Eugenio de Mazenod, al iniciar su fundación, no vislumbraba más que la formación de una comunidad de sacerdotes seculares dedicados a la evangelización de Provenza por medio de misiones populares. "En aquella época, escribe Leflon, surgen sociedades análogas en otras diócesis, en Besançon, en Tolosa, en Lyón, en Poitiers, etc.[…] Estas sociedades, regionales o diocesanas, se limitan a una parte del Reino, mientras que la Misión de Francia, fundada por Rauzan y Janson, así como los Padres de la Fe, establecidos en Laval, se asignan como campo de acción todo el territorio nacional. El Antiguo Régimen, en Provenza, había conocido ese mismo dualismo, ya que, mientras los lazaristas instalados en Marsella se denominaban Misión de Francia, los sacerdotes del Sr. D'Authier de Sisgaud reivindicaban en la misma ciudad, en el siglo XVII, el título de Misión de Provenza. Al reanudar en Aix la obra de sus predecesores meridionales, el P. de Mazenod restablecía la tradición de su país" [1].
LOS MISIONEROS DE PROVENZA
Parece que por entonces el nombre que iba a dar a la sociedad no fue para el Fundador tema de seria preocupación. La solicitud de aprobación dirigida a los vicarios generales de Aix no lleva ningún nombre, como tampoco la aprobación que siguió [2]. Solo se trata de misiones y de misioneros para Provenza. Lo cual no obsta para que el P. Donato Levasseur en su Historia de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, concluya simplemente: "La Sociedad de los Misioneros de Provenza, comúnmente llamada la Misión de Provenza […] queda, pues, reconocida oficialmente por la autoridad diocesana" [3].
Este título cayó pronto en desuso. En efecto, tras la fundación de la casa de Nîmes en el Languedoc, fuera de Provenza, el nombre ya no respondía a la realidad.
[1] LEFLON, II, p. 46, nota 4..
[2] Cf. REY, I, p. 190-192.
[3] LEVASSEUR, D., Historia de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, I, Asunción, 1994, 44.