los actos comunes y por la colaboración en los servicios comunitarios».Se expresa también sobre la posibilidad de vivir fuera de una residenciacomún (cf. La vida fraterna en comunidadn° 3).

Las constituciones y reglas tratan de armonizar losdos aspectos: por una partela obligación de la vida comunitariapor otrala posibilidad legitima de la vida fuera de una residencia comúna causa del apostolado. Imponen a cada oblato la obligación devivir en comunidad apostólica (cf. CC. 1; 37). Las comunidadeslocales son la condición necesaria para la existencia como oblatos.Incluso cuando algunospor mandato de la comunidaddeben vivir solospor su actividad apostólicapertenecen a una casa o residenciao se agrupan en un distrito (cf. C. 77). Estas entidadesa las que lasconstituciones llaman "células vivas"son las partesque constituyen la congregación. La congregación toma formay consistencia en las comunidades locales. Por este hechocomunidadesde casa y comunidades de distrito tienen el mismo fin: vivir la comunidaden las relaciones y la ayuda mutuasy ser verdaderamente misioneras enla multiplicidad de las condiciones geográficasculturales y eclesiales.

El principio de equivalencia entre las diversas formasde comunidad

La constitución 88 indica claramente que la comunidadlocal es posible en la forma de casaresidencia o distrito. De ahíresulta la equivalencia jurídica de las diversas formas de comunidad.Esta equivalencia está limitada solamente por lo que especificanestatutos particulares o normas que se aplicarían explícitay exclusivamente a la comunidad de casa. Dicho de otro modola comunidadde casa que incluye vivir bajo el mismo techo se sitúa jurídicamenteen el mismo nivel que el distritoen el que la vida comunitaria se realizaen lugares físicamente distantes. El distrito tiene asimismo unacasi equivalencia con la casa religiosa canónicamente erigida encuanto a erecciónsupresión y cambio de destinoo tambiénen cuanto a los superiores: la constitución 77 pone explícitamenteen un pie de igualdad superior de distrito y superior de casa.

Una vez establecida esta equivalencia jurídicafundamentalno hay que olvidarsin embargoque hay una cierta jerarquíaen las diferentes formas de comunidad. En su informe sobre el estado dela congregación en el capítulo de 1992el padre Zago indicaindirectamente la precedencia de la comunidad de casa sobre la comunidadde distritocuando manifiesta: «Para los jóvenes y parael que lo desea se debería hacer posible y normal la vida en comunidadesresidenciales. Ganarían las personas y la misión»(n° 32d). Los dos últimos capítulos generaleshan subrayado expresamentesin embargoel principio de la equivalencia:se pideen efectoa los provinciales «que valoren la comunidadde distrito como verdadera comunidad oblata teniendo un fin particular»(cf. MHMn° 131)y se reafirma que "la comunidad dedistrito es una expresión auténtica e importante de la comunidadlocal" (TCA n° 235).

El superior de distrito

La comunidad de distrito es dirigida por un superiorde distrito nombrado por el provincial en consejo por un tiempo determinado(cf. C. 90R 92). El mismo título de "superior"se aplica en las constituciones al responsable de las comunidades tantode casa como de distritomientras que el de una residencia es designadocomo "director". Lo que se dice de los superiores en las constitucionesy reglas se aplicapor tantode lleno a los de distritos«salvolas excepciones previstas por el derecho o por el estatuto particulardel distrito» (cf. C. 77). Las condiciones canónicaspara ser superiorasí como las cualidades requeridas por las constitucionesy reglasson las mismas para los superiores de distrito y de casa. Losdos tienen la misma obligación de participar en encuentros parasu propia formación o puesta al día (cf. R 78). Envarios casosel superior de distrito es siempre miembro del consejo provincialcon objeto de facilitar la relación de sus hermanos con la autoridadprovincial. Pero se da también el caso contrario: se pide que elsuperior de distrito no sea consultor provincial con objeto de evitarel "pluriempleo" (cf. Documentación OMIn°168p. 5).

Comunión y misión común en losOblatos

Si para todos los oblatos la comunidad apostólicaes una condición esencial de la existencialo es tambiénpara la comunidad de distrito; la cuestión es saber en quéforma se realiza. Los dos elementos constitutivos de la comunidad apostólicasonpor una partela unidad entre oblatos ypor otrasu misióncomún. La constitución 3 lo expresa así: "Lacomunidad de los apóstoles con Jesús es el modelo de suvida El reunió en torno suyo a los doce para que fueran sus compañerosy sus enviados..." 'Compañeros' y 'enviados' son las dos nociones-clavede la vida oblata. Los oblatos debenpor una parterealizar entre síla unidad ypor otradeben necesariamente ser portadores de una misióncomún (cf. Districts as Expression of Apostolic Communityen Vie Oblate Life 53p. 111). El ejemplo de 'Jesús y losapóstoles' es en esto su modelo.

La unidad de los oblatos y su misión comúnson componentes esenciales de la herencia que el fundador ha legado alos oblatoscomo se indica en la constitución 37: a... La caridadfraterna debe sostener el celo de cada miembroen conformidad con eltestamento del fundador: "Practicad bien entre vosotros la caridadla caridadla caridady fuerael celo por la salvación de lasalmas"...» La caridad fraterna y el celo misioneros se presuponeny se sostienen mutuamente. Esta herencia debepuestenerse en cuentatambién en las comunidades de distritocomunidades de pleno derecho.La vida fraterna en comunidad es expresión de la unidad realizadapor el amor de Diosunidad que es de gran importancia para el testimoniooblato al servicio de la evangelización y para la actividad apostólica(cf. Documentación OMI n° 197p. 4).

Interdependencia de la vida y de la misión

La constitución 37 dice expresamente que losoblatos cumplen su misión en y por la comunidad a la que pertenecen.Su vida comunitaria debe ser un testimonio de Cristo al que anuncian.Este testimonio común de la vida sólo puede realizarse encomunidades apostólicas. En su vida y en su trabajo misioneroslos oblatos dependen unos de otrosincluso cuando deben vivir dispersospor el bien del evangelio. Lo que vale para la vida en comunidad ate tambiénpara todo oblatoincluso si no vive en comunidad. En este sentido todooblatodondequiera que se encuentresigue siendo miembro de la comunidad:«Unidos por la obediencia y la caridadtodossacerdotes y hermanossomos solidarios en nuestra vida y actividad misioneraaun cuandodispersadospara el servicio del evangeliono podamos disfrutar más que enbreves intervalos de las ventajas de la vida común» (C. 38).Es ésta una perspectiva nueva. Se afirma claramente que comunidadno significa exclusivamente vida común bajo el mismo techosinoque remite a una vida en dependencia recíproca. La vida comunitariaya no es definida como el hecho de vivir juntos en una comunidad de casasino como un entretejimiento de relaciones entre los miembros. Esta ampliaciónde la noción de comunidad apostólica puede aplicarse ademáspor ejemploa la provincia. La relación y la interdependenciaen el interior de las comunidades se expresan en la responsabilidad mutuay la emulación recíproca.

El capítulo general de 1992 establece las dosnociones de comunión e interdependencia. Las relacionesentre ellas deben concretarse y estructurarse para que pueda resultaruna realidad vivida. Por eso la práctica cotidiana de la comunidadnecesita un ritmo regular de encuentrosde momentos de espiritualidadde celebración de Diosde verificación de las actividadesy de renovación personalde modo que pueda experimentarse concretamenteesta interdependencia y se refuerce la unidad de la comunidad. Para ungrupo misionero activo viviendo en distritoeso supone tambiénun esfuerzo común de planificación.

La puesta en común de los medios financierostiene un significado central: es una dimensión esencial de la interdependencia.Los miembros de un distrito deben estar dispuestos a dar cuenta a la comunidaddel uso que hacen del dinero y de los bienes materiales para crecer juntosen la libertad y el desprendimiento.

Comunión y dependencia llegan a ser una experienciavivida cuando la comunidad toma conciencia de su papel de curacióny de reconciliación. Ella of rece también otras ocasionescomo la celebración de fiestas y aniversarios de los miembros deldistrito. Todo eso expresa la voluntad de compartir alegrías ypenas de unos y otros. La interdependencia de los miembros se expresamucho más fuertemente todavía cuando la comunidad de distritose consagra a una tarea misionera común.

Necesidad de un programa de vida en la comunidadde distrito

La constitución 38 pide que cada comunidadincluidala de distrito«adopte el ritmo de vida y de oración quemejor responda a su fin y a su apostolado». El distrito debepuesdarse su reglamento confiado a la vigilancia del superior. Este reglamentodebe incluir encuentros regulares que dejen sitio a la celebracióndel Señor y a la evaluación de la actividad apostólica.Estos encuentros comunes ayudan a la renovación y al fortalecimientode la unidad de la comunidad de distrito (cf. C.38). Son las manifestacionesmás importantes de la vida del distrito.

La temática de los encuentros se centra en lostres campos de la oracióndel estudio y del intercambio de lovivido. Las constituciones y reglas dan prioridad a la oraciónconsiderada cumbre de la vida de la comunidad apostólica; las exigenciasdel ministerio no deben obstaculizarla (cf. C. 40). La eucaristíadebe normalmente constituir el centro del encuentro. En varios distritosel retiro alterna cada mes con un día de intercambio sobre la pastoral.En otras partesestos dos elementos van unidos: el día de retirocomprende a la vez oraciónreflexión e intercambio sobrecuestiones pastorales y misioneras. La elección de los temas parael estudio común es muy variada. A vecesse tratarán enestos encuentros los temas propuestos por el gobierno generalo biense abordan cuestiones socialesreligiosaso propias de los oblatos.Ademásse aprovechan los encuentros para preparar las reunionesde provinciapara reflexionar sobre el estilo de vidapara evaluar laactividad apostólica o la vida interna del distrito. A veces elritmo de encuentros es semanal; en otras partes es de cinco o seis vecesal año. A menudolas fiestas oblataslos jubileos y aniversariosofrecen la ocasión para un encuentro.

La comunidad de distrito como adaptación ala perspectiva misionera

La comunidad de distrito es una realidad nacida de laexperiencia: apareció como respuesta a la necesidad de adaptarlas estructuras para realizar concretamente la finalidad y los objetivosde la congregación. Aquí se plantea la cuestión:«¿Puede la comunidad de distrito conciliar las exigenciasdel apostolado y de la vida religiosaa menudo vividas como una tensiónpermanentey cómo? ¿Es ella la respuesta lógicaa esta tensión? El fin principal de la congregación es elanuncio del evangelioprincipalmente a los pobres (cf. CC. 1. 2. 5).Las estructuras de la congregación no tienen en sí mismassu finalidad: deben estar siempre al servicio de este fin. La regla 23expresa claramente esta exigencia: «Las exigencias del trabajo apostólicoy de una auténtica vida religiosa serán los factores determinantestanto en la construcción y mobiliario de nuestras casascomo ennuestro estilo de vida comunitaria y en nuestros medios de subsistencia».

En 1989exactamente el 241% de los oblatos vivíansolos en su puesto de misión o residenciay en los últimosdiez años la tendencia más bien se ha acentuado. Si se reflexionasobre este hechosalta a la vista la importancia de tener comunidadesde distrito que funcionen bien. Para muchos oblatoses la únicaposibilidad de participar en una vida comunitaria. La comunidad de distritopuede permitir a los oblatos asumir tareas misioneras que necesariamentelos apartan de la vida en una comunidad. La regla estipula que «todoensayo de nuevas formas de vida comunitariasugeridas por nuevos llamamientosmisioneroscomenzará con el diálogo» entre la comunidady la provincia; corresponde a la provincia hacer la revisión críticade este diálogo (cf. R. 24). Para que una congregación misionerase mantenga a la altura de su misióndebe ser flexible en cuantoa sus estructuras y formas de apostolado. La comunidad de distrito puedeser una forma de mantener esta flexibilidad no olvidando las condicionesesenciales de la vida consagrada.

2. Dos concepciones de la comunidadde distrito
En el marco de la adaptación de las formas de la comunidada la misión apostólica de los misioneros oblatosse encuentrancomunidades de distrito en dos contextos diferentes.
Cuando la tendencia en los efectivos es "a la baja"se establecensobre todo distritos con objeto de mantenermientras sea posibleelstatu quo en las actividades apostólicas y misioneras dela provincia. Los cambios se producen sobre todo cuando los miembros falleceno están incapacitados por la edad. En estas regionesla comunidadde distrito aparece sobre todo como una solución de emergenciapara reunir en "comunidad" a oblatos que viven aislados o dispersos.Cuando este tipo de comunidad llega a ser la normael peligro para lasprovincias en cuestión es ver acentuarse fuertemente la tendenciaa la desaparición de toda vida comunitaria.

En las regiones donde la tendencia en el personal es"al alza"los distritos tienen otra función: se adaptanmás bien a las necesidades siempre nuevas de la actividad apostólica.Su fin es proporcionar un marco de vida comunitariapara que los miembrospuedan hacer frente colectivamente a su compromiso misionero. En estecasola orientación del distrito es mucho más claramentemisionera; a mi modo de veresta orientación es su criterio distintivocon relación a los distritos de las regiones en retroceso.

3. Algunos interrogantes a modode conclusión
Los dos últimos capítulos generales han pedido que lacomunidad de distrito sea reconocida como comunidad auténtica.Por varias razonessin embargoalgunos distritos no pueden considerarsecomunidades en el sentido pleno de la palabra. Una comunidad de distritosólo puede considerarse comunidad auténtica si presentalos elementos constitutivos de la vida comunitariaaunque fuera con variantes.

Las preguntas que siguen apuntan a abrir un verdaderodebate:

* ¿Es posible seguir los últimos capítulosy la administración general reconociendo la plena equivalenciade las dos formas de comunidadcuando subsiste entre ellas cierta jerarquía?No hay duda de queen muchos casosun distrito que funciona bien puedelograr mejor calidad de vida comunitaria que una comunidad de casa dondela vida común deja que desear. Pero la vida en distrito¿puedelograr la misma calidad que una comunidad que vive bajo el mismo techo?

* Entre oblatosque por razón de su apostoladoviven alejados unos de otroses necesario establecer lazos sólidoscon objeto de reforzar el espíritu de cuerpo y la conciencia decompartir el mismo idealy mantener así viva la identidad oblatade cada uno. El apoyo mutuoel intercambio y la interdependencia sonlas condiciones necesarias para la vida comunitaria en un distrito. Esnecesariopuesplantear la cuestión del papel del superior dedistrito y de su formaciónsin olvidar que su mandato deberíatener que ver también con la coordinación de la actividadmisionera.

* Para todos los distritos es capital el intercambioa través de los encuentros regulares. Estos encuentros son a menudola única posibilidad de conversarreflexionarplanificar juntosy rezar en comunidad oblata. Si falta el intercambio entre los miembroso es insuficientehabitualmente la fraternidad misma se debilita. Lasreuniones refuerzan la comunidad y los lazos fraternales en el distrito.¿Se toman en cuenta estas consideraciones a la hora de establecerun distrito o de hacer los nombramientos? ¿Hay criterios para ayudara los provinciales en este sentido? Más allá de los criteriosterritoriales¿no debería el gobierno provincial tomaren cuenta criterios de contenido en el momento de establecer distritos?¿No se podrían establecer distritos reagrupando a oblatosque quieren trabajar juntos en un mismo proyecto misioneropor ejemploen el campo de la pastoral juvenil o vocacionalo de la misiónpopular?

* Desde el punto de vista de una terminologíaunificada¿no se hace difícil utilizar el concepto recientede "comunidad de distrito" al no responder en algunos casosa la realidad? Este concepto puede despertar expectativas en cuanto ala vida comunitaria a la que algunos distritos no están tal vezen condiciones de responder. ¿No seria mejor reservar la expresiónpara los casos donde corresponde a algo vividoes deciremplearla sólosi reúne los elementos esenciales de la vida comunitaria?

* La valoración de la comunidad de distrito esen el fondo algo positivo. Responde a la situación de tantos oblatosque viven solos. Ademásel distrito puede ser una respuesta eficaza las exigencias de la misión en cierto número de provinciasoblatas. Pero ¿se puede olvidar por eso que el aumento actual delnúmero de puestos aisladosaunque se los reagrupe en distritosimplica un gran riesgo? Una provincia donde la comunidad de casa ha llegadoa ser la excepción¿no pierde una dimensión importantedel carisma oblato? ¿No habríapuesque considerar másbien la comunidad de distrito como una forma particularnecesaria y legítimade la comunidad sin más?

P.S. El texto completo de este artículo- aquí ofrecemos sólo una síntesis - podránleerlo en un próximo número de Vie Oblate Life.

 

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Los distritos oblatos

 

Thomas M. Cassidyo.m.i.

 

Las comunidades localesentidades oblatas de base reconocidaspor las constituciones y reglasson de dos tipos: las casas y los distritos.En el momento del capítulo general de 1992el 25% de los oblatosde la congregación vivían en comunidades locales de distrito.Actualmente en Canadá y Estados Unidossin contar los oblatosjubilados yas comunidades de formaciónmás de la mitadde los oblatos viven en comunidades locales de distrito.

Sin embargoen una encuesta hecha en 1994 en preparacióna mi tesis de doctorado en derecho canónicoel 1905% de los provincialesnorteamericanos con comunidades locales de distrito han expresado la opiniónde que los superiores de estas comunidades representaban un nivel de autoridadinnecesario entre el provincial y los miembros. Ademásel 30%de los mismos provinciales no pensaban que fuera centralizar demasiadoel poder y desconocer la subsidiaridadsi todos los miembros estabanen comunicación directa con los provincialespara todas las cuestionesoblatas. Por lo que se refiere a la preparación para su cargoel 47% de los superiores de comunidades locales de distrito han dichoque nunca la habían tenido y el 66% de los que la han tenido lahan encontrado inadecuada. Aunque el 57% de los provinciales han dichohaber proporcionado una preparaciónel 80% la han encontrado inadecuada.Un provincial decía que «si alguien es buen oblatosimpáticoy sociableno necesita cursoy si la persona no tiene estas cualidadesno hay curso que valga».

Históricamente los distritoscomo entidadesde gobierno local oblatohan sido fundados en las misiones de Ceilánpor mons. Étienne Séméria y aprobados por el p. JoséFabresuperior generaly su consejoel 1 de diciembre de 1865unosaños después de la muerte del fundador. Estos distritoseran mucho más que entidades de gobierno. Funcionaban como estructurascomunitariascaracterísticas del tiempoy eran los precursoresde las comunidades apostólicas según el Vaticano II.

Es opinión corriente que estas comunidades localesde distritotales como se fundan en los años 90son productode la teología de la comunidad religiosa apostólica segúnel Vaticano II. Según este punto de vistaesta nueva teologíaha renovado la vida religiosa oblata de comunidad reproduciendo un conceptode gobierno (distritos) anticuado e ineficazque quedaba de los antiguosintentos hechos para mantener el control de los misioneros en las regionesno cristianas y el contacto con ellos. Esta posición puede parecerinteresantepero no tiene el aval de los hechos.

Es cierto que los distritos no existían en tiempode san Eugenio de Mazenod. Sin embargoteniendo en cuenta los antecedentesfamiliares del fundadorsu insistencia pertinaz en una vida de comunidadvibrante en su institutoasí como su actitud de rechazo a todolo que perjudicaba la vida de comunidadno es de sorprender que se hayaencontradoen menos de cuatro años después de su muerteuna solución innovadora al importante problema misionero de laimposibilidad de establecer casas canónicas en los territoriosde misióny esto antes de que el problema pudiera ser un obstáculopara el apostolado en auge de los oblatos.

Con todas las formas de vida religiosason necesariasuna actualización continua de las estructuras y su renovaciónpara que la vida no se convierta en simple máscara. Las comunidadeslocales de distrito no son en esto diferentes de las demás. Siguiendola exhortación de los padres del Concilio Vaticano IIno se puedeemprender con éxito un estudio completo y una renovaciónde los distritos como comunidades apostólicas sin conocer las intencionese ideas de los fundadores. En el caso presente de las comunidades localesde distritohubo tres fundadores:

- Eugenio de Mazenodcarismático fundador delos oblatosenseñaba la primacía de la comunidadhastael punto de que si la vida de comunidad no tenía prioridad inclusosobre el ministeriola congregación tal como la concebíadesaparecería.

- Étienne Sémériaobispo misioneroformado por el fundadorescogió una estructura ya existente (distritosdiocesanos rurales con sus vicarios foráneos)y la adaptócon la ayuda de sus misioneros para responda a las necesidades del estilode vida religiosa oblata misionera de modo que pudiera seguir realizándosela intención de mons. de Mazenod en un nuevo ambiente.

- José Fabresuperior generalsucesor inmediatodel fundador y administrador experimentadovio en esta estructura misioneraun modo de preservar el concepto mazenodiano de la primacía dela comunidad. Consideraba que era una estructura que podía emplearseen otras partes donde la congregación se extendía rápidamente.

Las comunidades locales de distritocomo forma activay alternativa de comunidad apostólicahan conocido un nuevo nacimientouna renovación y reestructuración a la luz del ConcilioVaticano IIdel código de derecho canónico revisado y delas constituciones y reglas oblatas actualizadas. No sonsin embargoun invento de la vida oblata contemporánea... Las dos nacierondel espíritude la vida y de los escritos de Eugenio de Mazenodtales como han evolucionadocomo se encuentran en la vida actual delinstitutoy como seguirán en el futuro.

El código de derecho canónico y las constitucionesy reglas oblatas que se nos proponendan ya al superior de las comunidadeslocales de distrito la autoridad necesaria para llevar a cabo su tareasegún el derechosin necesidad de una autoridad suplementaria.Lo que el superior no tienecomo muestra la encuesta en muchos casoses un poder suficiente para ejercer su mandato.

En el sentido del párrafo anterior la autoridadpara gobernar (causa formal) viene de arribapor el derecho y el nombramientopara la función eclesiásticaindependientemente de losinteresados. El poder (causa instrumental del gobierno)que esel medio para utilizar esta autoridadviene de abajo. El poder se ganasupra legempor él superior del distritoes otorgado porlos hermanosapoyado por los compañeros y ayudado por las medidaspositivas del provincial. Sin este tipo de poderla función esnominal y sin eficacia.

Sin un superior con este poderel distrito como comunidadlocal decaerá. Si esto sucede muy a menudopereceráasu vezla provinciala región y la misma congregación.

El capítulo general debe tomar medidas concretaspara consolidar su visión del sistema de comunidad tal como pasadel nivel general al nivel provincial. A veces se pierden demasiadas cosasen el camino. Los consejeros generales deben hablar a los miembros delas comunidades de distrito y no vacilar en recordar su tarea al provincialsi hay fallos. La congregación no debe simplemente suponer queuna vida de comunidad renovadaa veces con cambios fundamentales en elestilo de vidase va a hacer por ósmosis.

A veces se debe recordar a los provinciales que un superiorde comunidad local de distrito desempeña una función eclesiásticacon poder propio y ordinarioexactamente lo mismo que el superior deuna comunidad local de casa. El superior no es ni el delegado del provincialni el primero en una asociación entre iguales.

Además de la definición propuesta de unacomunidad local de distritotres puntos deberían formar partede las constitucioneso ser reforzados por ellas: la necesidad de estatutosparticulares provinciales para las comunidades locales de distritolapreparación de superiores locales y la celebración de encuentrosde comunidades de distrito.

Sin estatutos o normas particulares (regla 86)unaregla general para todas las comunidades locales de distrito de la provinciay reglas específicas para las que las necesitanlas comunidadeslocales de distrito serán como barcos sin timón destinadosa errar en la noche y terminar en desastre. Por medio de estos estatutosinspirados en directrices de la administración generalpuestosen marcha por el provincial en consejo y basados en la experiencia delas comunidades locales de distritose obtendrá un equilibrioentre una centralización excesiva y una independencia injustificada.Estas directricesbasadas directamente en la definición de unacomunidad local de distritodeberían encontrarse en el directorioadministrativo general.

Una necesidad crucialampliamente sentidaes la preparaciónadecuada de los superiores locales. El problema ha sido siempre su realización.Puede hacerse mejor en el ámbito de la región. Esta necesidadexige la creaciónen el plano regional o interregionaldel puestode formador de superiores locales como formando parte del sectorde la formación permanente de la región. Tendríala responsabilidad de organizar y dirigir regularmente cursos por lenguas.Sería un cargo a tiempo parcialque le iría bien a un antiguoprovincial con buena percepción de las necesidades de los superioreslocalescon excelente experiencia administrativadotes de enseñanzay buenas relaciones de trabajo con la administración general. Sise considera que este cargo no debe introducirse en las reglasdeberíaestar en el directorio de la administración general y no dejarsesimplemente a la buena voluntad de provinciales sobrecargados. El fundadorno pediría menos.

Las mismas comunidades locales de distritoy sus superioresdeben comprender que el éxito de su existencia como comunidadesapostólicas sólo se logrará a través de laparticipación y el compartir interno. La lógica es sencilla:sin compartirsin encuentros de comunidadno hay comunidad local dedistrito. El compartir inicial se hace en el plano de la comunicaciónhumana de base: compartir historias tanto personales como apostólicas.Al principio es necesario un mínimo de confianza y al aumentarla confianzaaumenta también la base para una comunidad viva.Despuésel compartir se ampliará a los diferentes aspectosde la vida y de la salud física y espiritual. El compartir se extenderánaturalmente hasta cubrir las zonas de problemas en la comunidad y enel apostolado. Las finanzas y demás recursos se compartiránpor de pronto dentro de la comunidad localy luego con la provincia.Finalmente todo esto se mantiene firme gracias a la vida oblata que creceen los miembrosgracias al compartir en la oraciónespecialmentela eucaristíaa los tiempos de ocio y de fraternidad... Este compartires la base de la vida religiosa desde el tiempo de san Benito; es la esenciadel pensamiento del fundador; y es el termómetro de la vida o muertede los distritos. Se llama vita fraterna.

La leypor sí mismaes ineficaz si la congregaciónpor su capítulo generalsu superior generalsu consejo generalsus provincialessus superiores locales y sus miembrosno tiene la clarividenciay la capacidad necesaria para hacer que los distritos cuenten y funcionenes decirsean vivos y vibrantes.

Los misioneros oblatos de Maria Inmaculada han sidolos primeros en establecer formalmente los distritos como entidades decomunidad y de gobierno local y en recibir para ellos la aprobaciónde la Santa Sedehaciendo de los distritos elementos de nuestra propialey. La sociedad del Verbo Divino lo ha hecho igualmente y con másdetalle. Al prepararnos para los cambios futuros en nuestras constitucionesy reglas a propósito de los distritoslos oblatos deberíamosleer la experiencia de la sociedad del Verbo Divino y sacar provecho.No hacerlo significaría una gran laguna para nuestro instituto.

La definición propuesta en mi tesis incluye elementosde derecho canónicoestá de acuerdo con las normas de lasconstituciones y reglas oblatas (1982/87)e incluye asimismo algunoselementos de las propuestas para el capítulo general de 1998. Sesugiere que las constituciones y reglas oblatas incluyan en una constituciónalgunos elementos de esta definición-clave:

Un distrito es una comunidad apostólica localconstituida legítimamente como una entidad de gobierno local consus normas particulares. El distrito es distinto de una casa establecidao canónicaen el sentido que es una comunidad apostólicade vida comúnen la cual los miembros viven o bien juntos en diversaspequeñas entidades residenciales separadaso individualmentedentro de una zona geográfica determinada. Está bajo laautoridad de un superior localdesignado según las normas delderecho. Cada distrito debe ser de dimensión (en extensióny personal) tal que sean posibles y se fomenten la comunicaciónordinaria y las relaciones interpersonalesque pueda crecer y alentarsela vita fraternaespecialmente a través de los encuentros comunitariosy donde hay al menos un oratorio en el que se celebra y reserva la eucaristía.

Esta definicióntal como espuede que paraun oblato contenga elementos evidentes por sí mismos. Sin embargoal ser formulada en mi tesis para servir a todas las comunidadesinclusoa aquellas que no tienen tradición de comunidades de este géneroen su institutose pensó en una definición no tan específicamenteoblata. La intención es tener en las constituciones una definiciónque no cambiaríaaun cuando un próximo capítulogeneral hiciera algunos cambios en las reglas o reglamentos para su aplicación...

El núcleo o esqueleto de la definiciónes el enunciado siguiente:

«Un distrito es una comunidad apostólicalocal de vida comúnen la cual los miembros viven o bien juntosen diversas pequeñas entidades residencialeso individualmentedentro de una zona geográfica determinadabajo la autoridad deun superior».

Sin embargoun esqueleto sin carne es algo sin vida.La definición sin todos sus componentes está tambiénmuerta. Los elementos adicionales en la primera y más completadefinición no son accidentalesen el sentido aristotélicode la palabrasino sustanciales. Desde un punto de vista oblatoy teniendoen cuenta tradiciones presentesse podrían omitir en la definiciónelementos como 'un distrito es una comunidad local apostólica'no porque los oblatos saben que todas las comunidades locales son apostólicassino porque esto se ha dicho antes en las constituciones. Lo que ha detenerse presente es que cada uno de los elementos enumerados másarriba es esencial y debe estar sea explícito en la definicióno implícito al estar ya explícito en otra parte de las constituciones.

Lo que es nuevo en esta definición es que estoselementos: las normas particulares ('estatutos' de la regla actual 86)la dimensión reducidael personal y más especialmente lanecesidad de los encuentros comunitariosson todos elementos constitutivos(constituciones) más bien que útiles añadiduras (reglas).El número mínimo de miembros en un distrito podríaser accidental (una regla).

Consideramos las reuniones de comunidad como un elementoesencial de la definición. Por una partelas reuniones de comunidadson muy útiles para el gobierno de una casay tal vez hasta esencialespara el crecimiento saludable de la vida comunitaria de la comunidad apostólicaen esa casa. Por otra partelos encuentros comunitarios en una comunidadapostólica de distrito son esenciales para la existencia mismade la comunidady hasta para la salud de la vita fraterna Unavez más: sin compartirsin encuentros comunitariosno hay comunidadlocal de distrito.

Un elemento importante que resulta de la encuesta de1994 sobre las comunidades oblatas de distrito en América del Norteinvita a estudios e investigaciones más a fondo... Cuando se estudianlas 173 páginas de las 79 respuestas al cuestionario sobre losdistritosque constituyen la base del capítulo quinto de mi tesissobre los distritos oblatosse ve claramente que hay ahí una minade otras informaciones escondida en estos documentos. Esto mereceríaun análisis científico completo por parte de un investigadoroblato que podría aplicarles los instrumentos de la sociologíade la vida religiosa comunitaria. El estudio debería hacerse bastanteprontoantes que la información ahí recogida pase a sersimplemente un recuerdo para la historia. Los materiales de investigaciónse pondrían a disposición de esta persona.

Aun cuando lo decretado por el capítulo generalse sitúa en el plano estructuralno hay garantíay nodebería haberlade que una estructura renovada de comunidad dedistrito produzca una comunidad local apostólica tan buena o mejorcomo la casa institucional de antiguo estilo. Un éxito talhoycomo siempredepende del empeño y la oración que el superiorde la comunidad local de distritoel consejo y sus miembros quieran poneren este ejercicio; y lo mismo sucede en los dos planos superiores de gobierno.Las estructuras pueden ayudarpueden cambiarpero sólo las personaspueden construir una comunidad. Ha sido así en el pasadoasíserá en el futuro.

"¡Vosotros no solamente tenéis unahistoria gloriosa para recordar y contarsino una gran historia queconstruir.! Poned los ojos en el futurohacia el que el Espírituos impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas." (JuanPablo IIVita consecratan° l10).

 

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El Capítulo reafirma que la comunidad de distritoes una expresión auténtica e importante de la comunidadlocal. Esto supone que «adopta un ritmo de vida y de oraciónque mejor responda a su fin y a su apostolado; que establece un proyectocomunitarioconfiado a la vigilancia del superior; que "organizareuniones regulares..." (cf. C. 38); y que comparte realmente enlo financiero. Se trata de evaluar las experiencias actuales en lo quea comunión e interdependencia se refiere a fin de no estancarseen formas rutinarias y mediocres que tienen de la comunidad de distritosólo el nombre.

Testigos en comunidad apostolica23S
Capítulogeneral de l992

 

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