La inspiración de un nuevo santo
Los Oblatos y la familia espiritual de San Eugenio de Mazenod, ¿Cómo hemos vivido nuestra relación con el nuevo santo, durante estos últimos diez años?
Conferencia dada en Aix, 3 de diciembre de 2005
P. Guillermo Steckling, OMI Superior General
Señoras y Señores, queridos Oblatos,
Nos reunimos en este lugar para celebrar un aniversario. Hace exactamente 10 años que el Papa Juan- Pablo II declaró solemnemente ante de la Iglesia y el mundo entero que Eugenio de Mazenod, hijo de la ciudad de Aix, fundador de los Oblatos de María Inmaculada y obispo de Marsella, debía en adelante considerarse como santo.
Antes de entrar en mi tema que es: “La inspiración de un nuevo santo” desarrollaré, cómo nosotros los Oblatos y la familia espiritual de San Eugenio de Mazenod, vivió nuestra relación con el nuevo santo, durante estos últimos diez años. Quisiera hacer dos observaciones preliminares,
a) En primer lugar, quisiera destacar cómo, independientemente de la ceremonia presidida por el Papa, en la basílica de San Pedro, Eugenio ya había sido canonizado, hasta cierto punto, por muchos simples ciudadanos que creían. Tomo dos ejemplos.
(1) Alguien me envía la fotografía de una ferviente devota de San Eugenio, en Paraguay. Paraguay es el país donde trabajé como misionero antes de venir en Roma. Esta mujer había hecho una promesa a nuestro santo, como se dice por esos lados, y en agradecimiento por la gracia obtenida, un 21 de mayo, se vistió con una sotana episcopal, exactamente como san Eugenio, tal como se representaba en una imagen popular.
(2) Otro ejemplo de personas que se habían anticipado a la declaración papal sobre la santidad de Eugenio, nos llega de un grupo de oración, en México. Son aquellos quienes obtendrían de Dios, por la intercesión de Eugenio de Mazenod, la curación de una persona llamada Jesús Hernández. Comúnmente hoy lo llamamos “el hombre del milagro”. Estaba presente hace diez años en la canonización, y lo vi aún con buena salud, en diciembre pasado, en mi visita a Ciudad de México.
Esto me lleva a la siguiente observación: Se me pidió decir cómo los Oblatos estuvimos inspirados por la figura de Eugenio de Mazenod durante los últimos diez años, pero es necesario añadir inmediatamente, que no somos solo los únicos en dejarnos inspirar por este nuevo santo. Personalmente reconozco que me he asombrado varias veces, por la confianza en San Eugenio, que encontré en laicos, en personas consagradas, y eso me impulsó a reflexionar más seriamente sobre la vida de nuestro Fundador y a estudiar su biografía con más detalle.
b) Segunda consideración es: ¿Qué es una canonización? ¿Cuál es su efecto? En mi opinión tal declaración de santidad no constituye una clase de promoción en el cielo. Al contrario, el cristiano honra así de modo que, la persona sigue siendo lo que era antes, y para ser reconocido como santo, ya debe haberlo sido cuando estaba aún en vida. Cuando se habla de canonizaciones es importante considerar, que los santos también conocieron limitaciones y faltas, que una ceremonia en la Basílica San Pedro no borra. No, la canonización no cambió a nuestro Eugenio, los méritos y también el carácter difícil muy conocidos, no pueden hacer que cambie nuestra relación con él. Sabiendo ahora con certeza, debido a la declaración del Papa, que encontró la misericordia de Dios, podemos en adelante observarlo con otros ojos. Su calidad de cristiano que se reconoce oficialmente, nos anima a buscar el oro precioso de su santidad, aunque sea bajo el polvo de algunas miserias humanas, sombras de una enorme personalidad. Para los creyentes, un santo es el que refleja la transparencia la vida divina y la canonización nos hace reconocer que esta vida de Dios, realmente existió en esta persona. En esta fiesta de aniversario, miremos pues de nuevo hacia la persona, la vida y las obras de Eugenio de las cuales el P. Dullier ya nos ha hablado tan bien.
A través de algunas notas, quiero dar prueba de los cambios que la canonización de nuestro Fundador efectuó, no en San Eugenio sino en nosotros los Oblatos. Durante 10 años ya aprendimos a verlo como un santo. Encuentro que este fue un tiempo maravilloso que vivimos, en vínculo, naturalmente con la vida diaria que siguió su curso. Por mi parte, he vivido estos 10 años enteramente en Roma, donde pude asistir a la canonización, y durante siete años, pude observar los efectos de este acontecimiento desde el punto de vista del Superior General, es desde el punto de vista de alguien que visita o al menos está constantemente en contacto con los Oblatos en los 67 países donde estamos presentes. Aunque hablaré sobre todo de nuestra Congregación, fundada al convento del Carmelitas, en el tope del Paseo Mirabeau y que hoy cuenta con 4,400 miembros, mencionaré también los laicos y otras Congregaciones e Institutos que encontraron inspiración en San Eugenio.
¿Cómo es que nosotros, los Oblatos y la familia espiritual de Eugenio de Mazenod, hemos vivido la relación con él en los diez últimos años? ¿Cómo es que nos hemos dejado inspirar por el nuevo santo? Esto es lo que desarrollaré ahora.
1. El acontecimiento del 3 de diciembre de 1995 Conviene en primer lugar hacer memoria del día de la canonización. La mañana del 3 de diciembre de 1995, me encontraba con Mons. Marcelo Zago, entonces Superior General, en el pasillo de la casa general. Me saludó, lleno de alegría, y exclamó: “he aquí el día que hizo el Señor “. Era el 1 er domingo de Advenimiento. Algunas horas más tarde, íbamos todos la Eucaristía, en la Basílica San Pedro. Eugenio de Mazenod era el único que sería canonizado aquel día; su imagen estaba lista y desenrollada sobre la fachada. La inmensa basílica estaba llena con 12.000 personas. A continuación, hizo su entrada el Papa Juan Pablo II y los concelebrantes. La Iglesia universal, a través del Papa, se concentró, durante algunas horas, sobre una única preocupación: declarar del mundo entero, que Eugenio realmente había sido un hombre de Dios.
En su homilía el Papa llamó Eugenio “un hombre del Adviento”. Decía (cito): “El bienaventurado Eugenio de Mazenod, que la Iglesia declara hoy a santo, fue un hombre del Adviento, un hombre de la Llegada ”. Y precisaba lo que eso quería decir: Eugenio de Mazenod “no volvió solo su mirada hacia esta Llegada, sino como Obispo y Fundador de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada, consagró toda su vida a prepararla. Su espera alcanzó la intensidad del heroísmo, y se caracterizó por un grado heroico de fe, esperanza y caridad apostólica.” El Papa añadía aún: “Eugenio de Mazenod fue uno de estos apóstoles que prepararon los tiempos modernos, nuestro tiempo. “... se podría interpretar eso en el sentido que nuestro santo fue un hombre del Adviento,” también como visionario, un visionario que anticipaba el futuro, por ejemplo en la organización de su diócesis o en algunas cartas pastorales, que ya tienen el sabor del Vaticano II, y sobre todo en su opción por los pobres. “Eugenio de Mazenod fue uno de estos apóstoles que prepararon el tiempo moderno, nuestro tiempo. “
La ceremonia estuvo precedida por una vigilia para juventud, en la gran sala Pablo VI en el Vaticano, y que prosiguió, al día siguiente, con la misa de acción de gracias, en la Basílica de San Pablo. Había 900 oblatos que participaron, un quinto de la Congregación ; había también más de 300 miembros de la familia natural de De Mazenod y de Boisgelin, la familia de su hermana. Se vivían todas las festividades en una gran alegría, que se transmitía a todo el mundo. A la salida de San Pedro un colega holandés, en dónde con todo, no tenemos muchos jóvenes, me hablaba con entusiasmo. Decía: “Eso fue una bonita celebración, y en ningún caso un funeral. “
Quizá vivimos este acontecimiento con tal alegría porque lo habíamos esperado mucho tiempo. Veinte años ya habían pasado, desde la beatificación, y 50 años de investigaciones históricas. Uno de nuestros expertos, el P. Yvon Beaudouin, que por mucho tiempo trabajó en las causas de los santos, dijo que de todos los procesos que conocía, fue el más difícil. Había dificultades debido a la personalidad muy fuerte de San Eugenio y también debido al volumen enorme de su correspondencia. Finalmente se sobrepasaron todos los obstáculos; lo sabemos ahora: a pesar de todo, Carlos José Eugenio de Mazenod era un santo.
De paso menciono también que se vivió un “año mazenodiano” en la Congregación como preparación inmediata al acontecimiento. Eso contribuyó mucho, a que la canonización no cayese en el vacío. Hay siempre críticas: ¿Eran realmente necesarios estos 50 años de investigaciones históricas? ¿Todo eso no costó demasiado caro? ¿Es que, ocupándose así, no se sustraían las energías con que los misioneros debían servir a los pobres? Las respuestas no faltan; la teología afirma que los carismas de Dios siempre se nos transmiten a través de personas concretas, sobre todo los santos. Sin embargo, la mejor respuesta a las críticas se encuentra en los frutos, que la canonización de Eugenio de Mazenod produjo en muchos ámbitos y por todas partes en el mundo. Basta con observar estos frutos para convencerse de que todo este esfuerzo valía la pena, y todo ha sido bien pagado.
Enumeraré los efectos y los frutos de este acontecimiento durante estos 10 años en dos etapas. En la primera, pondré de relieve a las personas o a los grupos que se dejaron inspirar por este acontecimiento; en el segundo, hablaré de los efectos sobre la misión de la Congregación, fundada por nuestro santo.
2. Personas y grupos que fueron inspirados por este acontecimiento Hubo desde siempre personas que se dejaron inspirar por San Eugenio. Por esta razón se dio su nombre a instituciones, incluso antes de su acceso al honor de los altares, por ejemplo: el “Centro de Mazenod “ en Lesotho, las dos escuelas secundarias de Mazenod en Australia y varios otros. Pero es necesario también reconocer que en el pasado, su inspiración carecía de vigor. En varias lenguas, se carecía de buenas publicaciones; reconozco que yo mismo, alemán, durante mi formación no conocí demasiado el pensamiento de Eugenio. Después del beatificación y con más fuerza aún, tras la canonización, eso cambió. Los dos Superiores Generales vinculados a estos acontecimientos fueron personalmente grandes testigos de nuestro santo. Hablaban y escribían sobre él y buscaban medios para hacerlo conocer.
Debo mencionar aquí en primer lugar al P. Fernando Jetté, Superior General de 1974 a 1986, quién para mí, estuvo entre los primeros que me inspiraron con el espíritu de San Eugenio. Una de las cosas importantes que hizo es enviar como mensajero en casi todas las provincias de la Congregación al P. Juan Drouart, un francés multilingüe,. En los años 70 y 80 para varios Oblatos, este era el primer contacto con alguien que conocía bien y amaba mucho a su Fundador. Tengo la impresión que fue el último testigo importante de la tradición oral, que seguía estando aún viva desde el tiempo de Eugenio. El p. Jetté condensó este despertar del carisma oblato en la nueva edición de las Constituciones y Reglas, aprobadas mediante el Capítulo general de 1980. Su comentario a esta Regla lleva el título “Oblato de María Inmaculada, hombre apostólico “, y con estas palabras pinta todo un retrato de San Eugenio. El P. Jetté (op cit. 29) cita al Fundador: “Se convencieron de que, si se podían formar sacerdotes llenos de celo, satisfechos, firmemente virtuosos, hombres apostólicos en una palabra...” y añade: “Fue el sueño del Fundador.” En conclusión vuelve sobre este tema con otra cita: “queremos elegir hombres que tengan la voluntad y el valor de caminar sobre los pasos de los Apóstoles” y explica: “Es lo que afirmaba Eugenio de Mazenod en su primera carta al padre Tempier, el 9 de octubre de 1815.” (op cit. 537) Eugenio, hombre apostólico, es el título que le dio el P. Jetté.
Si el p. Jetté fue el Superior General de la beatificación y las nuevas Constituciones y Reglas, el padre Zago, quien fue más tarde arzobispo, fue el Superior General de la canonización. Antes que el mismo supiera que tendría lugar, puso a la Congregación sobre la pista del descubrimiento de sus propios orígenes. El Centro Internacional de Mazenod aquí en Aix, en el Paseo Mirabeau, es la expresión principal. Desde 1990, prácticamente cada año hubo dos, o incluso tres sesiones de tres meses, llamadas “Experiencia de Mazenod”, expresión elegida por su primer arquitecto, el Oblato norteamericano p. Santiago Sullivan. Estas sesiones permitieron a 400, o incluso a 500 Oblatos residir tres meses en Aix (o en Nuestra Señora de Lumières para el mes de retiro) para nada sino más que experimentar el carisma y a la personalidad de nuestro santo Fundador. Y si el P. Juan Drouart fue, en el tiempo del P. Jetté, el gran animador ambulante en este ámbito; En el tiempo del p. Zago, el p. René Motte fue este hombre providencial, aquí en Aix, en donde esta actualmente retirado, vive aún en esta ciudad.
Todo eso ya pasaba antes de 1995. Pero, fue solamente con la canonización que el dinamismo en torno a Eugenio de Mazenod alcanzó toda su amplitud. A pesar del entusiasmo de Jetté y Zago, Drouart y Motte, la mayoría de los Oblatos habían permanecido más bien reservados. Eso cambia en 1995. Se le da mayor publicidad. Se exponen grandes imágenes del nuevo santo por todas partes, los templos recién construidos reciben su nombre y se multiplican.
Sería necesario mencionar aquí los numerosos estudios y publicaciones de estos últimos diez años. Sin presentarles toda una bibliografía indico la edición completa de los escritos de Eugenio, en 22 volúmenes y traducidos en inglés, español y otras lenguas; varias nuevas biografías se realizaron, el voluminoso “Diccionario de Valores Oblatos”, publicado en cuatro lenguas, y el primer volumen de un importante Diccionario Histórico. Varias personas escribieron tesis de licencia y doctorado sobre el gran misionero de Provenza y obispo de Marsella. Algunos estudios más cortos tuvieron un gran efecto, conduciéndonos a la meditación o clarificando elementos sobre la visión de San Eugenio. Existe una Asociación de Estudios e Investigaciones Oblatas que ya organizó importantes congresos, produjo numerosas publicaciones y que prepara ahora una gran reunión para 2006 en Alemania.
Todo eso ayudó a los Oblatos a reconocer aún más sus raíces. Recuperamos nuestra identidad allí donde había confusión. Encontramos un lugar más definido en la Iglesia. Un punto particular, que tras la canonización se nos ha clarificado, es el carácter comunitario de nuestra fundación: una investigación seria mostró que Eugenio nos quería en comunidad, apóstoles que siempre parten y regresan a la comunidad. Esta dimensión comunitaria se expresa también por una forma de plegaria que nuestro fundador nos dejó como herencia y que llamaba “la oración”. Inspirado por su formación en San Sulpicio, dio a estas preces silenciosas y que prolongó de hecho en la presencia del Santísimo Sacramento, el sentido de una cita espiritual entre los misioneros en presencia de Jesús, incluyendo de manera especial a los ausentes o aquellos que trabajaban en otros continentes.
Entre las personas y los grupos que se inspiran en el Fundador: no están solo los Oblatos de María Inmaculada. Siempre hemos tenido contacto con numerosos laicos que apoyaban nuestra misión. Pero durante los diez últimos años sobre todo, se multiplicaron los nuevos grupos de los Laicos asociados, cristianos que quieren compartir el espíritu de San Eugenio y llegar a ser misioneros por su ejemplo. El movimiento está muy presente en Francia y además existe en todos los continentes. Tras la canonización, una representación de estos Laicos asociados se reunió aquí en Aix para dejarse inspirar por San Eugenio y para formular el objetivo esencial de su movimiento. A continuación, algunos estuvieron presentes al principio de nuestro Capítulo general de 1998; era la primera vez que eso se hacía. Esto golpeó mucho a los Oblatos cuando los oían decir: “su carisma nos hace vivir”... “somos Oblatos nosotros también”.
Es necesario, del mismo modo, mencionar a otras Congregaciones e Institutos, aparte de los Oblatos, quiénes están en contacto con Eugenio de Mazenod. Existe una cuarentena. Dos veces los Responsables generales o Generales de estos Institutos se han encontrado. La última vez, en 2004, éramos dieciséis representantes y eso pasaba en nuestro Centro del Paseo Mirabeau. Todos consideran la vida y el pensamiento de De Mazenod como que forma parte de su herencia. Hay Institutos con más de mil de miembros y otros en fase de extinción; algunos se remontan a los tiempos de San Eugenio, en cambio otros nacieron muy recientemente, como estas cinco nuevas fundaciones, tres en la India, en el Paraguay y en España. Por el contacto con estos grupos nos damos cuenta que la fuerza espiritual de un santo nos sobrepasa; es realmente un gran regalo que recibimos de lo alto, y que llevamos, por supuesto, en vasos de arcilla, pero cuán precioso es y de una fuerza que asombra siempre y nos lleva a nuevas sorpresas.
3. Efectos sobre la misión de los oblatos Los frutos de la canonización van más allá de las devociones personales o la vida espiritual dentro de algunos grupos. Más que eso, se puede constatar un efecto sobre el pensamiento y práctica misionera de los hijos e hijas de San Eugenio. ¿Qué efecto tuvo la canonización en la misión de los Oblatos?
Cada seis años los Misioneros Oblatos de María Inmaculada tienen su Capítulo general, una especie de Parlamento, dónde un centenar de miembros representan democráticamente a toda la Congregación. Es con estas bases que se puede tomar el pulso de nuestro impulso misionero. El Capítulo de 1992, antes de la canonización, había puesto de relieve el carácter comunitario de nuestra misión, con el tema “Testigos en comunidad apostólica”, buena expresión de la intuición de San Eugenio cuando fundó a los Oblatos en 1816. El primer capítulo después de la canonización, en 1998, concluía los 12 años de Gobierno del p. Marcelo Zago que en aquel momento era un ya arzobispo y secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos en el Vaticano. El tema, de “evangelizar a los pobres en el amanecer del tercer milenio”, hacía hincapié en la gran tarea misionera que espera siempre una respuesta eficaz de la Iglesia. Durante 12 años el p. Zago había fundado 13 nuevas misiones, en 13 nuevos países; menciono como ejemplo Venezuela y Cuba, Kenia y Angola, Ucrania y Turkmenistán. En este Capítulo se acogieron estas fundaciones con alegría y un impulso misionero renovado para ir, con una inmensa esperanza, al encuentro del tercer milenio. Se pudo palpar con la mano cuánto la canonización aumentaba el entusiasmo misionero de los Oblatos.
Eso llega mientras que la Congregación no está en una fase general de expansión. Nuestra presencia fue tradicionalmente muy fuerte en los países del Norte del planeta, sobre todo en el Canadá, ahora bien, en estos países nuestro número sigue disminuyendo. A pesar de eso, pudimos fundar estas 13 nuevas misiones, y durante mi mandato, las fundaciones siguieron aún: Rumania, Guinea-Bissau, Bielorrusia, y Vietnam.
Pero nuestra referencia más consciente a Eugenio de Mazenod, hizo también que se intentase ganar no solamente en extensión sino en fondo y en calidad. Ya mencioné varias veces la dimensión comunitaria de nuestra misión, forma parte de esta toma de conciencia de algunas opciones misioneras de Eugenio y nuestra voluntad de seguirlo. Eugenio había preferido a los más pobres y a los más abandonados, pues pretendimos estar más cercanos a estos grupos, o en los suburbios de Marsella, París o Estrasburgo, o en la Amazonia o entre los musulmanes de Filipinas. Hace un año, una nueva misión, con un equipo internacional comenzó en Birmingham, para establecer una presencia en el centro del mundo secularizado. Eugenio se había ocupado, aquí en Aix, de la juventud; por su inspiración encontramos, sobre todo en Europa, un nuevo impulso en la pastoral juvenil. Eugenio durante su vida ya, estableció su Congregación en los cuatro continentes, eso nos anima a que nos abramos a la colaboración internacional. Se podrían multiplicar los ejemplos en el mundo oblato. Para ir más allá de las iniciativas locales, toda la Congregación entró en un proceso de varios años, que llamamos una “Inmensa Esperanza”. Se trata de una evaluación de todos nuestros compromisos misioneros; ¿quizá hemos tomado posiciones demasiado cómodas? ¿Qué es lo que se deberíamos hacer, para anunciar con más fuerza, esta Inmensa Esperanza que es Cristo, allí, dónde eso es más necesario?
Espero que en los cinco próximos años que quedan de mi mandato como Superior General, la Congregación va a seguir por los caminos de esta autoevaluación y proyección misionera. Si debiera formular mi visión misionera, lo haría así: a) reforzar siempre más nuestra vida comunitaria y transformar nuestras comunidades haciéndolas más internacionales, b) a partir de eso, lanzarnos en la misión del diálogo que es una de las urgencias, descubiertas mediante nuestro último Capítulo general de 2004: diálogo con el mundo secular, diálogo interreligioso; una de las expresiones podría ser la presencia en China, c) anunciar explícitamente a Cristo allí donde se abren las puertas a esta posibilidad: en América Latina, África y los países del Este. Eso va a pedirnos mucha flexibilidad. El espíritu oblato consiste en la entrega de sí mismo, tal como San Eugenio la vivía.
De paso menciono que un impulso misionero similar, inspirado por el nuevo santo, se constata entre los Laicos asociados y los otros Institutos de la familia espiritual de Eugenio. Ya comienzan a hacer peregrinajes en Aix para inspirarse en aún más en este carisma que los hace vivir, y sus múltiples elecciones misioneras ya expresan su preferencia por los más pobres, por todas partes en el mundo.
Todo eso da a los y las que siguen San Eugenio un lugar más definido en la Iglesia, tanto local como universal. Quiero mencionar la contribución que hizo en este sentido mi antecesor, Mons. Marcelo Zago. Dos veces, este hijo distinguido de San Eugenio ocupó un puesto importante en la Curia romana; en primer lugar en lo que es hoy el Secretariado para el Diálogo Interreligioso y a continuación como secretario arzobispo de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Propaganda Fide. Su gran contribución a la Iglesia universal, la veo en la idea y la práctica del diálogo interreligioso. Fue él que organizó para el Papa el primer encuentro de oración de las religiones de Asia, en 1986, y fue uno de los principales redactores de varias secciones de la encíclica misionera “Redemptoris Missio”.
Por la voz del p. Zago, él mismo san Eugenio encontró una voz en la Iglesia. Me parece oír bajo algunas palabras de la encíclica misionera la voz de San. Eugenio que nos habla, por ejemplo en la sección sobre el diálogo: “El diálogo no es la consecuencia de una estrategia o de un interés, sino es una actividad que tiene sus motivaciones, sus exigencias y su dignidad propias: es exigido por el profundo respeto que se debe tener hacia todo lo que el Espíritu, que “sopla dónde quiere”, obra en el hombre. Gracias al diálogo, la Iglesia se propone descubrir las “semillas del Verbo”, los “destellos de la verdad que ilumina a todos los hombres”, semillas y destellos que se encuentran en las personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad. El diálogo está basado en la esperanza y la caridad, y dará resultado en el Espíritu. “(Red Miss 56)”
¿Esto, no tiene el sabor a Eugenio que visita las casas una por una, durante las misiones en Provenza? ¿O al obispo que iba a visitar a los enfermos en Marsella? San Eugenio o no, la mentalidad del diálogo ocupa un lugar importante en la misión de la Iglesia y los oblatos; siempre juntos al pueblo, con el ejemplo de nuestro santo, que nos anima a vivir según este espíritu.
A manera de conclusión les daré mi testimonio cómo San Eugenio pasó a ser para mí personalmente, una fuente continua de inspiración, sobre todo a partir de la canonización. Casi cada día estoy en contacto con sus escritos o invoco su intercesión. Quizá su canonización no habría tenido el mismo impacto hace 30 años. Creo que hoy, los Oblatos tenemos aún más necesidad de tener un santo que antes. La Congregación O.M.I. ya no tiene un centro bien definido, como antes, cuando eran los países del Norte que enviaban misioneros hacia el Sur del planeta. En la actualidad, el centro de gravedad se desplazó, o mejor dicho, nos convertimos en policéntricos. En esta situación, la única cosa que puede unir a la familia oblata es su Fundador; él es el centro como solo punto de referencia común. Esta es la razón por la que yo mismo busco, tanto inspiración como ayuda, en nuestro fundador. Y San Eugenio está como hecho a medida para desempeñar el papel de punto de referencia común en un mundo internacional. Un hombre de un gran corazón, “un corazón grande como el mundo”, según la expresión de otro obispo que lo caracterizaba así durante su vida, un hombre con sus faltas, hijo de una familia rota, un hombre que amaba a los pobres y arriesgaba su vida por ellos durante las epidemias, que amaba a la Iglesia misma, sufriendo de por debilidad, y sobre todo, un hombre lleno de Jesucristo, el Salvador; he aquí el santo que puede unificar a nuestra Congregación policéntrica y darle una nueva respiración en los cuatro ángulos del mundo. He aquí un santo que puede inspirarnos mucho en nuestra tarea de llevar la experiencia del Cristo Salvador sobre todo a los más pobres y a los abandonados. Aix puede estar orgullosa de su santo hijo.
Homilía en la Iglesia de la Magdalena
San Eugenio de Mazenod el Adviento de su vida
P. Guillermo Steckling, O.M.I., Superior general
Aix-en-Provence, 5 de diciembre, 2005
Celebramos el segundo domingo del Adviento. Un tiempo para abrir más aún nuestros corazones a Cristo. Su llegada merece y exige una preparación activa de nuestra parte. Juan Bautista nos dice hoy: “Preparen los caminos del Señor, enderecen sus senderos.”
En este domingo, los Misioneros Oblats de María Inmaculada vienen a esta iglesia por una circunstancia muy especial. Nuestro corazón está en fiesta, porque celebramos el 10º aniversario de la canonización de nuestro Fundador, San Eugenio de Mazenod. San Eugenio es uno de los hijos famosos de esta ciudad.
Venimos a este lugar porque para nosotros Oblats, para todos nosotros, esta iglesia de la Magdalena tiene un gran significado. Podríamos decir que es el testigo de Dios del Adviento en la vida de San Eugenio. Podría también convertirse en un símbolo de la llegada de Dios a nuestras vidas.
“Preparen los caminos del Señor, enderecen sus senderos “ ¿cómo se ha verificado esto aquí, en este mismo lugar, en la vida de nuestro santo?
¿Cómo este lugar santo, nos habla del misterio del Adviento, en particular en la vida de San Eugenio? Para avanzar en el espíritu de la presente temporada, les invito a considerar tres cosas aquí mismo: la fuente bautismal, el púlpito para predicar y finalmente la estatua de Nuestra Señora de la Gracia.
a) Dirijo pues mi mirada hacia la
pila bautismal. Allí se bautizó a Eugenio el 2 de agosto de 1782, inmediatamente después de su nacimiento. De hecho dio siempre a este aniversario más importancia que al de su nacimiento. El Bautismo, he aquí algo que Eugenio tiene en común con nosotros, es nuestro común nexo cristiano que siempre tuvo para él una gran importancia. Escribe en su Diario en 1809:
“Desde el feliz momento en que, regenerado en las aguas saludables del bautismo, fui elevado a la augusta dignidad de hijo de Dios, colmado de dones de mi Salvador, yo podría más bien contar los movimientos sucesivos y precipitados de mi respiración, que no el número de los inestimables beneficios que este adorable Maestro derramó sobre mí, a manos llenas.”
Reverenció siempre este día como el acontecimiento que le comunicó la vida de Dios. La Iglesia reconoció la santidad de Eugenio precisamente por eso, porque colocó la vida de Dios en el primer lugar en su existencia. La víspera de su ordenación sacerdotal, escribe estas palabras que resumen muy bien esta ambición:
“Complacerme en actuar para su gloria será mi preocupación diaria, la preocupación de cada momento de mi vida. Deseo no vivir más que para ti, no quiero sino amarte más que ti, y todo el resto es por ti y para ti. Pisoteo los honores; tú eres mi todo, tú remplazas a todo el resto. Mi Dios, mi amor y mi todo”. Más tarde, sus palabras, pero sobre todo sus actos, harán sin cesar eco a estos pensamientos.
Tras su bautismo, la Magdalena desempeñó el papel de un oasis, en el cual pudo crecer en la vida de Dios. Los acontecimientos son más bien dramáticos en la vida del joven Eugenio. La Revolución lo empuja a él y a su familia por las carreteras del exilio fuera de Francia, viviendo la dura condición de un emigrante. Sólo cuando tiene 20 años Eugenio puede volver de nuevo a su ciudad amada de Aix en Provenza. Vive con su madre en el N° 2 de la calle Papassaudi, a algunos minutos a pie de esta iglesia, que es su iglesia parroquial, dónde viene a rezar. Seguramente, durante sus años de discernimiento, habrá recibido muchas gracias en esta iglesia y eso le habrá llevado a comprender su vocación, luego a entrar al seminario con el fin de llegar a ser sacerdote.
b) Otro elemento que en esta iglesia habla de nuestro santo es el
púlpito. “Preparen los caminos del Señor, enderecen sus senderos”. Eugenio llevó a la práctica esta palabra cuando en 1812, regresa a Aix como joven sacerdote y elige no tomar una parroquia. Va más bien a alojar a la calle Papassaudi y se pone a disposición de todos los que no están unidos por las estructuras parroquiales. Todas las mañanas venía a pie desde la calle Papassaudi a esta iglesia para celebrar la misa a las 6.00 de la mañana. En este trayecto se dio cuenta, que las empleadas de casa, los obreros y tantos otros sólo hablaban provenzal y no comprendían francés. Se abandona a esta gente no solamente debido a la lengua, sino porque son despreciados por una buena parte de la sociedad de Aix. Por ello pronunció sus sermones de Cuaresma en Provenzal, temprano en la mañana, con el fin de hacerles tomar conciencia de quienes eran “a los ojos de Dios”. Me parece que oigo resonar ahora aún su voz bajo las bóvedas de esta iglesia, llena con los que son abandonados por la sociedad.
Su homilía pasa de manera magistral: ¿”Artesanos que son ustedes según el mundo?” Y repite esta pregunta: “Criados... agricultores... campesinos... pobres mendicantes que son a los ojos del mundo?”Todas las respuestas muestran cuánto el mundo desprecia a esta clase de gente, no considerándolos sino para que puedan ser explotados en su trabajo. A continuación sigue enseñándoles lo que él mismo aprendió por Dios:
“Hermanos míos, mis queridos hermanos, mis respetables hermanos, escúchenme. Ustedes son los hijos de Dios, los hermanos de Jesucristo, los coherederos de su Reino; son según la declaración de San Pedro, la nación santa, son reyes, son sacerdotes, son, hasta cierto punto, dioses... Que sus ojos taladren, de una vez, los harapos que les cubren. Hay en el interior de ustedes un alma inmortal, hecha a imagen de Dios, que está destinada a poseer un día; un alma redimida al precio de la sangre de Jesucristo, es lo más precioso ante Dios, mas que todas las riquezas de la tierra. “
Al cuchar este mensaje impresionante como resuena aun hoy en esta iglesia, mi mirada se dirige al confesonario y al tabernáculo y eso me recuerda que el objetivo de la predicación de Eugenio era conducir a sus auditores a encontrar el amor de Dios a través del sacramento de la reconciliación, aquí en esta iglesia y estar unidos al Señor Jesús en la intimidad de la Comunión.
Viniendo a celebrar la Misa todos los días en esta iglesia, pasaba delante de la cárcel y tomó conciencia de esta gente olvidada en sus celdas, y en particular condenados a muerte. Ofreció entonces sus servicios para llevarles a conocer el amor de Dios que él mismo experimentó en amplia medida en esta misma iglesia. También se dio cuenta cómo la Iglesia ya no era capaz de atraer a los jóvenes y de abrirlos al amor de Dios. Se sintió entonces inspirado para comenzar a trabajar con la juventud y emprendió una asociación de jóvenes que se convirtió en algo muy floreciente y contó hasta 300 miembros,
c) Pensando en este ministerio de Eugenio con los jóvenes volvemos nuestra mirada hacia la
estatua de María, Nuestra Señora de la Gracia, tan amada por ustedes, habitantes de Aix. En 1814, Eugenio ejercía su ministerio junto a los presos austriacos. Que morían de tifus. Eugenio asistía a los moribundos, y contrajo también la enfermedad. Entonces los jóvenes de la asociación rogaron día y daña, delante de esta estatua, por la salud de su director. Sanó y miró siempre esta curación como milagrosa, debida a la intercesión de María, que respondió a las entusiastas oraciones de esta juventud. Después de su convalecencia, celebró su primera misa en público en esta iglesia, en acción de gracias por el afecto de aquellos con los se había rodeado y que le devolvieron la salud.
En 1816, Eugenio fundó los Misioneros de Provenza y se trasladó a la iglesia de la Misión, en el Paseo Mirabeau. De allí, su celo apostólico se irradió en toda Francia y a continuación en los otros continentes. Aunque Eugenio no trabajaba ya desde la iglesia de la Magdalena, la experiencia de amor de Dios que hizo aquí, modeló su espiritualidad y su celo para el resto de su vida. Es aquí donde vivió el tiempo del Adviento de su vida.
“Preparen los caminos de Señor, enderecen sus senderos.” El Papa Juan Pablo II, hace diez años, en la canonización de San Eugenio, lo llamó “un hombre del Adviento.” En esta iglesia de la Magdalena fue formado para una misión que tendría repercusión sobre el mundo entero, hasta hoy Eugenio, hombre del Adviento, está dispuesto a ayudar a cada uno a prepararse para acoger los caminos del Señor. Sigamos sus pasos como él mismo siguió a Cristo.
Para concluir, déjenme decir cómo los tres símbolos que encontramos en esta iglesia, nos indican la manera de prepararnos para volver a la ruta por la cual Dios puede incorporarse a nuestro tiempo. La pila bautismal despierta nuestras conciencias de la vida de Cristo ya presente en nosotros. El púlpito nos invita a que se abran nuestros ojos y nuestro corazón a los pobres y abandonados de hoy. La estatua de Nuestra Señora de la Gracia nos recuerda el poder de la oración en común, el poder de la comunidad. De esta manera, podemos preparar el Adviento del Señor hoy. Amén.
Aix-en-Provence, diez años después de la Canonización de San Eugenio de Mazenod
Ned Carolan, OMI
Aix es una ciudad que está muy consciente de su historia y la gente que contribuyó a hacer de ella, lo que es hoy. Sus calles se llenan de discos de metal que permiten al artista, o al artista potencial, seguir los pasos de Pablo Cézanne. Las calles y los lugares llevan el nombre de su fundador, el general romano Sextius, y de algunos de sus numerosos y famosos ciudadanos, aquellos que hace mucho tiempo vivieron aquí: el Rey René, Víctor Hugo, Mirabeau, Zola, Camus y muchos de otros aún.
El reciente día del “Patrimonio”, el último domingo de septiembre de 2005, puso de manifiesto que la ciudad es totalmente consciente de su rico patrimonio religioso. Claustros e iglesias, unas treinta en la ciudad, fueron puestos especialmente en relieve en el folleto de la Oficina de turismo. En la actualidad, una serie de estos lugares están cerrados o dedicados a objetivos más profanos, pero conservan su primer aspecto y se conocen como edificios “clasificados”. Agustinos, Benedictinos, Cistercienses, Dominicos, Franciscanos, Jesuitas, sacerdotes y hermanas del orden del Carmelo, Hermanas de la Caridad, Hermanitas de los pobres, todos contribuyeron a la arquitectura y al desarrollo de la ciudad. Hoy incluso, se cuentan alrededor de diez Órdenes o a Congregaciones que tienen comunidades en Aix.
Desde hace casi dos siglos ahora, los Oblatos de María Inmaculada forman parte de esta historia. El joven sacerdote, Eugenio DE MAZENOD, retomó el antiguo convento de las Carmelitas sobre el Gran Paseo en 1816. Durante los dos siglos anteriores las Hermanas habían señalado la propiedad con su vida religiosa, contribuyendo considerablemente a lo que es ahora. Después de haber sido expulsadas por los revolucionarios, las Hermanas no han vuelto nunca. Un sacerdote del nombre de Eugenio de Mazenod adquirió el convento en 1816 para hacer la sede de su asociación de jóvenes y más tarde como residencia para sus misioneros. Se le conoce hoy bajo el nombre de la capilla de los Oblatos (o también con el nombre de Capilla de la Misión), lo que por otra parte está indicado en los planos de la ciudad.
San Eugenio y sus Oblatos forman una parte importante de la historia de Aix y los Oblatos de hoy están determinados a quedarse aquí en el futuro. Cerca de la Capilla de la Misión y el claustro contiguo, hay otras señales evidentes de su presencia. Una placa de mármol sobre la puerta en el número 53 del Paseo Mirabeau nos recuerda la canonización de nuestro santo en 1995, que nació el 1º de agosto de 1782. Una lápida en el extremo del edificio conocido con el nombre de “L'Enclos” (el Cercado) en el barrio de la Seds, antes propiedad de la familia, lleva el blasón de los Oblatos y recuerda que es aquí donde el joven sacerdote comenzó su movimiento con los jóvenes. Una monumental cruz de misión, en la extremidad de la Avenida de los Belgas, contiene los nombres de Eugenio y sus compañeros que predicaron la misión de la ciudad en 1820. Una vía de comunicación tranquila, en el suburbio norte recientemente creado, lleva el nombre “avenida de Mazenod” y una callejuela de menor importancia, en el campo, conduciendo a dos propiedades de familia que había vendido el entonces obispo de Marsella, para encontrar fondos para una casa de descanso del clero, lleva el nombre de “Camino de Mazenod”.
El año 2005, décimo aniversario de la canonización de San Eugenio, es una ocasión para los Oblatos y para la ciudad de Aix, para acordarse de alguien a quien se le debe tanto. La comunidad local organizó los acontecimientos que señalaban la ocasión bajo la dirección de su superior, el Padre Máximo CHAIGNE con la ayuda eficaz de un Comité de amigos que frecuentan la Capilla de la Misión. Se hizo una amplia publicidad del acontecimiento en el Diario local “ La Provence ” y por medio de carteles y prospectos distribuidos en toda la ciudad.
Para comenzar este sábado 3 de diciembre por la mañana, el Padre General y una delegación fueron recibidos, por la Sra. Alcaldesa de Aix en Provence, en la casa consistorial de la Ciudad. El programa de la tarde comenzó a 17 horas en la casa del Paseo Mirabeau. Hubo dos conferencias, una sobre la espiritualidad de San Eugenio, dada por el Provincial de Francia, el Padre Bernardo DULLIER, y la otra por el Padre Steckling sobre la espiritualidad vivida por los Oblatos y todos sus asociados en más de 60 países donde están actualmente presentes.
Esperábamos una cincuentena de personas, o incluso un centenar para estas conferencias; realmente, vinieron trescientas. Fue necesario añadir sillas, encontrar lugares suplementarios; incluso se abarrotaba el pasillo. Los dos oradores fueron aplaudidos calurosamente por la asistencia. A continuación, se inauguró la exposición sobre la vida del Fundador. Domingo Dessolin y su equipo la había instalado en el pasillo y en el espacio del primer del convento del Carmelitas Cada uno pudo a continuación, en el claustro, compartir un vino caliente, castañas asadas y toda clase de bocadillos para picar...
Pero no se terminaba aún la tarde. A 21 horas, el P. Vicente Gruber y sus colegas de Lyon, ofrecieron un espectáculo musical sobre la vida de San Eugenio en la Capilla de la Misión. Fueron más de cien las personas que se quedaron para esta representación eran las 22,30hrs. cuando el espectáculo finalizó con un cerrado aplauso.

Este domingo por la mañana era soleado y luminoso. La misa en el honor de San Eugenio tuvo lugar a la iglesia de la Magdalena donde comenzó su primer Ministerio. Fue presidida por el arzobispo, Mons. Claudio Feidt, quién tenía a su lado, al Padre Guillermo Steckling, Superior General y el Vicario general el Padre Eugenio King. Veinticinco Oblatos y de otros sacerdotes de la Diócesis concelebraron. Las 450 sillas estaban todas ocupadas. El Padre Steckling pronunció la homilía, que destaca distintos detalles de esta iglesia que se referían a la vida de San Eugenio. Algunas personas de los cinco continentes leyeron las intenciones de la oración universal, cada una en su lengua de origen.
Las celebraciones terminaron con una magnífica comida de fiesta que se sirvió a 112 huéspedes, en el claustro original, recientemente restaurado, allí incluso dónde San Eugenio formó su comunidad de misioneros en 1816.
Es el principio de la misión de los Oblatos durante tres años. Misiones en las parroquias de Aix, a petición del obispo y su clero. Una vez más, se pide a Eugenio de Mazenod emprender la evangelización de su ciudad natal, una ciudad del todo diferente en el tiempo posrevolucionario, una ciudad del siglo XXI caracterizada por la secularización del mundo occidental. Los retos son diferentes pero no menores que los de los años 1800. Cómo transmitir con fuerza el mensaje de Eugenio a los habitantes de Aix de hoy e invitarles “a conocer su dignidad porque son ellos también, en una determinada manera, dioses “.
El arzobispo, Mons. Feidt, en sus palabras de introducción invitó los cristianos de su Diócesis a participar en esta misión:
“Observemos más allá de las paredes de nuestras iglesias.” Pongan atención tanto a la súplica de nuestros hermanos, habitantes de esta ciudad, quienes en la oscuridad, buscan la luz de la verdad y el calor del amor. Sus Pastores y los Misioneros Oblatos de María Inmaculada les ayudaran”.
POLONIA
Celebración del 10º aniversario de la canonización del Fundador
El 18 de noviembre, en la iglesia de Santiago en Obra, tuvo lugar una solemne inauguración, en la Provincia de Polonia, de las celebraciones del décimo aniversario de la canonización de San Eugenio de Mazenod. El provincial de Polonia, el p. Teodoro JOCHEM, presidió la Eucaristía y el Vicario general, el p. Eugenio KING, predicó homilía. Más de 160 Oblatos participaron en esta liturgia de acción de gracias, por el regalo de la canonización del Fundador: los superiores locales de Polonia, los predicadores de misiones populares, los Oblatos ordenados en 2005 y toda la comunidad del escolasticado de Obra. Entre los huéspedes estaban los padres Pablo ARCHIATI, Asistente general, y Ángel DADDIO, Superior de la Misión de Rumania; estaban presentes también los representantes de las autoridades civiles, religiosos de las comunidades vecinas y muy numerosos feligreses de Obra.
Este encuentro de oración comenzó por una breve película que presentaba la persona y la obra del Fundador, con los fragmentos de la ceremonia de la canonización en 1995, materiales de archivos relativos a San Eugenio y la evangelización los Misioneros Oblatos, en el mundo
Al principio de la Eucaristía, en una procesión solemne se llevaron al altar las reliquias de san Eugenio. El relicario fue precedido por las delegaciones: niños con trajes de los cinco continentes, jóvenes con la Biblia, y miembros del AMMI con l flores. Los jóvenes Oblatos de votos perpetuos llevaban las reliquias del Santo, la cruz oblata y el libro de las Constituciones y Reglas.
El p. Eugenio King en la homilía, dirigida a los Oblatos y a todos los participantes destacó el encuentro personal de san Eugenio con Jesucristo crucificado y resucitado y su conocimiento íntimo de Amor del Señor, que se convirtió en la buena noticia de su vida, y le impulsó a llevar la buena noticia a los pobres. El Vicario general alentó a todos a ser portadores de la buena noticia de la salvación, en el mundo de hoy.
Después de la comunión y a continuación de un solemne Tedeum, los participantes pudieron venerar las preciosas reliquias del corazón de san Eugenio (en el escolasticado de Obra se encuentra en efecto una parte de estas reliquias). La celebración fue terminada por una procesión con cirios encendidos al vecino cementerio oblato.
Toda esta bonita ceremonia fue preparada por un grupo de jóvenes predicadores de misiones parroquiales, que están actualmente en formación en Poznan. También se distribuyó a los representantes de las comunidades locales de la Provincia los materiales convenientes para organizar las celebraciones del aniversario de la canonización en cada comunidad. En efecto, varias conmemoraciones similares tuvieron lugar en Polonia en torno al 3 de diciembre.
ROMA
Celebración del aniversario de la canonización en vía Aurelia Nº 290
Los Oblatos que entraron en el comedor de la Casa General en la víspera del 10º aniversario de la canonización de San Eugenio de Mazenod, el 3 de diciembre, fueron acogidos calurosamente por una pintura que representaba al Fundador, alta de varios metros, soportando una gran cruz oblata, sobre un fondo de pueblos africanos e inuit. Era el enorme estandarte que estaba desplegado en la Basílica San Pedro el 19 de octubre de 1975, con motivo de la beatificación del Fundador. Un gran número de los más jóvenes Oblatos de la Casa General nunca habían visto esta imagen particular de San Eugenio. Hubo comentarios variados: “Es impresionante.”, “No se parece”. “La cruz es demasiado grande.” ¿”Es el estandarte de la canonización?” (“¡Es demasiado grande para suspenderla aquí, fue la última de las preguntas!”)
Algunos de los residentes de la casa estaban presentes en este bonito día de diciembre de 1995 dónde el Papa Juan Pablo II, llamó a San Eugenio un “hombre del Adviento,” y lo ha presentado a la Iglesia universal como modelo de santidad y ardor misionero. Otros contaron cómo celebraron esta fiesta en sus propios países.
Las comunidades de la Casa General y del Escolasticado Internacional habían elegido pasar una buena parte del día en la calma de una experiencia de un Retiro. El Asistente General, Padre Pablo ARCHIATI, predicó una meditación a la comunidad de la Casa General. El Padre James ALLEN, por su parte, predicó al escolasticado. Muchos miembros de la comunidad de la Casa General hicieron frente incluso a una mañana fría, oscura y lluviosa, para ir a celebrar la Eucaristía en la capilla húngara de la cripta de la Basílica San Pedro.
Las dos comunidades dejaron también a los medios de comunicación ablandar la memoria, mirando el vídeo realizado para conmemorar la canonización, “Cosecha de Almas,” compuesto por el Postulador General (de esa época), el Padre James FITZPATRICK. Hubo murmullos y comentarios cuando algunas personas se han visto en el vídeo o han reconocido otros. Era conmovedor volver a escuchar la voz del último Superior General, el Padre Marcelo ZAGO. Estaba presente también en el vídeo Mons. Benjamín DE JÉSUS, caído bajo las balas de un asesino, justo 14 meses más tarde delante de su catedral de Jolo.
En una reunión de la Comunidad de la Casa General, el Padre Raúl CASTRO habló de la alegría de los Oblatos en Chile al ver tantos humildes campesinos venir a caballo y en carro para celebrar a un nuevo santo a quien apenas conocían en la larga historia de su piedad popular. El Padre Mauro CONCARDI habló de la forma en que los oblatos recientemente habían fundado su misión en Corea. A la hora de la canonización, ni ellos ni el fundador eran muy conocidos, pero desde entonces, el interés por la devoción al Fundador se ha desarrollado. Hay ahora una corta biografía del fundador traducida en Coreano. El Padre Francisco PUERTA pasó el 3 de diciembre de 1995 en la misión recientemente establecida en Venezuela. Los Oblatos, allí, hicieron grandes esfuerzos para presentar al Fundador a la gente enseñándoles muy especialmente a celebrar el día de su fiesta, el 21 de mayo. El Padre Alan HENRIQUES formaba parte del equipo de un prenoviciado en Sudáfrica donde los candidatos y la gente que vivía cerca fueron invitados a celebrar la alegría de los Oblatos con motivo de la canonización.
En varias misiones Oblatas, la gente quiere saber aún más sobre los sacerdotes y hermanos que están a su servicio. Los oblatos animan a la gente a conocer la familia Oblata buscando aprender algo sobre el Padre de familia, San Eugenio de Mazenod.
P. Bernardo Dullier, OMI, Provincial de Francia
con motivo del 10º aniversario
de la canonización de San Eugenio de Mazenod
El 3 de diciembre de 1995, Juan Pablo II canonizaba a Eugenio de Mazenod. Hace ya 10 años. En la Iglesia como en la Sociedad civil, se tomó la práctica de buscar esta clase de aniversarios y de celebrarlos.
Algunos se irritan con estas conmemoraciones, la repetición les provoca rechazo. Otros se alegran y se comprometen en su celebración.
En algunas de nuestras comunidades este 3 de diciembre será un día como otros. En otras, ésta será la ocasión de una celebración familiar y puede ser incluso, de una fiesta a la cual invitamos ampliamente.
Esta canonización es para nosotros el reconocimiento de la Iglesia de un CAMINO de VIDA. Conmemorar este aniversario, no es ni hundirnos en el pasado, ni enorgullecernos de tener nosotros también, a imagen de las grandes Órdenes, un Fundador canonizado. Ni hacer una fiesta sin un futuro, ni nosotros evadirnos de nuestro mundo actual.
Es reconocer el CAMINO de VIDA recorrido por Eugenio de Mazenod. Es reconocerlo como CAMINO de VIDA para cada uno nosotros. Es reconocerlo como posible CAMINO de Vida para los hombres y las mujeres de hoy.
Este CAMINO de VIDA es un reconocimiento en primer lugar de la eterna juventud y la eterna novedad del Cristo.
La experiencia del viernes santo 1807 hasta los últimos días de su vida, Eugenio de Mazenod se dejó atrapar, maravillar y seducir por Cristo. Se dejó trastornar por él. Aceptó perder sus certezas y sus ideas preconcebidas. Aceptó que cada día, Cristo le revelaba una cara siempre nueva, siempre inédito, siempre sorprendente. Eugenio de Mazenod no es el hombre de verdades que deben creerse y transmitir. Es el hombre del encuentro, encuentro con Cristo Hombre vivo en medio de los hombres, encuentro con Cristo apasionado del Padre, encuentro con Cristo apasionado por los hombres, encuentro con Cristo Salvador que revela y que realiza la dignidad de cada persona humana.
Celebrar el 10º aniversario de la canonización de San Eugenio, es aceptar, cualquiera que sea nuestra edad, cualquiera que sea nuestra situación misionera, para que nos dejemos trastornar hoy día, por la eterna juventud y por la eterna novedad de Cristo. Es aceptar, en la actualidad, la seducción de Cristo (véase Jeremías 20,7). Este Cristo que nos llamó y sedujo al día de nuestra primera oblación.
Este CAMINO de VIDA es la continuación de un reconocimiento de la eminente dignidad de cada persona humana.
Es el camino que conduce al conde de Mazenod, mirando a los hombres hacia abajo, con altivez, menosprecio y espíritu de casta, a transformarse en el padre Mazenod, hablando a los pobres sobre su origen, a los jóvenes de la calle, a los presos, a los artesanos, a los sin trabajo, a los campesinos, todo lo que se prefiere el de Dios, que sólo Dios es digno de cada uno ellos. Diciéndoselo con sus palabras y viviéndolo por sus actos. Cualquiera que deban ser las consecuencias. Sacerdote, fundador, obispo, se apasiona por el hombre, por cada uno de aquellos que encuentra. Cada persona para él es única, agradable y digna de respeto.
Toda su vida es “para gloria de Dios”. Pero para él, “la gloria de Dios,” “es el hombre vivo, el hombre de pie”. Su pasión por la eterna novedad del Cristo se traduce en una pasión por el hombre, por la humanidad de las mil de caras y más concretamente por aquellos y aquéllas que no tienen ya una razón para esperar, aquellos para los cuales se cierran todas las puertas de la vida, “los que el mundo observa como insoportables a su vista” (
véase sermón de la Magdalena). O peor aún, aquellos por lo que el mundo no tiene ya ningún miramiento.
Celebrar el 10º aniversario de la canonización de nuestro Fundador, es aceptar, cualquiera que sea nuestra edad, cualquiera que sea nuestra situación misionera, dejarnos hoy trastornar por el hombre imagen y semejanza de Dios, el hombre cuyo Dios “grabó el nombre sobre la palma de sus manos porque tienen un precio a sus ojos” (véase Isaías 49,16). El hombre que nos sedujo el día de nuestra primera oblación.
Celebrar el 10º aniversario de la canonización de San Eugenio, es volvernos a poner ante nuestra propia llamada y nuestra propia vocación oblata. Es renovar por nuestros actos, nuestra vida, nuestra oración, nuestra presencia, nuestra adhesión a las Constituciones y Reglas que recibimos como CAMINO de VIDA el día de nuestra primera oblación:
“... Los Oblatos deben conocer a Cristo más íntimamente, identificarse con él, dejarlo vivir en ellos” (C.2)
“... La comunidad de los Apóstoles con Jesús es el modelo de su vida.” (C. 3)
“... Se esforzarán en conducir a todos los hombres, especialmente los pobres, a la plena conciencia de su dignidad de seres humanos e hijos e hijas de Dios”.
DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación no oficial
de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada
C.P. 9061, 00100 ROMA-AURELIO, Italia
Fax (39) 06 39 37 53 22 E-mail: information@omigen.org
http://www.omiworld.org