Home Page
   
Sitemap
Advanced search
Reserved area
Lost Password?   Sign up
> Documentación...

num. 277 - Mayo 2007


Nuestra misión oblata en un mundo secularizado

Texto de una presentación de Marcel Dumais
a los miembros del Consejo General
Enero 2007


Prólogo


Para iniciar la conversación sobre nuestra misión hoy día, haré algunas reflexiones a título personal y a partir de mi experiencia, es decir en relación con la misión en el Hemisferio Norte, en un mundo que llamamos secularizado. Algo que también caracterizará mis reflexiones, es la dimensión bíblica, lo que se explica por el ámbito de mi especialización y por el ministerio especial al servicio de la misión en la Congregación durante, prácticamente, toda mi vida oblata. Considero que los antecedentes bíblicos que citaré; pueden nutrir una reflexión sobre la misión en otros medios sociales y culturales.

Haré esta reflexión en tres etapas: I. Breve presentación del mundo secularizado; II. El objetivo de nuestra misión oblata; III. Los enfoques (modelos) en nuestra misión oblata.


I. El mundo al que pertenezco ha pasado
de un mundo religioso a un mundo secularizado


Europa Occidental y de América del Norte, progresivamente, se han ido secularizando. Nuestro Papa actual evoca, a menudo, esta realidad en sus intervenciones. Cito un extracto de uno de sus discursos, que nos permitirá precisar qué se entiende por secularización. Ante un grupo de Obispos Alemanes afirma el 10 de noviembre de 2006: la República Federal Alemana “comparte junto al mundo occidental una situación de cultura caracterizada por la secularización, en la cual, cada vez más, Dios tiende a desaparecer de la conciencia pública, en la cual la unicidad de la figura de Cristo se debilita y los valores que se han forjado con la tradición de la Iglesia, pierden eficacia.”[1]

La realidad de la secularización es compleja en sus causas y en sus componentes. Para nuestro propósito diría sencillamente lo siguiente: un mundo secularizado es aquél cuya cultura y sociedad ya no son religiosas… es decir, cristianas, católicas. Ya no estamos en la “catolicidad”, ni en una cultura, ni en una sociedad católicas.

Una sociedad secularizada es aquélla que no está, de suyo, abierta a lo Trascendente…a Dios. Es una sociedad en que la opción por lo Trascendente, por Dios -- una sociedad en que la religión se convierte en objeto de una elección[2]. Lo religioso es rechazado en el ámbito de lo privado.[3] Entonces, ¿Por qué escoger creer en Dios? ¿Por qué escoger, especialmente, creer en Jesucristo? Generalmente, esta opción no está incluida en el abanico de creencias que se ofrecen.

Una de las características de la sociedad secular es, en efecto, el pluralismo. Hay variados factores que conducen a la secularidad. Ella no es sólo efecto de la sociedad de consumo, sino más bien se debe al avance de la ciencia y de la tecnología, a la difusión de la información… a causa de un pluralismo que está establecido: pluralismo de visiones del mundo, de la realidad, de la religión, etc., lo que lleva a la libertad de elección de las personas. Convertirse en cristiano es, por lo tanto, una elección, una opción personal.

De este modo, a partir del momento en que la sociedad “católica” en la que crecí se hizo pluralista, el catolicismo se convirtió, paulatinamente, en minoría, si bien es cierto que todavía una mayoría de personas continua bautizando a sus hijos porque tienen una vaga creencia en Dios y la Iglesia Católica es su referente.

Para ilustrar la paulatina disminución social del componente ”católico” en numerosas sociedades de occidente, cito el caso de Francia y los resultados de una encuesta reciente, publicados en el número de enero-febrero de 2007, en la revista Le Monde des Religions. Algunos datos arrojados por esta encuesta comparados con aquéllos de otra realizada en 1994: sólo uno de cada dos franceses (51%) se declara “católico” (en 1994 era un 67%); solamente el 52% considera cierta o probable la existencia de un Dios; una minoría de los declarados católicos, un 18%, cree en un “Dios personal con quien se puede establecer una relación”, creencia que, sin embargo, constituye el corazón de la fe cristiana[4]. Por otra parte, aunque hay cada vez menos “católicos de nacimiento”, los “adultos convertidos” siguen siendo bastante numerosos. Había cerca de diez mil catecúmenos en 2006, la mayoría con edades entre 25 y 40 años.

Es imprescindible hacer una distinción entre “secularidad” y “secularismo”. El secularismo es la opción tomada por individuos o grupos de negar la existencia de lo Trascendente (de Dios). La mentalidad secular no excluye, de suyo, esta existencia, pero ésta no entra en sus parámetros de explicación del mundo[5].

Antes de considerar las interpelaciones que esta situación plantea a nuestra misión, me surge una reflexión. La situación de nuestro mundo occidental es semejante a la de los tiempos de nuestro Fundador en Francia: por entonces, un gran número de personas había abandonado la Iglesia, al menos la práctica religiosa, después de la Revolución Francesa… Pero veo una diferencia importante: el mundo de la época de Eugenio de Mazenod, me parece, seguía siendo “religioso” en su mentalidad, aunque no practicara su religión. No estaba secularizado[6].


II. El objetivo de nuestra misión oblata


El aumento de la secularización en el entorno social que me ha formado – en el que yo habito y que me habita – me condujo paulatinamente a desear centrar mi vida de fe en lo esencial. Haría mía la observación de Benedicto XVI expresada con ocasión de la visita de los Obispos alemanes, mencionada anteriormente: “la secularización es un ‘desafío providencial’ para la Iglesia”. ¿No sería, acaso, para los Oblatos la oportunidad de centrarse – o re-centrarse – en lo que constituye el corazón de nuestra misión oblata, de nuestro carisma oblato?


1. El corazón de nuestro carisma y de nuestra misión según nuestro Fundador


El tema del retiro de septiembre último, dirigido por Frank Santucci, fue el carisma oblato, presentado a través de la vida y de los escritos del Fundador. De acuerdo con mis lecturas y reflexiones sobre el Fundador en su tiempo, expondré, por mi parte, algunos breves puntos, que pueden ser discutibles para los especialistas en el tema.

–Pienso que lo central de nuestro carisma y de nuestra misión puede ser definido a partir de la experiencia del Viernes Santo que, según la tradición, nuestro Fundador habría vivido en 1807, es decir hace doscientos años[7]. En sus apuntes de retiro de 1814, Eugenio de Mazenod empieza y termina la descripción de su experiencia del Viernes Santo confesando: “Buscaba la felicidad fuera de Dios”. Cuando encontró a Jesucristo crucificado, encontró a Dios. Tuvo una experiencia de Dios cuando tomó conciencia que Jesús había dado su vida por él, por su salvación, porque Él lo amaba. A partir de ese momento, toda su vida quedó centrada en este único objetivo: encontrar a Jesús más profundamente, dejarse transformar por el amor de Jesús hacia él[8]. Esta experiencia personal lo llevó, progresivamente, a una misión: ayudar a los demás a hacer esta misma experiencia del amor de Dios hacia ellos, en la persona de Jesucristo, de manera que puedan encontrar el camino de la libertad y de la verdadera felicidad[9] .

–“Evangelizar a los pobres” para nuestro Fundador era anunciar esta buena noticia de Jesús liberador a los más abandonados, es decir aquella gente a quien nadie hablaba de Dios y de Jesucristo, a quienes nadie daba este alimento humano, espiritual, al que todos tienen derecho. Su pobreza era ser mantenidos en la ignorancia, no tener acceso a esta riqueza humana y espiritual. En La Madeleine, reunía a los más abandonados, los desamparados (las sirvientas, los peones, los campesinos, los mendigos…), para enseñarles en su idioma (provenzal), “quien es Cristo” y así revelarles su inmensa dignidad humana puesto que son amados por Dios.

–El Fundador no trabajó por cambiar la situación social y económica de estos pobres, de estos marginados. No trató de modificar las estructuras sociales y políticas de su época, garantes de la estructura de clases y las desigualdades económicas. La “teología cristiana” de su época, más bien dualista – dos reinos diferentes, con sus propias dimensiones: lo espiritual y lo temporal – aún no había extraído las implicaciones sociales, políticas entonces, del Evangelio.

–Hoy día, a partir de una teología mejor nutrida de la Escritura, el alcance socio-político del Reino advenido con Jesús, es reconocido. A ello debemos aquella regla introducida en nuestras Constituciones y Reglas:”El ministerio por la justicia, la paz y la integridad de la creación forma parte integral de la evangelización.”[10]


2. La misión de Jesucristo y de los apóstoles


Nuestro Fundador quiso seguir la misión que Jesús había confiado a los apóstoles. Para comprender mejor lo central de nuestra misión oblata hoy día –para empaparse mejor de su intención profunda y permanente- es necesario “volver a visitar” el contenido esencial del testimonio de los apóstoles. Este contenido se sintetiza en los discursos misioneros de los Hechos de los Apóstoles, llamados kerigmas[11].

Para esta presentación me permito citar (en letra cursiva) dos extractos de una obra que publiqué sobre los Hechos de los Apóstoles[12].

Los capítulos 2 al 13 de los Hechos ofrecen seis resúmenes de lo que podríamos llamar el primer Evangelio predicado en la Iglesia (2, 22-39; 3, 12-26; 4, 9-12: 5,29-32; 10, 34-43; 13, 16-41). Estos discursos modelos de la predicación primitiva, son puestos en boca de Pedro, salvo el último que se atribuye a Pablo. Los discursos son semejantes. Encontramos en todos los mismos temas, según un mismo esquema. En lo esencial, se podría expresar la proclamación de los discípulos misioneros, de la siguiente manera: Jesús de Nazaret se manifestó como el enviado de Dios durante su vida, por medio de su palabra y de sus actos, de carácter único. Sin embargo, no se le reconoció como tal. Aún más, fue rechazado y conducido a la muerte. Pero Dios lo resucitó, nosotros damos testimonio de ello. Jesús es, por lo tanto, el Cristo, es decir, el liberador que anunciaron las Sagradas Escrituras. Ahora existe esperanza de ser liberados del pecado: el mal que acecha desde dentro y desde fuera; esperanza de acceder a una vida nueva, que no cesará de crecer en intensidad y en calidad; esperanza de pertenecer al nuevo pueblo convocado por Dios. Conviértanse, pues. Cambien su manera de ver y de vivir; acojan a Jesús; déjense transformar por Él y por su Espíritu de vida.

Nos queda muy claro: la primera evangelización no consiste en una enseñanza doctrinal o moral. La fe cristiana es esencialmente Alguien con quien se entra en relación y por quien uno se deja transformar. Es muy cierto que la aceptación de la persona de Jesucristo es portadora de consecuencias doctrinales y morales. Pero éstas se desplegarán en una segunda etapa: catequesis y teología.

Este testimonio misionero de los apóstoles es de la mayor actualidad. En un lenguaje adaptado a nuestra cultura y refiriéndose a situaciones que son las nuestras, debemos recuperar el mismo dinamismo de los primeros testigos y expresar el mismo contenido substancial de su testimonio fundante. Debemos subrayar una característica: el discípulo de Jesús hoy día es alguien que es portador de un sentido, testigo de una esperanza, en medio de un mundo que los medios de comunicación tienden demasiado a presentar como desencantado, sin horizonte.

(…)

La interpelación que los Hechos nos plantean hoy día nos ha llevado a hablar de los pobres y de los marginados de nuestra sociedad. ¿Acaso nos estamos desbordando hacia el Evangelio de Lucas? Posiblemente. El proyecto de Evangelización de Jesús, según el tercer Evangelio, se caracteriza por el anuncio de la Buena Noticia para los pobres, es decir para los marginados y los excluidos de la sociedad de su tiempo, entre los cuales había algunos que no estaban desprovistos de riquezas materiales (Lc 4, 16-21; 6, 20-22; 7, 19-23; 14, 15-24;etc.).Este anuncio que Jesús hace a los pobres, precisa y concreta la misión recibida de su Padre, que es la instauración del Reino de Dios (Lc.4, 43). Puesto que todos están llamados a formar parte del Reino (Lc.2, 14; 2, 30-31).Jesús se acercó especialmente a aquellos que la sociedad civil y religiosa de su tiempo excluía de la participación de su beneficios. Fue a ellos que, preferentemente, anunció la Buena Nueva con palabras y con hechos.

Al proclamar la Buena Nueva de Jesús, Cristo y Señor, al día siguiente de Pentecostés los discípulos no dejaron de anunciar la venida del Reino (Hch. 28,31), pero ellos dejaron entender con claridad que el Reino está, de ahora en adelante, presente en la persona de Jesús resucitado. Es por Él y en Él que puede ser vivida la vida del Reino, es decir, la liberación total y definitiva, la plena comunión de los humanos entre sí y con Dios[13]. El testimonio de Jesús en el Evangelio y el de los Apóstoles en los Hechos deben ser tomados en forma complementaria, como nos invita, por otra parte, la unidad literaria y teológica de las dos partes del díptico, que es la obra de Lucas. Para ser plenamente fiel al Jesús de la historia y al Cristo post-pascual, que actúa a través de sus apóstoles-testigos, la evangelización debe estar muy atenta, especialmente, a los seres despreciados y agobiados, a quienes se intentará devolver su dignidad y aliviar, lo mejor posible, de sus angustias, pero debe, al mismo tiempo, tener como objetivo principal, favorecer en toda persona –por ello también en la del pobre- el encuentro con el Dios de Amor y de perdón predicado por Jesús y con el Señor resucitado, fuente última de liberación, tanto personal como colectiva.



3. Algunas reflexiones y actualizaciones


1. El primer capítulo de nuestras Constituciones y Reglas, que trata de nuestra Misión, está, según mi parecer, más vigente que nunca. Casi todos los artículos están centrados en Jesucristo y su Reino, para ser dados a conocer a los marginados (principalmente, los artículos 2, 5 y 7, hay que meditarlos constantemente). Desde mi punto de vista, el centro de nuestra misión de Oblatos hoy día, en todas partes del mundo, queda muy bien expresado en esta frase del artículo 7: “Ellos ponen todos los medios para despertar o volver a despertar la fe en aquellos a quienes fueron enviados y hacerles descubrir quien es Cristo”.

2. “Evangelizar a los pobres”. Aplicación al mundo secularizado:

a) Evangelizar: Me parece que es absolutamente necesario hoy día tener, como único centro, la evangelización de base…como los apóstoles, a quienes nos remite nuestro Fundador como modelos.

Recordemos las tres etapas de la misión de la Iglesia en sus inicios: 1) empieza con el kerigma (=la evangelización de base); 2) a continuación, la catequesis, que dio nacimiento a los Evangelios; 3) finalmente, los sacramentos.

Enseguida, tomo conciencia que, en la época de mi infancia, nosotros éramos catequizados (aprendíamos de memoria el catecismo elemental); también éramos sacramentalizados (se recibían todos los sacramentos muy temprano, misas regulares, numerosas devociones). Pero, en realidad, ¿Habíamos sido evangelizados? ¿Habíamos hecho una opción personal de fe por Jesús vivo hoy día? Sí, hasta cierto punto, muchos de nosotros, como consecuencia del testimonio de fe de nuestros padres (y de los que nos enseñaban), especialmente, la oración en familia (la oración se dirige a un Tú, a un Vivo, no a un Él…) Pero, ¿la Iglesia, sus pastores?... Su ministerio no estaba centrado en la evangelización…

Hoy día, en la sociedad occidental ¿quién da testimonio de Jesucristo (y de Dios) como de alguien vivo (un Tú), con quien entro en una relación personal?[14]

b) Los pobres. ¿Quiénes son los pobres hoy día? En su Carta Al comenzar el nuevo milenio (Novo Millennio Ineunte), Juan Pablo II escribió: “El cuadro de la pobreza se puede extender indefinidamente, si agregamos las nuevas pobrezas a las antiguas, nuevas pobrezas que encontramos, a menudo, en sectores y grupos no desprovistos de recursos económicos, pero expuestos a la desesperanza de la falta de sentido, a la trampa de la droga, a la soledad de la vejez o de la enfermedad, al aislamiento o a la discriminación social”. (Nº 5º). La desesperanza de la falta de sentido: ¡Que corriente es hoy día esta pobreza en Occidente![15]

3) Me permito concluir esta sección sobre el “El objetivo de nuestra misión oblata” con una reflexión que me invade: este objetivo común de la misión, es lo que nos unifica, como Oblatos, en la gran diversidad de nuestros compromisos, es decir, en la inmensa diversidad de situaciones de nuestro universo y, por consiguiente, en los enfoques misioneros en las Provincias y Delegaciones. Nuestra misión y razón de ser. Es nuestra motivación profunda. El grado de pertenencia “oblata” a la Congregación se mide por nuestra intensidad de participación en este objetivo misionero y, por lo tanto, en el carisma que hemos recibido. Es necesario clarificar en conjunto nuestro objetivo común. Si la Congregación no se centra – o vuelve a centrar – en un objetivo común, pienso que no durará mucho como Congregación universal. ¿Sobre qué base estaría fundada nuestra unidad?


Preguntas para compartir en pequeños grupos:


1. Cuando pienso en “mi misión en el mundo actual”¿qué me viene del corazón a la mente?

Nota: Hay varias maneras de expresar en términos actuales la misma misión que el Fundador. Por ejemplo: en mi mundo secularizado, podría expresarla en términos de “humanismo integral”, es decir de un humanismo que incluye lo espiritual, la relación con Dios…

2. ¿Qué me sorprende o me cuestiona en la presentación que he escuchado esta mañana y en el intercambio posterior?


III. Los enfoques en nuestra misión oblata
(o el cómo de nuestra misión).
Algunos modelos bíblicos.


Después de la unidad…la diversidad. En la unidad de un mismo objetivo, de un mismo fin, hay lugar para diversos caminos…según las personas a las que nos dirigimos y según quién es uno mismo. Hay distintas maneras de vivir la misión común.

Para dar testimonio de Jesucristo y del Evangelio entre las personas, es necesario, en primer lugar, conocer en qué etapa están en su descubrimiento de Dios y de Jesucristo y cuál es el camino que les conviene.

Una misión centrada en Jesús no necesariamente significa un anuncio directo. Es interesante mirar los diferentes modelos bíblicos de evangelización. Brevemente presento cuatro de ellos, cuatro enfoques para evangelizar que pueden inspirarnos. A propósito de cada uno de ellos, haré algunos comentarios personales en relación a su pertinencia para la misión en el mundo secularizado. Los denomino: 1. Modelo kerigmático. 2. Modelo de Atenas. 3. Modelo evangélico. 4. Modelo de Emaús.[16]


1. El modelo kerigmático


Es el anuncio directo de Jesucristo y del Evangelio. Es lo que nos presentan los Hechos de los Apóstoles. Son discursos de evangelización que dan Pedro y Pablo a sus conciudadanos judíos, cuyo contenido ya presenté anteriormente. Los apóstoles anuncian directamente a Jesucristo resucitado. Un ejemplo, Pedro después de recibir el Espíritu de Pentecostés comienza directamente su discurso hablando de Jesús (Hch. 2, 22). Estos discursos no so relatos históricos de hechos puntuales. Son esquemas que presentan lo esencial del mensaje de evangelización, a la manera de los misioneros de la Iglesia primitiva.

–Este anuncio directo del kerigma se realiza también hoy día, pero los ejemplos que tenemos no son todos “seguibles”.

–Es el enfoque preferido de los “preachers” fundamentalistas (por ejemplo en la TV norteamericana del domingo por la mañana). Todo está centrado en:”Jesús te salva. Reconócete un pecador”. El uso que se hace de la Biblia es fundamentalista, la interpretación es subjetiva... ¡Pero muchos de estos predicadores tienen éxito![17]

–En la Iglesia Católica, el movimiento internacional Evangelización 2000 prefiere este anuncio directo utilizando los medios. Esta cruzada, sin duda, posee su lado bueno, pero otro no tanto. Su éxito depende del medio social.

–Un misionero católico en África, Vincent Donovan, utilizó el modelo kerigmático. Se dirigía una aldea de religión “tradicional”, reunía a la gente en períodos regulares para hablarles de Jesucristo y dejaba que la comunidad reflexionara y discutiera sobre qué opción tomar. Muchos pueblos hicieron la opción por Jesucristo y se convirtieron en cristianos. Leer el relato fascinante que publicó: Christianity Rediscovered. (Existe traducción al francés.)

–Ciertas personas del mundo secularizado se sentirán tocadas por este anuncio directo (kerigmático), pero una gran mayoría se muestran indiferentes, incluso hostiles.

–Rescato lo siguiente del enfoque kerigmático: en un momento determinado del proceso de evangelización, no hay que temer hablar de Jesús y del Evangelio. La gente tiene derecho a escuchar la palabra del Evangelio. El solo testimonio de nuestra vida no es suficiente. ¡La palabra evangélica sobrepasa nuestras palabras humanas y posee su propia eficacia, su fecundidad.

–Testimonio de la palabra y testimonio de vida son complementarios. En los Hechos de los Apóstoles, el anuncio de la Palabra cobraba plenamente sentido en las personas ya que estaba acompañado de un testimonio de vida. La calidad de la vida que vivían las primeras comunidades tenía gran fuerza de atracción y de testimonio ante los demás (releer los resúmenes de Hch. 2, 42-47; 4, 32-35; 5, 13-14)[18].

–¿Qué conclusiones sacar? Los discursos kerigmáticos presentan el objetivo misionero, pero no una pedagogía misionera que se adecue al mundo actual tan secularizado. Esta sociedad siente alergia por las personas que pretenden poseer la verdad y proclamarla. La gente de la sociedad actual no está preparada para escuchar hablar de Jesús como Cristo, Señor, Salvador e Hijo de Dios, Se hace necesario un enfoque diferente si se desea llegar a ellos, tocar su mente y, sobre todo, su corazón: un modelo progresivo que parta de donde ellos están, de su búsqueda, de su capacidad de acogida. Es necesario, a la vez, esperar y favorecer el kairos, el momento oportuno para proclamar a Jesús Resucitado, Cristo y Señor.

Hablemos de evangelización progresiva. Al respecto, no veo un modelo único en el Nuevo Testamento, sino varios


2. El modelo de Atenas (Hch. 17, 22-31)


En los Hechos de los Apóstoles cuando Pablo abandonó el mundo judío para comenzar la misión en el mundo griego, cambió radicalmente su enfoque misionero, así lo vemos en los dos discursos modelos que Lucas nos presenta: el de Listra (Hch. 14, 15-17) y, principalmente, el de Atenas (Hch. 17, 22-31). Al dirigirse a judíos, los apóstoles partían de su espera, de su deseo –el de un Mesías- para anunciar a Jesús como el Mesías esperado. Los griegos no esperaban un Mesías (¡y nosotros somos griegos!) Pero sí, buscaban otra cosa. En Atenas, Pablo parte de aquella búsqueda: la de un Dios “desconocido”. Pronuncia un discurso en la plaza pública (era el punto de reunión de la gente). Para hablar de Dios, utiliza el lenguaje de la filosofía popular (el estoicismo), cita a los poetas griegos. Realmente su evangelización está inscrita en la cultura de la gente: está inculturizada. Destaco en su enfoque, principalmente, los siguientes puntos: empieza por reconocer lo valioso de ellos, griegos, (“ustedes son muy religiosos” v. 22); parte de su deseo de conocer de Dios aquello que les es “desconocido” (v. 23); anuncia a Dios como “el Creador” (v. 24) que “no está lejos de cada uno de nosotros” (v. 27); finalmente, muestra a Jesús que revela más plenamente quien es el verdadero Dios al que aspiramos desde lo más profundo de nuestro ser. Algunos rechazan, otros desean saber más, otros se convierten en creyentes (v. 32-34).

Hoy día, mucha gente de nuestros medios secularizados es sensible a un lenguaje que parta de la dimensión divina de la persona humana, o un lenguaje que hable de un Dios cósmico, como lo hace Pablo en Atenas. Este enfoque será cercano a un buen número de personas de la sociedad secularizada de hoy que forman parte de la corriente llamada Nueva Era[19]. Partamos de ellos mismos, de su deseo de encuentro con Dios en lo más profundo de sí (incluso si lo identifican con el Sí mismo de Jung). “Dios más intimo para mí que yo mismo”, como decía San Agustín.

El camino de la interioridad es hoy día muy frecuente. Volvamos a la encuesta de Francia. El 25% de los “católicos” de pertenencia dicen rezar, por lo menos, una vez por semana, lo que es el triple (8%) de los que confiesan asistir cada semana a la misa dominical[20].

La sed por lo espiritual nace del hecho que estamos creados a imagen de Dios (Gn.1, 26), por lo tanto, en profunda búsqueda de Dios. El misionero es llamado a despertar en cada uno esta búsqueda y alimentarla.

Pero, al igual que Pablo, el misionero ayuda a la gente a descubrir que la respuesta a su búsqueda de lo divino no se encuentra solamente en ellos mismos. Se encuentra en la acogida del Dios Otro, del Dios Personal con quien se entra en relación, que es el único que puede verdaderamente colmar nuestro deseo de vivir y de amar.

El enfoque de Atenas es un punto de partida. Hay que continuar con otro modelo específicamente, el enfoque de Juan. Ayudar a descubrir, paulatinamente, que “Dios es Amor” (J 4, 8-16).

Sólo conociendo a Jesús podemos aprender que Dios es Amor (Jn 14, 9). En efecto, ¿Cómo conocer a Dios tal como es? Para darse a conocer, Dios tomó un rostro humano. Se encarnó. Es en la persona y la vida de Jesús que podemos conocer bien a Dios[21].Lo que nos conduce a lo que llamo el camino evangélico[22].


3. El modelo evangélico


Es el camino seguido por los discípulos de Jesús según los Evangelios. Es lo que presentan los Evangelios Sinópticos[23]. Este modelo puede llamarse: la pedagogía de Jesús con sus discípulos. Es al final de un largo recorrido, de un largo camino con Jesús, que los apóstoles llegaron a la fe en Él como Cristo y como Señor[24]. Ellos llegaron a esto lentamente, incluso penosamente. Al principio pusieron su fe (=confianza) en el hombre Jesús. Estaban asombrados de la calidad excepcional de su humanidad, sobre todo por su compasión ante las personas que sufren. Luego, vieron en él un rabino”, un hombre sabio. Más tarde lo reconocieron como profeta, es decir comprendieron que su persona y su palabra eran portadoras de Dios. Enseguida se plantearon la pregunta – está en el centro de los tres Evangelios sinópticos – “¿Es el Mesías, es decir el libertador, esperado?”[25]. Como sabemos, la visión del Mesías que tenían los discípulos, necesitaba ser purificada, profundizada. Fue sólo después de la Resurrección de Jesús que lo reconocieron como el Mesías e Hijo de Dios.

Pienso que, en el mundo secularizado de hoy, muchos se sienten atraídos por este modelo, especialmente, si se presenta a través de testigos que muestran con su vida la compasión que era característica de Jesús. Miremos el impacto que ejercieron testigos reconocidos como la madre Teresa y el abbé Pierre, recientemente fallecido (20 de enero de 2007) – “el más admirado por los franceses” según las encuestas – a quien toda Francia rindió un vibrante homenaje. Agreguemos, para formar el trío, otro gran testigo vivo: Jean Vanier. Tres seres compasivos, signos y testigos de la gran compasión de Jesús, de la inmensa compasión de Dios.

Entre los documentos publicados tras los recientes Sínodos regionales, fui golpeado especialmente por él de los obispos de Asia. Según un informe presentado al Sínodo por el cardenal Paul Shan Kuo-hsi de Taiwán: "Todos los Padres sinodales estuvieron de acuerdo que hay una nueva manera de mostrar a Jesucristo al pueblo de Asia. Es la persona de Jesucristo a quien es necesario presentar y no de las teorías que se refieren a él."[26] La exhortación apostólica Ecclesia in Asia, aparecido en noviembre de 1999, afirma que: "La presentación de Jesucristo como único Salvador obliga a seguir una pedagogía que presente a las personas, paso a paso, la plena apropiación del misterio [...] Los Padres sinodales muchas veces destacaron la necesidad de evangelizar de una manera que tenga en cuenta la sensibilidad del pueblo asiático, sugiriendo imágenes de Jesús que sean inteligibles para la mentalidad y las culturas asiáticas y que sea, al mismo tiempo, fiel a la Sagrada Escritura y a la Tradición." Entre estas figuras, citaron: "Jesucristo como Maestro de Sabiduría, el Sanador, el Liberador, el Guía espiritual, el Ser Iluminado, el Amigo que se compadece de los pobres, el Buen Samaritano, el Buen Pastor, el Obediente. Jesús debería presentarse como la Sabiduría de Dios personificada, cuya gracia eleva a la madurez las ‘semillas’ de la Sabiduría divina ya presentes en la vida, en las religiones y en el pueblo de Asia." (Nº 20).

La referencia al Sínodo de Asia muestra que este enfoque del “hombre Jesús” tiene acogida en las sociedades consideradas “religiosas”, no en las “secularizadas”. De todas maneras, me parece el más apropiado para aquel mundo secularizado que es el mío.

En la secularidad, el centro de todo es el ser humano y el mundo terrenal. Un “secularizado” se sentirá motivado si empieza a percibir que el cristianismo es un camino de humanismo, una vía que permite llegar a ser plenamente humano[27]. Se trata de demostrar que conociendo a Jesús aprendemos lo que “ser humano” significa y qué quiere decir amar…pues todos estamos en búsqueda del verdadero amor. El Evangelio debe recuperar para la gente de hoy día su resonancia de “Buena Noticia”.

Una variante, más bien un enfoque al interior de este modelo evangélico, es el de las bienaventuranzas (Mt 5, 3-10). Presentar el Evangelio como el camino a la felicidad. Es sorprendente ver, en las librerías, la gran cantidad de obras dedicadas a la búsqueda de la felicidad, a los caminos que hay que seguir para lograrlo[28]. ¡Todos quieren ser felices! Las bienaventuranzas del Evangelio nos presentan el programa según el cual se puede lograr una vida realizada: lo que da felicidad y sentido a la existencia humana[29]. Sin embargo, se debe ser honesto al presentar el sentido de las bienaventuranzas. Por ejemplo, la primera (la “pobreza de corazón”) es una invitación a reconocer una carencia, un “vacío” en la existencia, que sólo Dios puede llenar. El camino de la felicidad consiste, a la vez, en una apertura a los demás y una apertura a Dios.

Una última palabra sobre este modelo. Jesús por sus palabras y, principalmente, por su vida nos enseña que el amor a Dios y el amor a los demás crecen juntos. Amar verdaderamente a los demás, trabajar por su crecimiento humano y por su felicidad son señales que nos situamos dentro del Amor de Dios, que recibimos este Amor, por lo tanto, que nos encontramos verdaderamente con Dios. “El que no ama a su hermano, a quien ve, no podría amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4,20; ver también 4,8).lo mismo sucede con el encuentro de Jesucristo. El gran texto de Mt 25, 31-46, nos recuerda que uno de los lugares privilegiados para este encuentro es el hermano y la hermana que sufren y hacia quienes obramos una compasión activa[30].


4. El modelo de Emaús (Lc 24, 13-35)


¡Qué relato tan maravilloso! Lucas sitúa este relato como centro del Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Jesús resucitado, él mismo, es el modelo del evangelizador.[31] Bajo una forma de narración Lucas nos ofrece un pequeño tratado sobre la misión… que se adapta muy bien al mundo actual.

¿Cómo procede Jesús? Algunas notas como introducción, para que cada lector realice una lectura y una actualización personal de este relato de tanta riqueza.

Jesús toma la iniciativa de ir a reunirse, en el camino, con estos viajeros que habían perdido la esperanza (v. 13-16).

Él se acerca (v. 15), no se identifica (v.18), camina a su paso, sin decir nada (v. 15). Luego, escucha su conversación.

–Invitación al misionero: ir al encuentro de las personas, donde estén y escuchar sus preocupaciones.

Jesús hace preguntas…y escucha las respuestas. (. 17-24).

En un momento dado, Jesús interviene en la conversación haciendo una pregunta. De hecho, plantea dos preguntas: “¿De qué vais conversando por el camino?” (v. 17); “¿Qué cosas?” (v.19). Son dos preguntas muy sobrias que invitan al otro a expresar y clarificar lo que está viviendo[32]. Al hacer preguntas, Jesús invita a los viajeros 1) a relatar los acontecimientos que ellos viven, pero sobre todo 2) expresar sus sentimientos profundos: su desesperanza (v. 21), su conmoción (v. 22).

Jesús los invita a expresarse… y los escucha hasta el final. Acoge con respeto su vivencia. Su escucha permite a los dos viajeros liberarse progresivamente de un peso, de una tristeza que los abruma y los enceguece. Una vez liberado, estarán abiertos a la palabra de Jesús. ¡Pues, la escucha prepara la palabra! La persona que ha sido escuchada, que ha podido decirse, ahora está pronta a acoger la palabra del otro.

Después de haberse reunido con ellos, haberlos interrogado y escuchado, Jesús puede dirigirse a ellos teniendo su confianza. Ahora, ambos viajeros esperan algo de su compañero de ruta.

–La invitación es clara para nosotros como evangelizadores, formados para ser “hombres de la palabra”… ¡no de la escucha!

Jesús habla (v. 25-27).

La intervención de palabra de Jesús puede dividirse en dos momentos:

1º Empieza por remecer a sus interlocutores (v. 25: “espíritus necios, corazones lentos para creer”). Jesús se atreve a “sacudirlos”, “despertarlos”. Él los invita a dejar atrás su visión estrecha, interesada… la que mostraron cuando hablaban (cf. 21: intentaban apropiarse del Cristo como respuesta a su necesidad de un libertador político). Jesús les hace tomar conciencia que los deseos de sus corazones eran limitados.

2º Jesús entrega la clave de interpretación de lo que sigue (v. 26-27). Los viajeros estaban bloqueados por el triste acontecimiento que habían vivido. Jesús hace que descubran un sentido en los acontecimientos, situándolos en la perspectiva más amplia del proyecto de Dios.

–La invitación para nosotros, evangelizadores, siguiendo a Jesús: en primer lugar, tenemos que escuchar a la gente (sus quejas, sus sufrimientos, sus desesperaciones), pero no podemos quedarnos ahí. La gente tiene derecho a escuchar la Palabra del Evangelio, la Palabra de esperanza y de vida.

Jesús se deja invitar (v. 28-29)

Es la primera vez que Jesús no toma la iniciativa. Él la había tomado al reunirse con ellos en su camino, al invitarlos a expresarse, luego, a aclarar las cosas.

Jesús abre el horizonte del deseo. Da un sentido a la vivencia de las personas, pero deja siempre libre al otro para aceptar su palabra y su persona. Propone, pero no impone. Este es el sentido del v. 28: “Él hizo como que iba a continuar su camino”.

Ahora son los viajeros quienes intervienen. Insisten para que Él se quede con ellos (v. 29). Han sido alcanzados, tocados. Sienten el deseo de escuchar más. Invitan. Optan por la hospitalidad. Es el primer paso a la aceptación del mensaje de Jesús y, por consiguiente, de su persona.

Jesús acepta quedarse con ellos (v. 29b). Jesús (y el misionero) no fuerza jamás la morada de las personas. ¡Pero, a la vez, nunca rechaza una invitación!

Jesús vuelve a tomar la iniciativa (v. 30-32)

“Toma el pan, lo bendice, lo parte y se los da” (v.30). Con este signo, los ex-discípulos lo reconocen: “se abrieron sus ojos” (v. 31). Este signo “les habla” porque se sitúa al final de un largo recorrido. Él los ha preparado para llegar a esta cima que es su reconocimiento en la fracción del pan. Actualización: el encuentro en la Eucaristía cobra significado cuando se encuentra a Jesús, primero en su propia vida, luego en la Palabra del Evangelio.

Conclusión: el enfoque de la misión cuyo modelo nos ofrece Jesús, conjuga dos dimensiones.

1º La solidaridad: la presencia entre la gente, en su vivencia, en sus sufrimientos.

2º El despertar y la iluminación: la sacudida de los dobleces, despertar a algo más, a algo mejor, seguido de una iluminación por medio de la Palabra.

Ser solidario y ser alguien que ayuda a despertar. ¿Será necesario agregar algo más para demostrar la actualidad del modelo de Emaús en la misión, específicamente, en este mundo secularizado?


Preguntas para compartir en pequeños grupos:


1. ¿Cuál es el enfoque bíblico que más me interpela en lo personal, es decir, que se adecua mejor a mi carácter, formación y práctica misionera?

2. ¿Qué enfoque bíblico considero responde mejor a la situación de la sociedad que me es más familiar? (Asia, África, Europa Occidental u Oriental, América Latina, América del Norte)


Apéndice


Dos interrogantes en relación con la expansión de la secularización en el mundo y sus consecuencias para la pertenencia a la Iglesia. Preguntas abiertas para las que no tengo respuesta… simplemente unos breves comentarios.

1º El resto del mundo (fuera del Occidente descristianizado), es decir, los otros continentes en que trabajan los Oblatos, ¿van a vivir un mismo movimiento de secularización?

–Mi percepción, después de cortas estadías en Latinoamérica, África y Asia: son sociedades religiosas, con cultura religiosa, por lo tanto, abiertas a lo Trascendente.

Esta cultura ¿se encuentra profundamente inscrita en la naturaleza de las personas que viven allí? ¿se verán algún día tan secularizados como aquellos de Canadá, Irlanda, Bélgica, Holanda, etc.?

–La cultura polaca ¿es diferente en lo que se relaciona con el cristianismo? Polonia tiene más de mil años de catolicismo, al que ha debido defender contra sus vecinos. ¿Podrá mantenerse? ¿Será inevitable el pluralismo social y religioso incluso en Polonia?

–Pase lo que pase en el futuro, me parece que el hemisferio Sur y también Polonia, podrían sacar provecho de la historia misionera oblata en América del Norte y en Europa Occidental… lo que, según mi opinión, podría implicar tener como único centro la Evangelización de base, (es decir, el Kerigma, el encuentro de Jesucristo y del Dios de Jesucristo). La evangelización de base debe ser el corazón mismo de la sacramentalización, de la catequesis y de las actividades pastorales.

2º ¿Una Iglesia de minoría?

Una pregunta: ¿acaso Jesús pensó una Iglesia para la mayoría? En el Evangelio, habla de sus discípulos como de “un pequeño rebaño”… el cual debe ser “sal de la tierra”, “luz del mundo” (Mt 5, 13-16)…

El cardenal Josef Ratzinger en su libro Le sel de la terre (Flammarion/Cerf, 1997) se hace esta pregunta. He aquí algunos extractos de su reflexión:

“Por entonces (1970) yo había previsto, si podemos decirlo así, que la Iglesia se haría pequeña, que llegaría un día en que sería la Iglesia de minoría, por consiguiente, no podría mantener sus grandes espacios, sus vastas organizaciones y debería organizarse de una manera más modesta […] La Iglesia debe adaptarse lentamente a una situación de minoría, a ocupar otra posición en la sociedad” (p. 246)

“Sería falso, incluso presuntuoso, proyectar hoy día un modelo más o menos acabado de la Iglesia del futuro, la que será, más claramente que hoy, la Iglesia de una minoría.” (p. 256).

“Es justamente en un siglo de cristianismo cuantitativamente reducido, que este mismo cristianismo, que se ha hecho más consciente, puede ser nuevamente vivificado.” (p. 259).

“Las imágenes bíblicas de sal de la tierra, de luz del mundo, sugieren que la Iglesia tiene una función de representación. Sal de la tierra, esto significa que no toda la tierra es sal […] La Iglesia debe tener conciencia de su misión especial: ser, por así decirlo, la evasión fuera de las particularidades del mundo para entrar a la luz de Dios y mantener esta salida libre y abierta para que el soplo de vida pueda penetrar en el mundo.” (p. 263)

Es necesario, sin embargo, abstenerse de querer hacer una “Iglesia de los puros”. La conversión a Jesucristo y al Evangelio siempre es imperfecta, siempre debe rehacerse. Las expresiones de fe de las personas de condición muy modesta y la de personas instruidas, deben poder ocupar allí un lugar, dentro de una rica diversidad.




[1] Si los occidentales optan cada vez menos por la fe en Jesucristo y por el Dios de Jesucristo, la referencia al Evangelio y, por consiguiente, a los valores llamados “cristianos” perderá relevancia social en Occidente.
[2] Se puede hablar de sociedad secular y también de cultura secular. Entonces, podemos decir que la realidad de la secularización en muchos países de Occidente es que la cultura ya no es, por sí misma, portadora de lo Trascendente, portadora de Dios. La cultura ya no es “cristiana”… allí donde lo fue anteriormente.
[3] Es necesario distinguir algunos matices en lo que se refiere a la expansión de la cultura secular en Occidente. Por ejemplo, en la región de Canadá y Estados Unidos, donde soy Consejero general, percibo a Quebec como una sociedad muy secularizada; Estados Unidos lo está mucho menos que el Canadá. Otro ejemplo: en Estados Unidos la evocación pública de Dios y la confesión de pertenencia a una Iglesia se consideran algo normal, incluso traen consigo prestigio político; en Canadá tales expresiones públicas de parte de dirigentes son muy escasas y, políticamente, se consideran contraproducentes. En Canadá, es necesario distinguir la situación de los Aborígenes y de grupos de inmigrantes, para quienes la cultura incluye la relación con lo Trascendente.
[4] Una mayoría (79%) identifica a Dios más bien con una“fuerza, energía o espíritu”. Sin embargo, el 58% de los que se declaran “católicos” cree en la resurrección de Jesucristo y el 74% piensa que la muerte no es la última etapa de la vida humana ( de los cuales un 10% afirma la resurrección de los muertos y un 8% piensa en términos de reencarnación sobre la tierra en otra vida). Los católicos franceses, en su mayoría, tienen una buena opinión de la Iglesia Católica (76%) y del Papa actual (71%)
[5] El desafío de la misión, en un mundo secular, es pues de orden teológico (=la relación con Dios) y no de orden moral (= los valores humanos).
[6]Para complementar el tema de el aumento progresivo de la secularidad en el mundo y sobre su impacto en la Iglesia, consultar las dos preguntas planteadas en el Apéndice.
[7] En este año 2007, celebramos el bicentenario de esta experiencia del fundador. Sin embargo, especialistas en historia oblata, entre los cuales está el P. Josef Pielorz, rehúsan precisar el año de esta experiencia. (cf. Vie Oblate Life, 1997, pp. 13-45 « Vendredi saint de 1807, mythe ou réalité ? »
[8] Se puede releer el excelente artículo “Jesucristo”, del P. Fernand Jetté, en el Diccionario d los valores oblatos, Roma, 1996, p.466-492.
[9] La experiencia del Viernes Santo vivida por el fundador se asemeja, a mis ojos, a la vivida por San Pablo, descrita por Lucas en un relato lleno de imágenes (Hechos 9, 1-19), en boca del mismo Pablo:”Dios me ha llamado por gracia y se ha dignado revelar en mí a su Hijo para que lo anuncie entre los paganos” (Gal. 1, 16). Cristo entonces se convirtió para Pablo en su razón de ser y en el objetivo profundo de su misión. Como para Eugenio, para Pablo la vida espiritual y la misión de dar testimonio han crecido juntas (ver Flp. 3, 10-12). Para nosotros que participamos del carisma que recibió San Eugenio, vida y misión son la experiencia de toda una vida.
[10] En nuestra historia oblata, siempre hemos preferido una misión con las personas de condición modesta, más que con las clases socio-económicas superiores. Pro no se debe identificar esta opción como el centro de nuestro carisma y de nuestra misión.
[11]Seis discursos construidos de la misma manera. Encontramos el mismo kerigma en Pablo (Cf. I Cor.15). 12M. Dumais, Communauté et mission. Une lecture des Actes des Apôtres pour aujourd’hui, Montreal, Bellarmin, nueva edición, 2000, p. 20-21 y 26-27. La primera edición apareció en las Ediciones Desclée (París, 1992).
[13] Jesús nunca dio una “definición” del Reino que venía a instaurar. En su realidad profunda, el Reino puede ser definido como la comunión de todos los seres humanos, entre ellos y con Dios. Decir “comunión” es decir “amor”. La revelación fundamental de Jesús, con todo su ser y con toda su vida, es, pues, aquélla de un Dios-Amor.
[14] Volver verdaderamente a la misión, a la evangelización de base: tiene consecuencias. Cuando nos comprometemos en la Pastoral, en parroquias por ejemplo, es necesario que estas parroquias sean misioneras, lo que significa que debemos preparar a los feligreses para que se conviertan en misioneros de su medio: dar testimonio ante los miembros de sus familias, ante las personas de su entorno de vida o de su trabajo, a quienes, generalmente, no llega el Evangelio y que constituyen una mayoría en nuestras sociedades. Más aún, está claro que nuestra misión en Occidente descristianizado no puede realizarse sino a través de los laicos (pensemos, en primer lugar, en Laicos Asociados, que reciben el carisma misionero de San Eugenio). Volvamos a la Primera Iglesia de los Hechos de los Apóstoles: todos los que se hacían cristianos, se convertían en “misioneros”, todos recibían el Espíritu de Pentecostés, el Espíritu profético para dar testimonio. Ser cristiano es ser testigo.
[15] Al leer este pasaje de Juan Pablo II, pensemos en la expresión de nuestra tradición oblata, retomada en el artículo 5 de nuestras Constituciones y Reglas: “los pobres de múltiples rostros”. Están presentados como “aquellos cuya condición reclama con fuertes gritos una esperanza y una salvación que sólo Cristo puede dar en plenitud” Testigos de la Esperanza. ¡He aquí el mandato recibido en nuestro último Capítulo general!
[16] Podríamos ampliar hasta…la pedagogía de Dios en toda la revelación bíblica. Pienso que, a menudo, las personas, incluso hoy día, sigue en líneas generales e inconscientemente las mismas etapas del descubrimiento de Dios del pueblo elegido. Pasan por el “Dios del Antiguo Testamento” antes de llegar, después de una largo compromiso de fe, al “Dios de Jesús”(=Dios del Amor ).
[17]El pastor Billy Graham fue uno de los iniciadores de este anuncio kerigmático ante grandes multitudes o en los medios de comunicación. Su enfoque es más equilibrado que el de muchas otras “estrellas” que le han sucedido. [18] Muchas veces, nuestro Fundador se ha referido a estos resúmenes de la vida de los primeros cristianos como modelo de nuestra vida oblata misionera.
[19] Recordemos la encuesta de Francia citada en la nota 3: el 79% de los llamados “católicos” identifican a Dios con una “fuerza, energía o mente”. La influencia de Nueva Era es profunda, incluso entre los mismos católicos.
[20] Una encuesta a los jóvenes de Quebec (Canadá) reveló que siete de cada diez jóvenes dicen rezar de vez en cuando. Ver Proposer aujourd’hui la foi aux jeunes, Asamblea de Obispos de Quebec, 2000, p. 28.
[21] Un eminente intelectual francés, Jean d’Ormesson, quien se declara agnóstico, confiesa:”Tengo sed de Dios. Un deseo loco de Dios. Tengo dificultad en creer, sin embargo creo que existe algo más. La figura de Cristo me fascina. La encarnación, es Dios que se hace hombre: se ve obligado a ello para darse a conocer y, en forma recíproca, ¡ si él se hace hombre, el hombre se hace Dios! Allí reside la fuerza y la belleza de la religión cristiana”. Le Monde des Religions, enero-febrero 2007, p. 81.
[22] El discurso de Atenas puede ser estudiado bajo otro ángulo. Se puede considerar como uno de los modelos de diálogo interreligioso.
[23] El Evangelio de Juan presenta, por su parte, una cristología llamada “descendente” (=de Dios al hombre): el Verbo se ha hecho carne (Jn 1). La cristología de los Evangelios Sinópticos es denominada “ascendente”: en el hombre Jesús se descubre progresivamente, la presencia de Dios, la Persona de Dios.
[24] “El nombró a Doce para estar con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). La misión cobra sentido si está precedida de un “estar con”.
[25] Mc 1, 27-30; Mt 16, 13-20, Lc 9, 18-21.
[26] Cita proveniente de Sedos Magazine, 1999, vol. 31, nº 8-9, p. 99.
[27] El humanismo integral: éste era ya el título que el gran filósofo cristiano Jacques Maritain había dado a su obra publicada hace 70 años y convertida en un clásico.
[28] Durante los últimos años el Dalai Lama ha publicado dos obras en Inglés sobre The Way of Happiness, que han sido bestsellers. En Francia, filósofos y psicólogos publican, cual más cual menos, sobre el tema.
[29] Fui invitado a presentar las bienaventuranzas ante grupos de jóvenes. Se sintieron fascinados por estas bienaventuranzas, especialmente al relacionarlas con la vida de Jesús. Aquél que vivió las bienaventuranzas que enseñó.
[30] La evangelización tiene, por lo tanto, como objetivo acoger a Dios, al Dios-Amor (= lo teológico) y amarnos los unos a los otros (= lo moral). He aquí lo que significa “llegar a ser plenamente humano”.
[31] El relato tiene su paralelo en los Hechos de los Apóstoles: Felipe “evangeliza” a la manera de Jesús: primero reuniéndose con el Etíope en la senda de su vida, etc…Leer Hch 8, 26-39.
[32] La pedagogía de la pregunta es un modo corriente de actuar de Jesús, a lo largo de todo el Evangelio. De hecho las parábolas son formas de preguntas.


DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación no oficial
de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada
C.P. 9061, 00100 ROMA-AURELIO, Italia
Fax (39) 06 39 37 53 22 E-mail: information@omigen.org