LA ORACIÓN EN LAS CONSTITUCIONES Y REGLAS DE 1982
Remontándose a las expresiones de Eugenio en 1818 y 1826 así como a las prescripciones de 1853, 1928 y 1966, el Capítulo general de 1980 tomó los artículos que se referían a la meditación y a la oración en las Constituciones y Reglas, asimiló su espíritu y luego sacó una fórmula sucinta pero no menos significativa: "En la oración silenciosa y prolongada de cada día, nos dejamos modelar por el Señor y encontramos en Él inspiración para nuestra conducta. Según nuestra tradición, consagramos una hora diaria a la oración, y pasamos juntos una parte de ese tiempo en presencia del Santísimo Sacramento" (C 33).
En cuanto a la lengua oficial de las Constituciones y Reglas, la de la edición de 1818 fue el francés, mientras que fue el latín en las ediciones de 1826, 1853, 1928 y 1966. El Capítulo de 1980 adoptó dos lenguas: el francés y el inglés. Ninguno de ambos textos es la traducción del otro. Las palabras claves del texto inglés son: "In the prolonged silent prayer we make each day […] we devote an hour each day in mental prayer, part of which is spent together in the presence of the Blessed Sacrament" (C 33).
Comparando ambos textos, aparecen tres diferencias: el inglés usa la primera persona del plural [en eso le sigue el texto español], mientras que el francés usa la tercera; el texto inglés habla de oración mental, y el francés solo de oración; el inglés dice que pasamos juntos una parte de ese tiempo ante el Santísimo [así también el texto español], mientras el francés expresa que los oblatos viven juntos una parte de ese tiempo en presencia del S. Sacramento.
Con todo, estas diferencias no afectan a la sustancia del mensaje. Para las personas de lengua inglesa al menos, el "nosotros" es más personal y caluroso que el "ellos". Oración mental y oración tienen sentidos muy afines. No obstante, notamos que los redactores franceses eligieron la expresión oración en vez de oración mental. En la Regla de 1818 el Fundador usa las dos expresiones [44]. No es, pues, más oblata una que otra, por decirlo así. En cuanto a la tercera diferencia, el texto francés presenta un aspecto más animado que el inglés, al decir "viven juntos" en vez de "pasan juntos". El matiz deseado es tal vez éste: que no se contenten con pasar ese tiempo juntos en ese lugar, sino que, en el coloquio cordial silencioso con el Señor, haya una comunión de vida entre aquellos que están presentes y los que están ausentes.
1. UNAS REFLEXIONES
Las Constituciones 33-36 hablan de los nueve principales recursos espirituales de que disponen los oblatos. Son, según el orden de presentación, la Eucaristía, la Palabra de Dios, la Liturgia de las Horas, la oración, el examen de conciencia, el sacramento de la Reconciliación (C 33), las prácticas de ascesis (C 34), los tiempos de renovación personal y comunitaria (C 35) y la unión a María (C 36). El contexto general es el del capítulo II: Vida religiosa apostólica, y el contexto más inmediato es el de la sección II: Viviendo en la fe, que sigue a la sección sobre los consejos evangélicos, y precede a la sección sobre las comunidades apostólicas.
El párrafo cuarto de la Constitución 33 empieza así: "En la oración silenciosa y prolongada de cada día…" Se dice "de cada día" y no "una vez de tanto en tanto". Además el texto afirma: "consagramos una hora diaria a la oración" y no dice, en forma moralizante, que debemos hacerlo, ni ordena que lo hagamos. Dice simplemente que consagramos esa hora a la oración. En otras palabras, si somos verdaderos oblatos, eso es lo que hacemos.
"Nos dejamos modelar por el Señor". Nótese el carácter pasivo de la expresión. El acento se pone en la inclinación a la oración, en la actitud de acogida, cualquiera sea el método seguido para orar. Se deja que la oración surja del interior, tal como ocurra en el momento, más bien que imponerse una fórmula o un marco. Se deja al Padre, al Hijo y al Espíritu, que habitan en lo más íntimo del alma, ser un manantial vivo que brota en nosotros [45].
"Encontramos en Él inspiración para nuestra conducta". Esta expresión se aplica a la meditación en sentido tradicional. Para los oblatos con espíritu más discursivo, toda clase de meditación es buena. Para los más contemplativos, tiene mayor interés una forma de oración afectiva y sosegada.
"Según nuestra tradición, consagramos una hora diaria a la oración…" Hasta 1965 se consagraba a la oración una hora y cuarto, dividida entre la mañana y la tarde. Desde 1982 ya no se trata más que de una hora. Para los puristas esto puede parecer una reducción. En realidad, el texto conserva el espíritu trasmitido desde los orígenes.
Todas las personas versadas en el campo de la oración reconocen que una hora completa de oración sin interrupción es mucho más exigente y provechosa que dos medias horas o un período de 45 minutos y otro de 30, si se da el caso. Los 60 minutos no representan nada mágico para nadie, pero los carmelitas, los jesuitas, los cistercienses e incluso los budistas están concordes en que una persona que reza regularmente necesita una hora. Jesús mismo decía: "¿No habéis podido velar una hora conmigo?" (Mt 26, 40; Mc 14, 37).
Para alguien que se dedica a tiempo pleno al apostolado, más de una hora diaria de oración no resulta práctico. Con todo, una hora de oración solitaria es lo mínimo. Nadie puede explicar rigurosamente por qué una hora. Pero, ya que se da ese acuerdo universal, tanto entre cristianos como entre no cristianos, debe haber algo que conviene fundamentalmente al espíritu humano en pasar una hora entera sin interrupción en la oración cada día.
También, según la tradición, "pasamos juntos una parte de ese tiempo en presencia del Santísimo Sacramento". Esta visita prolongada a Cristo en la Eucaristía fue muy del gusto no solo del Fundador sino de todos los primeros padres y hermanos de la Congregación. Para la mayoría de los oblatos actuales, la teología de la Eucaristía difiere mucho de la del siglo XIX. Las Constituciones y Reglas de 1982 no prescriben esa visita. Recuerdan más bien su importancia en la tradición y afirman sencillamente que eso es lo que hacemos. Personalmente, creo que tenemos mucho que aprender de esa tradición en su sustancia, aunque las teologías sean diferentes. El misterio de la Eucaristía, o la Eucaristía como misterio, es algo eterno. Sigue estando lleno de riquezas para quien toma el tiempo de recibirlo.
2. UNA TEOLOGIA DE LA ORACION
Para mí, personalmente, la palabra oración evoca el nombre de Teresa de Ávila. Con todo, la expresión no viene de ella. Se funda en un dicho de san Pablo: "Si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto. Entonces ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente" (1 Co 14, 14-15). Con toda evidencia, Pablo apela a lo que expresamos en la oración. No obstante, lo que él tiene en vistas trasciende la simple inteligencia, el nous griego (mente) significa mucho más que el espíritu. Dice con insistencia que la oración lo engloba todo y que surge de lo que hay de más profundo en el orante. En su sentido original, la oración no designa por tanto una forma o una manera particular de orar, sino más bien algo esencial a toda oración, es decir, que viene de toda la persona y que procede de lo más profundo que hay en ella.
a. Teresa de Ávila y la oración
Teresa de Jesús parte de esa noción inspirada de san Pablo para presentar la oración de forma que cualquier creyente puede comprender. En primer lugar, reconoce a la oración un sentido de condición universal de la plegaria. Entonces, para llegar a sus fines, lo reduce al de oración personal y solitaria, cualquiera que sea el estadio al que la persona haya llegado en ella.
Cronológicamente, la primera vez que aborda el tema de la oración es en su Vida, capítulos 8-22. "No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" [46].
Para Teresa hacer oración es dirigirse a Dios. Pero como podemos dirigirnos a él de muchas formas, oralmente, litúrgicamente, comunitaria- mente, añade a la palabra oración el calificativo de mental. Esta palabra, con todo, puede suscitar asociaciones involuntarias. La asociamos espontánea- mente al proceso cognoscitivo, intelectual, al pensamiento. Teresa, como otros antes que ella, parece seguir la tradición agustiniana que usa la palabra para expresar los deseos más profundos de una persona. Así, san Agustín, en las Confesiones explica la palabra latina mens: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" [47].
Hacer oración, pues, quiere decir dirigirse a Dios desde lo más profundo del propio ser. Puede haber reflexión, análisis y racionalización en la oración. Pero ésta surge como tal del deseo irresistible del alma. Es un movimiento afectivo explícito de toda la persona en busca de la unión con Dios. Es el sentido de la "amistad íntima". La oración no es solo la relación de la criatura a su Creador, del pecador a su Juez, del indigente a la Providencia. Es la relación del amigo al Amigo y, en su último estadio, del enamorado a su Predilecto. En el primer nivel, la palabra tratar significa discutir, conversar amistosamente. Más profundamente, significa comulgar. La oración denota, pues, la comunión que se da entre dos amigos, en este caso entre el alma y su Señor, entre mí y mi Dios. Los amigos se hablan. Conversan. Dialogan entre sí, pero, sobre todo, están juntos, viven en comunión.
Podemos comulgar con Dios como amigos con su Amigo en diferentes contextos. Teresa reduce, por tanto, el campo de la oración a la comunión en la soledad: estar a solas con Dios como un amigo con su Amigo. La oración en este sentido más sutil se distingue, pues, de la oración vocal, litúrgica, compartida, etc. Incluso cuando se hace en común, es decir cuando varios la realizan al mismo tiempo y en el mismo lugar, como tienen costumbre de hacer los Oblatos ante el Santísimo Sacramento, la oración es personal y solitaria
"Con quien sabemos nos ama". Esta frase de Teresa nos recuerda la de San Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó" (1 Jn 4, 10). Esto es también para Teresa un modo de asegurarse de que entendemos que ese intercambio está hecho de amor más que de simple conversación.
b. Las vías o los grados de oración en Santa Teresa
Teresa se sirve de una analogía muy sencilla para describir las cuatro vías fundamentales de la oración. Se las llama también grados de oración porque corresponden a una toma de posesión gradual del alma por Dios. La analogía es la del "riego de un huerto" [48], que puede hacerse de cuatro maneras.
Primero, "con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo". Esta vía se compara a la meditación, o a la contemplación en los Ejercicios de san Ignacio, cuando el espíritu, la imaginación y la memoria se esfuerzan en analizar un tema o un texto y en aplicarlo a la vida del orante [49].
"O con noria y arcaduces" que llevan el agua adonde hace falta. Aquí el trabajo es menos fatigoso que en el primer grado. Teresa lo llama "oración de quietud" [50]. Hay todavía trabajo que realizar, pero se ha pasado el umbral, lo que Juan de la Cruz llama el comienzo de la contemplación [51]. A partir de ahí nos volvemos cada vez más receptivos para las iniciativas amorosas de Dios en la oración como en toda la vida. Además tomamos conciencia del creciente predominio de la acción de Dios en nosotros y alrededor de nosotros.
La tercera forma de riego es sacando el agua del arroyo por medio de acequias. El suelo se satura así mucho más completamente y con mucho menos trabajo [52].
El cuarto modo es la lluvia abundante con la que el Señor riega el campo directamente sin trabajo ninguno nuestro [53]. Estos dos últimos grados corresponden a los estadios más avanzados de la contemplación, en los que Dios no sólo toma la iniciativa sino que, en fin de cuentas, es el único que actúa en la oración. En esta fase final, no oramos ya propiamente, estamos en estado de oración.
Si comparamos en Teresa de Jesús el libro de su Vida con su obra posterior más elaborada Moradas del castillo interior, descubrimos que el primer riego corresponde a las tres primeras moradas, el segundo y tercero, a la cuarta morada. La cuarta forma de riego, que deja libre curso a la oración de unión, se da en las moradas quinta, sexta y séptima.
El mismo término oración puede, por tanto, decirse de la meditación más elemental y laboriosa del principiante, así como de la oración altamente contemplativa del misionero octogenario que pasa la mayor parte del día en la soledad. Los redactores de la C 33 probablemente escogieron la palabra oración esencialmente por los mismos motivos que Teresa de Jesús: porque engloba todos los grados de la oración. Se refiere a la actitud orante de toda persona en cualquier etapa de su crecimiento espiritual.
[44] Cf. "Constitutions et Règles de la Société des Missionnaires de Provence", parte 2ª, c. 1, § 5.
[45] Cf. Jn 4, 14.
[46] TERESA DE JESÚS, Libro de la Vida, c. 8, 5 (Obras completas, BAC, Madrid , 1982, p. 50.
[47] AGUSTÍN, Confesiones, I, 1.
[48] Vida, c. 11, 7., p. 59.
[49] Ib. c. 11-13.
[50] Ib. c. 14 y 15,
[51] Cf. NEMECK, F.K., y COLOMBS, M.T., Contemplation, Wilmington, 1984, p. 24-96; The Spiritual Journey…Wilmington, 1987, p. 75-124.
[52] Vida, c. 16 y 17.
[53] Ib. c. 18-21.