|
XXXIV Capítulo general “Testigos de la Esperanza : Una llamada, nuestra misión” Ensayos de reflexión (1) |
La comisión precapitular ha pedido a los Oblatos de las diversas partes del mundo escribir sus reflexiones de tipo no-académico sobre el tema: “Testigos de la esperanza: una llamada, nuestra misión.” En relación con la situación misionera de sus respectivas Regiones. Presentamos más abajo cinco de estos ensayos.
¿MISIONEROS OBLATOS DE MARÍA INMACULADA EN ÁFRICA?
Allan Ian Moss, O.M.I
A lo lejos se podían oír los cañonazos durante la toma de París. La gran nación francesa se venía abajo con la invasión del ejército prusiano en 1870. En un pueblito de las afueras, una multitud se reunía en una vigilia de oración. Cerca, dos jovencitos que regresaban a su casa vieron una luz brillante en el cielo nocturno: era la Virgen María que les sonreía desde lo alto. Conmovidos, corrieron a llamar a sus padres. Aunque mucha gente se asomó curiosa, extrañamente sólo los niños podían verla y no los adultos. Describieron, admirados, su sublime belleza. Simultáneamente, otro asombroso acontecimiento ocurriría. Sin motivo aparente, el ejército invasor había cesado sus ataques y emprendido la retirada. El nombre del pueblito era Pontmain, y sus habitantes aún recuerdan la ayuda que recibieron de María cuando más lo necesitaban. El mensaje que les dejó era una súplica: “pidan y el Señor les escuchará”. Como dato curioso, Eugenio y José Barbardette, los hermanos que fueron los primeros en ver a Nuestra Señora de Pontmain se hicieron sacerdotes y uno de ellos llegó a ser Oblato de María Inmaculada.
Años antes, en ese mismo siglo, Eugenio de Mazenod también pasaba por momentos difíciles. Profundamente devoto de nuestra Santa Madre y consternado por los problemas de su pueblo, fue él quien la eligió como Patrona de nuestra santa Congregación. Hoy en día, los misioneros en África vivimos tiempos ensombrecidos por los nubarrones que se asoman en el horizonte, pero debo agregar que hay también algunos rayos de esperanza. ¿Qué borrascas se nos avecinan? ¿Tenemos éxito con nuestra labor de evangelización? Nuestros países más católicos en África, Ruanda y Burundi, se han transformado en una cultura de odio y genocidio. Aún peor están el Congo y Sudáfrica, convulsionados por conflictos y la violencia social. Esto apoya la veracidad de las palabras pronunciadas por de Mazenod que aparecen en el extracto del prefacio de las CC.RR.: “la gran mayoría de ellos se encuentra en peores condiciones que antes de que sus ídolos fueran destruidos por la Cruz.” (p. 19) Tenemos que preguntarnos cuán efectiva ha sido nuestra labor misionera. Mi ponencia presenta algunas sugerencias y examina algunos puntos; tales como la cultura, el idioma, la evangelización, el catequismo, la espiritualidad y la vida religiosa empleando algunas analogías entre nuestro tiempo y el de Mazenod.
1) Cultura
De Mazenod vivió en tiempos socialmente violentos en vísperas de la Revolución Francesa, la que no presentó un gran cambio favorable a los pobres. Fue justamente que buscando comunicarse con ellos, llegó a la conclusión que la cultura local debía ser adecuadamente reconocida y valorizada.
¿Cómo nos estamos relacionando con nuestra gente del África? ¿Esperamos que sean como los europeos? Tomemos como ejemplo esta experiencia en Natal con telón de fondo zulú. Para el zulú, la confianza y la amistad se basan en la transparencia. Ellos se saludan con la frase “Sakubona” (que significa “nosotros te vemos”), que tiene mucho más peso que un simple “hola”. Al usar la primera persona del plural, estoy otorgando una importancia especial a la persona que saludo; yo, mi familia, la humanidad y nuestros ancestros. De igual manera, cuando uno se acerca a una granja en el campo, hay que decir fuerte: “Ngikhulekile ikhaya”, que significa “saludo a la granja.” Ese saludo implica un acercamiento respetuoso y directo, sin disimulo ni sorprender a nadie. Al entrar en la casa, uno permanece en silencio hasta que le dirijan la palabra, y es necesario cuidar que el nivel de la altura de la cabeza del huésped no sobrepase la del anfitrión. Ésa es la razón por la cual nos dirigen la palabra asumiendo una posición agachada. Por esta razón es que cuando un zulú entra en la oficina de uno, se sienta en silencio sin ningún saludo. Un europeo lo interpretaría como malos modales, pero para el zulú no romper el silencio y sentarse para mantener la altura de su cabeza por debajo de la de uno es una muestra de respeto. Abundan los ejemplos de diferencias culturales como éstas, pero la verdadera cuestión es ¿Cuán sensibles somos a ellas? ¿Pareciera que de Mazenod encontró la manera de mantener una actitud mental receptiva a la cultura local de Provenza?
2) Idioma
A pesar de que de Mazenod tenía un francés impecable, prefería comunicarse con el pueblo en el dialecto local que afortunadamente había aprendido de niño. Como sacerdote, estaba determinado a entender la mentalidad de su congregación a través de una comunicación cada vez mejor.
Hoy en día, los misioneros oblatos cuya lengua materna es europea afrontan un gran desafío. Las palabras que componen nuestros idiomas occidentales son, en su gran mayoría, conceptuales y categóricas, tal como lo ilustran nuestros diccionarios. Mientras nosotros utilizamos esos idiomas europeos para comunicar ideas, las lenguas africanas como el zulú buscan, primordialmente, comunicar sentimientos. Los diccionarios no brindan mucha ayuda en ese sentido. Como las numerosas “palabras que expresan sentimientos abstractos” están clasificadas simplemente como ideófonos, es mejor recurrir a los léxicos que dan una descripción de las palabras empleándolas en un contexto de frases y morfemas. Tomemos por ejemplo “gqi” (que significa “estar presente”); “nto” (“pureza”) y “qwa” (“blancura”). Aunque las tres palabras tienen una equivalencia, lo más importante es que transmiten un sentimiento y no una simple idea. Fundamentalmente, las lenguas africanas son existenciales, igual que muchos de los idiomas occidentales, incluyendo el hebreo. Por ejemplo, cuando el profeta escucha la voz de Dios, no son tan sólo palabras, sino Su palabra: “qol Yahwe.” Asimismo, “voz” en zulú se dice “izwi”, que también significa “palabra”, con lo que escuchar la palabra de Dios es también escuchar Su voz. A manera de referencia, la palabra zulú para “escuchar” es la misma que para “sentir”(ukuzwa).¿Estamos utilizando nuestro idioma de misioneros para comunicarnos óptimamente, como lo hizo de Mazenod?
3) Evangelización
San Eugenio enfrentó la difusión del Evangelio como un reto específico en su contexto: Verificó en su propia vida los avatares de la encarnación, aristócrata de nacimiento deja este pedestal, para esta a la la altura del pueblo. Se encontraba muy a gusto, por así decirlo, en el mismo nivel de las personas con que encontraba llegando a identificarse con la vida cotidiana de la gente. No sólo iba a convertirse en uno más de ellos, sino también al entregar la Buena Nueva estaba consciente de llevarles a Cristo. Iba a ser a través de él, un oblato apostólico, que vivirían la experiencia de Cristo.
Gran parte de la evangelización actual se realiza con mentalidad occidental. La conversión de un africano significa convertirlo en un individuo de raza negra en europeo. Naturalmente, se considera que la Iglesia forma parte de la colonización occidental, lo cual no niega que el Occidente haya aportado muchas cosas buenas, pero es una falta de sensibilidad ignorar la genialidad del pueblo africano. Tomemos, por ejemplo, la manera en que se han ridiculizado su orientación animista y su conciencia ancestral. ¿Hemos estudiado realmente todas las escuelas de espiritualidad en la Iglesia o solamente se ha limitado a las escuelas de occidente? ¿Cuáles son los acercamientos culturales hechos para asimilar la “communio sanctorum” que es modo que tiene la Iglesia para venerar a los antepasados? La Iglesia apartó a la gente de sus raíces y les impuso una mentalidad occidental para comprender las verdades de nuestra fe. Las pinturas que representan a Cristo en la mayoría de nuestras iglesias son europeas ni siquiera tienen rostro judío. Sabiendo que la gracia nace de la naturaleza, ¿Cómo estamos alcanzando esto?
Orígenes, uno de los primeros patriarcas de la Iglesia sugirió, hablando de la divulgación del Evangelio que deberíamos seguir el ejemplo de los israelitas que emplearon los despojos de Egipto para construir el Arca de la Alianza. La sabiduría y el discernimiento del misionero se hacen necesarios para no correr el riesgo de crear un fetiche. Por ejemplo, tomemos en cuenta la diferencia entre circuncisión y castración; ¿sería posible hacer un estudio de esos ritos de iniciación, códigos morales y diversas prácticas socio-religiosas? ¿Cómo ponemos en práctica ahora la encarnación del Fundador que él encarnó? ¿Cuánto tomamos de una cultura y cuánto de la verdad del Evangelio nosotros aportamos?
4) Catequesis
No cabe duda que San Eugenio tenía determinados conocimientos sobre la catequesis. Fue formado en San Suplicio, ellos seguían una escuela de corriente catequética, que consideraba la sala de clases, como el lugar apropiado para su enseñanza. Más tarde en su labor ministerial, poder catequizar en clase ya no era tan simple. Tuvo que echar mano a otros recursos tales como: el uso de una liturgia adecuada, comunicación directamente con la gente y tomar más tiempo para compartir con las personas, incluyendo a los jóvenes y a los niños.
A partir del siglo XVI (Concilio de Trento) para la Iglesia Católica el catequismo ha sido la principal vía para inculcar la fe. Así emprendieron su labor nuestros misioneros pioneros en África. El catecismo ha sido uno de los primeros libros que han sido traducidos en leguas locales. Por otra parte, la Iglesia Católica nunca la ha traducido completamente la Biblia al zulú lengua de Natal. Esto es representativo del enfoque doctrinario de la Iglesia y muestra una mayor necesidad de proclamar la Buena Nueva (acercamiento al kerigma) Esta es la forma que tiene la Iglesia al concentrarse en esta manera de ver a la doctrina, a la fe; lo que muestra que el misionero debería mantener la preeminencia del Evangelio en sus enseñanzas. Es más, uno no puede esperar que los dogmas del catequista aviven los corazones de los zulúes; confiemos mejor esa tarea a la Palabra de Dios en las Escrituras, como lo hiciera Jesús en camino de Emaús. Recientemente, el antiguo estilo cuyo enfoque es la pregunta-respuesta ha sido actualizado; es una manera más africana y por lo tanto existencial de aprendizaje que se relaciona directamente con hechos cotidianos. Los africanos también tienen una maravillosa tradición de “relatores de cuentos”. ¿Por qué no utilizarla? Deberíamos volver a emplear las técnicas de Jesús y su uso de parábolas, dichos, hipérboles y ejemplos concretos y reales. La lengua de la Biblia es lengua de África. ¿Qué haría Eugenio de Mazenod en nuestra actual situación? La solución está en el legado de su espíritu para que descifremos los signos de los tiempos.
5) Espiritualidad
En la Francia en que vivió el Fundador, parece que para los pobres, la vida era como una noche sin luna. Se sentían abandonados por Dios. Él quería mostrarles un Dios amante y glorioso que les ofrecía esperanza y salvación. La historia de la Iglesia describe varias etapas de la espiritualidad, tales como la del martirio o el umbral de la persecución. La devoción de Cristo por la humanidad, desde su nacimiento en Belén, se refleja en el Calvario. Incluso el estigma se hizo más evidente con el surgimiento del Humanismo y del Renacimiento. En tiempos del Fundador, Francia fue testigo de numerosos conflictos espirituales, que iban desde devoción extrema (como la de los jansenistas) hasta un escepticismo racionalista (¿dónde está Dios, si es que existe?). De Mazenod hace referencia a estos puntos en “El glorioso legado de la Iglesia” en el prefacio de las Constituciones y Reglas.
Nuestro actual mundo africano se encuentra atrapado por las garras de un desasosiego religioso que nos dificulta establecer una relación con Dios como lo hacíamos antes. Donde pensábamos que la religión católica y la devoción tradicionales habían tenido buenos resultados, la apatía e incluso la desconfianza se han ido acumulando entre los laicos; y el clero que, cada vez, parece menos comprometido. Las ventajas de ser clérigo parecen estar por encima del modelo de sacerdote “servidor”. Además, los creyentes también se están enfrentado cara acara con la muerte, debido a la violencia, las guerras, la hambruna y el SIDA. ¿Dónde ha quedado Dios? ¿Es ésta una época de tinieblas para el alma africana, cuando la gente desesperada se cuestiona la existencia de Dios y se esfuerza en buscarlo? He aquí el desafío del Misionero Oblato de María Inmaculada. Básicamente, nos impulsa a dar testimonio de un estilo de vida religiosa integral. La espiritualidad oblata debiera poder ayudar al desarrollo de la espiritualidad africana, como lo hicieran los apóstoles, al desarrollar las capacidades espirituales, en los primeros tiempos de la Iglesia. Se trata de una espiritualidad de encarnación, kenosis, y de vida apostólica. Hoy en día, la gente necesita ver a un profeta en su medio, una luz que brille en la oscuridad con la cual puedan identificarse. No necesitan sólo una doctrina, sino un compromiso, tal como lo hiciera Cristo. La encarnación significa una entrega total, encarnándose como un alter Christus en la vida de las personas. Representar a Cristo en el mundo exige una negación de sí mismo. La gente necesita ver el rostro de Cristo en el misionero, los ojos del Hijo, en el hijo de María Inmaculada, y sentir el contacto de sus manos amorosas en las manos del oblato. ¿De qué otra manera pudieran encontrar a Cristo y desear ser como él? He aquí el “imitatio Christi”. Kenosis significa morir voluntariamente para resucitar en Cristo, al punto de que “ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí”(Gal. 2:20). He aquí un llamado a la espiritualidad del testimonio. Creo que San Eugenio estaría de acuerdo.
Podríamos continuar examinando muchos otros campos de nuestra labor misionera, tales como la escritura, la liturgia, la doctrina y el testimonio. Por ejemplo, ¿la Biblia no era subestimada en el pasado tomando en cuenta el énfasis que se ponía en los sacramentos? Idealmente, palabra y sacramento deberían estar juntos y adecuadamente presentados. ¿Cuál fue el verdadero papel de la Biblia en nuestro enfoque evangelizador? ¿Acaso no dijo San Jerónimo que “Ignorantia urarum, ignorantia Christi”? Afortunadamente, gracias a la influencia del Vaticano II, del ecumenismo e incluso de los movimientos carismáticos, la Biblia ha cobrado importancia en la vida del creyente. Es fundamental para las comunidades cristianas de base, donde la palabra de Dios se desmenuza y se comparte. Las personas reconocen muchos personajes bíblicos con los que pueden identificarse. Compartir la Biblia se ha convertido en una importante labor de la Iglesia. Nuestro instituto pastoral Lumko también ofrece capacitación para esos ministerios.
Otro reto es nuestra liturgia. Proveniente del ritual romano, el que ha sido muy europeizado y se ha distanciado de la Primera Eucaristía y de la Última Cena. Eso era de esperar debido a la evolución a través de los siglos, bajo la guía del Espíritu Santo. De alguna forma, la evolución se ha cristalizado, en una mentalidad medieval después del Concilio de Trento. Tras identificarse con el genio de la cultura latina, no pudo continuar asimilando él de otras culturas. En África, muchos de nuestros himnos y cánticos son traducciones europeas. Para un africano puede resultar difícil sentirse cómodo con algunas de nuestras secas celebraciones litúrgicas. El canto y el baile forman parte del ritmo africano de vida que podrían encontrar un lugar natural en la liturgia, ya que muchas costumbres europeas llegaron hasta nuestra forma actual de veneración, como las vísperas, las campanas, los sacramentos de origen local, las paraliturgias y la música. Evoquemos cómo los misioneros de antaño hacían hincapié en el talento natural para estar en sintonía con los zulúes. Debiéramos tener presente que inclusive las épocas pascuales de la Iglesia de tradición inglesa mantuvieron el nombre estacional de la Pascua(Easter en inglés). Esta es una palabra derivada de “Eas” la diosa pagana del alba, que significa nueva luz y vida nueva de la primavera. ¿Por qué rebautizar sólo algunas de las cosas buenas de la cultura africana y no mantenerlas en el culto?
No hablaremos mucho de doctrina, ya que ha sido mencionada en relación a la catequesis. Hay que evitar la importación al África de los conflictos religiosos de la historia europea. Las divisiones entre católicos y protestantes crean confusión y escándalo. Algunas de las definiciones de los diferentes Concilios de la Iglesia tampoco tienen mucho sentido para la mentalidad existencialista africana. Están basadas en disputas teológicas y palabras griegas que eran confusas incluso para los europeos. Aparentemente el énfasis recaía más en la ortodoxia que en la ortopráxia (vida cristiana). Presumiblemente, lo que se dice es más importante que lo que se hace, lo cual hace que la Iglesia sea percibida como la titular de una fe muy dogmática y doctrinal, en vez de ser portadora de la “buena noticia” que es el verdadero mensaje de la evangelización.
La mención del testimonio se une a la del sentido integral de nuestro estilo de vida religiosa. Esto también se menciona en el tema de espiritualidad. Finalmente, en nuestra situación en África, es el rostro de Cristo el que debe ser visto. Recuerden que el rostro del sacerdote ya no es el suyo. No estamos aquí para una autocomplacencia, sino para los demás. “Lo que hagas al más pequeño de los míos, es a mí a quien lo haces” (Mat. 25:40).
Ése es el reto para el misionero oblato en Madagascar, África. He planteado más preguntas que respuestas. En última instancia, el desafío radica en reflexionar antes de actuar, como dijera san Eugenio de Mazenod; Sigan la huella de María, quien nos aconseja “Escuchen y hagan lo que Él te diga” (Juan 2:5).
TESTIGO DE LA ESPERANZA: CRUZANDO FRONTERAS
Clement Waidyasekara OMI
San Eugenio de Mazenod vio la situación de la Iglesia de su tiempo y sintió que debía hacer algo. Este fue su llamado. Cómo discernir que este llamado fuera su misión. ¿Cómo disciernen actualmente los Oblatos la misión? Esto es a lo que tiene que enfrentarse el próximo Capítulo General.
El Padre Wilhelm Steckling, OMI, Superior General, en su carta circular de convocatoria del XXXIV Capítulo General, el 28 de mayo de 2003 afirma que “…nos damos cuenta más y más de lo precioso que ha sido, y sigue siendo,el carisma de San Eugenio para nuestro tiempo…”. Por tanto, el dinamismo del carisma de San Eugenio depende de cómo la Congregación lo discierne e interpreta con todo su significado en las cambiantes realidades del mundo de hoy.
En la época de Eugenio la situación de la Iglesia, justo después de la Revolución francesa, era de humillación y abandono. Él entendió que lo que más necesitaba la Iglesia era volver a sus propias fuentes. Lo que él pretendió era bastante sencillo: regenerar, evangelizar, como él escribe, “a las gentes sumergidas en la ignorancia supina de todo lo concerniente a su salvación”. Y para lograr ese objetivo constató que eran esenciales dos tareas: predicar la Palabra de Dios a los pobres y dedicarse a la formación del clero. Como escribió en una de sus cartas, “Si desea ganar almas para Dios, sin esforzarse de verdad por ser uno mismo hombre de vida interior, hombre verdaderamente apostólico, creo que no sería difícil reemplazarlo.”Quería hombres fervorosos, llenos de celo, dispuestos a entregarse sin reservas, hombres celosos de la gloria de Dios, llenos de amor ardiente a la Iglesia y la salvación de los hombres.
La principal cualidad de San. Eugenio era su actitud emprendedora. Era capaz de arriesgarse adentrándose en lo desconocido o internarse en la oscuridad confiando únicamente en Dios. Así, el carisma y la misión de Eugenio fueron evangelizar a los pobres y a los más abandonados, a los que él llamó “la preciada herencia del Salvador”. La herencia que San Eugenio dejó a los suyos es que los Oblatos deben ser audaces y emprendedores para proclamar la Buena Noticia a los más necesitados.
En nuestro esfuerzo por ser “fieles al espíritu del Fundador” debemos entender lo que él personalmente intentó y escogió; para esto es necesario, por consiguiente, un estudio de sus escritos, de sus decisiones y de su vida. Debemos también comprender su contexto histórico, y las perspectivas de sus criterios y sus acciones como hombre de su tiempo. Además tenemos que entender nuestros proyectos y nuestro propio contexto histórico. La interpretación de estas tres áreas nos dará el espíritu del Fundador. Redescubrir el espíritu del fundador es una actividad comunitaria que arranca de una persona histórica particular.
Toda llamada a una misión empieza con una invitación a salir del ámbito de las comodidades y del entorno familiar, y a lanzarse a lo desconocido, donde la esperanza nos aguarda al otro lado. Jesús dijo: Dejen las redes y síganme y yo los haré algo más, pescadores de hombres. En la historia del pueblo de Israel su fe empieza con el llamado a Abraham: “Sal de tu tierra y de la casa de tus padres”. (Gn 12: 1); empieza con una ruptura cultural. Esa ruptura con su propia historia anterior, ese paso hacia adelante, estará siempre presente en el comienzo de un tiempo nuevo en la historia de la fe y de la misión. Pero esta nueva partida se manifiesta como una fuerza curativa que crea un nuevo centro de atracción para todo lo auténticamente humano, para todo lo verdaderamente sublime. “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, los atraeré a todos hacia mí " (Jn. 12:31) - Estas palabras del Señor elevado a alto se cumplen también hoy. La cruz es, ante todo, ruptura, expulsión, elevación sobre la tierra, es precisamente, por eso que, se convierte en un nuevo polo magnético de atracción, diseñando la historia futura del mundo y siendo la unidad en la multiplicidad.
En 1841, quince años después de la fundación de la Congregación, a pesar de contar sólo con un pequeño número de Oblatos, San Eugenio fundó las misiones en el extranjero, en el Norte del Canadá, en Ceilán hoy Sri Lanka y en África. Al comienzo su idea de la misión cruzaba las fronteras y llegaba a “los demás”. Lo que el Fundador pretendía en aquellos momentos se ha hecho realidad con el actual empuje misionero en el mundo cristiano.
El corazón de la misión: cruzar las fronteras
La iglesia ha estado siempre consciente de la misión; pero no siempre consciente de orientarse “hacia el otro2. Esto ha significado que, a veces, la misión siga los programas de la Iglesia en lugar de seguir los de Dios. La misión se convirtió en algo que hay que hacer en lugar; de atender al misterio de lo que Dios está haciendo. Sin embargo, ahora, la misión no mira lo que se ha conseguido, sino que, más bien, busca no crear una ruptura en, lo que se refiere a Dios en la presente realidad.
Estamos en las fronteras de un nuevo mundo cuyos contornos tienen que todavía ser trazados. La comunicación inmediata y los efectos de una globalización ambigua, nos han hecho tomar conciencia de un mundo multiforme, en el que la religión que aumenta más rápidamente es el Islam. Y somos más conscientes del “hecho de las diferencias”. Pero también nos hemos dado cuenta, por la historia reciente en África Oriental, en Afganistán, en Indonesia, en Pakistán e India que hay a menudo una oposición violenta a la aceptación del hecho de las diferencias. Nuestra frontera es una delimitación que oscila, no tanto por evitar el choque de culturas, sino cómo respetar las diferencias y la dignidad extranjero, o como asimilarlos a todos en un único sistema, credo o cultura.
Nuevos retos y formas de ministerio
La juventud, inmigrantes, refugiados y pobres, requieren, cada grupo, una fórmula especial de ministerio. El urbanismo crea grandes ciudades en las que está surgiendo una nueva humanidad y donde están formándose nuevos modelos de desarrollo, que plantean una gran gama de diferentes retos para los misioneros, que realizan su trabajo en regiones aisladas y subdesarrolladas. La juventud, que en muchos países supone más de la mitad de la población; necesita asociaciones, instituciones, centros, como también actividades culturales y sociales que van mucho más allá de los medios ordinarios de evangelización y requieren un alto nivel de especialización que por lo general el misionero no posee. Los inmigrantes y refugiados no sólo hacen que se tome conciencia del pluralismo religioso en un nivel nunca visto antes, sino también crean nuevas oportunidades de intercambio cultural y religioso entre si, y los misioneros cristianos. Los pobres y los marginados requieren nuevas formas de evangelización, que restablezcan su dignidad humana y su libertad. Estos cuatro grupos crean márgenes nuevos y multiformes, no solamente geográfico sino también sociales, económicos, étnicos, y psicológicos, de los que, los misioneros, deben tener conocimiento para contar con la competencia requerida para encararlos
En el contexto sociocultural, en concreto, el mundo de los medios de comunicación social; justicia y paz; investigación científica, organización internacional; el resurgimiento religioso, el terrorismo de estado enmascarado como lucha antiterrorista y la destrucción ecológica, plantean desafíos y riesgos. Ante toda esta tecnología muchos misioneros se sienten incapaces aun de enfrentar estos mundos poco familiares, cuyas fronteras parecen extenderse por todas partes y que todavía siguen siendo tan imprecisas e inseguras.
En otros términos, mientras las antiguas fronteras desaparecen, se están marcando constantemente nuevos y numerosos límites, mucho menos visibles e identificables que los antiguos, lo que hace la tarea del misionero de hombre sin fronteras, mucho más complicada.
En medio de estos desafíos contemporáneos- para los viven que en las fronteras- se da un nuevo conocimiento de nosotros mismos, con él, nos damos cuenta de quiénes somos, de cómo pensamos, de lo que hacemos. Tener un nuevo conocimiento de sí mismo es poder cambiar; y siempre son otros (budistas, hindúes, musulmanes, los pobres), quienes abren nuestros ojos y nos revelan quiénes somos. Parte de este conocimiento, de nosotros mismos, es la constatación de que ellos pueden revelarnos nuestro propio ser. Hay también una disposición para el cambio, de manera que cuando encontramos algo diferente, nuestros deseos son estimulados por la novedad. El encuentro con otros creyentes no cristianos nos ofrece la posibilidad de ver a Jesús y su misión de una manera distinta. Y frente a lo distinto y que no nos es familiar, buscamos tranquilizarnos unos a otros, mientras organizamos nuevas formas de comunidad. Hay una nueva conciencia de comunidad. Esta toma de conciencia de lo que somos, nos lleva a redefinir la misión como la cooperación con otros creyentes para que puedan revelarse los designios de Dios. Estas tres formas son útiles en nuestro esfuerzo por elaborar un nuevo concepto de la misión en este nuevo mundo.
Precisamente el desafío del pluralismo religioso nos invita a que nos centremos en la paradoja cristiana, como la religión de la Encarnación y la religión de la kenosis de Dios. Por esta razón Claude Geffé puede definir el Cristianismo como “una religión de otro mundo”. Éste es, por tanto, un reto que nos invita a volver en nosotros mismos, a nuestra verdadera identidad, como personas para los otros.
¿Hay una forma cristiana de vivir, un estado de ánimo, una espiritualidad que facilite y nutra este paso? La espiritualidad propuesta para la misión en nuestro tiempo, en la que se apoya este cruce de fronteras es una espiritualidad kenótica (de kenosis), de negación de sí mismo, siguiendo a Cristo que se anonadó para que nosotros pudiéramos llenarnos de su Espíritu. Esta espiritualidad kenótica implica que nos arriesguemos a ser heridos en el ejercicio de la caridad, en la búsqueda de la comprensión, en climas de incomprensión. Cruzar fronteras como Cristo, exige finalmente, renunciar totalmente a sí mismo, de tal manera que, guiados por el Espíritu, podamos ser instrumentos eficaces en la construcción del reino de Dios. Es una espiritualidad que ayuda al misionero a superar diferencias de todo tipo y a abrir nuevos horizontes para construir la civilización del amor, qué no es simplemente un reajuste de antiguas identidades, sino la creación de una nueva identidad común en que se supere lo peor que tiene cada grupo y se combine lo mejor de ellos, para producir auténticos seres humanos interculturalizados, a imagen de la Santísima Trinidad.
La identidad de los Oblatos, como religiosos y misioneros les exige ser “personas del presente” y “personas del futuro”. Como “personas del presente”, los Oblatos deben vivir en contacto con la realidad de las personas que tratan de evangelizar. Las luchas del pueblo, sus esperanzas y preocupaciones, con su visión de la vida, su experiencia de la muerte, sus maneras de formar comunidad, su idea de la autoridad, su uso de la autoridad, y todo su sistema de valores deben interesar sobremanera a quienes cruzan las fronteras. Como “personas del futuro” deben marchar adelante de su propia cultura, de su historia, sus valores, su lengua materna, sus símbolos étnicos, incluso más allá de su religión, no en el sentido de rechazarlos, sino en el sentido de vaciarse de sí mismos para convertirse en invitados y extranjeros entre las personas que evangelizan y recibir y adoptar en todo lo posible la cultura y las formas de vida de las personas que los reciben.
Jesús realizó siempre su ministerio de proclamar y establecer el reino de Dios en los lugares dónde convergen las fronteras y por tanto en los límites de los dos mundos separados por esas fronteras. Él cruzó libremente esas fronteras muchas veces, en el campo geográfico, racial, sexual, social, económico, político, cultural, y religioso. Lo que es nuevo en su mensaje sobre el Reino de Dios, lo que es Buena Noticia para algunos y escándalo para otros, es que Él hace desaparecer todas las fronteras, tanto naturales como artificiales. Judíos y no judíos, etc.… Incluso en su “opción preferencial por los pobres” Jesús no abandonó ni excluyó a los ricos y a los poderosos. También éstos son llamados a la conversión y a vivir una vida plenamente justa.
Jesús, de amplias fronteras y situado al margen, renunció precisamente a la riqueza, al poder y a la influencia (las tentaciones del desierto). Porque estaba al margen, con su enseñanza y sus milagros, Jesús crea un centro nuevo y distinto, el centro constituido por el encuentro de las fronteras de muchos y variados mundos, a menudo en conflicto entre si, cada uno con su centro propio que margina al otro. Es en este “centro-margen” donde las personas marginales se encuentran entre sí. En Jesús, el margen donde su vida se convirtió en el centro de una nueva sociedad sin límites ni barreras, reconciliando a todas las gentes, los Oblatos son invitados a hacerse marginales, para vivir marginados de la sociedad con las personas marginadas, como Jesús, para poder crear, junto con ellos, nuevos centros de reconciliación y armonía.
Esta perspectiva de la misión exige una dimensión profética de nuestras vidas. Sin la visión del Profeta, todo lo que se ha examinado puede resultar simplemente una especie de agenda política. La profecía exige que veamos las cosas en la perspectiva de Dios.
Después de afirmar todo esto, ¿cuáles son las razones de nuestra esperanza? ¿Cuál sería el núcleo de nuestra misión, que podría suscitar la espera en nosotros mismos, en las comunidades y en la gente en torno a nosotros? La fuente de la esperanza y de la misión de los Oblatos está en lo que Eugenio de Mazenod escogió como lema para sus misioneros, las palabras de Isaías de las que se hace eco el Evangelio de san Lucas: “Me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres; los pobres son evangelizados”. Este es el espíritu que debe responder a muchas situaciones diversas. Mirando a las exigencias misioneras y a los retos del mundo actual, me pregunto si ese enunciado del Evangelio no debería cambiarse por “los pobres, en sus múltiples aspectos evangelizarán a los Oblatos”. Se trata de los pobres que tienen hambre y sed de justicia, de derecho y de verdad.
Como el P. Steckling mencionaba más arriba, “El Capítulo es un tiempo de gracia para recibir de nuevo este fuego espiritual y reavivar su llama, y para dejar que nuestros corazones se abrasen con un renovado celo misionero.” Así pues, al programar el futuro (discernimiento del futuro), los Oblatos entienden a su Fundador no solo en relación con el presente, sino más bien mirándolo para juzgar el presente. Igualmente el hecho de interpretar ahora su espíritu significa que siguen al Fundador no sólo para justificar el presente sino que les ayuda también a definir el futuro.
Consideremos las tendencias que surgen hoy en el mundo, en la iglesia y en la Congregación e intentemos encarar los retos que se nos presentarán en 20 años más. Es importante encontrar el justo equilibrio entre la fidelidad al carisma y a las tradiciones de nuestra Congregación; y la disposición para una transformación creativa, a mitad de camino entre el deseo de control y la necesidad de dejar avanzar lo nuevo.
El Capítulo General en que se reúnen Oblatos de América, África, Europa, Asia, Australia, es una gran oportunidad para pensar y discernir juntos. El Capítulo puede ayudar a tener una visión de conjunto, a mantenerse en contacto con el resto del mundo, a estar atentos y animar a las Regiones, a sembrar semillas de esperanza. Que permita mucho más que las Regiones disciernan y escojan sus ministerios, sus estrategias y los métodos de formación. Que no huya de las situaciones emergentes en el mundo. Cada Región oblata se ve afectada por desafíos y riesgos enormes, por lo cual reaccionan de manera diferente. Se nos invita a avanzar. Nada sigue igual y todo cambia; negarse a avanzar es estagnarse. Pero hay que avanzar pensando, fijando objetivos y llenos de espíritu.
Lo mismo que el Señor dice, “Yo he vencido al mundo”, nosotros debemos tener el valor de “hacer algo”, y es importante llegar al fin de la jornada, confiando en Dios y en nosotros mismos.
EL CARISMA OBLATO EN EUROPA
Jaroslaw Rózanski OMI
1. El Carisma oblato
El debate sobre el carisma oblato tuvo lugar principalmente en los años 1970-1980. Este debate se reabrió en el Capítulo General de 1974. Las presentaciones diferentes e intercambios que tuvieron lugar durante este Capítulo nos ayudaron a comprender que los oblatos no tenían una espiritualidad propia y que era, por consiguiente, necesario definir los valores oblatos fundamentales. Así es como el carisma oblato se ha transformado el objeto y el tema de múltiples publicaciones, congresos y debates. Se han profundizado los aspectos más importantes de estos trabajos en el momento de los Capítulos Generales que siguieron. Se condensan las frutas de esta investigación en los primeros diez artículos de nuestras Constituciones y Reglas publicadas en 1982. Además, las Constituciones y Reglas de 1992, sencillamente retomaron estos textos sin ningún cambio.
Éstos son los artículos que forman la primera parte de nuestras Constituciones y Reglas tituladas: "El Carisma oblato".Esta parte está compuesta de dos capítulos: el primero "La misión de la Comunidad" y el segundo "la Vida religiosa apostólica". Uno encuentra los temas que vienen de la tradición oblata allí y retomados en los debates anteriores que son: Seguir a Cristo, la comunidad apostólica, los más abandonados, la Iglesia, el anuncio de la Palabra (la predicación), los Oblatos como profetas del nuevo mundo, Maria Inmaculada, los consejos evangélicos, el testimonio de la comunidad, y unos otros temas.
Buscando el tema dominante, el leitmotiv de esta parte de las Constituciones y Reglas, encontramos que el punto de partida es el anuncio comunitario del Reino de Dios a los más pobres. Por consiguiente, el aspecto misionero de nuestro carisma que se dirige hacia los más pobres domina en toda su extensión En esta opción misionera debemos vivir los cambios en el mundo y en la Iglesia y ordenar nuestro ministerio y nuestra vida religiosa. Sin esta opción, nuestro trabajo y nuestra vida pierden su fundación más elemental.
2. La iglesia que enfrenta los desafíos más importantes en Europa
En el pasado, Europa nunca formó un grupo monolítico, un bloque homogéneo. Permanecía más bien como una tarea por lograr, una tarea de creación de la unidad, en la diversidad. Al principio el aspecto económico y estructural se tomó en cuenta en su forma y en sus orígenes más que la dimensión cultural. Hoy Europa ha ampliado la visión de sí misma y de su lugar en el mundo. No es y no debe ser considerada como una isla solitaria.
· El tema más importante que constantemente regresa en los debates en Europa y el papel de la Iglesia, es el fenómeno de la unificación de Europa y la adhesión a la Comunidad Europea de los 10 nuevos países. Mientras el proceso de unificación se adelanta, la unificación económica, social y política, ya no son sólo estos los temas sino también la unificación en un nivel cultural. Con el proyecto de la Constitución europea el problema de las raíces cristianas de la cultura europea ha aparecido. Reafloró al mismo tiempo con fuerza la mentalidad descristianizada y laica que existía desde hacía años.
De hoy en adelante, el deber de la Iglesia no sólo se limita a introducir en la Constitución los textos apropiados sino mas bien atraer a los habitantes de Europa hacia la fuente, es decir, hacia el Evangelio que inspiró desde el principio lo que es común a los europeos que es una visión y concepción cristiana del Hombre y de la vida. De ahí viene la inmensa necesidad de proclamar el Evangelio que lleva a la conversión y al bautismo.
· La Globalización es un fenómeno mundial que por supuesto involucra a toda Europa. Este proceso es sobre todo se nota en la economía y el comercio, así como en la informática y en las estructuras sociales y políticas. Al mismo tiempo que es una amenaza, constituye un desafío a la diversidad cultural, que ha sido desde los inicios, la riqueza de Europa.
· El proceso de Globalización pone a Europa entre el grupo de países más ricos del hemisferio norte. Esta división convencional del globo entre el hemisferio norte y el sur subraya las diferencias entre los países, naciones y regiones, y acentúa la marginalización de los países pobres. Expresa la injusticia en el compartir de recursos naturales, las deudas extranjeras tan enormes que nunca se podrán pagar, las revoluciones y los conflictos militares, etc... La Iglesia en su enseñanza y en su acción debe tomar en cuenta esta realidad.
· El proceso de Internacionalización introduce la mentalidad multicultural y post-moderna que se caracteriza por una desconfianza en el espíritu humano, y un relativismo de la verdad. Lleva al hombre a buscar una nueva religión, o incluso a la creación de su propia religión. Consecuentemente con esto, se desarrollan tanto las sectas así como el ateísmo.
· La Internacionalización también influye en algunos aspectos de la vida individual y social que provoca la fuga del mundo culturalmente diferente y el encierro en lo comunitario. Esta tendencia se expresa a menudo por una contestación fuerte de la cultura "obligatoria." Esta fuga hacia la propia cultura es mas que todo visible con los trabajadores que emigran, que a menudo forman enclaves. Estas son las "islas" asiáticas o africanas en medio de las ciudades europeas.
· Existe el peligro que una vez que se logre la unificación de Europa que crezca el abismo, entre los países y ciudadanos de primera categoría que son los más contentos y los de segunda categoría, considerados desechos sociales. Esta diversificación se sentirá en el nivel material y por consiguiente aumentará el número de personas marginadas, de personas en situación precaria y sin hogar estable, como también la prostitución y las varias formas de esclavitud.
· Finalmente, desempleo y corrupción también son parte de los desafíos que deben y deberán enfrentar Europa y la Iglesia.
3. Los medios de evangelización
3.1. El testimonio, primera manera de evangelizar.
Hablando de evangelización en Europa es necesario primero evocar el testimonio de vida cristiana que es la primera manera de evangelización. El Papa Pablo VI nota en Evangelii nuntiandi que " el hombre contemporáneo cree en los testigos, más que en los maestros" (EN 41.) El testimonio dado por las comunidades eclesiales compuestas de grupos culturales diferentes, y por las congregaciones internacionales de religiosos y de sacerdotes, ayuda a comprender la importancia y la actualidad del testimonio de la comunidad en un contexto de internacionalización (mundialización).
3.2. La proclamación de Cristo Salvador.
El testimonio, sin embargo, no reemplaza el anuncio que es, permanentemente, la prioridad de la actividad misionera de la Iglesia. El anuncio no sólo es la predicación del Evangelio sino también la transmisión del Evangelio a través de varias actividades individuales y comunitarias. Aquí uno puede evocar la utilidad de los medios de comunicación, de la imprenta y de la edición, de los periódicos, del teatro etc...
El Nuevo Testamento nos presenta dos actividades misioneras muy distintas que son la proclamación del Kerygma y la Catequesis. La proclamación engendra la fe y conduce hacia la conversión. La catequesis se dirige por otro lado hacia los convertidos para fortalecer y profundizar su fe. La catequesis de los niños ocupa aquí un lugar especial.
3.3. La necesidad de un número suficiente de creyentes.
Las comunidades católicas locales deben arraigarse en la vida social y en la cultura local. La evangelización de las culturas no es hecha por lo cristianos que no tienen influencia en la vida social y cultural. No puede la evangelización dirigirse hacia los Cristianos de un sólo grupo de edad, de una sola profesión o a un grupo de cristianos compuesto solamente de mujeres o niños en edad escolar. La Evangelización debe llevar a la conversión de la sociedad entera y a la transformación de su cultura. Así, aunque el número de los creyentes sea todavía reducido, ellos no deben constituir un grupo cerrado en sí mismo, un grupo que forja su propia cultura (la subcultura). La Evangelización no puede dirigirse por consiguiente solamente hacia los habitantes del campo o solamente los habitantes de la ciudad. No se debe preocupar solamente de las elites o los con buena educación, o solamente los obreros y campesinos. La comunidad debe ser un grupo que tiene su lugar en la sociedad, un grupo dinámico capaz de iniciar los cambios y realizarlos.
3.4. La necesidad de laicos comprometidos
El decreto que “Ad Gentes” afirma que la Iglesia no está fundada todavía, no vive totalmente ni es un signo perfecto de Cristo presente entre los hombres, si con la jerarquía, no existe y trabaje un laicado auténtico. El decreto evoca la necesidad de la creación de grupos múltiples porque, sólo juntos, los Cristianos pueden influir en la cultura local. Entre estos grupos es necesario que haya grupos de laicos, como; grupos de oración, grupos litúrgicos o grupos de personas comprometidas en la vida social y política, grupos dedicados a los trabajos de caridad y otros apostolados.
Las Comunidades de Base son las comunidades dónde el laicado, comprometido en los diversos sectores de la vida y llevando una vida fuertemente cristiana, influenciará a la sociedad en sus actividades sociales, políticas y económicas.
3 .5. La necesidad de familias cristianas
La necesidad de la familia cristiana se origina sobre todo del hecho, que la familia es el primer lugar dónde el niño se arraiga en su cultura; por eso la familia anima el proceso de inculturación. Este proceso no sólo se limita al conocimiento y al arraigo en la sociedad mientras respetando sus normas y maneras de vivir. El proceso de inculturación de cual hablamos aquí es un proceso que dura la vida entera de la persona, por lo que los primeros años vividos en la familia siguen siendo determinantes.
3.6. La necesidad de un sistema escolar cristiano
La educación de los niños y de los jóvenes qué es al mismo tiempo una ley y una obligación esta a cargo primeramente de los padres. Esta educación debe enseñar los valores necesarios a sus hijos para el desarrollo de su personalidad en el espíritu cristiano y eclesiástico. La Iglesia ayuda a los padres en esta tarea de educación por la creación de escuelas que garantizan una buena educación, la especificidad de la educación católica apoyándose mas que todo en la concepción cristiana de hombre y de su vocación.
3.7. La necesidad de la investigación teológica y pastoral
El trabajo de evangelización requiere una educación permanente que permita alcanzar un buen conocimiento bíblico y teológico. También requiere una vida de ascetismo y creatividad en la investigación de las formas de trabajo pastoral.
3.8. La necesidad del ecumenismo y diálogo ínter-religioso
Hasta principios del siglo XX la misión en Europa se ha entendido más bien como la propagación del Catolicismo y no como una cristianización. Era practicada de la misma manera por Protestantes y Ortodoxos. El Concilio Vaticano II operó un cambio importante en nuestra manera de entender la misión. Los documentos post-conciliares determinaron una nueva visión de la misión. Así la actividad misionera que se dirige a las personas y los grupos humanos que no conocen a Cristo todavía se disocia del ecumenismo y del diálogo ínter-religioso. (...)
3.9. La opción preferencial por los pobres
No se puede olvidar aquí el testimonio dado por toda la Iglesia en el nivel de las relaciones internacionales y políticas. En “Redemptoris Missio” leemos: "La iglesia está llamada a dar testimonio de Cristo tomando posiciones valientes y proféticas, contra la corrupción del poder político o económico; no buscando ni la gloria ni los bienes materiales; usando lo que posee para servir a los más pobres, e imitando la simplicidad de Cristo" (43). La opción por los más pobres se expresa sobre todo por la atención a aquellos que son víctimas de discriminación, que son manipulados y tratados como objetos de mercancía por otros (las personas sin domicilio fijo, los esclavos contemporáneos, los adictos, las prostitutas y los prisioneros).
3.10. La necesidad de las obras de misericordia
La pobreza humana existe también en los países ricos. De allí la necesidad de grupos especializados y de nuevas formas de hacer la caridad, en los cuales la ayuda médica también sea incluida.
3.11. La necesidad de la actividad santificante de la iglesia.
Entre las tareas más importantes de la Iglesia está la obligación de la santificación que se actualiza por la celebración de los sacramentos y por la práctica de las virtudes. Esta tarea se cumple de una manera particular en la celebración de la Eucaristía que es la fuente y la cumbre de la vida cristiana. (...) Esta tarea de santificación es finalmente cumplida a través de la oración, los actos de caridad y el amor.
EL TIEMPO RESCATADO
Jean-Pierre Caloz, O.M.I
LA CONDICIÓN TEMPORAL HOY
¿Dónde está el tiempo? Los aviones nos llevan al fin del mundo en unas horas, el teléfono y sobre todo el teléfono móvil, ponen a nuestro alcance cualquier punto del espacio, los ordenadores (computadores) envían, reciben, almacenan, clasifican todas nuestra información; estamos rodeados de máquinas para ganar tiempo... Y sin embargo no tenemos tiempo para nada... ni para nosotros ni para los demás, ni para Dios... ¿Qué ha pasado pues
El dominio del presente
El pasado ha desaparecido. El pasado se ha superado, hablar del pasado es sospechoso. Quienes hablan del pasado muestran que se sienten a disgusto con la modernidad, que añoran lo que se hacía antes. La historia interesa poco, la tradición ya no es una referencia. A los ancianos, a veces se les escucha, a veces se les admira por su testimonio, pero no tienen voz en la tertulia. Las viejas historias no sirven. Se recuerdan que, hace algunos años Fukuyama decretaba el “fin de la historia”.
¿El futuro? El futuro es problemático. Nadie había previsto que un monje en el exilio iba a derrocar la dictadura modelo, amigo de Occidente, el Sha de Persia. Nadie había predicho la caída del bloque del Este en los años 90.Y el 11 de septiembre, ¿quién lo había visto venir? Nuestros contemporáneos viven a corto plazo, de un verano al otro, de unas vacaciones a las otras. Si se guarda algún dinero, no es para invertir sino para asegurarse, el trabajo se ha vuelto precario. “No hay futuro...” se lee en los muros de nuestras ciudades.
Queda el presente. El presente, sí, ciertamente. Somos ciudadanos del presente, vivimos inmersos en él, lo escrutamos; –las noticias de las 20hrs se nos han hecho indispensables- vivimos en él, lo aprovechamos, lo disfrutamos. Un presente que no viene de ninguna parte y que no va a ninguna parte... ¡no importa! El corto plazo, se basta a sí mismo. El presente es demasiado corto para hacer todo lo que tenemos que hacer, por eso nos falta tiempo.
“Hoy nos domina el presente, de la mañana a la noche; ontología de actualidad, hegemonía del momento presente, autoridad del tiempo denominado real. En adelante, no hay más verdad que la inmediatez...” (Etienne Klein “L’avenir existe-t-il deja dans le futur” ‘El provenir existe ya en el futuro’ en Etudes, oct. 2003, p.388)
La pérdida de credibilidad en la racionalidad
El cientismo triunfante ha muerto. La medicina, aunque segura de sí misma, tiene sus dudas. Los desórdenes ecológicos revelan los errores de una ciencia rigurosa, abstracta y lineal. Los dogmas psicológicos son abandonados, incluso por los educadores. Las religiones que se habían dado por muertas gozan de perfecta salud. A la “diosa Razón” le han salido arrugas.
No podemos cantar victoria; al contrario. Abandonar la razón es entregarse al juego de los intereses más poderosos y a la arbitrariedad de los poderes. Si ya no hay razón, será la razón del más fuerte la que se impondrá. ¿No es esto lo que vemos funcionar en la economía donde la única regla parece consistir actualmente en constituir en cada uno de los dominios económicamente sensibles, un cártel de poderosos que domine el mundo? ¿Llamarían a esto globalización?
Las fuentes de la violencia
Si juntamos lo absoluto del presente y la pérdida de confianza en la razón, obtendremos una mezcla muy explosiva. En efecto, cuando decepciona el presente, cuando yo me encuentro en disonancia con mi contexto inmediato, sin poder recurrir al análisis racional, no tengo más que dos salidas: la desesperación o la violencia. Se celebraba por estos días en el Vaticano un Congreso sobre la Depresión, patrocinado por el Consejo Pontificio para la pastoral de la salud. ¡Allí se dijo que los “depresivos” suman actualmente 200 millones en el mundo! Esto en cuanto a la desesperación. ¿Y la violencia? Pienso en la violencia cotidiana que se expresa en el vandalismo, el pillaje, las violaciones colectivas. La violencia en las escuelas, en el autobús, en las estaciones y en ciertos barrios... ¿de dónde procede? Si la depresión es la violencia que me inflijo a mí mismo, la violencia de lo cotidiano surge de la misma frustración, del mismo encerrarse del que hay que escapar ensañándose contra el entorno, o los colectivos entre los cuales vivo, pero con los cuales ya no tengo ningún lazo de solidaridad. Violencia y desesperación, dos modos de reaccionar contra la prisión del presente, cuando las distracciones, los sueños y la pasión de existir les abandonan, es que de repente el mundo deja de ser interesante.
Devolver el tiempo al tiempo
En lo dicho hasta aquí yo no he descrito la experiencia cotidiana del común de la gente, sino las tendencias, un clima, un ambiente que sin embargo van formando la mentalidad, ocupa nuestros sueños y forma parte de nuestra cultura. Es un poco el mito del encerrarse en lo conocido, en lo colonizado. Dondequiera que miremos, el mundo nos devuelve nuestra propia imagen, por otra parte no hay nada más.
¿No piensan entonces que la TRASCENDENCIA es una necesidad esencial de nuestro tiempo? Pierre Teilhard de Chardin decía que cuanto más crezcamos en la línea de la evolución, más se nos impondría la necesidad de adoración. Los antiguos romanos lo habían entendido, ellos que en el siglo segundo de nuestra era, al tiempo que pensaban haber conquistado el mundo, construyeron el Panteón –templo abierto por arriba para comunicarse con el más allá-.
La trascendencia surge del universo simbólico, no es ni científica ni racional, no es obra de nuestras manos, sino que se nos ofrece sobre la marcha. Quien sabe acogerla en su casa descubre un mundo nuevo. Los planteamientos de peso, los cálculos estadísticos apremiantes, las leyes infalibles de la historia... todo eso ha fracasado. La trascendencia es amiga de la música, de los poetas, de la sabiduría. Sobre este horizonte simbólico, el presente –nuestro presente demasiado limitado para cuanto exigimos de él- puede desplegarse en la perspectiva de volver a ser lo que es: un momento apasionante de un crecimiento, una sencilla etapa de una peregrinación, que llevará a buen término, aunque no se sepa bien dónde ni cuándo.
TRASCENDENCIA
Situándome en la perspectiva occidental, yo he propuesto más arriba la base cultural de nuestra reflexión, queda ahora elaborar algunos puntos de la trascendencia tal y como nos la muestra la sagrada Escritura. Entre la rica evocación de las “cosas últimas” que encontramos en el Apocalipsis, he optado por desarrollar tres puntos: la ciudad, las Bodas y la liturgia del cielo. Evocaré cada uno de esos puntos e intentaré demostrar cómo se aclaran y responden a los interrogantes de la mentalidad actual.
La Ciudad
El Apocalipsis, en el capítulo 21 nos hace ver la nueva Jerusalén que desciende desde cerca de Dios, ataviada como una esposa preparada para su esposo... La ciudad es el poblado de los hombres, el lugar humano por excelencia con su organización, sus murallas en las cuales uno se siente seguro, su cultura, el Templo. Los Salmos de la Subida a la Ciudad Santa, vibran con la alegría y el orgullo de volver a encontrar a Jerusalén “ciudad en la que todo junto hace uno”. La ciudad representa la cima dela “subida” humana, la meta de la cultura. Ahora bien, he aquí que lo que sube de la tierra, ahora desciende desde la compañía de Dios, como un don, como un ámbito de la Alianza y de cohabitación definitiva de Dios con los hombres “he aquí la morada de Dios con los hombres”.
La ciudad de los hombres siempre inalcanzable a Prometeo se da ahora como lugar de alianza. El movimiento constante de los hombres, sus emigraciones, sus búsquedas, sus nostalgias de una casa, de una tierra, de una patria, he aquí, que se clarifica de un modo nuevo. Los constructores de la paz, los comprometidos, los comprometido, los servidores de la justicia: sindicalistas, periodistas, ONGs, los amigos de los pobres y los ciudadanos de las Bienaventuranzas... ¿a dónde se dirigen? Van a Jerusalén. Y ustedes, nostálgicos de la fiesta, buscadores de absoluto... ¿A dónde van? Van a Jerusalén, “allí ya no habrá muerte, ni duelo, ni lamentos, ni sufrimiento, porque el mundo anterior ha desaparecido... Porque yo hago nuevas todas las cosas... Escribe, estas palabras son ciertas y verdaderas...” Así pues, ustedes, los justos de la tierra, no han gritado en vano... La fiesta está al final del camino, la fiesta será hermosa.
Las Bodas
La fiesta por excelencia es la boda, fiesta del amor, fiesta de la alianza entre familias, celebración del clan al que la nueva pareja da un porvenir. Todas las civilizaciones han presentido profundamente la dimensión sagrada de ese pacto único, en cuyo seno aparecen nuevas vidas. Esta dimensión sagrada se ha hecho manifiesta con Jesús. En la Cruz, Jesús se casa con la humanidad, en el misterio de su Iglesia.
En el capítulo 19, 6 y ss. del Apocalipsis nos hace escuchar ya el cántico de bodas del Cordero “...y oí algo así como la voz de una inmensa muchedumbre, como la voz de aguas caudalosas, como la voz de truenos fragorosos... porque han llegado las bodas del Cordero. Su esposa está engalanada, vestida de lino resplandeciente y puro, porque el lino representa las buenas acciones de los santos”.
De este modo todos los amores de la tierra, amores fieles, dichosos o frustrados y heridos; todos nuestros intentos de comunicación, frágiles, aunque a menudo cercanos; todos nuestros esfuerzos de traducciones, de interpretación, de deseos de superar las diferencias; todos los diálogos interculturales e inter-religiosos... he aquí, que sobre todo eso despunta como, un sol naciente, la alegría de las bodas. Y nosotros que gozamos tan frecuentemente del privilegio de celebrar la Eucaristía, oímos cada vez: “Dichosos los invitados al banquete de las bodas del Cordero. ¿Somos sensibles a la audacia de la liturgia hasta el punto de llegar a ser ya contemporáneos de las “cosas últimas”? En torno al altar, compartiendo la Eucaristía, hemos rebasado místicamente la barrera de la comunicación y celebramos ya la trasparencia de la caridad que será nuestra heredad en el Reino. Así pues, lejos de nosotros él desesperarnos ante la tarea a realizar, ante los obstáculos a primera vista insuperables, pongámonos manos a la obra para construir puentes y no muros, como nos lo ha dicho recientemente el Papa, aludiendo a lo que pasa en Israel.
La liturgia celeste
Después de las cartas a las Iglesias, el Apocalipsis en el capítulo 4, revela la liturgia celeste. Los actores de ese culto celeste son los 24 ancianos y los 4 vivientes. Los 24 ancianos pueden entenderse como los 12 patriarcas de Israel y los 12 patriarcas (Apóstoles) del nuevo Israel. Los cuatro vivientes representan el mundo creado, una versión semita de los cuatro elementos del mundo griego: agua, tierra, fuego, aire. Los cuatro vivientes cantan “Santos, Santo, Santo es el Señor...” El universo creado por entero, llegado al término de su crecimiento, en plena madurez, por fin totalmente reconciliado, proclama con todas las fibras de su ser, la santidad, la consistencia, la densidad ontológica de “Aquel que se sienta sobre el trono... y del Cordero”. En este cántico cósmico, los 24 ancianos representan el pueblo de la alianza total, modulan su adoración: “Adoraban al Viviente por los siglos de los siglos y arrojaban sus coronas ante el trono diciendo: Tú eres digno Señor Dios nuestro...” Aparecían como los “inter-pretes” (sacerdotes) de la creación, arrojando sus coronas para reconocer que han sido salvados, y que todo lo que son, toda su dignidad, su gloria viene de Aquel que se sienta en el trono.
Tal es en adelante la respiración eterna del cosmos y de la Alianza, plenamente vivientes porque esta llenos de alabanza. Esta liturgia celeste está representada constantemente en los mosaicos romanos. El mosaico está situado ante la asamblea, no en el ábside, sino en lo más alto de la nave. De este modo la comunidad reunida mirando este mosaico comprende lo que es ella en si misma. Comprende hacia dónde va. Nuestro mundo carece de utopía, ya no tiene estrellas hacia donde mirar, por eso su horizonte es chato y prosaico. ¿No es urgente hacerle volver a ver el mosaico del Apocalipsis que le haga pregustar ya “lo que tiene que venir” (4,4)?
Llego así al término de la segunda parte que ha querido demostrar hasta qué punto la escatología es funcional, frente a la cultura de hoy. No es ni programa, ni solución, ni profecía, ni descripción de un futuro hipotético; es una percepción secreta de la profundidad del hoy, verdad secreta de ese cotidiano ordinario, un tanto gris, un tanto repetitivo e incierto, en el que nuestras vidas son absorbidas como el rocío en la arena del desierto.
La “ciudad” es la secreta esperanza de cuanto estructura nuestro mundo; la “boda” es la secreta esperanza de cuanto es palabra y en consecuencia, cultura y comunicación en nuestro mundo; la “liturgia celeste” es la secreta esperanza que el tráfago de la historia, los mil rostros de las muchedumbres, terminarán por figutar el rostro de Jesús.
TEN TU LÁMPARA ENCENDIDA...
Si esto es así, la condición del cristiano es la VIGILIA. Esto se nos ha dicho desde nuestro bautismo. Cuando el sacerdote entregó a nuestros padres al padrino y madrina el cirio encendido, les dijo: “Traten de hacerlo crecer para que sus hijos, iluminados por Cristo, caminen en la vida como hijos de la luz y perseveren en la fe. Así, cuando venga el Señor, podrán salir a su encuentro en el Reino, con todos los santos del cielo”. Así pues, toda nuestra vida cristiana es vista con una perspectiva. Se terminó el aplastamiento del tiempo; pero se terminaron también las ideologías “idolátricas” de los “imperios”; queda sólo el gozo íntimo de saber que se es del “Dios que es, que era y que viene”.
VIGILAR consiste en ser responsable. Las parábolas del mayordomo, de las doncellas de la boda y de los talentos, nos dicen que el Dueño vuelve cuando menos se le espera, para pedirnos cuentas. Esto quiere decir el término “accountability” que no podemos traducir en castellano. En el índice analítico de nuestras Constituciones y Reglas, “accountability” nos remite a “Evaluación”, noción parecida y compatible en francés, inglés y castellano. Rendir cuentas es reconocer que el otro tiene competencia sobre mí. Rendir cuentas supone que yo me reconozco miembro de la comunidad, a cuya evaluación yo me someto. Esta actitud se encuentra en la base del voto de pobreza y obediencia.
VIGILAR es adoptar una actitud de siervo. Yo soy administrador y no dueño. Noción fundamental de una espiritualidad misionera. Ser misionero es ser “misionado” (enviado), mandado, con objetivos y un elenco de tareas para llevar a cabo, en función de una misión global que me supera. Si vivimos esta lógica del siervo, no habrá oposición entre carisma personal y misión de la comunidad. Cada uno con su carisma, cumple la misión común.
VIGILAR es actuar con honradez. El administrador infiel olvida que tiene una relación estructural con su dueño; por eso se pone a pegarle a sus compañeros y a emborracharse, nos dice la parábola del mayordomo. Cuántos grandes patronos de industrias se encuentran actualmente en la cárcel porque han robado, se han enriquecido indebidamente, han falsificado facturas, han mentido... La ética en los grandes negocios ha recobrado gran actualidad. La mala conducta moral proviene precisamente de la falta de perspectivas. Se coloca uno como última instancia, se dice a sí mismo que nadie verá nada, y entonces... Como religiosos, no estamos a salvo, nos lo demuestra la actualidad. Es, pues, importante no dormirse, no perder el sabor ni dejar apagar la llama, el celo... expresión tan querida para san Eugenio que decía: “aquí, uno o se quema, o que se vaya”.
VIGILAR es leer los signos de los tiempos. El peligro que nos amenaza es refugiarnos en las ideologías, en lo “políticamente correcto...”, las modas y las recetas pastorales y olvidar las necesidades de salvación de la gente. (C.1) Los hombres de esperanza están siempre dispuestos a dejarse zarandear, interpelar por la vida y orientar sus estrategias, servir de criterio de evaluación para los demás.
La oración es la base de esta actitud. La oración es la actitud de vigilancia por excelencia como leemos en Lucas 21, 36 “”Pero estén despiertos y oren continuamente para que sean juzgados dignos de escapar de todos esos acontecimientos que sobrevendrán y para estar en pie ante el Hijo del hombre.” Hoy como ayer estamos llamados a casarnos con el tiempo, a casarnos con nuestra cotidianidad bien sea gloriosa o crucificante para cumplir con nuestra obligación de hombre con profesionalidad y perseverancia.
MARANA THA
“Ven, Señor Jesús” esta es la última palabra de la Biblia. Bautizados en la muerte y la resurrección del Señor, vivimos la paradoja de la Esperanza: todo se ha cumplido ya, pero todavía no hemos llegado al final. Somos los ciudadanos de los últimos tiempos, pero la historia continúa. Hay una lucha cruel que hay que asumir. Si no, nos resulta pesada es porque somos inconscientes, pero los santos y la Madre-Iglesia lo saben muy bien, por eso desde lo más hondo de su destierro gritan la oración del mañana: ¡Marana tha, Ven, Señor Jesús! Ven y que la cáscara del tiempo dé a luz a lo Eterno y que Dios sea todo en todos.
VER DE LEJOS, VER DE CERCA
Omar Friedrich OMI
En este momento de nuestra historia, la tarea misionera nos exige tener una mirada certera, una mirada integradora sobre nuestra realidad.
Hoy en día necesitamos usar lentes bifocales. Con estos lentes podemos tranquilamente leer un texto y mirar al auditorio. Nos permiten distraer nos con el periódico al mismo tiempo que ver la televisión. En los viajes podemos seguir la lectura de un libro y contemplar el paisaje. Con los mismos lentes se puede ver de cerca y de lejos. Los bifocales nos hablan de integración. Contemplar el horizonte sin más puede hacernos tropezar en la piedra cercana que no hemos visto. Poner nuestra vista únicamente en nuestro pequeño entorno nos puede impedir ver la hermosura de una puesta del sol o lo imponente de nuestras montañas. SABER VER DE LEJOS Y SABER VER DE CERCA.
La “actitud bifocal” nos permite todo esto. Es la actitud que exigen los tiempos que vivimos. Va en contra de las polarizaciones, de los radicalismos, de las dicotomías, de las divisiones, de los bandos… Nos habla más bien de unidad, de integración, de armonía, de comunión. La actitud bifocal nos la da Jesús. Él encarna lo humano y lo divino. Él integra el pecado y la gracia, lo trascendente y lo inmanente, lo sacro y lo profano, lo temporal y lo eterno.
Este proceso de integración que San Eugenio vivía se percibe en varios aspectos de nuestra espiritualidad. La C 37 manifiesta claramente la integración entre comunidad y misión.
También el Capítulo del 86 nos lo recuerda en el número 109: “La vida comunitaria es una dimensión esencial de nuestra vocación. El informe de los jóvenes oblatos al Capítulo nos lo recuerda de nuevo. La vida comunitaria, para nosotros Oblatos, no es únicamente necesaria para la misión, ella misma es misión y al mismo tiempo signo cualitativo de la misión de la Iglesia.”
A veces en nuestros encuentros o diálogos comunitarios no percibimos la totalidad. Nos olvidamos del conjunto. La intensidad de la mirada, la parcialización de nuestras lógicas, lo inmediato y lo urgente, nos carcome y en el fondo no nos deja ver. Proyectos sin visión social ni visión congregacional. Actividades que nada tienen que ver con el anuncio del Evangelio. Opciones sin garra ni proyección de futuro. Posturas personales sin dimensión comunitaria. Actitudes de resignación sin capacidad de novedad. Proyectos comunitarios tan idealistas que no promueven nada en la comunidad. Problemas caseros que nos hacen perder perspectiva de nuestra misión universal. Normalidad mundana sin fuerza profética.
Nuestro carisma también exige una mayor integración entre misión y oración. “Hay aún demasiada separación entre ministerio y oración. La oración no está suficientemente alimentada por la vida misionera y la misión es insuficientemente vivida como alabanza a Dios. Este dualismo empobrece a la oración y al ministerio, es igualmente para muchos fuente de frustración” (Cf. Misioneros en el hoy del mundo 111)
El prefacio y la primera parte de nuestras CC y RR refleja claramente el ideal oblato. Seguir a Jesucristo, reproduciéndolo en la propia vida, y anunciarlo a los demás, son dos aspectos íntimamente unidos en nuestra espiritualidad.
Para San Eugenio fue un proceso arduo la integración de estos diferentes aspectos de su vida. Él buscaba la soledad, hasta tal punto que en algunas ocasiones deseaba una vida monástica y por otro lado no podía resistirse a responder al clamor de los más abandonados. Ambos llamados resonaban fuertemente en su interior. Creo que este tiempo es un buen momento para preguntarnos si estamos intentando buscar esa integración. Tenemos que reconocer que esta búsqueda genera una tensión. Una tensión que muchas veces molesta pero, que finalmente reconocemos como el camino más auténtico de nuestra vocación oblata.
Muchas veces Eugenio de Mazenod explicita los motivos fundamentales de su vida y de su actividad misionera: la gloria de Dios, el bien de la Iglesia y la salvación de las personas. Esta trilogía también manifiesta esta característica integradora de San Eugenio. Eugenio como decía Pablo VI fue un apasionado de Jesucristo. La búsqueda de la gloria de Dios es uno de los motivos fundamentales que determinan el comportamiento de su vida. Cuando trata de reunir al primer grupo de sacerdotes para predicar al pueblo humilde, lo hace justamente por la gloria de Dios y la salvación de las almas. En adelante este binomio unido al bien de la Iglesia será una constante en la espiritualidad mazenodiana.
El desafío actual de recrear nuestro Carisma supone saber ver de lejos, sin perder el contexto de lo cercano. Soñar utopías y ser realistas. Caminar hacia lejanos horizontes y disfrutar del frescor del arroyo que encontramos en el camino. Proyectarnos hacia el futuro con esperanza y asumir lo que nuestra rica tradición nos ha dejado. Aceptar la oscuridad de los que están por descubrir y vivir la claridad de lo conocido. VER DE LEJOS Y VER DE CERCA. Anhelos de trascendencia y gozo en lo inmanente. Riesgo de lo nuevo con seguridad de lo ya sabido. Continuidad y ruptura. Fidelidad y creatividad. Humano y divino.
Vivimos en América Latina un momento crítico y complejo, que requiere discernimiento y sabiduría, y debemos ser fieles al Espíritu, afirmando, renovando y replanteando nuestras presencias y nuestros estilos de vida. Esto nos impulsa a reavivar la dialéctica entre mística y profecía. Nos sentimos urgidos a reconciliar e integrar en nosotros, la mística y el profetismo con la certeza de que sólo así, podremos significar algo para este tiempo. Para concretar esta integración es necesario habitar nuestra casa y peregrinar por los caminos. Habitar nuestra casa permaneciendo profunda y largamente a los pies de nuestro Maestro y así, fecundados en Él y por Él, salir por los caminos reubicándonos con una palabra nueva, serena y fuerte, surgida de las profundidades de nuestra experiencia. Debemos estar convencidos de que no existe experiencia mística sin su expresión profética ni profetismo sin su fundamento místico y de que el profetismo deber ser experiencia mística y que la mística es la que va forjando profetas.
No podemos quedarnos con una sola mirada. No podemos perdernos en el infinito, perdiendo sentido de lo real, que significa el hermano que vive al lado de mí, la gente con la cual trabajo, mi comunidad, el pobre que llega a la puerta, el conflicto comunitario… Ni podemos perdernos en el ámbito de nuestra casa, dando vueltas a lo mismo, mirándonos continuamente al espejo… perdiendo perspectiva institucional, eclesial o social. VER DE LEJOS Y VER DE CERCA. Tener una mirada bifocal. Encontrar las huellas de Dios en lo cotidiano, en lo pequeño. El Dios eterno, creador, infinito… hecho sonrisa en el hermano, carta al amigo. Saber reconocer rasgos eternos en paisajes diarios. Saber sentir la presencia divina en el apretón de manos.
VER DE LEJOS Y DE VER DE CERCA. El horizonte de trascendencia es promesa de Dios. Nuestros crudos realismos de mediocridad y pecado pueden limitar nuestra fantasía y nuestra ilusión. Pero nuestra vocación profética no nos permite vivir en la desesperanza. Con actitud bifocal podemos integrar envejecimiento físico con rejuvenecimiento carismático, lo insospechado e imprevisible con lo planificado y previsto, la fidelidad con la creatividad, un futuro de esperanza con un momento difícil de la historia, la audacia para cambiar con los ritmos a veces lentos de nuestros hermanos.
En algunos países de América Latina hemos vivido en los últimos años situaciones críticas que nos impulsan a revisar nuestra acción misionera. Somos también nosotros responsables de una evangelización que no llega a transformar las estructuras corruptas de nuestra sociedad. Somos también responsables de una dirigencia política que busca únicamente satisfacer sus propios intereses.
Desde la Iglesia y la Sociedad se ha alentado a miles de jóvenes en las décadas pasadas ha ofrendar su vida al servicio de la liberación de nuestro pueblo. Hoy muchos jóvenes, lejos de ver en esa entrega desinteresada el camino que hay que seguir, sólo perciben la falta de oportunidades en una sociedad cada vez más injusta que no les permite vivir con dignidad. Una mirada estrecha se ha apoderado de sus ojos, una mirada que es necesario redimensionar para poder mostrarles el camino del Evangelio. Un camino que es de lucha, pero de una lucha sostenida por la fraternidad y el respeto al proceso de cada uno. Una lucha que sabe integrar…
VER DE LEJOS Y VER DE CERCA. Con la mirada eterna, cercana y temporal de Dios, esto se hace posible. Desde Él es posible superar nuestras dicotomías, divisiones internas, visiones dispares. Él nos enseña a ver de lejos, a contemplar amplios horizontes, portadores de gracia y de vida, y a ver de cerca, para leer su Palabra amorosa hecha realidad, hecha historia, en cada hermano, en cada obra, en cada comunidad.
DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación no oficial
de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada
C.P. 9061, 00100 ROMA-AURELIO, Italia
Fax (39) 06 39 37 53 22 E-mail: information@omigen.org
http://www.omiworld.org