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ALOCUCIÓN DEL SUPERIOR GENERAL EN EL ENCUENTRO INTERCAPITULAR

Alocución del Superior general

en el Encuentro intercapitular

México – Octubre de 2001

 

DOCUMENTACIÓN OMI

Nr. 243 diciembre 2001

I.  INTRODUCCIÓN

1. En su retiro, antes de tomar posesión de la diócesis de Marsella, San Eugenio quiso  detenerse en una visión de conjunto de su futuro “rebaño” que le era ya familiar. Si pensamos en nuestras parroquias y en nuestras misiones  ¿qué gente nos viene a la mente, de entrada? ¿el consejo parroquial? ¿las celebraciones dominicales? Me ha sorprendido constatar que de Mazenod empieza su revisión con la “multitud de cristianos que lo son sólo de nombre, y que quieren seguir siendo extraños en la familia a la que no tienen duda de pertenecer. (...)”  Su primera pregunta pastoral  como nuevo Ordinario es: “¿Qué hacer con esta considerable porción de su rebaño?”  Sueña una posible respuesta: “Rezar por ella y,  si es posible,  poner su atención especial en una conducta irreprochable, pero esto no basta para los hombres de este temple, haría falta atraerlos con virtudes llamativas que  raramente tienen ocasión de practicar”[1]  Vemos aquí el corazón misionero del Fundador. Era su celo y su audacia apostólica lo que hacían de él un santo. ¿Qué nos sugiere hoy nuestro corazón misionero, a nosotros Oblatos del siglo 21? Era exactamente el tema del último Capítulo: ¿Cómo debemos ser misioneros hoy, cómo “Evangelizar a los pobres en la aurora del tercer milenio?

2. En el transcurso de este encuentro de provinciales con el Gobierno central[2]  quiero poner de relieve el punto de vista del Consejo general sobre los tres últimos años de evangelización de los pobres  llevada a cabo por los Oblatos. Os invito igualmente a echar una mirada a las perspectivas del porvenir[3]. Lo que voy a decir ha sido discutido en el Consejo general y representa su punto de vista . El encuentro que empezamos es un poco menos importante que el Capítulo general, pues no tenemos la responsabilidad de tomar decisiones. Es, con todo, un acontecimiento importante. ¡Que pueda ayudarnos a encontrar una inspiración fresca para la Congregación en los años que vienen! Espero que la atmósfera de este encuentro  nos permita sentirnos libres, ser creativos y nos oriente al futuro, abiertos a sueños de diversos colores sobre nuestra vida misionera y oblata futura.

II.   ENTRE DOS CAPÍTULOS -  LO QUE ESTÁ EN MARCHA Y LO QUE NO ESTÁ TERMINADO

1.  El mandato del Capítulo

a.     Evangelizar a los pobres en tiempos nuevos

3. Nuestro último Capítulo estaba centrado claramente en la misión, mientras que los anteriores habían puesto el acento en la comunidad. Si en 1998 hemos situado nuestra misión en la perspectiva del nuevo milenio, no era sólo por las cifras redondas de  los calendarios. Éramos conscientes de los cambios profundos de nuestro mundo y hemos intentado contemplarlos con los ojos de Cristo,  queríamos ver el mundo como es visto por Dios . Después nos ha venido una inspiración. Se expresa con la palabra ESPERANZA que el documento repite ocho veces. “El Capítulo, al mismo tiempo que nos hace tomar conciencia de la realidad a menudo dolorosa del hombre de hoy, de  nuestras limitaciones, hace nacer en nosotros una inmensa esperanza” ( cf. EPM 4-8)

b.    Cuatro imperativos

4. Dada la necesidad de nuestra reflexión, sintetizo el Capítulo de 1998 en cuatro imperativos que, en mi espíritu,  constituyen la idea maestra de su mandato.  El Capítulo ha pedido a los Oblatos

i.               una nueva audacia por el evangelio [4];     

ii.              una reafirmación del carácter comunitario de la misión oblata[5];

iii.       una nueva internacionalidad [6];

iv.             debemos añadir a esto que la tercera parte de nuestras Constituciones y Reglas se ha cambiado. Con este cambio, el Capítulo ha dado un mandato de adaptar nuestras estructuras y nuestras finanzas a las exigencias actuales del  trabajo y de la vida oblata.

2. Cómo ha respondido la Congregación

5. Intentar una valoración de cómo el conjunto de la Congregación ha respondido a nuestro último Capítulo general  es un tema delicado. Podemos, con todo, decir con seguridad que la carta Evangelizar a los pobres en el umbral del tercer milenio ha sido bien recibida. Ha sido así porque el Capítulo ha expresado con toda evidencia lo que ya estaba en el aire. Entremos ahora en los detalles de cada uno de los cuatro puntos mencionados más arriba:

a.     Una nueva audacia por el evangelio.

6. Los Capítulos nos han exhortado : “Las urgencias de la misión deben hacernos audaces para abrir nuevos caminos de evangelización” (EPM 17). Esto se hace ya ciertamente en muchas circunstancias, a veces de un modo más fuerte en situaciones que no figuran en la primera página de los diarios. Pienso en los países que sufren guerras y conflictos. Es también un signo de nueva energía misionera el que diferentes entidades oblatas reflexionen hoy sobre su misión. Hay provincias que han tenido congresos mayores y jornadas de estudio sobre este tema. Para muchos, esta reflexión se relaciona con la Inmensa esperanza que engloba a toda la Congregación. Un tercer signo positivo es la rapidez con la que muchos jóvenes y menos jóvenes Oblatos han ofrecido su vida a las misiones extranjeras. Gracias a esto, hemos podido reforzar seis o siete de nuestras entidades oblatas[7] más pequeñas y vamos incluso hacia nuevos países:  Rumania, Bielorrusia, Vietnam.

7. Existe una nueva audacia por la misión que coexiste, con todo, con cierto nivel de inercia. En ciertos lugares la Congregación debería tal vez plantearse cuestiones más radicales como por ejemplo: ¿Somos percibidos por los otros como misioneros? ¿Invertimos en la juventud? ¿Hasta qué punto el envejecimiento de nuestros miembros nos ha hecho  frágiles?  ¿Permitimos a los jóvenes Oblatos vivir su ideal misionero?  El compromiso de trabajar con los jóvenes es un punto fundamental, especialmente en Europa occidental y en América del Norte.

b.    Un compromiso con la vida comunitaria

8. En general, la mentalidad  de los Oblatos está más en favor de la vida comunitaria que antes. Cada vez menos los Oblatos dicen que no estaba en la intención del Fundador el vivir juntos, bajo el mismo techo[8].

9. Pero los provinciales saben que, a menudo, la comunidad en el mundo real significa igualmente un cambio de estructuras firmemente establecidas. Algunas provincias han construido una Iglesia local y una organización casi diocesana, con muchos Oblatos que viven solos en sus parroquias con independencia económica. Para cambiar necesitamos determinación y paciencia.  Nos anima observar que muchas administraciones provinciales trabajan fuerte en orden a crear condiciones más favorables a la comunidad. Algunos lugares se han cerrado y apostolados fundados en la comunidad  se han puesto en marcha a partir de cero. Con tales mejoras  en las condiciones de comunidades  de trabajo  apostólico, como las parroquias y las misiones,  la comunidad religiosa puede animar la vida de unos y de otros. No pocas provincias promueven así un compartir financiero claramente más  consistente que es la espina dorsal de la vida comunitaria, como se ha dicho con ocasión del Capítulo de 1986[9].  A partir de estos esfuerzos para llegar a estructuras más sanas, la vida común y el trabajo en equipo  han mejorado en general en la Congregación.

10. La falta de modelos de vida en pequeñas fraternidades comúnmente aceptadas resulta una dificultad para la vida de comunidad. Hagamos una comparación: En el campo de la formación, podríamos decir que, desde hace veinte años de experiencia, sabemos cómo hacer.  Para la comunidad local con todo, no hemos encontrado la fórmula. Se trata a veces de cuestiones muy prácticas: ¿Cómo divertirnos juntos? ¿Cómo rezar juntos? ¿Cómo coordinar nuestro trabajo? ¿Cómo abordar el tema de las finanzas?  Lo he dicho varias veces: encontrar una manera de vivir en comunidad local según el Espíritu y la letra de nuestras Constituciones y Reglas, es uno de los desafíos mayores de nuestra Congregación. Tenemos que seguir hablando de este tema más adelante.

c.     Reflexión y práctica de la internacionalidad

11. Tengo la impresión de que la internacionalidad, un nuevo término desde el último Capítulo, se ha tomado en consideración de un modo serio en todas partes. En cualquiera de los encuentros que he tenido con los Oblatos, es, a menudo, el tema que más se discute. Se hacen nuevos movimientos del personal oblato sobre el terreno: del sur hacia el sur, e incluso del sur hacia el norte. Algunas provincias de Occidente ahora piden ayuda del exterior. La formación primera es un lugar en el que nos hacemos cada vez más internacionales, lo que no es algo nuevo, pero hoy asume formas diferentes a las del pasado.

d.    Revisar las estructuras y evaluar los cambios financieros

12. Se llevan a cabo importantes esfuerzos de reestructuración y el Asistente general de la Misión os informará de su desarrollo. El Capítulo ha pedido explícitamente la reestructuración de lo que se llamaba “viceprovincias”, un tipo de entidad que se ha abolido. Tengo la impresión que vamos hacia la creación de las estructuras que hoy se necesitan. La Regla dice: “Corresponde  al Superior general en Consejo erigir una provincia, modificar los límites y suprimir o unir provincias existentes. El Superior general  no tomará estas medidas sin haber consultado previamente a las personas interesadas” (C 98). Mi propósito es que, en el curso de los años que vienen y con la colaboración de todos, podamos tomar las decisiones adecuadas y valientes, sin precipitarse, pero sin atrasarse. En lo que concierne a las finanzas, por ejemplo, hemos analizado los importantes cambios de nuestros recursos para el curso de los próximos años. El Tesorero general expondrá nuestras propuestas en orden a una solución apropiada.

3. Nuestro servicio de Gobierno central

13. Después de esta visión de conjunto de la Congregación, paso a una descripción de lo que hemos intentado hacer como Gobierno central de los Oblatos. Cuando hemos empezado nuestro trabajo hace tres años, hemos tenido un breve retiro dedicando una jornada a cada una de las partes de la carta del Capítulo. El fruto de esta reflexión ha sido lo que hemos denominado después nuestro plan en nueve puntos[10], plan que nos guiará en nuestras decisiones más importantes  y en nuestro documento de planificación. Aunque adaptaré el orden a nuestras necesidades, seguiré esencialmente el contenido del documento de planificación en mi esfuerzo por daros cuenta    

a.     Una nueva audacia por el Evangelio

14. El esfuerzo más importante realizado por el Consejo general en este sector es el proyecto Inmensa esperanza  (que va desde el 2000 al 2004).  Lo vemos como nuestra principal respuesta al compromiso formal del Capítulo de “proseguir la revisión de nuestros compromisos misioneros, a la luz de nuestro carisma” (EPM 41).

Otros cuatro esfuerzos mayores:

·      la creación de un nuevo servicio de Medios de Comunicación oblatos en la Casa general  para abordar la relación entre los medios de comunicación, la cultura y la evangelización (año 2000);

·      la puesta en marcha de un servicio Justicia, Paz e Integridad de la creación, con una posible presencia en la ONU   (año 2001);

·      la organización de dos congresos sobre la misionología del primer mundo (este es un título provisional)  durante el 2002, y la preparación de una conferencia sobre el diálogo interreligioso, prevista en Asia en 2003.

·      se ha dado un paso importante para asegurar una base financiera sólida para una Congregación sometida a importantes cambios demográficos.

15. Todos estos esfuerzos son expresión de nuestra propia audacia como Gobierno central para que la voz del Evangelio sea oída.  Sabemos que podíamos haber empezado por otras iniciativas, por ejemplo el diálogo interreligioso, la pastoral juvenil, o que podíamos haber avanzado más deprisa, pero es esto lo que tenemos que ofrecer. El proyecto al que hemos consagrado más energía es el proceso Inmensa Esperanza. Tendremos ocasión de hablar de este tema.   

b.    La animación comunitaria según el carisma oblato

16. El último Capítulo ha repetido la directriz del anterior, o sea animación de la comunidad y de la vida religiosa. La calidad de nuestra misión depende de cómo vivimos en Cristo individual y comunitariamente. Entre las diversas iniciativas que hemos tomado para animar la vida comunitaria, recuerdo las siguientes: creación de una cartera independiente para la formación continua, esfuerzos para continuar mejorando nuestro Centro internacional de Mazenod en Aix; atención especial a nuestra propia vida comunitaria en el seno de la comunidad del Gobierno central; las visitas que hacemos a las provincias, delegaciones y misiones y las diversas sesiones; organizarse para animar la comunidad más grande que  es la Congregación. Hemos tenido dos sesiones para los nuevos Superiores mayores, una sesión para  formadores en Asia y el encuentro de obispos oblatos, además de los encuentros del Comité general de la formación primera y del Comité general de finanzas. Queremos continuar estos encuentros. Hacia el final de nuestro mandato, queremos convocar a unos cuarenta institutos que tienen un lazo de parentesco con los Oblatos. En lo que se refiere a la animación comunitaria, está claro para nosotros que la Congregación debe hacer todavía más. Un paso importante sería, por ejemplo, poner a la disposición de todos los recursos que ya existen. Volveré sobre el tema de la comunidad.

c.     La internacionalidad

17. Sea como sea, el conjunto de nuestro trabajo como Administración general tiene como objetivo favorecer la colaboración más allá de las fronteras. El Asistente general de la formación,  hará un informe de las actividades y propuestas en el campo de su cartera. Las primeras obediencias y las nuevas obediencias dadas por el Superior general han supuesto una forma de responder a la llamada del Capítulo a la internacionalidad. Hoy implican un número creciente de consultas. Con el fin de facilitar la mutua ayuda, hemos emprendido, como Administración general, un esfuerzo más bien modesto de lo que llamamos “Misioneros sin fronteras” o un banco de personal misionero. Algunas entidades oblatas han respondido y han ayudado a solucionar situaciones urgentes en relación con el personal en formación primera. Hay así mismo un servicio de información oblata que informa unas con otras, a las 75 entidades oblatas  Hemos estudiado  la manera de modernizarnos, por ejemplo utilizando la cadena Internet y el correo electrónico. Última expresión de la solidaridad internacional, no la menos importante,  es que lo que se hace a través de algunos servicios financieros de la Administración general: el fondo de solidaridad oblata, el fondo de la formación primera, el programa de compartir el capital de los fondos de inversiones oblatas (OIP). Una buena parte de la solidaridad financiera pasa también por la ayuda bilateral entre provincias. La necesidad de solidaridad internacional no cesa de crecer.

d.    Las estructuras y la administración al servicio de nuestra misión.

18. El Capítulo ha pedido a la Congregación consolidar sus estructuras. El Consejo general sostiene activamente todos los movimientos de reestructuración.  Desde los últimos diez años se da una orientación muy clara hacia entidades oblatas más grandes. En el centro de la Congregación estamos convencidos de que esta orientación es sana. Queremos continuar alentando la creación de unidades oblatas más fuertes y otras estructuras mayores; volveremos después sobre este tema.

19. Con el fin de sostener a los Oblatos desde una buena  práctica de administración, el Consejo general ha reflexionado más de una vez sobre la llamada “asistencia especial” de la que algunas entidades oblatas podrían tener necesidad.  Estamos disponibles para animar congresos y retiros, pero nos gustaría estar más “pro-activos” en el futuro,  por ejemplo organizando visitas especiales (cf. R 138) Uno de nuestros proyectos es el de ofrecer una formación a los Consejos provinciales. En el campo financiero, insistimos en la existencia y funcionamiento del comité de finanzas y en la formación de los tesoreros provinciales y de  delegación.

20. La reorganización de la misma Casa general se nos ha revelado como tarea principal. Es hoy una estructura compacta y consolidada que acoge a la Administración general, al Studium, al Escolasticado internacional romano que se encontraban en tres lugares diferentes en los años sesenta.  Para la Casa general, hemos pedido el consejo profesional de una firma especializada, KPMG. La única visita especial  hecha hasta la fecha ha sido la de las tres comunidades de 290 vía Aurelia.  Teniendo todo en cuenta, la remodelación de las estructuras de la Casa general ha sido más lenta de lo que pensábamos.  El Consejo general está compuesto principalmente por personas nuevas y ha necesitado dos años más o menos para  entrar en la fase inicial de su ministerio mundial.  Algunos cambios  están haciéndose actualmente.  Agradecemos a las provincias y delegaciones que han hecho sacrificios de personal y financieros para el bien de los servicios del nivel central. Con los medios modernos de comunicación y con vuestra ayuda  ¿podríamos desplazar ciertas tareas de la secretaría a otros lugares, por ejemplo los traductores?  Nos excusamos si nuestros servicios no han respondido siempre de manera adecuada a vuestras expectativas por las limitaciones humanas;  creemos con todo, que estamos progresando en la reorganización de los servicios centrales.

4. Mirando al futuro

21. Para terminar esta evaluación os invito a expresar todos los puntos de vista que puedan enriquecer o modificar nuestra percepción. Pero no debemos limitarnos a mirar hacia atrás y a referirnos al último Capítulo. Demos un paso más.  Nuestro Encuentro tiene también la tarea de preparar el próximo Capítulo y no es demasiado pronto para empezar. ¿Hay algunas ideas del porvenir que se podrían ya articular para que los capitulares, dentro de tres años,  encuentren un camino ya preparado?

 

III.  ENTRE DOS CAPÍTULOS – MIRAR HACIA EL PORVENIR.

22. Para nuestra perspectiva de porvenir, empezaré con algunos hechos que se pueden percibir en la Congregación para luego completarlos con algunas intuiciones que nos han llegado a través de contactos del Consejo general con los Oblatos y con la gente a la que sirven. No intento hacer un análisis del mundo de hoy y de sus necesidades misioneras. Desborda el espacio disponible para este mensaje. Lo que el último Capítulo ha dicho a propósito de la mundialización y de la interdependencia, de la pobreza y la solidaridad, de la cultura y del diálogo puede servir de trasfondo a mis observaciones.

1.    Hechos

a.     Datos estadísticos

Para las estadísticas hemos dividido la Congregación en seis sectores que son bastante homogéneos. Estos sectores son:  África / Madagascar, Asia / Oceanía, Canadá / Estados Unidos,  Europa del Este, América latina y Europa del Oeste.

i.      Estadísticas sobre las vocaciones

1)  Cifras actuales en los sectores

23. Tres sectores de la Congregación tienen el mismo nivel en cuanto a número de Oblatos en formación primera: Asia / Oceanía, Europa del Este y América latina. Pueden sentirse orgullosos  de tener una media de 118 jóvenes en formación.  África / Madagascar dobla esta cifra con 238 estudiantes, los dos sectores del Oeste tienen juntos 75 escolásticos y hermanos en formación. Los porcentajes de los cuadros expresan la misma realidad:  África / Madagascar y Europa del Este tienen en torno al 30% de sus miembros en formación primera, América latina y Asia / Oceanía 24% y Europa del Oeste y Canadá / Estados Unidos 4%.

2)  Oblatos en formación primera desde hace nueve años

24. Esta cifra ha aumentado ligeramente desde 1992, pasando de 570 a 679 personas en formación primera, a pesar de la disminución del número de Oblatos. Si en 1992 sólo el 11% de Oblatos eran escolásticos y hermanos en formación, este porcentaje se eleva hoy a un 15%.

ii.   Número proyectado de Oblatos para los próximos años

25. El envejecimiento es una realidad de la que los sectores del Oeste de un modo particular deben tener en cuenta en su planificación. En Europa del Oeste y en América del Norte,  el 60% de nuestros miembros tienen ahora 65 años o más y estarían jubilados en el mundo civil. Este porcentaje habrá aumentado considerablemente de aquí al próximo Capítulo. En el resto de la Congregación, el porcentaje de más de 65 años está en torno a la tercera parte, se sitúa entre 16% en Europa del Este y 26% en América latina y aumentará ligeramente. Ya, en este momento, los efectivos de nuestra fuerza activa (si nos atenemos a quienes tienen menos de 65 años) colocan los seis sectores, que, por lo demás son diferentes, en pie de igualdad. Estos efectivos son prácticamente semejantes en el conjunto de los seis sectores con una media de 450 cada uno (sólo África supera sustancialmente este número) Tenemos que pensar que el número total de miembros de la Congregación continuará bajando con una débil tasa anual de 1,2 a 1,5%.

iii.  Obediencias

26. De las 218 obediencias[11] que  he dado, 55 han sido para entidades distintas a las de origen. Esto significa que 25% eran para una misión ad extra. Pero debemos igualmente tener en cuenta aquí  que al mismo tiempo 34 misioneros han vuelto a sus entidades de origen. La proporción de obediencias varía considerablemente de un sector a otro de la Congregación. El Este de Europa está netamente por encima de la media (56% de sus obediencias eran ad extra), mientras que otros sectores están bajo la media (22% para el Oeste de Europa y Canadá / Estados Unidos, 17% para África / Madagascar, América latina y Asia / Oceanía).

b.    Los desarrollos señalados por las estadísticas 

Os expongo tres consideraciones que se pueden desprender de estas estadísticas:

i.      Mientras el número total disminuye lentamente, cambios dramáticos aparecen: algunos sectores de la Congregación envejecen rápidamente y su fuerza disminuye,  mientras que otros crecen considerablemente.

27. Comentario: Es importante que asumamos que estos desarrollos no son ni buenos ni malos; el número (decreciente o creciente) no es lo más importante. Lo que importa es ayudar a los jóvenes a crecer en el espíritu de nuestra vocación oblata y hacer de manera que los miembros mayores sientan que siguen siendo misioneros. En cuanto a las cifras tenemos que ver la realidad: es la que es. Un tiempo de cambios importantes pide una buena planificación.

ii.     En los lugares donde las vocaciones son numerosas, se hace necesaria la previsión y una organización eficaz así como una ayuda considerable del exterior.

28. Comentario: Hay muchas necesidades: estructuras materiales, financiación para el funcionamiento de las casas de formación, preparación de formadores, preparación de personas en previsión de liderazgo para el futuro. La mayoría de las cuestiones que se refieren a la formación pedirían un acercamiento regional o subregional en función de una organización más eficaz. Regularmente se piden ayudas financieras de la Congregación, pero nuestros fondos comunes no son suficientes. Debemos conjugar nuestras fuerzas a todos los niveles para abordar eficazmente las necesidades de la formación primera en los sectores de crecimiento y particularmente en la región  de  África / Madagascar.

iii. Necesitaremos movilidad internacional, no de la misma manera que en el pasado.

29. Comentario: Hemos sido una Congregación internacional desde el tiempo del Fundador. Por tanto, para los Oblatos dejar su país de origen no es algo nuevo. Además, durante un período de 150 a 180 años sabíamos claramente quiénes eran  los países  que enviaban y los países que recibían  y se hacía normal pasar  del norte al sur.  Esto ahora va a cambiar. Las provincias que, en el pasado, recibían misioneros necesitan cada vez más, ellas también,  enviar. Debemos cambiar nuestra manera de concebir la misión.

2.  ¿A qué es llamada la Congregación de los Oblatos en el umbral del siglo 21?

30. Estos cambios que aparecen en el horizonte nos cuestionan como misioneros. Someto a vuestra consideración seis intuiciones que, en mi espíritu, pueden ser percibidas como llamadas del  Señor. Son las siguientes:

a.     Por medio de la formación continua los Oblatos deben reforzar su identidad de discípulos de Cristo e hijos de San Eugenio de Mazenod.

b.     Debemos entrar en una fase de refundación aprovechando nuestra internacionalidad.

c.     La calidad de vida de nuestras comunidades locales merece toda nuestra atención.

d.     Debemos preparar nuestro personal y desarrollar programas de formación primera que sean claramente misioneros.

e.     Debemos hacer frente a inminentes cambios financieros.

f.      Nuestra estructura descentralizada necesitará una interdependencia regional  más fuerte.

a.   Por medio de la formación continua, los Oblatos deben reforzar su identidad de discípulos de Cristo e hijos de San Eugenio de Mazenod.

31. Lo hemos oído  una y otra vez: para ser buenos misioneros tenemos que ser santos. Un provincial de Occidente lo ha dicho muy sencillamente. Necesitamos un santo en un tiempo como éste. Hay que ser santos para ir contra la cultura ambiente. Debemos igualmente estar unidos. La base común que congregará a los Oblatos, además de ser discípulos de Cristo, no es una teología o un método. Como Oblatos sólo tenemos nuestro carisma común: Evangelizare pauperibus misit me. Estar centrados verdaderamente en Cristo, estar fuertemente unidos entre los Oblatos, es una gracia de Dios, una gracia abierta a nuestra cooperación.

32. Creo que se da una llamada a estudiar al Fundador, a fortalecer la vida comunitaria, a desarrollar programas de recursos sistemáticos, a utilizar la capacidad plena del Centro internacional de Mazenod en Aix. Podríamos poner todo esto en el contexto de la formación continua. Los Oblatos no se han comprometido mucho en el campo de la formación continua y de hecho solo algunas provincias o entidades oblatas tienen alguna política clara sobre la formación continua. Es  una llamada que se nos lanza.

Me gustaría añadir una sugerencia que podría ayudarnos. Sugiero que nuestros recursos espirituales  sean vividos más y más en conexión con las diferentes asociaciones laicas que han nacido en torno al Fundador. Ellas nos remiten ya a nuestra identidad.[12]

b.   Debemos entrar en una fase de refundación  aprovechando nuestra internacionalidad.

33. Fundar y refundar no quiere decir reinventar la rueda y crear una nueva Congregación diferente de la actual. Quiere decir volver a la inspiración misionera original del Fundador, encarnar la respuesta  misionera del Fundador según las necesidades del pueblo de Dios en el mundo de hoy. Es también una llamada de nuestro tiempo. Tal como lo muestran las estadísticas, estamos disminuyendo, en algunos sectores del mundo envejecemos rápidamente.  En otros  estamos en expansión en nuevos países y nuevas misiones. Los dos cambios nos piden estar atentos al Espíritu, como lo estaba San Eugenio. Tengo confianza en que el proyecto Inmensa esperanza nos pueda abrir más y más a esta necesaria refundación.

34. Aprovechémonos de los cambios, por ejemplo para crear en los países del Oeste nuevas comunidades internacionales en ambiente secularizado. O incluso renovemos con fuerza nuestra nueva presencia en la pastoral juvenil que los Estados Unidos y Europa realizan actualmente y que Canadá adopta para prepararse en función de las Jornadas mundiales de la juventud en Toronto. En lo que se refiere al Este, estamos llamados a estar presentes de maneras muy diferentes en los antiguos países comunistas. En el hemisferio sur, el envío de misioneros – del Sur hacia el Sur y del Sur hacia el Norte, puede significar para las provincias implicadas rehacer lo que hizo San Eugenio en Marsella cuando envió a sus primeros hombres al extranjero; en otras palabras, esto puede parecerse a una refundación. Por doquier en la Congregación, se podría dar intercambio de experiencia y de expertos en diversos campos: formación primera, animación de congresos y retiros, formación de líderes, responsabilidad financiera y maneras de suscitar ayuda financiera local.

35. Apunto una sugerencia concreta. En la dinámica de esta refundación, ¿no deberíamos imitar la práctica de otras congregaciones que nombran secretarios para la misión en cada provincia?  Promover la misión es una necesidad  importante en las Iglesias locales. Cada provincia que envía misioneros debería también crear  ciertas estructuras para sostener a estos misioneros del extranjero. Al  menos para mantener el contacto y tal vez para la ayuda material.

36. Refundar quiere decir para los Oblatos de María Inmaculada deber renovarse como fuerza viva misionera. Creo que algunos sectores de la Congregación piensan demasiado en términos nacionales o demasiado provinciales. Para muchos Oblatos hoy, refundar se comprende ligado a la internacionalidad. Los desplazamientos internacionales en la Congregación tienen lugar por ciertas necesidades. Se podría llamar una internacionalidad de necesidad. Pero una internacionalidad elegida es también crucial. ¿Cuál es su lógica?  Podríamos decir sencillamente: vivimos en una aldea global y la vida religiosa en una Congregación internacional tiene un mensaje especial para el mundo globalizado. La llamada a una internacionalidad elegida se expresa bien en Vita Consecrata: “En nuestra época caracterizada por la mundialización de los problemas y por la vuelta de los ídolos del  nacionalismo, los Institutos internacionales tienen el cometido de mantener siempre vivo el sentido de los pueblos, las razas y las culturas” (...) (VC 51)[13].  Encuentro que los Oblatos, especialmente la generación joven es bastante abierta a esta manera de pensar. Una internacionalidad acrecentada ¿podría ser un medio importante para dar una nueva esperanza misionera a los Oblatos más jóvenes, especialmente en donde la Congregación envejece y donde los jóvenes sienten que no pueden ser verdaderos misioneros?                                                                 

37. Hay que reconocer que la internacionalidad  comporta también tensiones. La necesidad de inculturación (hacerse una persona del país) está ahí también y constituye un contrapeso a la llamada a ir más allá, haciéndose universal. No debemos olvidar este lado de la medalla. Las dos cosas – inculturación e internacionalidad – no se contradicen necesariamente la una a la otra. Lo siguiente puede servir de ejemplo para hacer ver que van bien juntas:

·      un equipo de misioneros en una nueva misión podría encontrar más fácil inculturarse en su país de acogida si la composición del equipo es internacional;

·      en las provincias oblatas que ya han encontrado sus raíces culturales, se da la tendencia a llamar misioneros de otros países; lo que les abre más y les ayuda a evitar tensiones étnicas o regionales.

Muchos Oblatos están preparados para una refundación que incluye la internacionalidad. La Administración general se siente fuertemente llamada a responder a esta llamada haciendo lo suyo para “mezclar” más la composición de nuestras provincias.

c.   La calidad de vida en nuestras comunidades locales merece nuestra atención.

38. Se puede decir que el nuevo modelo de comunidad fundada en la misión está  apareciendo en algunos lugares de la Congregación. En mi circular a los jóvenes Oblatos he citado una carta de algunos estudiantes que se preparaban para el sacerdocio en la que proponían más fundaciones desde una base internacional. La práctica de la misión como comunidad depende mucho del liderazgo. Donde existe es atractiva para los jóvenes y fuente de vida para la provincia que la apoya. Es también un lugar apto para  la regencia  misionera.

39. Lanzo además una especial interpelación ante la situación más bien triste de muchas comunidades, situación contrastante particularmente si se trata de comunidades locales.  He leído lo que sigue del informe del padre Zago en el Encuentro intercapitular de 1995 en Bangkok, y deseo repetirlo  ya que de ello depende en buena parte nuestra realidad actual. “A menudo los hombres están muy ocupados en sus trabajos y tienen miedo de perder el tiempo y las energías en conocer los desafíos  de la comunidad y responder a ellos. Algunos tienen miedo de volver al pasado o de perder su independencia. Otros persisten en la ignorancia del significado de la vida comunitaria. (....) No tienen programa establecido ni toma de decisión para promover estos recursos, (...) Hay quienes piensan que basta vivir bajo el mismo techo para que haya comunidad” (p.4).  En mi carta a  los jóvenes Oblatos, de la que he hablado antes, he puesto de relieve la necesidad de construir la comunidad[14].  Se da pues aquí una llamada especial del Señor.

40. ¿Para qué la comunidad? Nuestro carisma que ha sido comunitario desde los tiempos de los Misioneros de Provenza es en sí una razón suficiente. Hay una motivación más moderna ligada a la situación particular de muchos de nuestros jóvenes. Son frágiles por su historia personal o por nuestra cultura moderna. Tienen una gran necesidad del apoyo de una comunidad sana, si no les perdemos. La razón más profunda se encuentra en nuestra fe cristiana que es confessio Trinitatis. Vivir en comunidad significa ser testigos  de un modo privilegiado de un Dios que es en sí mismo familia, que es amor. Vita Consecrata describe la vida fraterna como “una forma de testimonio de la Trinidad” (41).

41. En la práctica, la construcción de la comunidad pide mucho esfuerzo. Deberíamos cambiar ciertos hábitos en el trabajo. Tal vez las comunidades de sólo dos personas son demasiado pequeñas y  deberían contar con tres o cuatro miembros, como lo han decidido algunas de nuestras entidades oblatas. Sería necesario negociar la vida comunitaria con las Iglesias locales a las que servimos y convencerlas de que, a la larga, ellas se benefician. La formación de superiores locales competentes es otra necesidad. Podemos estar seguros de que todo esfuerzo por la comunidad  beneficia a la misión y, por tanto, a los pobres a los que servimos.

d.  Debemos preparar al personal y desarrollar programas de formación primera que sean netamente misioneros.    

42. En muchas provincias se da una llamada del Señor muy clara: se deben implicar fuertemente en la formación y hoy esta formación debe ser especialmente misionera. Casi en todas partes, una de las necesidades más urgentes es la preparación de los formadores. Recibo frecuentemente cartas pidiendo personal para nuestros seminarios. Pero ¿es posible encontrar personal? Es ante todo problema de convicción.  Como Jesús que dedicó tiempo a la preparación de sus discípulos y no sólo a predicar y curar, nosotros debemos del mismo modo dedicar una buena parte de nuestros recursos a la educación de los jóvenes.  Si tomamos esto en serio quiere decir planificar con diez años de adelanto, prever estudios superiores para algunos y una preparación específica para los futuros formadores. Deberíamos igualmente tener en cuenta la implicación de laicos, incluyendo a las mujeres, en la formación. Con todo, lo que necesitamos ante todo es personal oblato.

43. Una segunda llamada en este campo se refiere a  una formación explícitamente misionera. Esto pide un programa específico que se puede en parte realizar localmente en cada país, por ejemplo con una orientación misionera de los estudios, con dinámicas, etc. Pero ¿por qué no atreverse a implicar a nuestros jóvenes en el plan misionero? Enviar a jóvenes Oblatos al extranjero o acoger escolásticos y hermanos extranjeros en nuestros países nos abre a otras culturas y nos prepara a un intercambio internacional del personal  fácil para el futuro. Un programa de formación de ultramar debería estar disponible, al menos como opción posible, en cada provincia.

La necesidad de una formación de calidad de nuestros jóvenes futuros misioneros es una cuestión tan importante y al mismo tiempo tan compleja que me pregunto si en el futuro la Congregación no debería reflexionar de un modo más profundo.

e.  Debemos hacer frente a inminentes cambios financieros.

44. ¿Dónde nos llevan los cambios demográficos de la Congregación financieramente? También aquí podemos percibir una llamada particular del Señor. ¿Cómo podemos responder? La primera respuesta es que debemos ciertamente fiarnos más de la Providencia.  Debemos vivir también más sencillamente. Generar ingresos de dinero local se hará cada vez más importante, incluso si queremos seguir contando en parte con nuestras inversiones. El problema de la autosuficiencia financiera de cada entidad oblata es crucial pues no tendremos ricos bienhechores cerca de nosotros regularmente como antes para financiar nuestros esfuerzos misioneros. El apoyo de los servicios centrales o de la Administración central en el futuro es una cuestión que apunta en el horizonte.

45. Debemos atender de un modo particular la preparación de tesoreros y administradores competentes. Hemos dado un paso importante al hacer obligatorio el comité provincial de finanzas (C 157). Este comité, normalmente, tendrá expertos laicos. Además de la experiencia de los tesoreros y expertos, hoy es necesario que el Consejo provincial - y sería ideal que cada oblato – incluyendo a quienes están en formación, tenga un minimum de comprensión del funcionamiento financiero de la provincia o delegación. Deberíamos escoger y preparar a los tesoreros en función de su papel para esta animación,   

46. Para convencernos de que las finanzas (los recursos materiales) forman parte esencial de nuestra misión, basta leer a San Pablo. Nuestra misión tendrá menos calidad si tomamos a la ligera el aspecto financiero. Sólo desde una disciplina de planificación a largo plazo de las finanzas y de los recursos financieros, podemos hacer frente a nuestra misión en el siglo 21.

f.    Nuestra estructura descentralizada necesitará una interdependencia regional más fuerte.

47. Esta última llamada es una de las que han sido discutidas con profundidad en el Consejo general. Si reconocemos que la Congregación vive ahora cambios radicales, nos damos cuenta fácilmente que se da una llamada a una organización y a un liderazgo más fuerte. Nuestro punto de vista  es que el cambio estructural que esto implica debería situarse en el nivel regional.

48. Antes del último Capítulo, un comité de estructuras trabajó durante muchos años y los cambios que se han producido no son realmente sustanciales. Tal vez la Congregación no podía ir más lejos en ese momento. Nuevos ajustes podrían hoy ser necesarios, especialmente a nivel de regiones ¿De qué ajustes hablamos?

49. Nos parece que el problema estructural principal se sitúa allí donde está nuestra fuerza, o sea en el hecho de estar muy descentralizados. Somos más de uno los que hemos tomado conciencia. Nuestro sistema tiene ciertas ventajas. Por ejemplo da plena responsabilidad a los niveles locales. Cada provincia es plenamente madura. El sistema funciona bien cuando las comunicaciones son difíciles,  como fue el caso en muchas de nuestras misiones en el pasado. Pero se dan serias debilidades.

·      La autonomía completa puede llevar al aislamiento. Las entidades oblatas que fueron fuertes en un tiempo de su historia, pueden con el paso del tiempo, hacerse frágiles para responder a todas las exigencias.  Las vemos disminuir y empobrecerse, tanto en recursos humanos para la misión y el apostolado como  en el nivel financiero. Su aislamiento les impide recibir la ayuda que necesitan, y continúan quedándose  solas.

·      El sistema nos ha llevado a numerosas entidades oblatas.  Tenemos actualmente el mismo número de miembros que en 1939, y tenemos 75 entidades oblatas (en 65 países) comparado con 33 entidades (en 16 países) entonces.

·      Nuestra estructura descentralizada no favorece las Regiones fuertes. Deja totalmente a las provincias las cuestiones principales  como los centros importantes o todo el campo de la formación o las delegaciones incluso si no tienen los medios para ocuparse bien de ellas. La cooperación regional no está animada por el sistema actual. Depende de la buena voluntad de los Superiores mayores del lugar. Pero los Superiores mayores cambian continuamente.

·      Está en juego la unidad misma de la Congregación. En un tiempo en el que nos hacemos verdaderamente multiculturales y en el que necesitaríamos crear puentes entre vecinos, nuestra unidad organizacional descansa casi exclusivamente sobre el Superior general y su Consejo. Las Constituciones y Reglas dan al Superior general autoridad sobre las provincias. Pero en la práctica Roma está muy lejos. Por ejemplo, muchos casos de aprobación y de confirmación por Roma, como los previstos por nuestras Constituciones,  pueden no ser más que un puro formulismo. No es realmente posible comprender la realidad local de 75 entidades oblatas y la relación entre provincias limítrofes al nivel que permitiría al menos plantear alguna sencilla cuestión una vez de vez en cuando. ¿Responde esto al espíritu de nuestra Regla? En la C 49, se dice a propósito de la formación: “La obra de la formación es esencial para la vida y la misión del Instituto, por eso se  confía a la solicitud y vigilancia del Superior general”. En nuestro sistema actual esta atención y esta vigilancia no son posibles.

50. Tal vez he caricaturizado un poco nuestra estructura descentralizada. Lo he hecho porque quiero afirmar que somos todavía una unidad organizacional como Congregación, no una federación de abadías independientes o de institutos religiosos nacionales. Algunos esfuerzos misioneros y la formación en general, por su naturaleza, deben estar bajo la responsabilidad de algo más amplio que las provincias y las delegaciones, es lo que la Regla afirma. Creo que aquí tenemos una llamada especial que se hace más fuerte y más clara estos últimos años. Necesitamos hoy pensar en la cohesión de la Congregación más allá de nuestras provincias o delegaciones descentralizadas. ¿En qué dirección iremos?

51. Una manera fácil de solucionar la debilidad de ciertas entidades oblatas que son muy pequeñas  o limitadas en recursos, sería la creación de grandes provincias. Es una solución para algunos casos. Estoy convencido de que el movimiento de reestructuración es sano y debería continuar. Otra solución a algunos de los problemas apuntados más arriba es la preparación a conciencia de liderazgo. Debemos preparar abiertamente a los Oblatos no sólo para el trabajo misionero en  primera línea, sino  para puestos de liderazgo como el de los superiores, los tesoreros, los formadores. Quiere decir adquisición de competencia administrativa, tal vez  a través de experiencias de otra provincia, el estudio de lenguas así como una comprensión básica del mundo de las finanzas. Sea como sea, la cuestión está planteada para las unidades más pequeñas:  ¿Disponen de potencial humano suficiente para responder a todas las responsabilidades que deben cumplir?

52. Tanto el Consejo general como yo creemos que se necesita un acercamiento más global. Deberíamos ir hacia una solución más allá del nivel de provincias. Escucho a veces que el Gobierno central debería intervenir con más vigor . Pero Roma ¿no está demasiado distante de las realidades locales como he dicho más arriba? ¿Podría el Gobierno central estar atento suficientemente a cada problema particular y encontrar soluciones fundadas en consenso con los Provinciales? Sugiero que la solución se busque en el nivel de las Regiones o subregiones  actuales.

53. Pensemos en un desafío bien concreto como ejemplo: la necesidad de consolidar las casas de formación. Hablamos frecuentemente de este tema en Consejo general. Tal  consolidación no sirve sólo para evitar construcciones superfluas, sino también para mejor utilizar nuestro personal de formación siempre  escaso (cf. EPM p. 50)[15]. Las ventajas de la internacionalidad forman parte evidente del conjunto. Pero ¿cómo puede llegar esta consolidación?  La práctica nos demuestra la dificultad de ser fieles sencillamente a los acuerdos interprovinciales que existen. ¡Pensad  en lo que sería crear un nuevo sistema de formación que sobrepasara las actuales entidades oblatas!

54. La Región ( subregión )  estaría más cerca de la realidad de un desafío y de otros esfuerzos importantes a los que habría que abordar en común. Donde el Gobierno central no estuviera en condiciones de aportar un apoyo necesario, el nivel (sub)regional  es el lugar para unir fuerzas, para hacerse interdependiente y en consecuencia más fuerte. Percibo aquí una llamada precisa a la colaboración más estrecha  en el nivel regional o subregional. ¿Cómo esta colaboración puede hacerse realidad?  Ofrezco dos posibilidades:

·      Una manera de hacer es elaborar estatutos regionales más fuertes, incluyendo secretariados eficaces y algunos contratos entre varias provincias. El Gobierno central podría aportar líneas directrices para los estatutos y los contratos, identificando los esfuerzos particulares que se deberían hacer en común.

·      Se puede pensar en una solución más sistemática. Las Regiones actuales no tienen estructura de gobierno. Un poder de autoridad en este nivel podría eventualmente ser un gobierno más eficaz y real en todas la entidades oblatas de la Región. Cuando sueño despierto, a veces me imagino una especie de Superior mayor regional o subregional responsable de campos bien delimitados, como la formación,  las nuevas misiones,  la planificación estratégica, las orientaciones financieras importantes, etc. Podría incluso representar a la Región como miembro de pleno derecho en el Consejo general.

55. Me gustaría que la sesión intercapitular nos dijera un poco lo que piensa de esta cuestión sobre una más fuerte coordinación a nivel regional. Con la ayuda de vuestras reflexiones, el Consejo general podría hacer algo para reforzar las Regiones e incluso eventualmente retomar el estudio sobre las estructuras hecho en el Capítulo de 1998 y preparar algunas propuestas para el 2004.

3.  Tres puntos a considerar para la acción

56. Resumo estas perspectivas de futuro en tres breves sugerencias que os propongo y que podríais comentar a continuación.

a.     ¡Desarrollemos la internacionalidad; demos testimonio de una familia unida presente  en muchas naciones!

b.    ¡Sigamos construyendo la comunidad; ella proclama con más fuerza que las palabras al Dios trino, al Dios de los cristianos!

c.     ¡Trabajemos por una más fuerte interdependencia entre Provincias y Delegaciones vecinas!


IV. Momentos  de celebración

57. Hemos pasado revista a la vida de nuestra Congregación, mirando los tres últimos años, procurando percibir las tendencias actuales y escuchando las llamadas que nos llevan hacia el futuro. Todo está reunido en algunos símbolos o algunas personas que podemos celebrar. Nuestras Constituciones y Reglas son un símbolo que debemos celebrar este año. Las hemos  recibido hace 175 años del Papa León XII y fue en esta ocasión cuando se nos dio un nuevo nombre:  Misioneros Oblatos de María Inmaculada. El Fundador ha dicho de las Reglas que su lectura le llenaba de admiración [16].  Es un libro para releer y para celebrar hoy. Para mi es también una herencia que nos ha dejado el padre Jetté.

58. Durante los tres últimos años, la Congregación ha tenido algunas personas excepcionales para reflexionar y celebrar. En 1999, la Iglesia ha beatificado a nuestro primer mártir oblato, el padre José Cebula. Dentro de dos o tres años tal vez, 22 mártires españoles serán elevados al honor de los altares. En diciembre del 2000  y  en mayo del 2001 hemos vivido los más recientes martirios en los asesinatos del padre Benjamín Inocencio y del padre Enrique Dejneka. Nuestros dos últimos Superiores generales, los padres Fernand Jetté y Marcelo Zago han fallecido en un período de menos de cuatro meses; han sido modelos notables de vida oblata. Estos testigos, lo mismo que otros muchos, están con nosotros estos días al reflexionar sobre nuestro porvenir misionero. Ellos han vivido los ideales que nosotros queremos  continuar. Cada uno de nosotros, a su manera y con la gracia de Dios, puede llegar a la misma meta que ellos han conseguido. Nuestro más brillante signo de esperanza es nuestra patrona. Desde que llevamos el nombre de María Inmaculada, llevamos el  nombre de una persona que ha vencido totalmente al pecado, que ha vivido plenamente obediente al Espíritu. Necesitamos santidad en un tiempo como éste.

V. Reflexiones personales

59. Termino con una nota personal. Me siento feliz sirviendo a los  misioneros, a cada uno, a los jóvenes en la formación, a los Superiores mayores y a la comunidad del Gobierno central de la que soy superior.  Sufro por mis faltas y limitaciones.  Algunos me preguntan cómo va mi salud. Ha estado bastante bien hasta ahora aunque tengo que someterme a revisiones regulares.  Hago pues una vida normal mientras el Señor lo permita. Mi plan es visitar todas las provincias y delegaciones antes del próximo Capítulo, pero cuento también en este programa las visitas llevadas a cabo cuando era Asistente general. Os agradezco vuestra responsabilidad en vuestras provincias y en la Congregación como un todo. Gracias por haber venido – es nuestro encuentro -  y vayamos adelante ya en el tercer milenio.

Guillermo  Steckling o.m.i. 

                                                                                                                    Superior General

Roma, 30 de julio de  2001 



[1]  Escritos espirituales,  15, nº 185  - Mayo 1837.

[2] Cf .  R  128 e

[3] El principal objetivo del Encuentro  intercapitular es   (“…)  evaluar cómo se han llevado a cabo las decisiones del Capítulo precedente, estimular a la ulterior puesta en práctica de estas  decisiones y asegurar  la preparación remota  del Capítulo siguiente”  (R 128e).

[4] EPM 17-19  en esta sección se menciona la famosa reevaluación de nuestras prácticas misioneras.

[5] EPM 12-14  27-32 .

[6] EPM 33-34.

[7] Aunque no se haya puesto por escrito, ayudar y reforzar nuestras misiones más pequeñas era un mandato del Capítulo.

[8] La nueva regla 92d dice: “Desde el tiempo del Fundador, vivir en comunidad ha sido nuestro ideal, (...)  La situación de un Oblato que vive solo debe considerarse  siempre temporal.”

[9] “El compartir en lo financiero constituye una dimensión esencial  de la comunidad como comunión-interdependencia. Es una prueba indiscutible de la pertenencia comunitaria” (TCA 23, 3). 

[10] Misión / evangelización, Comunidad y Vida religiosa, Justicia y Paz e Integridad de la creación, como parte integrante de nuestra evangelización, el Jubileo del  nuevo milenio, la Internacionalidad (sin centralización), los Hermanos, los Laicos, la Juventud, la Formación.

[11] Este cuadro incluye 151 primeras obediencias y 67 cambios de obediencia. No tomo en cuenta las obediencias a  y  de  la Casa general.

[12] “Es nuestro carisma el que nos empujará a avanzar y no nuestros propios esfuerzos. Las asociaciones laicas comprenden lo que quiere decir ser Oblatos y nos lo reflejan a nosotros como  a la gente a quien servimos. Nuestra comunidad oblata y estos asociados laicos marcarán nuestro caminar si colaboramos juntos” (Región de Prince George, prov. St. Paul, Canadá, 5 de febrero de 2001).

[13] También en el mismo número:  “Las comunidades de vida consagrada en las cuales conviven como hermanos y hermanas personas  de diferentes edades, lenguas y culturas se presentan como signos de un diálogo posible y de una comunión capaz de poner en armonía  las diversidades.”

[14] “Mirando a la Congregación, encuentro que la vida cotidiana  de las comunidades  en “Casas” es el desafío más importante al que tenemos que enfrentarnos hoy” (Carta a los jóvenes Oblatos, 8 de septiembre de 2000, p 14).

[15] El Capítulo de 1998, en la sección de finanzas y comunicación de bienes, ha sugerido con relación a edificios y propiedades: “Se recomienda que las personas implicadas en estos proyectos tengan también en cuenta las preocupaciones y necesidades de las Regiones para evitar las duplicaciones  inútiles y las excesivas construcciones”  (cf. EPM p. 50).

[16] “La lectura que acabo de hacer de nuestras Reglas en este retiro ha llenado mi alma de admiración (...). Es sólo de este modo como seremos lo que Dios quiere que seamos y que seamos dignos de nuestra sublime vocación. ¡Tendremos alguna vez una justa comprensión de esta sublime vocación!  (Octubre 1831, retiro anual)

DOCUMENTACIÓN OMI

es una publicación no oficial de la Administración general

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Fax (39) 06 39 37 53 22  E-mail:  information@omigen.org




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