Entrevistas con dos Obispos Oblatos
Entrevista con Mons. Juan-Claudio Bouchard, OMI
Obispo de Pala
Chad
¿Monseñor Bouchard quien es?
Nací en el pueblo de San Eloy en Québec el 25 de septiembre 1940. Soy hijo de un agricultor, de padres muy creyentes; estudié historia sagrada sentado en las rodillas de mi madre, y estoy orgulloso de este origen rural y simple; he intentado seguir siendo hijo de agricultor toda mi vida.
¿Cómo conoció a los Oblatos?
Era un poco una tradición en nuestras familias rurales, que el hijo mayor se quedara en la familia para ayudar al padre en la granja y que se educara al segundo; yo era el segundo de la familia. En este tiempo allí, casi todos los establecimientos secundarios estaban en manos de la Iglesia. En mi región se conocía a los Oblatos por la casa de "retiros cerrados" de Mont Joli (Monte Hermoso). Pues conseguí entrar en el juniorado de los Oblatos en Chambly Bassin.
¿Y después del juniorado?
Decidí volver con los Oblatos porque había comprendido que los Oblatos eran los misioneros de los pobres y me atraía este medio social. Y si no hubiera entrado con los Oblatos, habría encontrado una profesión que me hubiera permitido servir en este medio, de una u otra manera. Tras el noviciado, me enviaron hacer el escolasticado a Roma dónde llegué el 1960, el año de los Juegos Olímpicos. Eso sí, encontré difícil al principio, porque soy muy deportista y aquí Roma, ¡estamos mas bien subdesarrollados en este ámbito!
¿Y África en todo esto?
En Roma, me había embarcado por siete años... pero no me veía durante siete años anclado allí. Por ello después de filosofía, pedí hacer un período de práctica en las misiones. Los Oblatos son misioneros y quería ver de cerca lo que es un misionero. Pues había pedido al P. General de ir a Lesotho, allí donde había Oblatos canadienses. Pero el P. Deschâtelets había recibido, mientras tanto, una solicitud del Chad, por parte de Mons. Honorio Jouneaux, prefecto apostólico de Pala, para que un escolástico dirigiera una escuela... y por ello que me encontré como enseñante en el Chad. Allí dirigí la escuela de Moulkou, donde he pasado dos años muy felices en mi vida. En 1964 los Juegos Olímpicos tuvieron lugar en Tokio y también... en Moulkou donde era director... ¡se es deportista ahí donde no se lo es!
¿Qué hizo después del período de regencia?
Volví de nuevo a Roma para hacer teología, con la idea de volver a salir en misión, pero esta vez en América Latina, para conocer otra Iglesia. Pero los vínculos que se habían creado en el Chad y las peticiones de los colegas, que parecían haberme apreciado, hicieron que después de dos años, pidiera al P. General, quién me lo concedió, una "obediencia segura" para el Chad. Eso me permitió prepararme mejor para la misión. Iba por ejemplo a seguir los cursos de historia de las religiones y de antropología del P. Goetz a la Gregoriana. También seguí cursos de lingüística africana en Grenoble, de medicina tropical en Lille, y cursos sobre las cooperativas y el desarrollo comunitario a Antigonish en el Canadá. Todo eso me fue muy útil más tarde. Es para mí una convicción que: quién quiere ir a misiones debe prepararse.
¿Qué le ha quedado de su estancia en Roma?
Lo que retengo de mi formación en Roma es el medio internacional que también me preparó para la misión y la "gracia del concilio Vaticano II" que yo viví “in situ” y cuyos grandes documentos me alimentan aún hoy. Cito constantemente estos documentos en las reuniones, y los encuentros; para varios es un descubrimiento y una sorpresa, señal que el Concilio no penetró suficientemente en la vida de la Iglesia.
A continuación, ¿usted regresó al Chad?
Para mi vuelta al Chad en enero de 1970, había pedido a Mons. Dupont que no me sobrecargara de pastoral, desde el principio, para poder estudiar la lengua, iniciarme en los hábitos de la vida de la gente y en el descubrimiento del medio ambiente, en general. Por mi cabeza, pasaba la idea de la misión que hiciera nacer una Iglesia más adaptada al medio, más africano. Mons. Dupont accedió a mi petición y fue una elección juiciosa que se comprobó más tarde.
¿Qué impresiones guarda de los primeros años en el Chad?
Lo que conservo de estos primeros años de trabajo con pequeñas comunidades, es haber descubierto el Evangelio junto con la gente. No era el misionero que se colocaba arriba y que sabía todo, sino que comprendía mejor el Evangelio a través de la recepción que hacía a través de la gente. Escuchaba el Evangelio con sus orejas, lo decía con su boca... El Evangelio acogido y dicho en otra lengua se enriquece; la Palabra de Dios crece con los que la acogen y la profesan. Me acuerdo aún de la Pasión relatada completamente de memoria por un Massa (aborigen chadiano) el Viernes Santo; a la noche era más bien impresionante, me venían escalofríos; es otra cosa leer la Pasión desde el leccionario.
Por otra parte, es a partir de esa fecha que se inicia una experiencia, que comenzó en la diócesis de Pala y que sigue aún hoy: la transmisión oral del Evangelio.
¿Convérsenos de esta transmisión oral del Evangelio?
Con respecto a la Biblia, no hablo nunca de texto o lectura, sino de "Palabra"... porque la Biblia es una Palabra esencialmente, la Palabra. Hasta lo señalaba un día al Cardenal Martini cuando ha ido al Camerún. En la homilía, constantemente había hablado de "leer"... de "textos"... de "lecturas". Le indiqué que el Evangelio es una Palabra sobre todo que se proclama y que se escucha; entonces me dijo: ¡"Ah! No había reparado en ello. "
En las liturgias hoy aún, insisto para que el Evangelio sea proclamado y no leído. Nuestras catequesis en el Chad comienzan siempre por un texto bíblico extraído de los Evangelios, o de los Hechos de los Apóstoles o de las palabras del Antiguo Testamento. Se pide a los Catequistas que se los cuenten a los catecúmenos y a los bautizados. Los trozos se deben memorizar para poder decirlos después.
¿Cuáles fueron sus sentimientos cuando fue nombrado obispo?
Después de solamente siete años en Guelengdeng... me vino en cima el episcopado. Me sentía muy joven para hacer frente a esta responsabilidad; debía por ejemplo colaborar con sacerdotes que en su mayoría eran más mayores que yo. Cuando me han nombrado obispo, una mujer massa incluso dijo: "Pero hoy, los toman del seno materno... "
¿Y cuáles eran sus sueños?
No tenía sueños, pero un gran deseo de poner todo mi corazón en esta misión, en la colaboración con todos: sacerdotes, hermanas, laicos etc. Creo poder afirmar que la Iglesia de Pala siempre ha sido reconocida por esta fraternidad y esta colaboración que permanece incluso después de muchos años. Es lo que por otra parte me ha permitido resistir hasta hoy, durante 28 años y medio, desde el 26 de febrero de 1977.
¿Hoy qué retos encuentra la Iglesia?
Puedo hablar por la Iglesia de Pala. Un reto es construir una verdadera Iglesia local. Es fácil decirlo, ¿pero cuáles son las condiciones, para que eso lo sea realmente? Una Iglesia local debe componerse de comunidades vivas. Debe ser capaz de resolver cada vez más sus necesidades, tanto para los ministerios y responsabilidades en las comunidades, como para asumir las necesidades materiales. Las dos cartas pastorales que escribí en 2001 y en 2004 se titulan: "Los cristianos de 2001 nos asumimos" y "Construir una Iglesia adulta y responsable".
A continuación, como lo dijo el Concilio Vaticano II: la Iglesia no existe para sí misma sino para dar prueba del Evangelio en el mundo, este es un segundo reto. Que las comunidades sean capaces de dar prueba del Evangelio y de hacer nacer un mundo diferente. Para nosotros, en el Chad hoy, eso se refiere en particular al trabajo, y al desarrollo, por la Justicia y la Paz. Creamos Comisiones de Justicia y Paz en todos los niveles: local, diocesano y nacional. Hay tanta ignorancia, injusticia, corrupción, y conflictos... ¿No es la tarea de los cristianos luchar contra estos males? La Iglesia debe ser absolutamente más profética, si no, no responde a su misión. Pero es una constatación que cada vez más cristianos se comprometen a luchar contra los males que aplastan a la sociedad.
Un grande reto que se añade a todo eso es el SIDA. La Iglesia siempre ha tenido dispensarios pero ahora, para hacer frente a la pandemia del SIDA, debemos emprender nuevos medios. Toda la Iglesia del Chad está actualmente en reflexión para comprometerse aún más en esta lucha contra el SIDA.
¿Y el país?
Acabo de leer en el estudio "Joven África Inteligente" que la parte del mundo que se clava siempre más en la pobreza es la África subsahariana y el Chad no es la excepción. El Chad se encuentra en primera fila entre 177 países, por lo que se refiere a la clasificación para el desarrollo humano. La regresión de nuestros países se debe al mal gobierno y a la mala gestión, pero también desgraciadamente a la organización injusta del mundo, en particular del comercio internacional. La ONU decidió reducir la pobreza en el mundo a la mitad, de aquí al 2015, pero nadie cree realmente en estas "decisiones"... y eso seguirá siendo cierto mientras no se tendrá la voluntad política y el valor de combatir la verdadera causa de la pobreza, que es la injusticia institucionalizada. Un único ejemplo: las subvenciones a la agricultura en Norteamérica y Europa son muy superiores a toda la ayuda internacional a estos países y además que hacen caer los precios a escala mundial. El algodón es un ejemplo escandaloso...
Obispo, ¿un oficio apasionante?
Sí, pero que a menudo es pesado sobrellevar. Veo que actualmente en nuestros países se espera siempre más de la Iglesia y en consecuencia de los Pastores de esta Iglesia; es bonito, eso muestra la credibilidad que puede tener la Iglesia, pero es también una carga cada vez más pesada. A pesar de la situación, a menudo catastrófica, de nuestro continente, observamos a continuación, la certeza que llama a nuestros pueblos a otro tipo de existencia. Es lo que nos revela nuestra fe cristiana y es lo que compartimos en nuestras comunidades. Estoy convencido de que si no hubiera habido Iglesia en el Chad la situación sería aún diferentemente catastrófica. La Iglesia desempeñó y debe representar un papel muy importante, para favorecer por ejemplo las relaciones interétnicas e interreligiosas, a menudo fuentes de conflictos. Estar allí, ser con, ser para... una pasión en el doble sentido de la palabra."
Entrevista realizada por Jean-Pierre CALOZ, OMI
Entrevista con Mons. Gerardo Wiesner, OMI
Obispo de Prince George, BC
Canadá
Era el 26 de octubre de 2005; en Roma, el Sínodo sobre la Eucaristía acababa de terminar, el momento nos pareció conveniente para entretenernos con un participante en él, Mons. Gerardo WIESNER, OMI, de la diócesis de Príncipe Jorge, Columbia Británica, Canadá. Mons. Wiesner era uno de los cuatro obispos oblatos presentes.
Los otros tres eran el Arzobispo Liborio NASHENDA de Windhoek, Namibia ; Mons. Eduardo RISI de Keimoes-Upington, Sudáfrica; y Mons. Pedro Antonio PAULO de Puerto de la Paz, Haití.
Mons. Wiesner nació a Macklin, Saskatchewan, en 1937. Se ordenó sacerdote en los Oblatos de María Inmaculada el 23 de febrero de 1963. De 1964 a 1972, fue profesor de Teología en el Escolasticado San Carlos, Battleford, Saskatchewan. Durante este tiempo- también, allí formaba parte del equipo de los formadores en la comunidad oblata, ministerio que siguió aún, cuando en 1972 el escolasticado se transfirió a Edmonton, Alberta. De 1984 a 1990, fue Provincial de la Provincia de Santa María. De 1972 a 1984 y otra vez de 1991 a 1992 él enseñó la teología en “Newman Theological College”. En 1992 pasó a ser, por poco tiempo, Presidente provisional del Colegio, hasta su nombramiento episcopal. El 22 de febrero de 1993, fue ordenado como obispo de la diócesis de Príncipe George.
Monseñor, ¿A usted lo eligieron sus colegas obispos para el Sínodo, o fue nombrado por el Papa?
Fui elegido por la Conferencia Episcopal del Canadá durante la sesión plenaria de 2004. Esta sesión eligió a cuatro obispos: dos de la parte francófona y dos de la parte anglófona del país.
En un determinado momento fue Presidente de la Conferencia episcopal, ¿no es cierto?
Sí, lo fui.
Eso fue seguramente una experiencia interesante.
Sí. Fui vicepresidente durante dos años y presidente, otros dos años. Es un servicio que alguien debe hacer, del cual se pueden seguramente extraer beneficios. Como Presidente tuve una serie de experiencias por las cuales sigo estando agradecido. Aún no se lo dije, pero durante el Sínodo, nuestro pequeño grupo lingüístico, donde me parece, éramos unos treinta, nos entrevistamos con el Papa. Me encontraba en final de fila. Los cardenales y los arzobispos lo habían encontrado primero; luego ante mí había un obispo del Caribe y otro de África. Por último, iba a presentarme, cuando me precedió: “Mons. Wiesner, usted es del Canadá; tenía la costumbre de visitar a la oficina de la Conferencia.” Hacía cinco años, precisamente cuando era presidente. De una manera o de otra el se acordaba. ¡Extraordinario!
¿Cuál es su impresión de este Sínodo?
Seguramente, una de las cosas que más me ha tocado fue la excelente experiencia de la colegialidad: Estar juntos como obispos, viniendo del mundo entero. Añadiría que fue también una gran experiencia de Iglesia. Anteriormente, había participado en el Sínodo de América, que fue también una buena experiencia; como alguien lo dijo: ¡"Fue necesario venir a en Roma para entender finalmente América!" Lo que es verdadero de muchas maneras.
Y con todo, este Sínodo fue muy diferente, más universal. Les doy un ejemplo. En nuestro grupito de debate, alguien había pedido hacer algo en el abrazo de la paz durante la Eucaristía... demasiado ruidoso, antes de la Comunión... irrespetuoso... demasiado intercambios a la vez; entonces un obispo del Sudán dijo: "Nuestro país conoce la guerra desde hace 14 años. El único momento en que la gente puede hacer una determinada experiencia de paz, de alegría, y de bondad, es en la Misa. Nuestro pueblo es concluyente y le gusta expresar la alegría que celebra.” Saben, al escucharlos me dije: "La señal de la paz en Sudán es mayor que en el Canadá." Sólo un pequeño ejemplo, portador sin embargo de la gran experiencia de la Iglesia. Encontré eso extraordinario. Por supuesto, ya tenía cierta conciencia, pero cuando se escucha la vida concreta, la práctica, eso marca una gran diferencia.
Durante el Sínodo, tomé notas, escribiendo simplemente los títulos de las distintas intervenciones. Es interesante observar que varias cosas se encuentran en distintos países. Pero hay también cosas que hacen detenerse y reflexionar. Tal manera de hacer asombra, pero al escuchar atentamente el relato de los interesados, se puede captar de dónde vienen.
Será interesante ver lo que el Santo Padre va a hacer con las propuestas del Sínodo. Sólo que no estoy seguro que en este Sínodo haya sucedido nada de extraordinariamente nuevo. La mirada fue nueva, una mirada más profunda sobre la vida eucarística de la Iglesia. Era uno de los objetivos del Sínodo y lo alcanzamos. Vuelvo a entrar en casa con una experiencia renovada y profunda de la Eucaristía que querría compartir con la gente de mi diócesis.
En el corazón mismo de la variedad de las situaciones y experiencias se afirmaba la unidad de la vida eucarística de la Iglesia. En cada situación, se tiene la impresión que la Eucaristía alcanza básicamente las mismas realidades. Queda claro: está en el centro de la vida de la Iglesia.
¿Y para usted hay algo que realmente salió de lo ordinario?
La primera cosa que me tocó, como lo dije, es la colegialidad. Estaba en un grupo de lengua inglesa donde 25 tenían derecho a voto. En este grupo, los Occidentales éramos cinco. Esto dice algo sobre la Iglesia. Sentado y observando en torno a mi, me di cuenta de la presencia de los otros ritos, en particular Orientales. Es para mi un punto luminoso, y una invitación que debe profundizarse en la riqueza de la vida eucarística de la Iglesia. Son las dos cosas más bonitas que llevaré conmigo.
... ¿y algo que habría deseado y que no pasó?
¡Bien! Hay seguramente un número de cosas que habríamos podido proponer al debate, pero eso no tuvo lugar. Entre otras cosas, la imposibilidad de poder garantizar la Eucaristía a todo el mundo... hablo de la falta de los ministros ordenados. Eso se mencionó en algunas ocasiones, pero hubiera deseado una mayor apertura. Seguramente no hubiéramos resuelto el problema, pero al menos habríamos planteado algunas cuestiones. Por lo que se refiere a este punto, el Sínodo reafirmó mucho el vínculo casi esencial entre el sacerdocio y el celibato.
De igual modo, la posibilidad de ordenar
"viri probati", es decir, hombres catequistas u otros responsables, a los que se han probado, teniendo realmente cuidado de las personas, en zonas marginales, dónde es realmente difícil encontrar sacerdotes para celebrar la Eucaristía, esta posibilidad - decía - no avanzó.
Pensaba, y esperaba que pudiéramos decir: “Eso puede discutirse; se podría pensar”. Pero, no llegamos a eso. No sé si las posiciones en pro y contra fueran cada una de un 50%. Quizá no, pero estaban muy cerca. Una noche, un cardenal habló "proféticamente", diciendo que representábamos a los obispos de la Iglesia, pero que tendríamos que escuchar el Espíritu que habla en la Iglesia. Pues si se trata de hacer la Eucaristía más presente por todas partes, parece que no hemos sido capaces de avanzar. Diría que las propuestas presentadas eran más bien tradicionales.
Otro argumento que volvió de nuevo en sucesivas ocasiones, fue el de las personas que no pueden participar plenamente en la Eucaristía, en particular, los divorciados casados de nuevo. Aquí aún hubo muchos debates, esperaba que pudiéramos mirar este problema de más cerca, para explorar los caminos posibles para una mejor acogida de estas personas.
Me acuerdo, durante una de mis visitas hace algunos años, haber discutido con un cardenal que era Prefecto de una Congregación. Hablamos de este tema. Era realmente un Pastor, ya que había sido obispo de una diócesis. Decía: "Debemos encontrar una solución pastoral para estas personas." Sabe, hay algunos a los que esto no les preocupa, pero hay otros que, a pesar de su casamiento, querrían participar plenamente en la Eucaristía y no pueden, impedidos por la situación en la cual se encuentran, debido a un conjunto de razones.
En la prolongación de esta reflexión, apareció la poligamia; lo que era nuevo para mí, tras respetar el matrimonio. Una serie de obispos africanos plantearon esta cuestión: ¿Qué se debe hacer en estos casos? ¿Cómo podemos encontrar una solución? ¿Cómo podemos invitar a los polígamos a iniciarse plenamente en la Eucaristía? Uno de estos obispos dijo haber nacido en una familia polígama, dónde su padre tenía tres mujeres. Su padre que se convirtió al cristianismo, durante su iniciación en la Iglesia, debió abandonar a dos mujeres. Así el futuro obispo, con sus dos hermanas y su madre fueron despedidos. El obispo lloraba contando esta historia. Y eso ocurre muchas veces en la Iglesia africana.
Hay aquí dos aspectos pastorales con los cuales habríamos debido enfrentarnos aún más, sin poder quizá resolverlos.
¿Qué es lo que piensa llevar consigo al Canadá? Conociendo a su gente como los conoce, ¿Qué querrán escuchar de su parte?
Diría una cosa que ya mencioné más arriba: el llamado a que debe profundizarse el aprecio de la Eucaristía. Durante el año de la Eucaristía, intentamos hacer reflexionar a nuestra gente para entrar más profundamente en este misterio. Para eso produjimos 4 vídeos con el fin de suscitar el debate en toda la diócesis. Pienso, no obstante, que hicimos muy poco en el sentido de una verdadera renovación. Esta es pues una cosa que llevaré conmigo para... para animar a la gente. Además nosotros, en el Canadá, tenemos un activo suplementario, ya que preparamos el Congreso Eucarístico Internacional de 2008, en Québec. Vamos a recordarlo constantemente y así toda la nación podrá prepararse a este acontecimiento.
¿Ha hecho una contribución personal al Sínodo?
Mi propia intervención en el Sínodo se refería a una llamada para una mayor participación de los fieles en la Eucaristía. El Vaticano II habló muy claramente de una participación plena, consciente y activa. Era el primer objetivo de reforma litúrgica. Pienso que no llegamos aún ahí. Muchos van a la misa sin tener una idea precisa de que se trata. Tampoco tienen conciencia de ser llamados, a participar en la Eucaristía, en virtud de su bautismo. Si no me equivoco, los documentos del Concilio Vaticano II hablan, en cuatro lugares, del pueblo de los bautizados que ofrece el Santo Sacrificio al Padre, en la Eucaristía. Pienso que el 90% de los bautizados no se dan cuenta que, en virtud del sacerdocio bautismal, son capaces de ofrecer este Santo Sacrificio al Padre.
Otra cosa se impuso durante el Sínodo: la llamada a una vida eucarística para los laicos, en lo ordinario de la vida diaria. Vinculado con este aspecto es la misión, tal como se desprende de la Eucaristía. En efecto, una de las propuestas sugiere traducir mejor, en un nuevo rito de conclusión de la celebración, nuestra misión, como resultante de la participación en la Eucaristía. Pues no decir "vayan simplemente en paz", sino expresar mejor el latín del
"Ite missa est". Debemos ir para ser Eucaristía... la misión está siempre allí, pero no se expresa bien, no se comprende bien. Es pues algo que hay que trabajar. En este mismo sentido, ¿Por qué no organizar también misiones parroquiales referentes a la Eucaristía?
Entrevista realizada por James ALLEN, OMI
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