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Diccionario de valores oblatos... (54)



FIESTAS OBLATAS

EL CALENDARIO OBLATO DE 1832

El Fundador no escribió Diario entre 1826 y 1837. En él se hubieran podido descubrir algunas de las razones que motivaron su elección de las fiestas incluidas en el calendario sometido a la S. Sede en 1832.

Sin embargo, la mayoría de las fiestas escogidas tenían conexión evidente con la espiritualidad del P. de Mazenod y de la Congregación que había fundado. Las fiestas consagradas a los instrumentos de la pasión y muerte de Cristo y a la participación de María en dichos eventos reflejan la devoción popular de aquella época a los acontecimientos de la salvación; pero son también reflejo de la devoción muy especial del P. de Mazenod tras las "lágrimas amargas" que había derramado durante la profunda experiencia religiosa vivida en el marco de la liturgia del viernes santo de 1807 [2]. Por eso tenemos, entre las fiestas móviles, la conmemoración de la Pasión de N.S. Jesucristo, del Santo Sudario, de la Preciosa Sangre de Jesús, de la Corona de espinas, de las Cinco Llagas, de la Lanza y de los Clavos, del S. Corazón de Jesús y de los Siete Dolores de María.

Las fiestas fijas son, ante todo, expresión de la devoción del Fundador a la Virgen María: Desposorios de María (23 de enero), Oficio de la Concepción de María en memoria de la aprobación de la Congregación por la S. Sede (17 de febrero), Nuestra Señora, Auxilio de los cristianos (23 de mayo), Nuestra Señora del Carmen (21 de julio), Sagrado Corazón de María (domingo en la octava de la Asunción), Maternidad de María (2º domingo de octubre), Intercesión de María (domingo 3º de octubre), Concepción de María (8 de diciembre), Traslado de la Casa de María (10 de diciembre), y Expectación del nacimiento de Jesús (18 de diciembre).

La fiesta de San Gabriel está en el calendario por razón del papel del arcángel en la Anunciación. San Jacinto era famoso por su devoción a María. San Roque era abogado de las víctimas de la peste; el P. de Mazenod en 1814 había asistido espiritualmente con heroísmo a las víctimas del tifus y él mismo había terminado por contraer esa enfermedad [3]. San Juan Nepomuceno, según la fama, había sido martirizado por su tenacidad en mantener el secreto de la confesión y por eso era venerado como patrono de los confesores. Como el P. de Mazenod y sus misioneros consagraban largas horas al ministerio de la confesión, era normal la inclusión de ese santo en el calendario. San Ubaldo, obispo de Gubbio, era un pastor celoso al que tomó como modelo el joven vicario general de Marsella. San Raimundo de Peñafort, patrono de los canonistas, parece haber sido también tomado por el Fundador como uno de sus patronos.

San José, esposo de María, ocupaba un lugar especial en la piedad del P. de Mazenod. Este había escogido el tercer domingo de Pascua para conmemorar el poder de intercesión del santo. Además, cada vez que, por cualquier título, se celebraba el Oficio de María, se debía hacer conmemoración de San José.


[2] Retiro de 1814, 2ª meditación.
[3] Journal des délibérations de l'Association de la jeunesse crhétienne, 6 de marzo de 1814.