[En esta conferencia el Hermano Karl Gaspar presenta al Hermano oblato Mauricio ZUYCO como un ejemplo de religioso hermano al lado de los pobres y seguro de su identidad. Las consideraciones del autor pueden contribuir a nuestra reflexión sobre la vocación de los hermanos. Los subtítulos son del editor.]
Es muy significativo que nos reunimos como hermanos aquí en la ciudad de Bacolod a tiempo para el Masskara Festival. [“Mass” = gente y “kara”= cara. Un festival en que juerguistas se ponen máscaras ‘primorosas’ y trajes, y bailan ritmos latinos al estilo carnavalesco.] Un símbolo útil al explorar y celebrar la identidad de los hermanos. La ciudad de Bacolod es, por supuesto, la entrada a la isla de Negros.
Cuando oímos el nombre de Negros, estoy seguro de la variedad de imágenes que se arremolinan en nuestra mente sea o no la primera vez que visitamos esta isla. Hay la imagen del “volcán social” popularizada por el antiguo obispo de la diócesis de Bacolod, mons. Antonio Fortich. Para antropólogos e historiadores es la imagen de Papa Isiao, el héroe revolucionario legendario cuyo espacio sagrado en el Monte Kanlaon es parecido al Monte Banahaw del hno. Pule.
Está también la imagen perdurable del contraste entre los ricos propietarios y las sacadas oprimidas, los obreros agrícolas nómadas de la antigüedad de cuyas vidas se han escrito crónicas en documentales dramáticos tales como el libro explosivo del p. Junie Jesena, s.j., titulado The Sacadas of Negros que apareció a comienzos de los años 70.
Como el hno. Armin mencionaba [...], hay también la imagen de ese muchacho con cara demacrada que aparecía en la portada de la revista Asiaweek, revelando la masiva extensión del hambre y desnutrición aquí en Negros, durante los tiempos muertos, últimos años del otoño de la dictadura de Marcos cuando el precio del azúcar cayó verticalmente. Recuerdo vivamente ese período porque fue en 1985 cuando hice mi postulantado entre las sacadas en La Granja, fuera de Bacolod en una plantación de caña de azúcar propiedad de uno de los amigotes de Marcos.
Después de todas estas imágenes, voy a exponer algunos pensamientos y reflexiones sobre el tema que se me ha asignado, a saber: “Hermanos en comunión con los pobres”. Si hay un lugar en el país donde la pobreza en su cruda realidad salta a la vista es aquí en Negros. Si hay un lugar en todo el archipiélago donde un hermano puede estar de verdad en comunión con los pobres, es aquí en Negros – la tierra de los contrastes y las contradicciones. El leitmotif (motivo central) de la máscara –como personificado en el símbolo icónico del teatro de las máscaras de alegría y de tristeza– es un símbolo apropiado a esta isla.
La misión en Kulaman
No voy a hablar ahora, sin embargo, de los pobres de Negros sino de otro lugar –en Kulaman, Sultan Kudartat– donde estoy ahora formando parte del equipo misionero itinerante redentorista (RIMT). Para familiarizarles con el escenario, voy a contarles la historia de un Hermano, cuya vida en comunión con los pobres revela una identidad de hermano al que debemos imitar y celebrar.
Kulaman es una meseta en la cordillera de Cotabato que atraviesa Maguindanao, Sultan Kudarat y sur de Cotabato. Es parte de la tierra, dominio ancestral, de los dulangan manobos, un pueblo indígena en esta zona. En las zonas colindantes están las tierras de los teduray, los t’boli y los musulmanes de Magulndanaon.
Se le ha llamado la municipalidad del senador Ninoy Aquino, aunque para la mayoría de la gente – manobos y pobladores– sigue siendo Kulaman. Hasta finales de los años 1950, la población de Kulaman se componía sólo de manobos. A finales de 1950 y hasta 1960, emigraron de las zonas costeras de Lebak y Kalamansig a esta meseta, los ilocanos y pangasinenses, soñando con un trozo de tierra que cultivar.
En los años 1970, cuando las compañías de explotación forestal penetraron en esta zona, llegó a esta meseta la segunda ola de emigrantes, a saber, los ilonggos, karayas y capizeños. En los años 1990, era el turno de los cebuanos que venían de otras partes de Mindanao incluso de Davao y Zamboanga.
Hoy Kulaman tiene una población de unos 40.000 habitantes con sólo 8.000 manobos. Éstos se fueron de sus tierras cuando desaparecieron los bosques. Hoy en medio de paisajes deslumbrantes, de lo más bonito en esta parte de Mindanao, la pobreza es el lote de la mayoría de la gente, manobos y pobladores.
Llegó un Hermano a Kulaman
Fue a mediados de los años 1980 cuando vino un hermano a Kulaman. Su vida, su trabajo y testimonio de religioso hermano constituye el material de leyendas. La gente de Kulaman lo sigue queriendo mucho después de haberse ido de aquí a fines de los años 1990. Su historia se entreteje con la historia oral de esta meseta y todos –manobos y pobladores– lo recuerdan con cariño.
Todos sabían que era un hermano y así lo llamaban. Este nombre podría ser kuya para los que venían de Luzón, manong o manoy para los bisayas, y kakay para los manobos. Andaba por todas partes alrededor de la parroquia; recorrió todos los caminos y senderos para encontrarse con la gente, especialmente con los pobres. En la década en que se le destinó aquí, su mayor deseo era estar en comunión con los pobres e hizo lo que puso por estar a su servicio.
Cuando llegué por primera vez a Kulaman en junio de 2001, me di cuenta en seguida de que él era aquí una leyenda. Cuando me presenté como hermano, nadie me preguntó la diferencia entre un sacerdote y un hermano, si iba a ser o no sacerdote, y todas esas preguntas que pueden a veces ser enojosas. [...] En este raro lugar, me encontré con gente que comprendía la vocación de un religioso hermano.
Hermano “Mau”
Gracias al hermano Mauricio (Mau) ZUYCO, o.m.i., la identidad de un hermano es muy clara en Kulaman. Y es un privilegio tener al hermano Mauricio con nosotros hoy en esta asamblea.
El hno. Mauricio es de esta isla, concretamente de Kawayan, Negros occidental. Nació aquí el 8 de febrero de 1938. Cuando tenía nueve años, sus padres emigraron a Marbel, hoy conocida como ciudad de Koronadal. A los 20 años, entró en los oblatos de María Inmaculada. Hizo su primera profesión en 1960 y sus votos perpetuos en 1967.
Antes de venir a Kulaman a mediados de los años 1980, trabajó en la escuela de Notre Dame de Marbel, en la Notre Dame Press y entre los teduray en Upi. Ayudó en la fundación de las escuelas Notre Dame de Tubuan, Fantil, Mandalay, Kabug-kabug, Blala y Upi-Nuro. Trabajó incluso en la pastoral vocacional.
Hermano Mauricio en Kulaman
Pero fue en Kulaman donde el hno. Mauricio desplegó todo su potencial y aquí esculpió la identidad de un religioso hermano que está por encima de todo arraigada en la llamada del Evangelio a estar en comunión con los pobres. Junto con sus hermanos oblatos, respondió a las necesidades urgentes de los manobos a través de la alfabetización de adultos, los proyectos de desarrollo agrícola, y ayudándolos a defender sus dominios ancestrales de la usurpación de las compañías de explotación y de la invasión de emigrantes hambrientos de tierra.
Sin embargo, estuvo también muy pendiente del bienestar de los pobladores emigrantes. En un tiempo en que el gobierno era bastante lento en responder a las necesidades educativas de los niños, el hno. Mauricio reunió a los ciudadanos interesados y, juntos, levantaron la escuela Notre Dame de Kulaman en 1986.
La situación de pobreza y la deforestación masiva lo impulsaron a lanzarse en proyectos ecológicos. Instó a la gente a plantar árboles frutales como el jakfruit, durian, rambutan, pomelo y aguacate, y árboles para repoblar los bosques como el narra, lauan, bagrass y eucalipto. Llegó a ser una pasión. Él mismo plantó centenares de árboles. Hoy la colina, en otro tiempo árida, donde se construyó la iglesia, es un oasis de árboles y semilleros que hacen de línea divisoria de las aguas.
Cuando el hno. Mauricio, en una década larga, se dedicó de lleno al ministerio entre los manobos y pobladores pobres, y a defender a la madre naturaleza, Kulaman ya no era el mismo que cuando llegó en 1985. Antes de trasladarse a su nuevo destino en la isla de Batobato, parte de las islas de Sulú que llevan los oblatos, para atender a los tausog, sama d’laut y pobladores cristianos, había bien servido a la gente de Kulaman. Y lo recuerdan siempre agradecidos. Cada vez que pasa el hno. Mauricio por Kulaman hay fiesta. No me sorprendería, cuando todos nosotros hayamos desaparecido de la faz de la tierra, que la gente lo canonizara como San Mauricio de Kulaman.
La historia del hno. Mauricio es instructiva para el tema de nuestra convención. A través de su vida y testimonio, el hno. Mauricio ha explorado y celebrado su identidad como hermano. Habiendo visto personalmente los frutos, estoy convencido de que esta misma identidad nos ayudaría a todos nosotros a promover, alimentar y profundizar en nuestra vocación de religiosos hermanos. Durante esta era posmoderna en la que la cuestión de la identidad se ha convertido en un punto central para individuos, comunidades, grupos e incluso pueblos, sería provechoso para nosotros hermanos hacer nuestra una identidad forjada en el compromiso real realizado por hermanos, como el hermano Mauricio, entre los pobres y en comunión con ellos.
Una diversidad de ministerios y servicios
Hoy hay muchos hermanos Mauricio aquí entre nosotros en Filipinas. Hay hermanos trabajando entre los lumad (indígenas) –los hermanos maristas en Palawan y sur de Cotabato, los hermanos claretianos en Basilan e Ipil, los hermanos franciscanos en Zamboanga del Sur. Hay hermanos trabajando con los niños de la calle y la juventud en dificultad con la ley, como los hermanos que fundaron y dirigieron el Centro Kuya en la ciudad de Quezón, que podría llevar, como dice el hermano Dennis, a la fundación de los hermanos kuya, con Chad como el primer novicio.
Hay también hermanos que trabajan con los enfermos y en la formación de asistentes sanitarios como los Alexianos, los Hijos de María y los Hermanos hospitalarios. Hay hermanos dedicados a sistemas escolares de formación de estudiantes pobres en las técnicas agrícolas, vocacionales, para ayudarlos a combatir la pobreza. Los programas de divulgación de nuestras escuelas, dirigidas por hermanos, son puentes hacia un futuro más próspero para las comunidades pobres, como la que está llevando el hno. Vince aquí en Bacolod.
Hay muchos, muchos más en la lista, y, gracias a Dios, la lista está aumentando. No nos faltan modelos y experiencias concretas reales de hermanos que han demostrado una gran capacidad para estar en comunión con los pobres. Desde incluso antes del Vaticano II hasta hoy, ha habido hermanos que nos han mostrado el modo de seguir las huellas de Jesús. Al cumplir con su misión, forjaron una identidad que era clara a los ojos de la misma gente a la que Jesús mismo sirvió en su vida.
Raíces de la identidad del Hermano
Hoy en medio de la globalización, que mons. Chito Tagle ha definido moralmente como desarraigada (walang ugat), despiadada, (walang awa) y sin futuro (walang kinabukasan), y considerando las muchas exhortaciones de documentos de la Iglesia, desde las Actas y Decretos de la segunda Asamblea plenaria de Filipinas (PCP II) a Vita Consecrata, nosotros, los religiosos hermanos en Filipinas estamos llamados a reclamar y a hacer nuestra una identidad que hunde sus raíces en el reto del Evangelio a servir a los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas, los pobres y oprimidos en nuestro medio, los anawim de Jesús en el mundo de hoy.
A este respecto, es importante para nosotros apuntalar nuestras visiones como hermanos en nuestro contexto de espacio-tiempo y en nuestro contexto de vocación-fe.
Hay sólo un espacio en que podemos fundar nuestra visión, a saber, el espacio ocupado por la misma fuente de luz que buscamos. Juan nos recuerda quién ocupa este espacio: “Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de cuanto llegó a existir. En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron” (Jn 1, 3-5).
Nuestra visión puede encarnar esta luz porque nuestra misma identidad radica en Jesús, la fuente de luz, como nuestro hermano. Somos hermanos porque Jesús es nuestro hermano – Jesús es nuestro “kuya”, “manong”, “manoy”, “kakay”. Este es un contexto cultural que es potencialmente una rica mina para teologizar sobre la identidad del hermano. (Por esta razón, esperamos que haya más superiores que envíen hermanos a estudiar teología para que no necesitemos atenernos a los clérigos para teologizar sobre nuestra vocación.) Ya que Jesús exhorta a todos a ser hermanos y hermanas entre sí, nosotros lo seguimos y hacemos como él ordena. Como Jesús es hermano de todos, también nosotros podemos ser hermanos de todos, especialmente de los más abandonados. [...]
Vita consecrata declara que los hermanos participan “en la misión de proclamar el Evangelio y de dar testimonio de él con la caridad en la vida de cada día” (Nº 60). En nuestra vida de cada día, Jesús es el agricultor en los campos, el obrero en el mercado, el vecino del barrio bajo, los niños de la calle.
Con nuestro hermano Jesús como modelo, tenemos la audacia para desarrollar visiones que pueden ser una fuente de luz para los demás. Cuando nos relacionamos con Jesús nuestro hermano, nos unimos también nosotros mismos, en la solidaridad, con nuestros hermanos y hermanas necesitados. Como dice el hermano Joel Giallanza CSC: “Por nuestra relación con el Señor, mostramos la posibilidad de vivir el ejemplo de Jesús en el mundo de hoy... caracterizado por la generosidad... y el servicio a los demás... Hacer lo que los hermanos hacen, es una expresión clara de la importancia, necesidad y urgencia del ejemplo de Jesús para hoy”1.
Promover la paz y la unidad – Relaciones
Una respuesta concreta al desafío de estar más fundados en nuestra comunión con los pobres implica interiorizar una visión para establecer relaciones con gente que muestra la posibilidad de vivir en paz y unidad. Dice Giallanza: “La rica diversidad representada en las diferencias sociales, políticas, religiosas, culturales y étnicas se usa muy a menudo como base para crear divisiones entre la gente. Y cuando las barreras que apoyan esas divisiones se hacen más fuertes, la destrucción mutua aparece más efectiva y eficiente que el diálogo de cooperación. El conflicto, la violencia, la guerra llegan a ser entonces los modos habituales de afrontar las diferencias en la vida. Hacer lo que los hermanos hacen, significa esforzarse en mostrar que las diferencias entre la gente son gracias y bendiciones para celebrarse, no cargas y molestias para aislarse”2. A este respecto, podemos recoger lo que decía ayer el hermano Armin, refiriéndose al desafío de denunciar la guerra de George Bush en Iraq, como sugería Conrado de Quiros, el apreciado columnista del Inquirer.
El hno. David Werthmann CSsR añade a esta reflexión: “La vida religiosa ha existido siempre como una respuesta profética a las necesidades de la sociedad en un momento particular. El mundo de hoy está lleno de relaciones rotas: abuso físico, emocional y sexual, contienda política y guerra. Entre las necesidades más grandes en la sociedad contemporánea está ciertamente el testimonio de la gente que se reúne en comunidad, viviendo una fe compartida, apoyando el crecimiento personal y el bienestar, trabajando juntos en paz y armonía, creciendo unidos entre sí... y con el Señor”3.
Fraternidad verdadera
Más cercano a casa y situándose en la realidad de Asia, el hno. Armin Luistro FSC propone: “Los escándalos de división incluso en un Asia multirracial y multicultural ponen en primer plano los valores del testimonio profético de una comunidad vivida en fraternidad auténtica. Casi todas las formas de violencia en la región son ideadas y perpetuadas por una organización militar o seudomilitar, dominada por hombres, que corrompe el sentido verdadero de la fraternidad. Las estructuras de la sociedad y de la Iglesia son demasiado jerárquicas y tienden a insistir en el poder más que en el servicio, en el trabajo más que en las relaciones, en los logros más que en los valores de la persona. Es fácil para los religiosos hermanos caer en la misma trampa”4.
Concretamente esta visión invita a los hermanos a comprometerse en los varios movimientos que ayudan a crear armonía entre los diferentes grupos cuyas diferencias han llevado a los conflictos. En nuestro país y en los países vecinos, esto incluye conflictos entre la gente de varias razas y grupos étnicos, religiones y tradiciones de fe, clases y culturas. El chovinismo masculino y las estructuras patriarcales, que han oprimido a las mujeres, han llevado también a producir tensiones y conflictos. ¡Si somos hermanos imbuidos de esta visión, debemos involucrarnos en movimientos para el diálogo interreligioso e interétnico y sensibilizarnos! Estos compromisos no implican necesariamente intervenciones de alto nivel que exigen muchos recursos financieros y técnicos. Algunas de las iniciativas mejores de diálogo interreligioso se hacen hoy partiendo del ministerio de presencia, de estar inmersos entre la gente común y haciendo juntos cosas ordinarias en la vida de cada día.
Ser un hermano mayor
Esta visión puede también estar vinculada a nuestra cultura dominante donde un hermano mayor es llamado “kuya” o “manong”. En muchas culturas asiáticas, el hermano mayor tiene un papel muy importante. En ausencia de los padres, es el hermano mayor quien se encarga de ocuparse de los más jóvenes. Mucho después de que éstos tengan familia propia, el “kuya” vela por su bienestar, asegurando que no les falte nada para cubrir sus necesidades elementales. En términos paulinos, el religioso hermano es “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8, 29). Como dice Vita consecrata: “Estos religiosos están llamados a ser hermanos de Cristo, profundamente unidos a él...; hermanos entre sí por el amor mutuo y la cooperación al servicio del bien de la Iglesia; hermanos de todo hombre por el testimonio de la caridad de Cristo hacia todos, especialmente hacia los más pequeños, los más necesitados; hermanos para hacer que reine mayor fraternidad en la Iglesia” (Nº 60).
Solidaridad con los más abandonados
Una vez más, esta visión se concreta dondequiera que los hermanos pueden expresar esta solidaridad con los más abandonados, que son también los más marginados. En algunos casos, esto podría implicar responder directamente a los que tienen hambre ofreciendo sopa caliente, al enfermo tratando su enfermedad, a los presos visitándolos en la cárcel, a los sin casa ofreciendo refugio. Pero otros hermanos podrían responder a las causas estructurales del empobrecimiento de los pobres involucrándose en la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación. Sea que su tarea tenga impacto a corto o largo plazo, los hermanos muestran la compasión sirviendo a los pobres.
No un clérigo
Hay una verdadera necesidad para nosotros de proyectar una identidad positiva y mejor definida por lo que se refiere al seguimiento de Jesús en nuestras vidas consagradas. Hasta hoy, los hermanos intentaron resolver una crisis de identidad manifestada por el problema de proyección de identidad. Durante tan largo tiempo, nosotros y otras personas definieron nuestra identidad en términos negativos: no somos clérigos, no estamos ordenados, no somos seminaristas o cursillistas. En otras palabras, hacemos a la gente comprender quién es un hermano por lo que hace. Todas estas cosas han llevado a ambigüedades en lo que se refiere a quiénes son realmente los hermanos. Ha sido calificado de “bendita ambigüedad”, que es también el título de un libro que salió de un seminario de la fraternidad patrocinado por la Conferencia de Superiores mayores y la Asamblea nacional de Religiosos Hermanos y Cristianos Hermanos en Estados Unidos. Si se ve esto a través de la lente de una perspectiva posmoderna, la ambigüedad no es necesariamente lo que debería preocuparnos.
Una persona consagrada
Hay un área, sin embargo, en la que no debemos ser ambiguos con respecto a nuestra vocación de hermanos y se relaciona con nuestra identidad como religiosos. Y en el fondo, esa identidad está en cómo vivimos nuestros votos de pobreza, castidad y obediencia. Dice el hno. Giallanza: “Los hermanos deben vivir de tal modo que puedan hacer la recomendación paulina: ‘Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo’ (1 Cor 11, 1). Si creemos que nuestro Dios es ‘encarnacional’, en ese caso el ejemplo de nuestra vida debe ser la primera de todas nuestras respuestas a la simple pregunta, ‘¿qué es un hermano?’. Además, debemos preguntarnos sobre nuestra buena voluntad y disposición para dar esta respuesta”5.
Conclusión
Mi opinión es, por una parte, que la ambigüedad desaparece cuando nos situamos en el espacio donde el acto de redención de Jesús sigue desarrollándose. Por otra parte, nuestra identidad se hace cristalina cuando podemos hacer nuestra la llamada de Jesús a seguirlo dando testimonio de la Buena Noticia a los pobres, la memoria de nuestros antepasados (incluso el fundador de nuestra congregación y sus primeros miembros), y el carisma de la congregación como contextualizado o inculturado en nuestro tiempo y espacio.
Como se ha mostrado en la vida del hermano Mauricio, la crisis de identidad es la preocupación menor de un hermano, cuando se vive una vida gozosa y significativa en la compañía de los pobres que pueden vislumbrar la venida del reino de Dios en sus vidas.
Al concluir ya mi charla, vuelvo a Kulaman. El p. Raffy Tianero, o.m.i., después de hacer estudios antropológicos en el Ateneo de Manila, escribió una tesis sobre el valor central del egfikadaet fedu en los dulangan manobos. Significa literalmente la pérdida del corazón ante un acontecimiento muy trágico y triste, como es la muerte de un ser querido. Cuando se pierde el corazón, no se puede respirar y es sólo a través del milantek fedu o la vuelta del corazón cuando se respira de nuevo.
Haciendo nuestro este rico valor cultural de nuestros indígenas, nosotros hermanos podemos experimentar fácilmente el egfikadaet fedu ante el dolor, la pobreza, el sufrimiento humano y la opresión de los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas. Sin embargo, cada vez que nos fundamos en el Evangelio y en nuestra identidad de hermanos, es inevitable que experimentemos el milankek fedu al estar en comunión con los pobres, los enfermos, los débiles y los humildes.
Así, una vez más, podemos encontrar nuestros corazones que Dios perdió y descubrir la respiración de Dios en nosotros.
Notas
1 Joel Giallanza CSC: Come Closer… I am Your Broher: Being and Doing Brotherhood (Acércate… soy tu hermano: ser y hacer fraternidad). Review for Religious, 58, 5 (septiembre-octubre 1999), p. 485.
2 Ibid., p. 485-486.
3 David Verthman CSsR: Brothers in Clerical Institutes: A Hidden Gift (Hermanos en Institutos clericales: un regalo escondido), en Michael F. Meister FSC. ed. Blessed Ambiguity: Brothers in the Church (Bendita ambigüedad: Hermanos en la Iglesia). Landover, Maryland, Christian Brothers Publications, 1993, p. 86.
4 Armin Lustro, FSC. “The Religious Brothers Vocation as a Parable of Renewal for the Philippine Chuch” (La vocación de los religiosos hermanos como una parábola de renovación para la Iglesia de Filipinas). Religious Life for Asia, 1, 3 (julio-septiembre 1999), p. 27-28.
5 Giallanza, op. cit., p. 487.
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