|
|
num. 233 - April 2001
| El fundamentalismo musulmán y la ley de la sharía |
|
Prefacio del editor
Los incidentes en aumento por litigios entre cristianos y musulmanes plantean problemas a veces dolorosos para los que se están sometidos a una confrontación cotidiana. Es hoy el caso en varias regiones, la mayoría musulmanas, donde están los oblatos como Paquistán, Bangladesh, Indonesia, sur de Filipinas, Nigeria, Senegal, Sáhara occidental... Algo que de lejos o de cerca nos concierne a todos.
Este número de Documentación OMI ofrece dos textos (extractos) del libro reciente del p. Eliseo Mercado: «Misión y diálogo (Desafíos para musulmanes y cristianos en Filipinas)». Pueden ayudarnos a comprender mejor lo que está en juego. Esforzarse por comprender el punto de vista del otro es una de las condiciones que hacen posible el diálogo.
El p. Eliseo R. Mercado Jr, actual presidente de Notre Dame University de Cotabato, Filipinas, es uno de los protagonistas de las negociaciones de paz entre el gobierno de la República de Filipinas (GRP) y el Frente moro islámico de liberación (MILF). Preside el Quick Response Team (equipo de respuesta rápida) y el Joint Monitoring Committee (comité mixto de vigilancia), que supervisa el acuerdo del alto el fuego entre el gobierno (GRP) y el Frente moro de liberación (MILF).
El tercer texto ofrece el punto de vista de mons. Johanes Hadiwikarta, secretario general de la Conferencia episcopal indonesia, en una entrevista aparecida en La Croix. |
|
Significado de algunos términos
Sharía: ley islámica, revelada al profeta, según la fe islámica. Corán: libro sagrado del islam. Dawa: invitación hecha a los hombres por Dios y los profetas a creer en la verdadera religión, el islam. Djihad: esfuerzos, combates. Hadiths: tradiciones islámicas. Khalifat: reglas o legislador. Umma: comunidad. Salafiya: del árabe salaf que significa antepasados, primeros padres o compañeros del profeta |
|
Para comprender el fundamentalismo musulmán
«... Un sordo murmullo y negras tinieblas l lenan la ancha nave del universo: de un campo a otro, a través de las sombras de la noche, el murmullo de cada ejército resuena apenas, y los centinelas de guardia perciben casi los cuchicheos de los vigías de enfrente... Cada ejército atisba la figura umbrosa del otro.»
Así el coro de Shakespeare describía la víspera de la batalla de Azincourt. Eso mismo habría podido escribirse de Mindanao, más particularmente de las relaciones entre musulmanes y cristianos. Cuando fe y tradiciones religiosas están enfrente una de otra, es, casi siempre, con "centinelas de guardia" y hasta con "cuchicheos de los vigías de enfrente".
Se dice que el cristianismo y el islam son vecinos. Sin embargo, a pesar de todo, las relaciones entre estas dos creencias y sus fieles están envueltas en sospecha mutua y oscuridad. Raras son las excepciones de una y otra parte... Cuando creencias y tradiciones religiosas están enfrente una de otra, es casi siempre con "centinelas de guardia".
En Filipinas, particularmente en el sur, se ha presentado siempre al cristianismo y al islam como creencias en competencia por la misma zona geográfica. A propósito o no, la reciente avalancha de desórdenes como raptos, terrorismo o bandolerismo puro y simple, es interpretada según el criterio cristianismo o islam.
Más aún, esta triste y trágica realidad se agrava por el reciente resurgir de los así llamados movimientos fundamentalistas musulmanes. Grupos como los de Abu Sayyaf están a menudo asociados al terrorismo y fanatismo que siembran el miedo entre la gente de la región.
Es urgente conocer y comprender los movimientos islámicos que llevan a menudo la etiqueta de fundamentalistas islámicos. Digamos de entrada que la palabra fundamentalismo deriva del cristianismo. Y cuando este término se aplica a los movimientos islámicos, connota un amplio abanico de significados, desde los movimientos legítimos de renovación religiosa hasta el simple terrorismo. Esto solo nos dice que la aplicación del término al amplio sector de los movimientos islámicos implica grados variables de exactitud o de inexactitud.
Los mismos musulmanes no utilizan este término y no reconocen ni la validez ni la legitimidad para describir los diferentes movimientos islámicos hoy. Pero para los que viven en la aldea global donde dominan los medios de comunicación, el término fundamentalismo ha adquirido valor mundial a pesar de la oposición de los musulmanes.
Los científicos admiten generalmente que los movimientos islámicos contemporáneos encuentran su inspiración en la renovación (nadha) que es estimulada por las enseñanzas del movimiento salafiya. Este movimiento predica una reforma del islam sobre la base de un retorno a una fidelidad estricta al Corán y a las tradiciones islámicas (hadiths) Este retorno lleva consigo la purificación del islam de todas las innovaciones censurables relativas al Corán y a las tradiciones (hadiths). Algunos califican este movimiento de purista porque su objetivo principal es promover un islam puritano y estrictamente fiel a la escritura.
Comúnmente también estos movimientos islámicos contemporáneos consideran que el concepto occidental de "gobernanza" y el concepto de nación-estado son extraños al islam. No sólo no son islámicos, sino opuestos al verdadero concepto de comunidad islámica (umma). Por tanto la restauración de la umma islámica lleva consigo implícita o explícitamente el rechazo de la idea occidental de nación-estado con todo lo que ella ofrece.
Por cierto, los movimientos islámicos contemporáneos se esfuerzan por establecer un estado gobernado en conformidad con la ley islámica, la sharía. Y por el hecho de que la sharía tiene su origen en la revelación divina, no puede ni desarrollarse ni modificarse, sino simplemente aplicarse. Su aplicación comprende una interpretación en casos particulares y una entrada en vigor, pero no una legislación en el sentido de una elaboración de leyes innovadoras.
Todos los movimientos contemporáneos admiten también que la gobernanza es legítima en la medida en que las reglas (khalifat) garantizan la aplicación de la sharía. En resumen, es una creencia admitida que sólo la aplicación de la sharía garantiza el orden moral del que depende la integridad de la comunidad de los creyentes. Y la auténtica gobernanza islámica fue realizada bajo el gobierno de los cuatro primeros califas «los que caminan por el camino recto» (Rashidun ): Abu Bekr (632-634), Omar (634-644) y Ali (656-661).
La restauración del islam en su pureza implica esfuerzos, combates (djihad). Es cierto que la palabra djihad se entiende comúnmente como "guerra santa". Pero en su verdadero sentido, djihad significa una lucha que se refiere tanto a los combates interiores como exteriores de los musulmanes y de la comunidad (umma) para estar más de acuerdo con la santa voluntad de Dios revelada en el Corán y comprendida por las tradiciones islámicas (hadiths). Un componente esencial de la lucha (djihad) es la necesidad de ordenar lo que es justo y prohibir lo que es reprensible. Esta lógica implica finalmente el ejercicio del poder político. Los que no observan las buenas costumbres son infieles contra los que hay que luchar.
Se observa, sin embargo, en los movimientos islámicos contemporáneos otra tendencia que trata de recuperar el espíritu auténtico del islam y hacer las paces con la era tecnológica moderna y las condiciones del mundo actual. Esta tendencia se inspira en el movimiento islah (reforma) del célebre reformador egipcio Cheik Muhammad 'Abduh. La «clave para la nueva y gloriosa era islámica» no es una reforma. Innovaciones oportunas hechas por los reformadores merecen las bendiciones de Dios. Reconquistar la grandeza del islam no es, por tanto, volver en lo posible a las instituciones y modos de pensar y actuar del siglo primero de la era islámica, sino captar el espíritu del islam que sigue innovando y adaptándose a la época contemporánea con todas sus exigencias. |
|
Movimientos islámicos
Para una justa comprensión de los movimientos islámicos, ninguna idea más importante que la de reforma/renovación. La reforma/renovación islámica es algo mucho más amplio que lo que comúnmente se conoce como fundamentalismo musulmán. Los musulmanes mismos no emplean ni reconocen la legitimidad del término fundamentalismo para describir la reforma/renovación islámica.
La reforma/renovación islámica tiene variedad de formas y expresiones. Lo más que este estudio trata de describir son las características principales presentes en todos los movimientos de reforma/renovación en el mundo islámico. Detrás de toda reforma/renovación islámica está el rechazo de la idea occidental de nación-estado y el principio de separación entre Iglesia y Estado.
Todos los movimientos de reforma islámica se esfuerzan por modelar el islam y la sociedad sobre la base de un retorno a una estricta fidelidad al Corán y a las tradiciones islámicas (hadiths). Para reformar el islam y la sociedad, los afiliados de este movimiento abogan por la toma del poder político con objeto de ordenar lo que es justo y prohibir lo que es reprensible. En una palabra, eso quiere decir que la vida y las sociedades deben ser gobernadas por la ley islámica (la sharía). La gobernanza según la sharía sólo puede realizarse y garantizarse por un gobierno fundado en ella. Un gobierno islámico asegura la aplicación de la sharía, garantizando de ese modo el orden moral del que depende la integridad de la comunidad de los creyentes.
Las creencias que se indican a continuación proporcionan la base ideológica a los movimientos de reforma islámica:
- El islam es un modo de vivir que afecta a todo. En consecuencia la religión es parte integrante de la política, del estado y de la sociedad.
- Las debilidades políticas, militares y económicas del mundo islámico se deben al hecho de haberse apartado del islam y haberse sometido a ideologías y valores occidentales seculares y materialistas. Tanto el nacionalismo liberal occidental como el socialismo marxista han fracasado, porque son antitéticos al islam.
- El islam tal como se encuentra en el Corán y las tradiciones islámicas (hadiths), y en el ejemplo de la comunidad/estado islámico primitivo, proporciona la verdadera ideología alternativa para los musulmanes.
- Los musulmanes deben reinstaurar la ley de Dios, la soberanía de Dios sobre la tierra reinstaurando la ley islámica, proyecto original para la sociedad de todos los tiempos.
- El nuevo orden islámico no rechaza la ciencia y la tecnología. Sin embargo, la modernización está subordinada al islam a fin de proteger la sociedad y la comunidad islámicas de la occidentalización y la secularización.
- El proceso de islamización exige organizaciones o sociedades construidas en torno a núcleos dinámicos de creyentes comprometidos y formados que invitan a todos a arrepentirse y a volver al camino de Alá y que están preparados, si es necesario, a combatir contra la corrupción y la infidelidad.
- El método para la renovación y la reforma de la sociedad musulmana, es una revolución política y social islámica, como la del profeta Mahoma y más tarde la de los movimientos islámicos del siglo XVIII que han realizado un sistema islámico de gobierno y de sociedad.
Al lado de las características enumeradas anteriormente, «el islam radical» comprende una especie de cultura que puede resumirse de la manera siguiente:
- Una mentalidad de combate (djihad) que lleva al islam a medirse con una conspiración occidental judeo-cristiana.
- La legitimidad para los gobiernos musulmanes está fundada en la ley islámica (la sharía).
- El combate (djihad) contra los infieles es un deber religioso.
- Los cristianos y los judios son considerados como infieles más bien que como pueblos del Libro.
La idea de que el islam pueda servir de fuerza espiritual y política poderosa o pueda ayudar a catalizar tales fuerzas está hoy muy presente a nuestro espíritu. Se presta, en gran parte, atención a este fenómeno a causa de las evoluciones contemporáneas en el mundo islámico, especialmente en Afganistán, Paquistán, Sudán, Irán, Irak, Libia y en otros países del Medio Oriente y de Asia. A través del mundo occidental crece la conciencia de que el islam resurge. Hay además la impresión de que esta evolución es por lo menos algo peligroso e inquietante.
Dondequiera que el islam se manifiesta política o religiosamente en el mundo contemporáneo, las percepciones comunes cristianas y occidentales de estas evoluciones son o deformadas o antagónicas. El primer factor que contribuye a este tipo de percepción es la visión negativa asociada a las revoluciones islámicas en Irán y Libia. El segundo factor, es toda la herencia de actitudes de oposición por parte de occidente y del cristianismo hacia islam desde el tiempo de las cruzadas. Esta deformación y este antagonismo afectan ciertamente a lo que se dice de la renovación islámica iniciada a principios de los años 70. Los titulares de los medios de comunicación siguen poniendo en evidencia las percepciones occidentales de fanatismo y de puritanismo que acompañan la reforma/renovación islámica. |
|
Resurgimiento del islam
El resurgimiento del islam es un fenómeno desconcertante en el mundo contemporáneo dominado por la ideología del consumo y el secularismo. El resurgimiento islámico implica una fuerte protesta militante contra el statu quo y se niega a tomar la dirección que sigue el mundo moderno. Para comprender esta protesta islámica militante, hay que echar una mirada a la matriz que ha dado origen a los diferentes movimientos islámicos modernos.
Hay, por de pronto, una crisis profunda en el mundo musulmán moderno. De hecho los musulmanes y sus comunidades experimentan un malestar de fondo. Tienen la impresión de que en la historia del islam algo ha tomado mal sesgo. En la raíz de este malestar, hay la conciencia de que algo no va bien entre la religión establecida por Dios y la evolución histórica del mundo que Él dirige.
El glorioso imperio islámico ya no está en eso. En realidad, el mundo musulmán comenzó su seria decadencia desde el siglo XVIII. Ha habido desintegración del poder militar y político, debilitamiento del poder comercial y político, estancamiento del esfuerzo intelectual, descenso de la vitalidad religiosa, decadencia y agotamiento de la creación artística. Los escritos de los grandes maestros han suscitado más comentarios que entusiasmo. Los sistemas clásicos han servido más a delimitar el camino que se debe seguir que a dar el impulso para emprenderlo.
En una palabra, el mundo musulmán, en otro tiempo orgulloso de su poder en el mundo y la historia desde la caída de Constantinopla en 1453, pareció haber perdido desde el comienzo del siglo XVIII la capacidad de ordenar realmente su vida. Lo peor del caso es que esta decadencia del mundo musulmán ha coincidido con la exuberancia del oeste. Hacia la misma época, la civilización occidental entró en la mayor alza de dinamismo expansivo que la historia humana ha conocido. Su vitalidad, sus competencias, su riqueza y su poder se acumularon enormemente. Gracias a lo cual, el oeste se puso a modelar no sólo su propia vida, sino también la del mundo entero, incluido el mundo musulmán.
La presión del occidente y su dominio no hicieron sino crecer durante todo el siglo XIX: los holandeses en Indonesia, los británicos en el subcontinente indio y en Malasia, Rusia en Asia central, los británicos y los franceses en África del norte y Medio Oriente. De pronto los poderes occidentales dominaban de hecho en la sociedad musulmana. El imperio otomano, aunque conservando la soberanía política hasta la primera guerra mundial, era independiente sin ser libre. Aparte del control político, la sociedad musulmana, en otro tiempo fuerte, dinámica y activa, era en todas partes derribada y sometida a la iniciativa y a la voluntad de fuerzas exteriores al islam.
Este problema y esta crisis, como se manifiestan hoy, son de la mayor importancia para comprender los fenómenos modernos como la renovación islámica, el activismo o los movimientos islámicos modernos con su agresividad. Los primeros movimientos islámicos del período moderno eran protestas contra el deterioro interno. Eran llamamientos a detener la decadencia en la sociedad musulmana emplazando a los creyentes y a la comunidad a la pureza primera y al orden islámico. Uno de los primeros y más importantes de estos movimientos fue el wahhabismo en la Arabia del siglo XVIII. Era puritano, vigoroso, simple. Su mensaje era directo: retorno al islam del período de Medina. Rechazaba la corrupción y el laxismo de la decadencia contemporánea. Rechazaba también los compromisos y la riqueza cultural de los imperios islámicos: omeyas, abasidas y otomanos.
Los wahhabitas insistían en la sharía (ley islámica) en su versión hanbalite despojada de todas las innovaciones que se habían desarrollado en el transcurso de los siglos intermedios. Obedecer a la ley primitiva -íntegramente, rigurosamente y solamente a ella- es el islam; todo el resto es superfluo. Esta interpretación del islam debe ser rigurosamente y seriamente aplicada.
El segundo movimiento islámico que dominó la escena fue el movimiento panislámico de Jamalud-din Afghani (1839-1897). Fue un movimiento de renovación islámica que trató de despertar en los musulmanes la conciencia de su antiguo poderío y la de su debilidad actual. Este recuerdo de la antigua grandeza musulmana impulsó a los musulmanes a dejar a un lado la resignación para lanzarse a la tarea de crear el tipo de mundo islámico que debería existir. El versículo del Corán: «En verdad, Dios no cambia la condición de la gente mientras ella misma no cambie su propia condición» (13,11), inspiró a los musulmanes la resolución de tomar en sus manos la renovación de su mundo y su historia sobre la tierra.
De hecho esta llamada a la acción fue el paso de una quietud irresponsable a una determinación a autodirigirse. El movimiento panislámico creía que la historia islámica se pondría una vez más en marcha en toda su verdad y en todo su esplendor.
La amargura de la desilusión musulmana frente a occidente ha sido muy profunda. Se ve al occidente como trabajando contra ellos. Se le acusa de estar empeñado en una vasta empresa deliberada para hundir al islam. Independientemente del dominio militar y político, el poder occidental tiene otros modos de imponer su peso. El más penetrante es la economía.
Los musulmanes perciben que el occidente tiende a aplastar al mundo musulmán con comportamientos que parecen decir: «Abandonen esos caminos anticuados, esas supersticiones, esas inhibiciones; sean modernos con nosotros, prosperen y sean civilizados. ¡Emancipen a sus mujeres, a sus sociedades y emancípense ustedes mismos!»
Muchos musulmanes sucumben o ven sucumbir a sus hijos. El occidente sigue seduciéndolos y apartándolos de sus fidelidades tradicionales.
La reacción a lo que se percibe como un ataque del occidente es muy visible en los movimientos activistas, principalmente en los hermanos musulmanes (Al-Ikhawan al-muslimun). Este activismo representa hoy la nueva determinación de evitar la decadencia y el estancamiento en el mundo musulmán. Aspira a volver a una base de la sociedad musulmana, y a avanzar en la transformación de los musulmanes para que sean una fuerza activa de los tiempos modernos.
Por desgracia, la reafirmación del islam llegó a ser para los miembros de este movimiento activista un tubo de escape para la emoción. Se convirtió en la expresión del odio, de la frustración, de la vanidad y a veces de la locura destructora de gente que ha sido mucho tiempo víctima de la pobreza, la impotencia y el miedo. La vehemencia y el odio en sus escritos revelan más bien a gente que ha perdido su rumbo, cuya herencia no estuvo a la altura de los desafíos de la modernidad. En Paquistán, el grupo jama' at es el equivalente del ikhwan.
Los temas que se repiten comúnmente en estos movimientos de renovación islámica son los siguientes: la modernización vista como una occidentalización y una secularización; la impresión de que los sistemas políticos, económicos y sociales existentes han fracasado; un desencanto y a veces un rechazo del occidente y la convicción de que el islam proporciona un proyecto original autosuficiente para el estado y la sociedad.
Los movimientos de renovación islámica contemporáneos tienen bases comunes. Los componentes-clave de su programa son: 1) el islam es la respuesta; 2) un retorno al Corán y a la sunna (tradición) del profeta; 3) la comunidad debe ser gobernada por la sharía (ley islámica); y 4) todos los que se resisten, tanto musulmanes como no musulmanes, son enemigos de Dios.
Del mismo modo, el fenómeno de la dawa (invitación a creer en el islam) en muchas comunidades islámicas, es visto como un componente de la renovación política islámica que amenaza el orden político existente, el cual está más asociado con el occidente. Lo que es claro o debería serlo es que estas explicaciones simplistas basadas en la herencia de preconcepciones anacrónicas no bastan. De hecho, la dawa ha llegado a ser objeto de mucha atención en la medida en que observadores extranjeros ven en ella la sombra de la agitación en Irán.
En el sudoeste de Filipinas, el establecimiento de la región autónoma musulmana de Mindanao (ARMM) y la lucha de los moros por la autodeterminación son vistos para todos los efectos dentro de este resurgimiento del islam. En consecuencia, esta evolución exacerba la situación ya tensa en la región y, en particular, las relaciones musulmano-cristianas. |
|
El reto de la reforma islámica
Para comprender el islam hoy en el sudeste asiático, no hay noción más importante que la de reforma/renovación islámica. De entrada hay que señalar que la reforma/renovación islámica es algo mucho más amplio que lo que comúnmente se describe como "fundamentalismo". Este último término deriva del cristianismo y es aplicado con grados diversos de exactitud a algunos tipos de reforma/renovación islámica. Los musulmanes, sin embargo, no utilizan este término y no reconocen ni la validez ni la legitimidad para describir la reforma/renovación islámica hoy.
El movimiento islámico radical es presentado a menudo como un movimiento de fundamentalistas islámicos. El islam radical rechaza la idea occidental de nación-estado y lo que ella ofrece. Esta idea es opuesta a la noción islámica de umma, la comunidad islámica universal, que trasciende las diferencias locales y regionales, no reconoce las diferencias nacionales y cuya existencia sólo puede ser garantizada por un gobierno basado en la sharía (ley islámica).
El movimiento del estado islámico se esfuerza por el establecer un estado gobernado por la ley islámica, la sharía. Y por el hecho de que la sharía tiene su origen en la revelación divina, no puede ser ni desarrollada ni modificada, sino simplemente aplicada. Su aplicación implica una interpretación en casos particulares y una entrada en vigor, pero no una legislación en el sentido de una elaboración de leyes innovadoras.
El gobernante (khalifat) del estado islámico es legítimo en la medida en que asegura la aplicación de la sharía (ley islámica) y de ese modo garantiza el orden moral del que depende la integridad de la comunidad de los creyentes. Eso quiere decir que el khalifat cumple sus funciones dentro de parámetros legales preestablecidos e inmutables.
Comúnmente todos los movimientos islámicos radicales consideran que la auténtica gobernanza islámica fue realizada bajo el gobierno de los cuatro primeros califas «los que van por el camino recto» (Rashidun): Abu Bekr (632-634), Omar (634-644), Othman (644-656) y Ali (656-661).
Los movimientos islámicos contemporáneos se inspiran en la nadha (renovación) que es estimulada por las enseñanzas del movimiento salafiya (antepasados). Este último movimiento predica una reforma del islam sobre la base de un retorno a una fidelidad estricta al Corán y a las hadiths (tradiciones islámicas). Este retorno lleva consigo la purificación del islam de todas las innovaciones censurables.
El movimiento de reforma (islah) hace remontar su origen al célebre reformador egipcio, Cheik Muhammad 'Abduh. Su objetivo principal es promover un islam fiel a la escritura y puritano así como la renovación de la lengua y la cultura árabe.
El movimiento dawa (invitación a creer en el islam) no debe comprenderse solamente como una predicación cristalizada en torno a la misión (da' i). Es una reforma religiosa que comprende todos los aspectos profanos capaces de reforzar la cohesión del grupo. Se siente a sí mismo investido de una misión de reforma que conduce necesariamente a una misión de conversión fundada en la necesidad de ordenar lo que es justo y de prohibir lo que es reprensible. Esta misión implica el djihad (combate). Una tal lógica implica finalmente el ejercicio del poder político. Pero la toma del poder no es un objetivo explícito, porque el primer deber es el control de las costumbres (hisba) y los que no observan las buenas costumbres son infieles contra los que hay que luchar.
Los diferentes movimientos islámicos en el sudeste asiático como en todos los países islámicos discrepan en su forma de comprender una renovación islámica moderna. Están los que se inspiran en la antigua grandeza del islam y quieren volver en lo posible a las instituciones y al modo de pensar y actuar durante el rashidun khalifat. Por otra parte, están los que tratan de encontrar medios modernos para conciliar el espíritu del islam con las exigencias de la era tecnológica moderna y con las condiciones de un estado moderno en el que las antiguas reglas de la sharía (ley islámica) no pueden permanecer inalteradas. Hay también los que defienden el islam contra la amenaza creciente del comunismo y de la secularización en el sudeste asiático contemporáneo.
Hay cuatro rasgos que más o menos describen los movimientos islámicos actuales en el sudeste asiático. En primer lugar y ante todo, son una minoría. Sólo una minoría de la población musulmana es afectada por estos movimientos. Para la gran mayoría de los musulmanes de Asia, ser musulmán no implica una estricta adhesión ni un conocimiento particular del islam tal como dictado por el Corán, las tradiciones islámicas (hadiths) y la ley islámica (sharía). Para estos musulmanes nominales o estadísticos, el islam no es más que un ligero barniz de frases árabes sobre un fondo hindú-budista-animista. Son netamente musulmanes, porque se identifican como tales, pero la religión que practican es una variante sincretista y nativista que tiene poco parecido con su prototipo de Asia del oeste. La religión es su vida acompañada de todos sus rituales y de sus creencias acumuladas en el transcurso de los siglos que proporcionan la base de la religión y no a la inversa. En consecuencia, los musulmanes afectados por los diferentes movimientos islámicos siguen siendo la minoría.
El segundo rasgo distintivo de estos movimientos islámicos es su vinculación tradicional a clases económicas específicas. Desde que fue llevado a las costas de Java, Sumatra, Malaca, Johore y Mindanao por los comerciantes árabes en los siglos XIII y XIV, el islam ha encontrado a algunos de sus más fervientes adeptos entre las clases industriosas, empresarios de las ciudades o comerciantes que han acumulado grandes propiedades en las zonas rurales y han formado una especie de clase de kulats (terrateniente ruso).
Si es verdad que los rasgos de clase de estos movimientos islámicos se difuminaron un poco en el transcurso de los años y que un número creciente de profesionales de clase media baja como los maestros de escuela han engrosado su filas, la base comerciante de los movimientos sigue siendo fuerte. En consecuencia, ellos también tienen interés en la estabilidad política del gobierno dominante. La militancia que estos movimientos despliegan contra la secularización y su defensa agresiva en favor del islam se debe más a lo que ellos perciben como un posible retorno del pki (partido comunista indonesio), como en Indonesia...
El tercer rasgo es su falta de unidad. Los factores étnicos lo mismo que geográficos contribuyen a la división entre sus filas. Desde los mismos comienzos, los movimientos islámicos están divididos en dos grupos importantes: los tradicionalistas que son gente de los campos educados en las aldeas llevadas por un kiyai, y los modernistas que son gente de las ciudades fuertemente influenciados por el movimiento de reforma islámica del Medio Oriente.
A estas diferencias hay que añadir que los movimientos están también divididos étnica y geográficamente. Son los más fuertes entre los no-javaneses: los sundaneses de Java occidental, los acehneses y minangkabau del norte y oeste de Sumatra respectivamente, y los bugi de las Célebes del sur. Esto es evidente también entre los musulmanes filipinos que están divididos según las etnias.
El cuarto rasgo, que puede aparecer un tanto incongruente con relación a la imagen que ofrecen los medios de comunicación occidentales, es el hecho de que estos movimientos son esencialmente un movimiento social. No es cuestión de negar las fuertes coloraciones políticas que han tomado estos movimientos, especialmente dado su fuerte deseo de tener una voz más fuerte, más representativa en el seno del gobierno. Pero el empuje básico de estos movimientos sigue siendo moral y social. El objetivo colectivo, en la medida en que hay uno, es una sociedad de individuos honrados, morales, piadosos, que tienen una perfecta comprensión del islam y un deseo de vivir según sus principios. La actividad principal de los grupos islámicos que proliferan en las grandes ciudades es el estudio del Corán y el proselitismo. Por tanto, son poco fundados los temores de muchos cristianos de que el objetivo oculto de todo movimiento islámico sea la creación de un estado islámico en el que los cristianos serían una minoría perseguida.
En nuestro intento por estudiar el resurgimiento del islam en el sudeste asiático, no podemos ignorar el entorno global en el que han surgido los movimientos islámicos. Por de pronto, el reciente empuje mundial del islam no es un acontecimiento repentino. Es más bien la culminación de un largo período en el que el islam ha intensificado y extendido su influjo. El islam es y ha sido durante bastante tiempo la religión mundial con crecimiento más rápido.
En segundo lugar, la guerra del Medio Oriente y sus repercusiones han cambiado la manera como se ven los musulmanes. Muchos musulmanes en el mundo han estado implicados intelectual y emocionalmente si no políticamente, con los palestinos, en los que ven el más dramático ejemplo del modo indiferente como los poderes occidentales se permitieron desplazar a sus compañeros creyentes. Sintiéndose ellos mismos desplazados y ansiosos por su futuro, muchos musulmanes en el mundo antiguamente colonial se identifican ellos mismos de algún modo también como palestinos. Esto es particularmente verdad en Filipinas y Tailandia donde las minorías malayo-musulmanas luchan por ser reconocidas y respetadas.
En tercer lugar, la política internacional del petróleo desde 1973 ha permitido a los que se preocupan por la suerte de los musulmanes, cultural y políticamente cercados, llamar la atención de la comunidad internacional.
Y en cuarto lugar, desde finales de los años 60, ha ido creciendo una infraestructura institucional de base para la solidaridad islámica a través del mundo. Se desarrolló y promovió una gran preocupación por el futuro de los musulmanes en lucha por todas partes: se creó una comunidad basada en el reconocimiento de un destino y una fe comunes. |
|
El impacto del colonialismo
En el sudeste asiático, con excepción de Tailandia, los musulmanes han experimentado el mal histórico del colonialismo por los poderes cristianos occidentales: los holandeses en Indonesia, los británicos en Malasia, los españoles y americanos en Filipinas. Durante el período colonial, las relaciones cristiano-musulmanas han sido relaciones entre colonizados (los musulmanes) y poderes colonizadores (los cristianos). En los países antes mencionados, los musulmanes se han opuesto en diferentes épocas y en grados diversos a los poderes colonizadores cristianos.
Un accidente del colonialismo histórico es el hecho de que los cristianos indígenas y los otros habitantes no musulmanes, como los chinos en Malasia y en Borneo, han sido integrados en los sistemas políticos y económicos occidentales que automáticamente discriminan a los "analfabetos" de los modos y métodos occidentales. Los musulmanes sienten que a sus vecinos cristianos y a los musulmanes integrados que constituían la clase de elite se les dio desde el principio una ventaja injusta en detrimento de ellos. Éstos fueron los que han guiado y decidido la dirección del desarrollo durante el período post Merdeka.
Hay factores que atormentan aún la psique musulmana y al occidente. Así:
1. El recuerdo de la guerra de resistencia durante las luchas por la independencia; 2. El sentimiento de que un pueblo de una fe fue tratado injustamente; 3. Una injusta distribución de los bienes de la nación; 4. La incomprensión de las posiciones teológicas del islam sobre temas que cuentan para la construcción de una nación; y 5. La nueva reivindicación de los musulmanes.
Para comprender la ley de la sharía
La ejecuciones públicas del Frente moro islámico de liberación (MILF) han puesto en evidencia de diferentes maneras la necesidad de comprender la sharía, o código legal islámico, tal como es practicada en algunos países del Medio Oriente y en Afganistán. Para comprender la sharía, tenemos que purificar nuestro espíritu de la jurisprudencia más familiar practicada en Filipinas y en el mundo occidental.
Tal como es comprendida por los movimientos de renovación musulmana, la sharía es la ley de Dios. Es inmutable y no debe ser penetrada por la inteligencia humana. El hombre debe aceptarla sin crítica. La sharía está basada en la palabra de Alá tal como revelada en el Corán y en las tradiciones del profeta (hadiths). Por esta razón, la sharía no es una ley en el sentido legal occidental del término. La sharía viene de Dios, mientras que nuestras leyes incluso la ley fundamental del país (la Constitución) son productos de la actividad legisladora humana.
La sharía no es sólo inmutable, sino también infalible. Constituye, sin restricción, una doctrina infalible de deberes y privilegios cubriendo la totalidad de la vida de los que profesan el islam, vida religiosa, política, social, doméstica, e incluso vida privada. En los países islámicos, regula las actividades de los no musulmanes en la medida en que dichas actividades podrían perjudicar al islam, por ejemplo, la venta de alcohol, de cerdo o el hecho de comer en público durante el Ramadán.
Ordinariamente, el conocimiento de la sharía se obtiene directamente del Corán y de las tradiciones islámicas (hadiths). Pero en la práctica, el conocimiento de la ley islámica es comunicado autorizadamente a través de los cuatro sistemas admitidos de fikh (jurisprudencia). Estos sistemas son el malikite, el hanafite, el shafite y el hanbalite. Estos nombres vienen de los maestros (cheikhs) que los han fundado. La tradición chi' at (de ahí chiísmo) sigue dos escuelas separadas de jurisprudencia, la de los Siete (imanes) y la de los Doce.
Los musulmanes del sudeste asiático, Filipinas incluida, siguen la escuela shafite. La Arabia saudí y los emiratos del golfo Pérsico siguen la escuela más estricta y más rígida, la escuela hanbalite.
La sharía no es nunca codificada. Estrictamente hablando, no hay codificación de la sharía. Esto está basado en las objeciones de los compañeros del profeta que no habrían permitido lo que equivale a ser editor de la ley y de los mandamientos de Dios. Las así llamadas codificaciones son actualmente los libros fiks (libros de jurisprudencia) exponiendo la sharía del modo como vincula a los musulmanes.
Decir cómo esta ley afecta a un caso particular se hace a través de la promulgación de una fatwa (disposición legal) por un mufti (consejero jurídico) debidamente establecido o, en la mayoría de los casos, por un cadi (juez) en una corte de la sharía. Después de la muerte del profeta, sus sucesores, los califas, llegaron a ser los jefes y jueces supremos de la comunidad musulmana. Los jefes nombran a los consejeros jurídicos (muftis) y a los jueces. En consecuencia, consejeros (muftis) y jueces son funcionarios del estado. En la práctica, los jueces (cadis) sólo pueden tomar nota de los deseos de la autoridad que los designa. De hecho, los emires tienen un poder absoluto para nombrar o destituir a jueces (cadis) y consejeros (muftis).
Una decisión de la corte de la sharía es un juicio legal. Aunque sea difícil indicar una línea de separación entre la doctrina de la sharía y la fatwa (disposición legal impuesta por el estado), una distinción debe hacerse siempre. La fatwa es una disposición legal bajo la categoría de hukm (juicio legal) basada en la sharía. Esta distinción sutil debe mantenerse a fin de no confundir un juicio humano basado en la sharía con la sharía misma. Lo que la corte islámica hace, es proclamar un juicio legal basado en la sharía tal como interpretada y comprendida por los expertos de la ley. Por esta razón, un juicio legal de la corte islámica está sujeto a una eventual apelación por la parte infractora o a un perdón por el califa, vicegerente del profeta, o el gobernador que gobierna en nombre del califa.
La corte islámica MILF sigue el mismo procedimiento, es decir, la aplicación de la sharía como interpretada por la corte islámica. La misma corte pronuncia un fallo legal que vincula estando sujeto a una apelación eventual ante una corte superior y ante el gobernador que gobierna la comunidad en nombre del profeta.
El caso más conocido de disposición de la sharía es el caso de Sara Balabagan. [Sara Balabagan es esa joven filipina, empleada doméstica en los Emiratos árabes unidos, condenada a muerte en 1995 por haber matado a su amo que intentaba violarla. Fue enviada finalmente a su país a consecuencia de la presión filipina e internacional.]No es simplemente el caso de un mujer defendiendo su honor. Que una mujer defienda su honor es una jurisprudencia admitida en las cuatro escuelas de la ley. Pero Sara no era una mujer libre, era una doméstica (criada). La realidad es que los domésticos en el Medio Oriente son considerados como los esclavos de los tiempos modernos. Domésticos en el mundo árabe es un eufemismo moderno para decir esclavo. En árabe, se refieren a ellos como: «lo que uno posee en sus manos derecha e izquierda».
No es una práctica inusitada que el amo de casa "se sirva" de lo que posee. Lo que puede considerarse como un abuso sexual o una violación en una jurisprudencia occidental es, de hecho, una práctica tolerada en los países árabes. En consecuencia, para los amos árabes, no es un abuso sexual ni una violación servirse de lo que se posee en sus manos derecha e izquierda.
Habría sido totalmente diferente si Sara Balabagan no hubiera sido una criada. Aunque el islam prohíbe a sus fieles someter a esclavitud a un compañero musulmán, la práctica actual no va hasta el ideal prescrito por el Corán y las tradiciones islámicas (hadiths). Esclavos y criados tienen otros recursos legales, a saber, la compasión del emir (príncipe o gobernador).
En la práctica, el emir, al estar en lugar del profeta, goza de enorme poder. El privilegio del emir es limitado solamente por un mandamiento escrito explícito del Corán o de las tradiciones islámicas (hadiths). En realidad, el emir puede retirar de la competencia de la corte un caso particular donde estuviera en juego el buen entendimiento y el bien de la comunidad. Una vez que el emir reclama un caso para su juicio benévolo, las penas de sangre de la ley llegan a ser inaplicables. En su lugar hay un rescate. Es lo que sucede habitualmente en los casos criminales financieros o de propiedades.
En los casos de ejecuciones públicas del MILF, el presidente del MILF o su sustituto, debidamente designado, puede actuar de una manera comparable a la de un emir de la comunidad musulmana. Puede retirar el proceso de la competencia de la corte de la sharía o ejercer su poder de conceder la clemencia a través del pago de un precio de sangre por la tesorería de la comunidad para indemnizar a las víctimas.
Éste el camino que propongo seguir al gobierno de Filipinas (GRP) y al Frente moro (MILF) para resolver la crisis actual en las conversaciones de paz entre los dos grupos. Los delegados del GRP y del MILF deberían intervenir e interceder por aquellos a los que la corte reconoce culpables, apelando a la misericordia y a la compasión de Alá y de su emir. Y por razones humanitarias y para la promoción de la paz y la buena voluntad, deberán indemnizar a las víctimas.
El ejercicio de la compasión contribuiría precisamente a acrecentar la buena voluntad y la comprensión entre el gobierno filipino y el MILF. Las partes ofendidas recibirán del emir una compensación o rescate. La paz y buena voluntad entre los dos grupos hacen que la comunidad participe en la compasión y la misericordia de Alá. Después de todo, el Dios al que adoramos es un Dios de misericordia y de compasión. |
|
Entrevista con mons. J. Jadiwikarta
Obispo de Surabaya (isla de Java), secretario general de la Conferencia episcopal de Indonesia. Entrevista realizada por Dorian Malovic, publicada por La Croix (París) miércoles 19 de enero 2000.
-Cuál es la verdadera naturaleza del conflicto, desde hace un año, entre musulmanes y cristianos en las Molucas?
- ¡No es un conflicto religioso! Un desequilibrio creciente de la población y de la economía local en Ambon, entre cristianos y musulmanes, ha servido de detonante a los que querían provocar una inestabilidad local. No era difícil y eso dura desde hace ya un año. Algunas personas mal intencionadas, en Yakarta, han utilizado la religión como instrumento de desestabilización política.
- Hace seis meses, la Iglesia católica en las Molucas (5%) desempeñaba el papel de mediadora entre musulmanes y cristianos protestantes. Ustedes han firmado una carta hace tres semanas pidiendo una intervención extranjera. ¿Qué ha cambiado?
- Al principio, sólo las iglesias protestantes han sido atacadas. Pero hace seis meses ha habido disturbios en la isla del norte de las Molucas, Halmahera, implicando a los católicos; musulmanes llegados de Sulawesi han querido vengarse en los católicos, pero los musulmanes locales los han defendido. Eso no ha sido suficiente y los católicos, en todas las Molucas, son hoy también el blanco de los fundamentalistas musulmanes. En la isla de Buru, cercana a la de Ambon, nueve iglesias católicas fueron quemadas en estas últimas semanas; eso recuerda el tiempo de las cruzadas. Este llamamiento a una intervención extranjera simbolizaba la desesperación de los dirigentes cristianos, incluso católicos, de las Molucas. Porque ya no veían solución con el ejército indonesio que no reaccionaba.
- ¿Defienden la tesis del "complot" contra el nuevo presidente indonesio Gus Dur?
- Desde hace años, se sabe que el ejército gusta de desestabilizar. Es curioso, ha habido provocadores durante los disturbios, todo el mundo lo dice, pero nadie fue detenido, juzgado o encarcelado. ¿Tal vez el ejército quiere más poderes? Pero no creo en los rumores de golpe de estado en este momento. El presidente Gus Dur ha sabido mantenerse firme después de las manifestaciones de hace diez días, al fin del Ramadán, que llamaban a las guerra santa contra los cristianos.
- En este contexto de agitación y de manipulación religiosa, ¿cuál es su margen de operación?
- Usted sabe, nosotros somos una iglesia minoritaria en este vasto país de más de 210 millones de habitantes. Tenemos que mantener buenas relaciones con los musulmanes y cooperar con ellos si queremos hacer oír libremente la voz del evangelio. Disturbios con los cristianos podrían tener consecuencias nefastas sobre los márgenes de maniobra que tenemos cuando queremos construir una iglesia, por ejemplo; hay que pedir autorización a las autoridades locales... Pero no niego que haya también fanáticos por parte de los católicos. Algunos están furiosos viendo sus iglesias destruidas.
- Los disturbios se extienden por el resto de las Molucas, mientras que la situación parece tranquila en Ambon. ¿Cree en una reconciliación posible a corto plazo?
- Las autoridades de Yakarta han pedido nuestra ayuda para lanzar un proceso de reconciliación, pero será necesario que cesen todos los enfrentamientos en las Molucas antes de pensar en un verdadero diálogo. El odio es profundo. Se necesitará tiempo, porque los símbolos de la identidad misma de cada comunidad -iglesias y mezquitas- fueron quemados y destruidos. Las heridas están muy abiertas. Será difícil olvidar y también perdonar.
DOCUMENTACIÓN - OMI es una publicación no oficial de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada C.P. 9061, 00100 Roma-Aurelio, Italia. Fax: (39) 06 39 37 53 22 E-mail : omigen@pcn.net Información OMI E-mail: infomiroma@pcn.net |
|