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num. 244 - febrero 2002

Holy Cross - Liverpool
Vincent Denny, O.M.I.
Los Comienzos... Un periódico católico
El hambre en Irlanda y la emigración Venciendo la oposición – desarrollando la autoestima
900 inmigrantes diariamente Educación de los jóvenes y adultos
Un centro y la misión de Holy Cross Construcción de una iglesia
Renovación espiritual – una misión Epidemia del tifus
Construcción de escuelas Necesidades en aumento
Sociedad de la Doctrina católica Primera visita del Fundador a la provincia británica en 1850

Este número de Documentación OMI presenta una breve historia de los primeros tiempos de la parroquia Holy Cross, y algunos pormenores de la primera visita de mons. de Mazenod a la Provincia en 1850. Su visita a Holy Cross fue el momento culminante. Lo que ofrecemos, son fragmentos de la historia de la Provincia angloirlandesa (1841-1921) escrita por el p. Vincent Denny, publicada bajo el título de Reaching out. En palabras del p. Denny, “fue en los barrios bajos de Liverpool donde el Fundador vio la realización de la misión oblata que era anunciar el evangelio a los pobres”.

Nota de la redacción:La parroquia de Holy Cross (Santa Cruz) de Liverpool terminaba sus 152 años de historia el 16 de septiembre de 2001. Era una de las parroquias oblatas más antiguas fuera de Francia, del tiempo del Fundador. Era también una de las primeras fundaciones de los oblatos angloirlandeses que sobrevivió hasta tiempos recientes. Información OMI, al hablar de este acontecimiento, en su nº 407 de diciembre, no pudo dar muchos detalles sobre los oblatos fundadores. Su solicitud pastoral no se limitaba a las necesidades espirituales de lo que era literalmente una inundación de inmigrantes irlandeses, sino que prestaron atención también a las diferentes necesidades humanas. Ayudaron a la gente pobre, enferma y desesperada, que huía del “hambre” a descubrir de nuevo el sentido de la dignidad humana y de la esperanza. Pusieron los cimientos de un ministerio con los inmigrantes que continúa aún hoy, y es uno de los caracteres peculiares de la Provincia angloirlandesa.

Los comienzos...

Poco después de su debut en la misión urbana de Manchester, el p. John Noble fue invitado a predicar una misión en Liverpool. Fue tanto el éxito y mons. Brown, el recién nombrado obispo de Liverpool, estaba tan impresionado de lo que oía de los oblatos en Manchester y de la proeza del p. Noble como predicador, que encomendó la misión de Holy Cross a la Sociedad de los misioneros oblatos. Esta zona de Liverpool, en las inmediaciones del puerto, era un inmenso sector del barrio bajo con centenares de miles de personas, principalmente irlandesas, que habían ido llegando en número creciente, a mediados de los años 1840, huyendo del hambre en Irlanda. Cuando la Providencia determinó que los oblatos debían ocuparse de los emigrantes irlandeses en Liverpool en 1850, les pareció que su primer objetivo llegando a Inglaterra quedaba en suspenso. Pero no fue así, en cuanto se admite generalmente que al resurgimiento católico allí contribuyó más la invasión irlandesa que cualquier otro tipo de factores.

El hambre en Irlanda y la emigración

Se calcula que, a mediados de los años 1840, la población de Irlanda habría descendido de ocho millones a menos de seis, debido a la depauperación, las calamidades y la emigración en masa. Dios se serviría de este enorme desastre para extender su Reino en Gran Bretaña y después en el mundo anglohablante. Mons. de Mazenod estaba bien informado de la terrible situación por la que pasaba Irlanda en ese momento y se declara ser el único obispo francés en hacer un llamamiento para aliviar los sufrimientos de su gente. Dirigió dos cartas pastorales, 24 de febrero y 12 de junio 1847, a sus fieles de Marsella, en las que pedía rezar por las víctimas irlandesas del hambre y dar generosamente para aliviar su miseria(1). Sus fervientes súplicas no cayeron en oídos sordos; a pesar de las muchas colectas y del número reducido de parroquias en su diócesis, se recaudaron 20.000 francos (800£). Escribía a mons. McHale, arzobispo de Tuam, que cuando las inundaciones en Francia, que tantas desgracias había causado, había conseguido sólo 8.000 francos.

900 inmigrantes diariamente

La mayor afluencia de inmigrantes a Gran Bretaña pasaba por Liverpool, Cardiff y Glasgow. Liverpool era el puerto más accesible a estos pobres transeúntes y aquí llegaban para establecerse o de paso para otros países. Se decía que, en enero de 1847, llegaban diariamente a Liverpool novecientos emigrantes, y más de cuarenta mil en el mes siguiente. A finales de año, más de trescientas mil víctimas empobrecidas y enfermas habían buscado refugio en esta ciudad. Muchos se establecieron en esa zona que iba a ser más tarde la parroquia de Holy Croos. Aunque muy bien atendidos por los oblatos, algunos sucumbirían más tarde a la tragedia. Lo que estaban llamados a soportar estos desventurados, equivalía a una situación de muerte en vida, y, por las condiciones sociales y económicas en que se vieron envueltos, la enorme tarea, pero admirable, de los primeros oblatos se conserva como reliquia.

El sector donde los inmigrantes irlandeses fueron obligados a establecerse en el puerto de Liverpool era un laberinto de calles, algunas increíblemente estrechas. Era un hacinamiento de viviendas oscuras, reunidas en “patios” sin ventilación donde el aire no circulaba, y contaminado por las alcantarillas abiertas y los montones de basura. Que los “patios” eran ratoneras de muerte, puede fácilmente imaginarse por la cruda descripción que de ellos hace un observador contemporáneo:

“Al llegar a la calle Fontenoy, entramos en dos patios. Eran once casas de lo más inmundo, con moradores, en la mayoría de los casos, por el mismo estilo. Las casas de la derecha son cuchitriles de lo más miserable. Tienen un cuarto y una especie de ático, oscuros y húmedos. El grifo del agua está al lado de la puerta. Una pobre mujer dijo que pagaba unos chelines a la semana por su casa y se quejaba amargamente por la humedad que rezumaban las paredes” (2).

Los que tenían estas casuchas, estaban posiblemente mejor que los que hacían vida troglodita en los sótanos; 3.000 de los cuales fueron cerrados por la Ley de sanidad de 1842. Un Informe médico (1847) subrayaba que el índice de mortalidad había ascendido al 2.000 por ciento sobre el promedio de años anteriores (3).

Un centro y la misión de Holy Cross

Obispos y sacerdotes en los centros industriales del norte de Inglaterra se esforzaron por ayudar espiritualmente a esta gente. En el sector tan poblado de Liverpool que los oblatos iban pronto a heredar, se estableció un centro hacia finales de 1848 y el p. Newsham de St. Anthonys celebraba la misa para esta numerosa población de católicos irlandeses.

 

El centro se encomendó a los oblatos y también la misión de Holy Cross. Cuando concluyeron los acuerdos entre el p. [Casimir] Aubert y mons. Brown, los oblatos tomaron oficialmente posesión de su misión el 18 enero de 1850. El p. Noble fue nombrado superior y la comunidad y él se establecieron en el sector del barrio bajo de la calle Queen Anne. Mejor elección de superior para esta misión, imposible; lo que le esperaba, hubiera descorazonado a cualquiera menos valiente. La propiedad proporcionada por un generoso católico estaba en el cruce de la calle Standish y la calle Great Crosshall y era un edificio de tres pisos; la planta baja era un depósito de residuos, el primer piso se usaba como escuela y el piso superior servía de capilla. En algunas casas cercanas se habían hecho modificaciones para tener más espacio para la misa. Los padres Newsham y Nugent asistieron a la ceremonia de apertura. Este último sacerdote resultó un buen amigo de los oblatos y los apoyó en todas sus empresas.

Renovación espiritual – una misión

En cuanto se orientaron un poco, los oblatos comenzaron una misión a mediados de febrero y duró hasta Pascua. Se invitó a todos y la gente respondió entusiasmada. Fue una experiencia extraordinaria en todos los sentidos. Las personas, alejadas de los sacramentos más de veinte años, se sentían felices de volver a la práctica de la religión. Se daba un curso de instrucción y los padres se pasaban diariamente más de dieciocho horas en el confesonario. Cuando se renovaron las promesas del bautismo en la clausura de la misión, según cálculos, se distribuyeron muchos miles de comuniones. Se reconciliaron los católicos y fueron recibidos en la Iglesia unos treinta convertidos. Mons. de Mazenod visitó la misión en junio de 1850 y le causó una emoción inmensa la fe ardiente y devoción de estos irlandeses pobres.

Construcción de escuelas

La misión de 11.000 almas aumentaba con cada nave de inmigrantes. La población y la suciedad aumentaron en proporción. La suciedad, la enfermedad y la bebida se añadieron a la carga que esta gente infortunada tenía que sobrellevar. Los oblatos abordaron los problemas con determinación. Para el p. Noble las escuelas católicas eran de importancia capital. Un edificio para iglesia y la rectoral para la comunidad tendrían que esperar. Más tarde el cardenal Manning aprobaría la opción. “Haciendo esto, los oblatos habían actuado con su sentido común tradicional”(4). No había esperanza de recibir ayuda para la sala de clase provisional debajo de la capilla. Esto lo dejó muy claro el informe del Consejo privado y el Comité católico para las escuelas pobres. Las nuevas escuelas tenían una promesa de 750£ del gobierno y de 200£ de dicho comité. Estas subvenciones, aunque generosas, estaban lejos de ser suficientes y el p. Noble vio la necesidad de pedir una contribución para las nuevas escuelas.

Se había abierto cerca una escuela protestante para niños pobres y algunos niños católicos se habían sentido atraídos por la promesa de alimentos y de ropa. Algunos sucumbieron, pero para resistir a cualquier otra tentación, el p. Noble organizó una reunión de protesta en la calle Hodson delante de esta escuela.

Los padres Noble, Egan y seguidores se abrieron paso en la escuela y se llevaron a las víctimas inocentes. Una recaudación semanal de un penique, de los que buenamente podían, daba la suma de 30£ al año, y el 31 de mayo 1852 se ponía la primera piedra de la escuela de la calle Fontenoy. El 14 de noviembre de 1853, gracias a una gran colecta dentro y fuera del lugar, se abrieron las escuelas y los niños fueron recibidos oficialmente en sus aulas.

Sociedad de la Doctrina católica

 

Con la ayuda del incansable p. Nugent, el p. Noble ayudó a organizar lo que se conocería como la Sociedad de la Doctrina católica. El p. Noble se sentía preocupado por el ascendiente de la embriaguez entre su gente. Se daba cuenta de que su miseria y desventura eran las causas principales y adquirió un local en la calle Bispham, como lugar de encuentro, para los hombres de la misión. Se dieron charlas sobre los peligros de la bebida y con la ayuda del p. Nugent se creó una sociedad de la buena templanza en la misión de Holy Cross. Era evidente que había buena voluntad en otros campos; lo que se necesitaba para mejorar las buenas disposiciones de la comunidad era un curso prolongado de doctrina cristiana. La gran comunidad de la misión, privada por tanto tiempo y tan inhumanamente de los consuelos de la fe, estaba muy necesitada de instrucción. Todo lo que necesitaban era iniciativa y orientación, y el p. Noble, que ya se había mostrado experto en multitudes, comenzó en su misión lo que iba a ser un primer ejemplo de comunidad católica de testimonio. Se puso de acuerdo con uno de su comunidad para subir a un púlpito en la capilla y él subiría a otro, y harían objeciones y contraobjeciones a la enseñanza religiosa. Era una práctica muy frecuente en las iglesias de los jesuitas y así la gente, por decirlo así, podía presenciar el debate de un sacerdote poniendo dificultades contra la fe y el otro respondiendo amablemente a sus preguntas.

Un periódico católico

Otro medio de instrucción necesario era un buen periódico católico que contrarrestara la perniciosa propaganda de la prensa secular y de los folletos orangistas (de Orange). Las mentiras y la tergiversación de la doctrina católica eran a veces demasiado para la gente poco instruida. Era un tiempo en que, con la restauración de la jerarquía, los prejuicios anticatólicos se aireaban incluso en los buenos periódicos. Se publicó durante algún tiempo un folletito, el Catholic Vindicator (Defensor católico), que exponía el punto de vista católico. Sin embargo, fracasó por falta de noticias y puntos de vista locales. El p. Noble reunió a los dirigentes católicos de Liverpool en julio de 1851. El Sr. Rossori, dirigente católico, propuso la publicación de un periódico, siguiendo el ejemplo del Vindicator. Se formó un comité con representación de todas las tendencias políticas y se decidió publicar un periódico semanal llamado el Catholic Citizen, bajo la dirección del Sr. McConvery, antes director del Belfast Vindicator. El famoso maestro y predicador, Dr. Cahill de Maynooth, lanzaba el proyecto en el que tenía vivo interés. El periódico comentaba los temas del día que eran de especial interés para la gente de la misión de Holy Cross. Hizo mucho para interesar e iluminar a una comunidad cada vez más instruida.

Venciendo la oposición – desarrollando la autoestima

La misión crecía y prosperaba bajo la solicitud de los padres Jolivet, Noble, Egan, Bradshaw y Dutertre y la gran cantidad de gente tan necesitada comenzaba a adquirir una identidad y conciencia de su compromiso católico. La inmoralidad iba cediendo el paso ante el aumento de la autoestima. El centro social de la calle Bispham tuvo parte importante en esta transformación. Era un edificio que se mantenía intencionadamente con luz, ventilado y limpio, tan diferente de los sótanos húmedos en que vivía la gente. Ésta comenzó a tener un objetivo común, saber cómo vivir y a ser posible mejorar su situación. Aprendió sobre todo a ayudarse mutuamente en sus empresas, a sentirse orgullosa de sus logros y la solidaridad contra las influencias hostiles de fuera. La comunidad protestante, que vivía cerca, pertenecía a las clases obreras y, en algunos casos, era algo más próspera que sus vecinos católicos. Pensaban que era una amenaza a su autoestima y seguridad tener a este huésped de católicos hambrientos tan de repente metidos en su ambiente.

Las autoridades orangistas, que llevaban el control de las casas y de la policía, podían aprovecharse de la situación en beneficio propio. A principios de 1852, el Rev. Dr. Cahill dio una serie de sermones. Un lunes por la tarde en febrero, la capilla se llenó de gente interesada por seguir el debate. La tribuna se llenó más que de costumbre y con tanta gente apiñada se derrumbó parcialmente la estructura. Cundió el pánico en el edificio de tres pisos y la gente iba saliendo ordenadamente a la calle. Rápidamente hubo una confrontación entre los bandos rivales. Se llamó a la policía para restablecer el orden, pero ésta aprovechó la ocasión para utilizar sus porras contra la comunidad católica. Podía haber sido difícil la situación sin la pronta y serena intervención del p. Noble. Prohibió a los católicos replicar y les prometió que se haría una investigación. El resultado de la misma llevó a la destitución del jefe de la policía y de otros miembros del cuerpo, y el caso resultó de gran importancia. El p. Noble actuó sabiamente llevando el caso a la corte, como resultado de lo cual aumentó considerablemente la reputación de la Iglesia católica y la gente vio la razón de seguir las directrices del clero de Holy Croos.

Educación de los jóvenes y adultos

El p. Noble se sentía recompensado por la confianza que depositaban en él. Un donante anónimo, al entregarle un cheque de 100£, le dijo: “Esto para sus escuelas. Cuando comience a construir la iglesia, vuelva. Le daré otro tanto y más”. El enorme gasto de la escuela pesaba mucho sobre los pocos recursos de la misión. Los oblatos hicieron colectas por las calles. Se montó un gran bazar en el ayuntamiento que aportó unas 4.000£. Una subvención anual del gobierno de 400£ ayudó a pagar los sueldos de los maestros. Además de las clases diurnas para niños, había clases nocturnas para jóvenes aprendices que deseaban mejorar la situación. La escuela tuvo buenos informes de los inspectores del gobierno, y las clases nocturnas, muy concurridas. En el informe de 1860, se lee esta breve nota de elogio: “La escuela nocturna de muchachos, con los mismos entregados maestros, es frecuentada con gran interés por gran multitud de vendedores callejeros; a ella le deben la educación y civilidad que tienen. La considero una institución de un valor particular para la sociedad (5).

El p. Noble estuvo una vez más en el candelero, cuando organizó una reunión de protesta frente a la Sessions House para hacer fracasar una moción conservadora en el Parlamento, contraria a los intereses de los católicos. En 1856, el p. Noble fue destinado a Galashiels y el p. Charles Jolivet le sucedió como superior. El p. John Noble tenía sólo veintisiete años cuando llegó por primera vez a Liverpool. Nacido en Dublín en 1823, se educó en el Castheknok College, obteniendo excelentes informes del rector, p. Duff. Era un predicador famoso y dio misiones por todas las Islas británicas. Era un sacerdote y religioso entregado y fiel. Durante su estancia en Liverpool, puso la misión de Holy Cross sobre cimientos firmes y duraderos.

Construcción de una iglesia

El p. Jolivet consiguió un lugar para la nueva iglesia por un valor de 5.000 £. El viejo edificio de tres pisos de la calle Standish ya no era seguro y la misa se decía en las escuelas de la calle Fontenoy. Pero eran tantos los que iban a aquella capilla provisional que era absolutamente necesario tener otro lugar mayor para el culto.

El 13 de junio de 1859, se puso la primera piedra para la nueva iglesia y los planos corrieron a cargo de Edward Welby-Pugin. La iglesia fue inaugurada el 14 de noviembre de 1860 por mons. Gross. El Dr. Roskeli, natural de Liverpool, y entonces obispo de Nottingham predicó en la misa de inauguración por la mañana y el Dr. Marshall, en la ceremonia de la tarde. La residencia de la comunidad se terminó casi al mismo tiempo y sus puertas estuvieron después siempre abiertas, y ofreció su hospitalidad a todos, especialmente a los irlandeses y a los políticos. Con la apertura de esta bella iglesia y la presencia cercana de una comunidad, se percibía un despertar en la práctica religiosa. Aumentaron mucho las confesiones durante la gran misión de cuaresma predicada por los padres Gobert, Kirby, Fox y Arnoux en 1861. Quinientas personas fueron confirmadas en el curso del año.

Epidemia del tifus

En 1862, la terrible epidemia del tifus se cobró muchas víctimas entre la gente del puerto y especialmente de la misión de Holy Croos donde murieron varios centenares. El p. John Dutertre, fulminado por la enfermedad, murió el 5 de febrero. Sacerdote francés, su ministerio se había desarrollado principalmente en la misión de Liverpool, donde era muy querido. En sus últimos diez días entre la vida y la muerte, se ofrecieron continuamente oraciones por él. Tres mil personas asistieron a su funeral. Otra víctima de la plaga del tifus fue el p. Robert Power, oblato joven, que murió el 6 de agosto de 1863. En los años que siguieron, esta terrible enfermedad visitaba periódicamente esta zona del puerto y los míseros patios eran auténticas ratoneras para una muerte inevitable. El Liverpool Mercury del 26 de octubre 1865 llamaba la atención sobre la gran indiferencia de las autoridades municipales ante la salud pública y los peligros que la gente corría durante las epidemias. El informe de los ingenieros de la ciudad describía detalladamente lo que entendemos por “patio”. El patio típico de Liverpool es:

“Una franja de terreno con un frente de treinta pies (unos 10 metros) dando a una calle estrecha, por sesenta pies (unos 20 metros) en profundidad, lindando con los altos muros de almacenes o fábricas que dan a la calle, donde se construyeron casas de dos o tres pisos. Bajo el piso de la casa delantera hay un túnel o pasaje de tres pies de ancho (0,914 m) y de cinco a seis pies de alto (1,600m), para dar acceso al terreno por detrás. En esta franja de terreno, de sólo treinta pies de ancho (unos 10 m), hay dos filas de casas de tres pisos mirando unas a otras, con la parte de atrás dando a otras casas con una fachada de once pies (unos 4m) y otros tantos en profundidad, con los muros. El patio estaba provisto de dos ‘servicios’ públicos en cada extremo y totalmente a la vista de los residentes, y el agua se les suministraba mediante un solo grifo” (6).

El obispo recomendaba que los jesuitas y los oblatos alternaran en la asistencia a los hospitales.

Necesidades en aumento

En 1867, el p. Jolivet era nombrado Vicario apostólico de Natal y el p. Hilary Lenoir fue nombrado superior en su lugar. Comprando algunas casas en la vecindad, el p. Lenoir pudo completar el edificio de la iglesia con santuario y sacristía. La ley de enseñanza de 1870 supuso un cambio radical en la vida de todos en el Reino Unido. Particularmente a los católicos les resultó muy beneficiosa, aunque creó muchas dificultades a los administradores de las escuelas. La mayor parte de las escuelas no tenían las aulas suficientes ni los maestros cualificados. En 1861, se señalaba que en Liverpool había veinte tres mil jóvenes católicos sin instrucción (7). Las autoridades centrales dieron a las escuelas un respiro para cumplir los requisitos estipulados por la ley. Un fondo general para la provisión de dinero para la educación católica bajo el patrocinio del duque de Norfolk tuvo como resultado la recaudación de cuarenta y seis mil libras. Holy Croos estaba en situación difícil, ya que la escuela de Fontenoy no podía admitir el número de alumnos que la ley hizo posible. No fue hasta 1882, cuando el p. Lawrence Roche pudo resolver el problema y dotar a la escuela de espacio suficiente. Llegó a un compromiso ingenioso y feliz con James Mellor, un comerciante de vinos y licores de la calle Hunter, alquilándole anualmente sus locales y acondicionándolos para responder a las necesidades crecientes de la misión de Holy Cross.

Primera visita del Fundador a la Provincia británica en 1850

Mons. de Mazenod había pensado durante mucho tiempo visitar la Provincia británica para ver con sus ojos lo que habían realizado sus hijos. El p. Aubert le había suplicado que debía visitar a los oblatos conocidos y también a aquellos con los que nunca se había encontrado. Tomaba el barco en Ostend el 17 junio 1850 y desembarcaba en Dover a la mañana siguiente donde celebró misa, prosiguiendo después su viaje por mar hacia Londres (8). Dijo misa en el Oratorio de Londres donde se encontró con el p. Dalgairns quien lo recibió muy cordialmente y lo presentó al duque de Norfolk y a John Henry Newman. El primer Lord del Reino era católico y se ofreció para hacer una gira con mons. de Mazenod por el oeste de Londres y terminar en el Parlamento. Mons. de Mazenod quedó impresionado por lo que vio y de la amabilidad del duque y su familia. Pero era el otro Londres al que mons. de Mazenod quería ver y allá se fue con el p. Casimir Aubert. Viajaron de la calle Oxford a Aldgate y Whitechapel.

Apeándose allí, cruzaron la zona que bordea el Támesis por callejuelas estrechas que hormigueaban de gente enferma y hambrienta. Era como para llorar, y pensaban que estas criaturas abandonadas y pobres, aunque lo fueran en las cosas del mundo, eran más pobres en las cosas del espíritu. Desconcertados a la vista de estos desventurados, privados del consuelo de la religión, el obispo pensó que éste era un lugar destinado por la Providencia para ser un centro de misión digno para sus oblatos. El tiempo para esto no iba a ser, sin embargo, hasta después de la muerte del buen obispo, cuando la humilde capilla de la calle Virginia, derribada en 1852 para la ampliación de los astilleros, sería reemplazada por la bella iglesia dedicada a los mártires ingleses.

Mons. de Mazenod tenía prisa por viajar más al norte, a Birmingham. Hizo de Maryvale su centro de operaciones, y quedó impresionado por la regularidad y la observancia religiosa. Había esperado ver a mons. Wiseman, pero no puso ser. Se encontró con mons. Ullathorne y le acompañó en la entrega de premios en el seminario de Oscott. Pudo visitar a su amigo, lord Shrewsbury, y vio la magnífica casa de retiro de St. Wilfrid que, aunque ocupada por los oratorianos, había sido ofrecida a los oblatos. De Maryvale fue a Birmingham a visitar a aquella comunidad. Declinó la invitación a hospedarse con lord Herries en Everingham, prefiriendo quedarse en el pequeño priorato, " una preciosidad donde me siento muy cómodo".

Visitó Manchester el 4 de julio para ver al p. Daly y compañeros en la parroquia tan concurrida donde trabajaban, bendiciendo y poniendo la primera piedra de la iglesia que esperaban construir. Fue después a Liverpool y visitó el humilde cobertizo que sería el antecesor de lo que iba a ser un triunfo puginesco (de Pugin). Éste sería el momento culminante de su primera visita a la Provincia británica, que él describiría como "otra especie de maravilla". Estaba con los más pobres de los pobres, las víctimas irlandesas del hambre que habían buscado aquí un pequeño alivio a su suerte. Mons. de Mazenod se sintió muy impresionado cuando vio las maravillas que sus oblatos estaban realizando en este mísero centro, donde trajeron el consuelo de la religión a gente hundida en la degradación, en los barrios bajos de los astilleros de Liverpool: "La multitud que llenaba la capilla, ese mísero cobertizo que sirve de capilla y que se llena seis veces el domingo, se me echó encima para besarme las manos, las vestiduras y hasta los pies" (9).

Era la primera vez que había experimentado la gran sensibilidad de la fe de los irlandeses y que hizo tal impacto en él. La visita a Liverpool fue una experiencia inolvidable para el Fundador. Fue en los barrios bajos de Liverpool donde mons. del Mazenod vio la realización del papel de los oblatos que era predicar el Evangelio a los pobres. Fue aquí donde la Providencia determinaría que los oblatos se ocuparan de los inmigrantes irlandeses golpeados por la pobreza, y fue aquí también donde les parecería a ellos que su primer objetivo, llegando a Inglaterra, quedaba en suspenso. Sin embargo, se admite generalmente que el resurgimiento católico en Inglaterra debe más a la invasión irlandesa que a cualquier otro tipo de factores.

Se ha pensado a menudo que si los oblatos hubieran conservado sus capellanías con los ricos y poderosos, podría haberse hecho más para la propagación de la fe en la Inglaterra rural. Después de Liverpool, visitó Aldenham dónde confirmó a veintiséis personas, yendo después a Maryvale para siete ordenaciones. Después visitó Penzance donde bautizó y confirmó a muchos convertidos. Un mes después de su llegada a Inglaterra, regresaba a Francia muy satisfecho por lo que había visto.

Se había mezclado con los ricos y los pobres del reino, y aunque, por inclinación, estaba mucho más en su elemento con los pobres, podía por temperamento y circunstancias moverse fácilmente en los círculos aristocráticos. Se había encontrado con mucha de esta gente durante sus vacaciones en la Costa azul y era aceptado por ellos como uno de los suyos. Llegado a Inglaterra, fue recibido por ellos con grandes muestras de respeto y rivalizaban entre sí por tenerlo como huésped. Su modo de ser, sus modales distinguidos se ganaban su estima. Mantuvo larga correspondencia con los aristócratas ingleses en la que demostraron su estima sincera y afecto por él. Él, por su parte, sabía que podía contar con ellos en favor de los miembros de su Congregación en Inglaterra; sin embargo, nunca pidió su ayuda ni quiso solicitarla. Su Congregación fue fundada para predicar el Evangelio a los pobres y éstos había de encontrarlos en las ciudades. De ahí que, por esta simple lógica, el Fundador promovería por la palabra y el ejemplo el ambiente urbano de la vocación oblata. Sus amigos aristócratas de Inglaterra ayudaron a estas misiones, especialmente a la de Tower Hill y algunos irían a vivir en los ambientes grises de los barrios bajos de la parte más oriental de Londres.

En una carta que dirigió a los miembros de la Provincia, los felicitaba por el trabajo que estaban haciendo y por el espíritu de regularidad y entrega que él pudo experimentar en todas partes; y los animaba a realizar su trabajo conforme al espíritu de las santas Reglas. Dice:

“¿Tenía motivo para bendecir a Dios por este maravilloso crecimiento? No he dejado de hacerlo desde que puse el pie en Inglaterra, sobre todo durante el santo sacrificio de la misa. No, nunca podremos agradecer bastante al Señor todo lo que se ha dignado hacer por el ministerio de nuestra Congregación en Inglaterra.

“Es, pues, de la mayor importancia corresponder a todas estas gracias con gran fidelidad, porque no debe ocultarse que el tipo de ministerio que ejercen, la situación particular en que se encuentran, dispersos como están por la inmensa extensión de este reino, el pequeño número de obreros que son, el género de vida de aquellos a los que tienen que frecuentar y con los que tienen un trato obligado, las costumbres de los eclesiásticos mismos cuya amistad deben cultivar, son otros tantos peligros para ustedes de apartarse de las santas Reglas que tienen el deber de seguir y de practicar, en virtud de su profesión religiosa que los separa del mundo y que debe distinguirlos de todos los demás eclesiásticos.

“Así que, si no quieren perder el fruto y el mérito de sus trabajos, vivan siempre en conformidad con sus santas Reglas cuyo espíritu deben meditar cada vez más para conformarse a él en todo tiempo, en todos los lugares, en todas las circunstancias” (10).

  1. Notas Cartas pastorales de mons. de Mazenod a la diócesis de Marsella, 24 de febrero y 12 de junio de 1847. Oblate Writings, Vol. 3, Cartas y documentos a los oblatos de Inglaterra e Irlanda 1842-1860, pp. 174-185.
  2. H. Shimmens en Courts and Alleys in Liverpool, citado por D. Murray, en el centenario de Holy Cross 1949, p. 3.
  3. Medical Report 1847, citado por Murray, op. cit., p. 5.
  4. Palabras del cardenal Manning en la escuela de la calle Fontenoy, Liverpool, 27 de agosto de 1894, citado por Murray, op. cit., p. 26.
  5. Citado por D. Murray, op. cit., p. 24.
  6. Informe de los ingenieros de la ciudad en 1864, citado por Murray, op. cit., p. 32.
  7. P. J. Nugent, citado por Murray, op. cit., p. 33.
  8. Achille Rey, Vol. II, p. 341.
  9. Mons. de Mazenod al P. Tempier, 10 de julio de 1850. Oblate Writings, Vol. 3, Nº. 42.
  10. Acta de visita, 22 de julio de 1850. Oblate Writings, Vol. 3, pp. 188-189.

DOCUMENTATION OMI
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