Home Page
   
Sitemap
Advanced search
Reserved area
Lost Password?   Sign up

Diccionario de valores oblatos... (54)



ORACIÓN

LA ORACIÓN EN LA CONGREGACIÓN DE 1861 A 1982

La revisión de las Constituciones de 1928 no tocó el texto de 1826 y 1853. Sólo cambió el número de orden, que pasó a ser el 254.

La revisión de 1966, en cambio, introdujo cambios importantes en casi todos los artículos. Estos fueron objeto no sólo de una reflexión a la luz del concilio Vaticano II, sino de una formulación y una presentación completamente nuevas. Además, en 1966 se adoptó la división entre Constituciones, prescripciones que solo la Santa Sede puede modificar, y Reglas que puede cambiar un Capítulo general. Tras el Prefacio, tenemos 215 Constituciones, seguidas de 237 Reglas; cada sección lleva su propia numeración.

El artículo sobre la oración, que había quedado sin cambiar durante casi 150 años, fue completamente revisado. Incluso fue dividido en una Constitución y una Regla: "En la oración silenciosa y prolongada de cada día se dejará modelar por el Señor, a fin de someterse a su luz y adaptarse a las exigencias saludables del Reino. Cooperador del Salvador, encontrará en él, en todo y dondequiera, la inspiración de su conducta" (C 59).

"Cada uno consagrará a la oración al menos una hora al día; el superior, una vez informado el provincial, precisará las modalidades de tiempo y de lugar, de forma que se mantenga en lo posible la oración de la tarde ante el Santísimo Sacramento" (R 110).

Si comparamos estos textos con el de las ediciones de 1818, 1823, 1853 y 1928, notamos varios cambios. Lo que era una hora y cuarto, pasa a ser "una hora al menos". No se dice ya que una parte deba hacerse por la mañana y la otra por la tarde. Desaparece también la mención de la plegaria de la mañana y la de las virtudes teologales como tema de meditación. Se insiste algo más en la dimensión cristológica, el seguimiento de Cristo. Es evidente que se intenta dejar mayor flexibilidad en cuanto al tiempo y al lugar de la oración. Y se menciona la influencia que esta forma de oración debe ejercer en el ministerio del oblato. Estos cambios reflejan, bajo varios aspectos, la evolución de la espiritualidad desde los tiempos de Eugenio. Sin embargo, su inspiración inicial se ha preservado.

Tras la muerte del Fundador, todos los superiores generales han insistido en la importancia de la oración en la vida y el apostolado del oblato. No es necesario repetirlo aquí. Sin embargo, quisiera terminar esta tercera parte resumiendo cómo han visto la oración algunos oblatos del común de los mortales.

Varios textos lo ilustran. He escogido, por su brevedad y su carácter universal, un informe de 1951 sobre los noviciados del P. Daniel Albers, entonces director general de los estudios [39]. El informe presenta las actitudes y las costumbres observadas por muchos oblatos. Aunque se ha redactado a mitad de siglo, refleja lo que se ha trasmitido desde hace más de cien años. Concierne a los noviciados, pero ahí es donde nuestra formación ha recibido su primer impulso. Por lo que se refiere a nuestro tema, el informe distingue entre la meditación de la mañana y la oración de la tarde.

La meditación de la mañana. La mayoría de los maestros de novicios enseñan el método sulpiciano simplificado. Otros enseñan "los métodos de San Ignacio. Varios explican a los novicios los diferentes métodos, invitándolos a utilizar los que mejor les convienen, o a buscar un método personal de oración, ya que los métodos son solo ejemplos de lo que se puede hacer" [40]. Los libros de meditación más citados son de los clásicos: Plus, Marmion, S. Francisco de Sales, Saudreau, Rodríguez, Hamon, etc. Algunos aconsejan también el Nuevo Testamento, el misal, la Imitación de Cristo, el curso de espiritualidad y, después de algunos meses, la Regla.

La oración de la tarde. Se hace en la capilla, salvo raras excepciones (excursiones). Con frecuencia hay bendiciones con el Santísimo, en las que de ordinario hay un cuarto de hora de adoración en silencio. Respecto al método usado, la oración tiende a tener un carácter más afectivo y más libre que la meditación de la mañana. Algunos presentan la oración de la tarde como un diálogo cordial con Jesús. En algunos noviciados se aconseja no usar libro durante la oración o se permite usarlo pero poniendo en guardia contra la simple lectura [41].

Distinción entre meditación y oración. "Algunos informes no juzgan útil distinguir entre meditación y oración […] La meditación debe conducir a la oración, es decir, a una vida de unión más íntima y más simple con Cristo y por él con la Santísima Trinidad. Pero se dice, con todo, que en principio la oración es más afectiva. Un informe presenta así la diferencia entre meditación y oración: La meditación al inicio de la jornada debe presentar motivos de vida y de acción. La inteligencia, iluminada por el Espíritu Santo, debe encontrar en la meditación los motivos que nos harán conocer y amar más, amor que tendrá su prueba y su expresión en la resolución […] La oración presentada como coloquio cordial con Nuestro Señor tendrá una forma simple, menos didáctica, más afectiva" [42]. Al final del día invita al oblato a poner ante Cristo, en un acto de simple abandono, las alegrías y penas del ministerio y de la vida comunitaria.

En la mayoría de los noviciados se distingue así meditación y oración: "Se dirá por ejemplo que una busca sobre todo la enmienda de la vida, y la otra la contemplación; o bien que la meditación insiste en las consideraciones y la oración en los afectos; o que la meditación es más discursiva, metódica y más general en su objeto, y la oración más afectiva, y más cristocéntrica, incluso eucarística; o también que una se aplica a meditar un tema preciso para llegar a la unión con Dios y descubrir los medios de perfeccionarse, y la otra es una conversación muy libre con Dios sobre la jornada, en la que se habla casi de todo, etc" [43].


[39] Cf. ALBERS, D., "Compte rendu des rapports sur les noviciats de la C. ": Et. Obl. 10 (1951) 153-248.
[40] Ib. "méditation du matin", p. 192-194.
[41] Cf. Ib. p. 194s.
[42] Ib. p. 196.
[43] Ib. p. 196 s.