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- 234 mayo 2000
- 233 abril 2000
- 232 febrero 2000
- 231 enero 2000
- 230 Noviembre 1999
- 229 Septiembre 1999
- 228 mayo 1999
- 227 abril 1999
- 226 marzo 1999
- 225 febrero 1999
- 224 diciembre 1998
- 223 noviembre 1998
- 222 octubre 1998
- 221 mayo 1998
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DOCUMENTACIÓN
– OMI
N°.
260 - junio 2004
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XXXIV
Capítulo General Los jóvenes Oblatos nos hablan
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¡Herederos
y Visionarios!
P. Pierre-Olivier Tremblay, OMI (Canadá)
“Somos llamados a ser Imago Dei”
Esc. Peter Czerwinski, OMI (Estados Unidos)
Testimonio de esperanza: Un llamado, nuestra misión
Esc. Gregory Arokiasamy, OMI
Instituto San Pablo, Poonamallee, India
Los Oblatos, signos de Esperanza
Esc. Joseph Dumé, OMI (Haití)
Al servicio de los pobres como abogado
Esc. Pawel Ratajczak, OMI (Canadá)
Dar
vida al carisma Oblato: Mis esperanzas y deseos
Esc. Márcio Soares do Santos, OMI (Brasil
¡Inmigrantes...
Mis Hermanos Respetables!
Esc. Quilin Bouzi, OMI (Estados Unidos)
Carisma
Oblato, Formación, Inmensa Esperanza
Esc. L. Mosemedi, C. Nabwenje, S. Rossouw, OMI
Escolasticado St Joseph, (Cedara, Sudáfrica)
Esperanza,
deseos…y el carisma Oblato
Esc. G.Rambola, M. Ratelolahy, E. Ramiadamanana, OMI (Madagascar)
¿Cómo
podemos hacer que el carisma Oblato
se encuentre activo en nuestras vidas y en la Congregación?
Por los Escolásticos de Ucrania y Bielorrusia,
Ahora en Obra (Polonia)
|
La
Comisión Precapitular ha pedido a algunos jóvenes Oblatos, en formación primera
o en los primeros cinco años de ministerio, que compartan esperanzas y deseos
que tienen para los años venideros. El lector deberá tener muy encuentra que
los jóvenes a veces, han escrito algo en sus idiomas hablados que no son su
lengua materna. El editor, sin embargo, acepta conservar las imágenes y el sabor
cultural de cada uno de los países de origen de los autores.
¡Herederos y Visionarios!
P. Pierre-Olivier Tremblay OMI (Quebec, Canadá)
¿Cuáles
son mis esperanzas e ilusiones respecto a poner en acción el carisma Oblato
en los próximos años? Puedo darles dos categorías: herencia y visión. Sin embargo,
debe expresarse en tres palabras: herederos y visionarios.
Creo que debemos reafirmar el significado de nuestra identidad como Oblatos.
Por identidad no quiero dar a entender cosas como el hábito religioso. Eso sería
muy simplista y meramente accesorio. En vez de ello, quiero dar a entender que
debemos declarar de nuevo y claramente lo que representan nuestros valores fundamentales
y lo que entendemos por misión. No es lo que hacemos lo que nos distingue de
otras comunidades (existen muchas otras que evangelizan, enseñan, predican,
son pastores en las comunidades, etc...). En otras palabras,¿cuáles son los
valores que orientan, califican, caracterizan y dan vida a nuestro apostolado?
El reto es redescubrir o tal vez declarar de nuevo con más claridad lo que es
esencial a nuestra herencia. Entonces tendremos mayor libertad de discernimiento
para elegir las actividades que debemos conservar y relanzar, así como aquéllas
que debemos dejar.
Sueño en una comunidad que, habiendo sorteado muchas tormentas, cierre filas
alrededor de una identidad renovada y mejor definida; una comunidad que sea
capaz de integrar tranquilamente su pasado e historia y de enfrentar el futuro
con determinación. La vida comunitaria sería más intensa, más humana, a un nivel
más profundo y sería el resultado y efecto de nuestra apertura, así como ser
un medio en sí misma.
Además, deseo que fuéramos una comunidad cada vez más visionaria, capaz de lanzarse
al futuro. ¿Dónde predecimos que estaremos en cinco, diez o veinte años? Esto
permitiría a todos los miembros canalizar mejor su energía y combinar sus esfuerzos
hacia una dirección en común.
Me gustaría el atrevimiento, que es uno de nuestros valores fundamentales; ser
más obvios en la elección de nuevas empresas. Estoy convencido de que podríamos
atraer nuevos candidatos de calidad (aún aquí, en el Primer Mundo), al mostrar
nuestro deseo de ir más allá de nuestras limitaciones, de aventurarnos en nuevos
campos y no simplemente mantener y renovar las actividades que tenemos. Creo
que existe una distinción real, un cambio de paradigma, entre simplemente renovar
lo que ya existe y sentar nuevas bases. Claro está que antes de dejar apresuradamente
nuestras actividades actuales, muchas de las cuales son aún relevantes, debemos
preguntarnos: “¿Deseamos tomar nuevas empresas? ¿Somos capaces de realizarlas?”
Si vamos a promover la innovación creativa y visionaria, creo que debemos hacer
una inversión a largo plazo y de dos formas en el futuro: tanto en la formación
primera como en la contínua y en fijar los proyectos piloto.
Me parece que la fecundidad máxima de nuestra primera formación y la contínua
vendrá de orientarla hacia cómo nos vemos a nosotros mismos y nuestro futuro.
Sin caer fácilmente en el reino de la especialización, debemos realizar un mayor
esfuerzo para ligar la formación de un candidato a su carisma personal, así
como a las necesidades prioritarias de la Congregación y el mundo en la forma
en que las percibimos.
El deseo más cercano a mi corazón es la idea de proyectos piloto experimentales
que abran nuevos horizontes. Debemos alentar y dar preferencia a los innovadores
y darles suficiente espacio y autonomía. ¡Invirtamos en el desarrollo e investigación
de las nuevas formas de evangelizar nuestro mundo hoy en día! Por mi parte,
me encuentro trabajando actualmente en un nuevo proyecto para adultos jóvenes
en la ciudad de Quebec (Canadá): una nueva forma de comunidad Cristiana que
trata de ser realmente misionera. Disfrutamos mucho utilizando el método de
células de evangelización (pequeños grupos que comparten en sus casas).
¿Cuál es la razón de mi énfasis en la conjunción Ay? Porque nos empobreceríamos
al conservar nuestra identidad sin promover la innovación visionaria y viceversa.
A pesar de su contradicción aparente, es posible mantener estos dos polos de
pensamiento juntos. ¡Por lo tanto, no debe tiranizarnos la “o“!
Así es! No puedo dejar de decir que en cuanto a mí concierne, un discernimiento
adecuado de nuestra herencia y visión sólo puede llevarse a cabo en una oración
comunitaria renovada. ¡Que el Espíritu Santo nos ilumine, nos marque el camino
y el llamado que nos lleve a Dios y que San Eugenio nos ayude a atrevernos a
tomar ese camino con confianza!
“Somos llamados a ser Imago Dei”
Esc. Peter Czerwinski, OMI - San Antonio, Texas, EE.UU.
Vengan a ver quiénes son a los ojos de Cristo
Seguí el llamado de Jesucristo después de vivir, estudiar y trabajar en
Suecia la mayor parte de mi vida. El contexto donde respondí a Su llamado fue
en la sociedad del oeste de Suecia, donde la religión y la fe son secundarias,
una postura que no se comparte con los demás. Mi fe se fortaleció a través de
mi herencia polaca. El testimonio de mi madre y familia me ayudó a crecer en
la comprensión de mi fe y a escuchar el susurro de Dios y responder a su llamado,
que después de muchos cambios de rumbo, me llevó a los Oblatos. Me pregunté,
por qué? La respuesta es que los Oblatos de María Inmaculada me invitaron a
venir y ver, ayudándome a descubrir quien soy. La hospitalidad es clave no sólo
en mi vocación, sino en la de otros. Al dar la bienvenida a los jóvenes y mayores
de diferentes formas de vida a nuestras comunidades Oblatas y al dar testimonio
de nuestra fe y compromiso con nuestra misión, podemos ayudarlos a saber quiénes
son. Sin nuestro esfuerzo al ayudar a la gente a saber quienes son realmente,
creo que existe una falla en nuestra misión. La respuesta de una persona puede
ser diferente a la esperada, pero si somos honestos y serviciales al llamado
de Cristo, esa persona sabrá también quién es a Sus ojos, pudiendo convertirse
en Oblato, o tal vez su vocación pudiera llevarlo a otras comunidades y estilos
de vida. Sea cual sea el llamado de Cristo, debemos ayudar a la gente a descubrirlo.
Atrevámonos a todo
He meditado infinidad de veces en el Prefacio de nuestras Constituciones
y Reglas, encontrando que las ideas de De Mazenod en 1825 son tan
relevantes hoy en día como lo fueron entonces. La Iglesia ha “sido cruelmente
saqueada” y cuál es nuestra respuesta? Sólo puedo hablar de mi experiencia en
la Iglesia de Suecia, Australia y los EU, donde he estado estudiando y trabajando.
Sin minimizar a otros países, diría que en general en estos países el nivel
de vida es bueno, la educación es excelente y la atención a la salud es accesible.
En otras palabras, la vida es de primera clase. Sin embargo, la gente busca
un significado, que parece ser evidente entre los jóvenes. Su lucha por la mejor
educación, el mejor empleo y las mejores condiciones de vida, en ocasiones los
lleva a perder la esperanza y el enfoque en la vida. Esta pérdida los lleva
a buscar un significado en la vida. Nuestro llamado como Oblatos es hacia los
más abandonados. En el mundo occidental nos es difícil imaginar realmente lo
que es la pobreza material y aún así tenemos pobres, aunque contamos con una
red de seguridad que nos ayuda a manejar estos temas. Creo que uno de los grupos
que puede identificarse como de los “más abandonados” es el de los jóvenes y
pienso que el “atrevernos a todo” es no escatimar esfuerzos en trabajar con
ellos. He encontrado en ellos apertura y deseo de escuchar el mensaje que Jesucristo
ofrece. Nuestra tarea es invitarlos, escucharlos y responder a su súplica de
ser guiados. De nuestra parte debe haber un deseo de aceptarlos, y como De Mazenod,
quien habló y predicó en el lenguaje de los pobres en la Provenza, debemos hablar
su idioma. Esta tarea puede ser intimidante, pero mi experiencia es que con
perseverancia y entrega a los jóvenes, haremos que nos sigan, y al sí hacerlo,
esperemos que puedan seguir a Cristo.
Debemos guiar a la gente a actuar como humanos antes que nada,
después como Cristianos
y finalmente debemos ayudarlos a convertirse en santos
“Ser realmente humano es imitar a Cristo”, es una declaración utilizada para
describir el entendimiento cristiano de una persona humana. Nuestra tarea como
Oblatos, es antes que nada, dar testimonio al mundo, al vecindario y a la gente
que conocemos de lo que significa ser humano. A través de nuestras acciones
podemos predicar el ser humanos. Si nuestras comunidades dan el testimonio de
una vida en común, es difícil predicar los valores de la familia? Si no rezamos,
comemos y jugamos juntos en nuestras comunidades, nos falta un ingrediente importante
de lo que es la familia. Una familia estable es ajena a muchos jóvenes. De Mazenod
es el santo patrono de las familias disfuncionales. Como Oblatos, podemos ser
testigos vivientes de los valores de la familia. Nuestras comunidades deben
ofrecer vida, apoyo y un hogar, no ser como los hoteles que sólo son lugares
para comer y dormir. Sin embargo, no siempre vivimos con gente que hayamos elegido
y podemos no ser los mejores amigos. De lo que dan testimonio nuestras comunidades
es del compromiso y si trabajamos con los jóvenes, el compromiso es una parte
tan importante de nuestro testimonio como el ser humanos.
Actuar como cristianos es parte de la devoción de la comunidad. No podemos ser
cristianos por nosotros mismos. La gente joven debe sentirse como en casa en
la devoción de su comunidad. Como Oblatos podemos ayudar a la devoción en nuestras
parroquias, escuelas y otras actividades misioneras. Al ofrecer a los jóvenes
un hogar en nuestras comunidades, pueden tener mayor oportunidad de dar gracias
y alabar a Dios, a su manera. Nuestra Iglesia no es una carretera de un solo
carril, con una sola forma de rezar y ser cristiano. No, nuestra Iglesia es
una gran carretera con muchos carriles y un solo destino – Dios. Nuestra fe
es una, pero las expresiones de ella son muchas. Una comunidad con devoción
no es una unidad homogénea: hay muchas personas y voluntades que complacer.
Nuestro reto es ayudar a los jóvenes a estar en casa dentro de nuestras comunidades,
a rezar con ellos, y retarlos en el difícil viaje de convertirse en cristianos.
Sin embargo, necesitamos ayudarles a entender que también hay otras personas
que pertenecen a la misma comunidad y todas tienen diferentes necesidades, no
se puede dar gusto a todos siempre.
Juan Pablo II pidió santos del Nuevo milenio durante el día mundial de la juventud
en el año 2000. Nuestro fundador invitó a los Oblatos a ayudar a la gente a
actuar como santos. Creo que aún estoy en el proceso de convertirme en cristiano.
Nuestro viaje para convertirnos en santos es un proceso de toda la vida. La
mejor expresión de ello fue de un hermano Oblato, durante mis días en Australia.
El P. Joe había sido sacerdote Oblato por más de 60 años. Al final de su vida
se encontraba muy enfermo, pero hasta las últimas semanas se comprometió a servir
a los demás y a ser un verdadero Oblato. Durante los años de su ministerio tocó
a muchos de nosotros en diferentes formas, mostrándonos el rostro de Dios. En
su lecho de muerte el P. Joe nunca estuvo solo. Los hermanos Oblatos, familiares
y amigos no dejaban de llegar. El P. Joe rezaba por todos nosotros, pero también
tenía la humildad de pedir nuestras oraciones y bendiciones. Para mí el P. Joe
es un santo y a través de su vida dio testimonio de lo que es seguir a Jesús.
Si de alguna forma puedo reflejar la imagen de Dios a través de mi vida y trabajo,
y así ayudar a la gente a saber lo que significa seguir a Jesús, entonces les
estaré dando un modelo de lo que es ser santo. El P. Joe lo hizo toda su vida.
La tarea en nuestro viaje como Oblatos es hacerlo también.
En unas pocas palabras a través de esta contribución, he tratado de expresar
mis esperanzas e ilusiones para nosotros los Oblatos. Elegí enfocarme a los
jóvenes y la difícil tarea de evangelizarlos. Nuestra misión como Oblatos es
el invitar a la gente a venir y ver quienes son a los ojos de Cristo. En el
mundo occidental necesitamos enfocar nuestros esfuerzos a llegar a los jóvenes,
a quienes veo como parte de los más abandonados. Nuestras comunidades deben
dar vida; ofrecer un lugar donde rezar, comer y jugar juntos, una imagen de
compromiso y familia. Debemos servir a los jóvenes en la devoción de las comunidades
y hacer de ellas sus hogares. Finalmente, a través de nuestra forma de vida
y el celo por nuestra fe, debemos ser como los santos y reflejar la imagen de
Dios. Como dicen las camisetas los estudiantes del campus de la preparatoria
católica St. Anthony en San Antonio, “Somos llamados a ser Imago Dei.”
Testimonio de esperanza: Un llamado,
nuestra misión
Esc. Gregory Arokiasamy, OMI
Instituto San Pablo, Poonamallee, India
Introducción
“Espera prolongada enferma el corazón.” (Prov 13:12)
La esperanza es algo básico y esencial para que la vida de la humanidad sea
vibrante. Alguien que llega al fondo de la desesperanza busca toda oportunidad
de terminar con su vida. El que la humanidad se haya prolongado por tanto tiempo
es debido a su Esperanza, entendida también como Dios. Por esto, para mí la
Esperanza es “aferrarse al Dios de la Verdad, sin importar lo que venga y continuar
buscando lo bueno de uno mismo y los demás, perseverando en la integridad propia
entre todas las rarezas de la vida”. Entiendo la ‘Esperanza’ como ‘Cristo’.
Por consiguiente, nuestro llamado y misión es desde y para dar testimonio de
Cristo, quien es nuestra única Esperanza y quien solamente en sí mismo puede
ser nuestra Esperanza. La India es cuna de las mayores religiones y culturas,
siendo todavía un país religiosamente plural. La “riqueza y profundidad de Cristo”,
como Esperanza de la Humanidad, necesita comprenderse con un corazón sensible
y un espíritu dialogal.
La Esperanza como impulso hacia la Plenitud de Vida
La amenaza a la Esperanza es la amenaza hacia nuestra vida misma, por la interconexión
tan cercana entre ambas. ¡Vivimos la vida momento a momento! ¡La vida es tan
abierta como podría serlo la muerte! El punto de partida entre la amenaza a
la vida y el miedo a la muerte es la Esperanza. En India la gente pierde la
esperanza por no contar con recursos para subsistir. Sólo imaginen lo que la
gente puede hacer careciendo de agua hasta para beber y que la agricultura emplea
el 64 por ciento de la fuerza total de trabajo, dependiendo el empleo en gran
medida de la lluvia y del temporal. Además de este problema natural, está el
muy corrupto sistema político. Debido a la Nueva Política Económica de liberalización,
privatización y globalización, el Estado ha renunciado a ser el estado de asistencia
social. El gobierno no da pasos reales para remediar la deplorable condición
de los pobres, lo que disminuye nuestra esperanza en la vida. El Hinduismo popular
parece comprometerse con el status quo, como si las dificultades de la gente
fueran un programa divino y entonces aceptarlo como es. Los resultados de estos
patrones llevaron a la crisis existencial como la pobreza, el analfabetismo,
el desempleo, las castas, la superstición, etc.
En términos internacionales, quien gana dos dólares al día es pobre y quien
gana un dólar al día se encuentra en pobreza crónica. En base a esta medida,
de acuerdo al economista en jefe del Consejo Nacional de Investigación de Economía
Aplicada (CN IEA), el 70% de los indios califican como pobres y el 26% está
en la categoría Bajo la Línea de Pobreza (BLP), calificando aún peor que los
pobres crónicos. Los subsidios y el Sistema de Distribución Pública (SDP), pueden
ayudarlos por algún tiempo a sobrevivir físicamente sólo a corto plazo, pero
no los librarán de las condiciones de pobreza. ¿Cuál es la esperanza para esta
gente que no tiene suficiente alimento, agua, albergue, salud básica y educación
que los sostenga?
¡Aunque la Iglesia es muy fuerte institucionalmente, no se mantiene como una
señal viva de esperanza! Es muy triste ver que la Iglesia gasta toda su energía
y recursos en educar a los ricos para que sean más y más ricos. Muchos religiosos
ven su compromiso de ayuda y liberación de los pobres como el apéndice de su
vida y no como su misión principal. La esperanza está en cruzar los límites,
los ministerios familiares, las zonas confortables, los estilos de vida contradictorios;
en este sentido nuestra habilidad para entrar activamente en una conversión
contínua es la clave real de cualquier esperanza y llamado de misión.
Mis Esperanzas y Deseos de dar vida al Carisma Oblato en mi Propia Vida
Hoy en India, en el contexto de mi país y la tendencia del mundo, soy llamado
compulsivamente a ser un profeta, un hombre de Dios. El papel profético que
hable del pensamiento de Dios al mundo, es el adecuado para un Oblato. Como
profeta debo ser quien sostenga, promueva y enriquezca la vida de la gente,
especialmente de los pobres a mi alrededor. Necesito desarrollar los “sentidos
Crísticos” “mirar al mundo a través de los ojos del Salvador Crucificado”. Al
ser una persona justa y compasiva, puedo ser una gran señal de esperanza, la
voz de los que no la tienen hacia mis hermanos discriminados y oprimidos.
Lo segundo con lo que sueño es ser alguien con sentido del humor. Esto es posible
cuando pongo mis esperanzas en Cristo. El es quien actúa a través de mí. Debo
ver que existe una mezcla perfecta de ira contra la injusticia y alegría de
la presencia de Cristo en mi vida. Esta tensión dialéctica dentro en mí debe
ser el impulso de Esperanza para mí y los que me rodean.
Como Jesús pasó haciendo el bien (Hechos10:38) mi espiritualidad (los hábitos
y disciplinas que utilizo para moldear mi deseo) deben permitirme tener energía
y celo Oblato por el Reino de Dios, entre las rarezas de la vida. Debo poseer
el complejo del Buen Samaritano de ser la esperanza para los necesitados
que trascienda todas las barreras y no el complejo de Caín de
ser indiferente hacia mis hermanos y hermanas.
En la vida de la Congregación
Los Oblatos debemos estar presentes entre los más pobres de los pobres. No debemos
sentirnos confortables en nuestros ministerios convencionales y tradicionales
en las parroquias u otras instituciones. Nuestra actividad y presencia debe
estar con la gente que está perdiendo la esperanza en la vida. Es por eso que
debe haber un cambio radical en el enfoque de nuestra misión.
Para ser un signo concreto de Esperanza, debemos tener capacidad en cualquiera
de los campos laicos, e.g. como médicos, abogados, defensores del medio ambiente.
Estos campos de competencia deben construir directamente las estructuras de
una sociedad en particular. A través de nuestra autoridad en estas materias
podemos involucrarnos directamente en los problemas de la gente y desenraizar
el sistema educativo y de salud, altamente comercializado y orientado al lucro.
Como Oblatos debemos dar voluntariamente nuestra colaboración sincera a los
movimientos seglares, signos vibrantes de esperanza, que luchan por la Justicia,
Paz e Integridad de la Creación. A través de ésta, nuestro ministerio como agentes
de la Esperanza, se ampliaría y materializaría en mayores proporciones.
En India, como Oblatos, debemos tener instituciones educativas propias para
sembrar e inculcar los valores de un nuevo orden social concebido por Cristo,
especialmente hacia los niños y jóvenes. De acuerdo al ganador del Premio Nobel
en Economía, el Sr. Amerthya Sen, “la educación primaria firme para todos
los niños, es el signo real de esperanza para la India”.
La fuerza de la familia humana se encuentra en su vida colectiva, sin la cual
simplemente no puede sobrevivir. La unión de la gente y razas, culturas y religiones
será lo más esperanzador que pueda sucederle a la humanidad, con el significado
refrescante de una época de riqueza. Por lo tanto, los Oblatos deben estar en
los límites de los diálogos inter-religiosos e inter-culturales, en la defensa
de los derechos humanos y la dignidad humana, en la creación de un orden económico
global más sustentable y equitativo.
Conclusión
Atestiguar la Esperanza es nuestro llamado y misión y creo firmemente y estoy
convencido de que cada Oblato debe sentir que somos llamados a ser el ‘Jesús
de Ayer’ (como en los Evangelios) siendo signos de Esperanza a los pecadores,
a los parias, a los pobres, a los obreros, mujeres y niños. Somos enviados a
ser el ‘Jesús de Hoy’, dominados políticamente, explotados económicamente y
subyugados socialmente. Entonces podemos ser realmente testigos de la Esperanza.
Los Oblatos, signos de Esperanza
Esc. Joseph Dumé, OMI (Haití)
Para
nosotros los Oblatos, la Congregación es un don de Dios, una fuente de amor,
de misericordia, de fidelidad infinita. Su esencia está revelada por unos lados
y escondida por otros. Afortunadamente, la comunidad no es una utopía, ni un
concepto que encuentra su sentido en los gustos de sus miembros; es una realidad
concreta donde Hermanos dan testimonio de un amor que tiene su origen en Cristo.
La comunidad es ya vida, pero conviene procurar siempre acomodarse a sus exigencias.
En este sentido, creo que el próximo Capítulo General de los Oblatos será una
experiencia de renovación, un espacio de reflexión intensa y de toma de decisiones
cualitativas en la lucha contra la desesperanza y el odio que hacen sufrir a
nuestro mundo. Es una ocasión para revisar nuestro carisma, profundizarlo de
tal manera que podamos responder mejor a las necesidades actuales.
Hoy día, es posible para los Oblatos crear, inventar condiciones para contribuir
a transformar el rostro del mundo, como lo hicieron el Fundador y sus compañeros.
Por nuestra parte, vamos a redoblar nuestros esfuerzos, claro con nuevos métodos
(el contenido de nuestros documentos de estrategia) y con nuestras propias energías
para enfrentar nuestra época. ¿No son reconocidos los Oblatos por la Iglesia
como especialistas en misiones difíciles? Así, ¿qué misión podrá hacernos temblar?
De todos modos, con confianza, quiero seguir adelante, echar la red; estoy seguro
de que Dios hará fructificar el trabajo.
Los compañeros del Escolasticado de Haití y un servidor, coincidimos en que
el próximo Capítulo es ya la primera manifestación de la esperanza que los Oblatos
están llamados a vivir y testimoniar en el mundo de hoy. Es un momento propicio
para que la comunidad pueda poner realmente la caridad por encima de todo, hacer
de la internacionalidad una prioridad y ponerse al servicio de los más pobres.
Ya puedo prever que las decisiones de este Capítulo crearán en cada Oblato una
gran disponibilidad y el don total de sí mismo a Dios y a la Congregación, una
profundización de la espiritualidad y de los valores oblatos. Entreveo igualmente
que las proposiciones significativas de las distintas provincias podrán materializarse.
Será posible una inversión en los jóvenes para preparar a nuevos líderes. Así
caerán los muros entre las distintas provincias, entre los sacerdotes y los
Hermanos, entre los ancianos y los más jóvenes. Una mayor fraternidad entre
los Oblatos apunta ya en el horizonte de la Esperanza.
El futuro de nuestra Congregación depende del Espíritu Santo, de las directrices
generales y del comportamiento responsable de cada Oblato. De verdad, no me
preocupo por el futuro de la Comunidad, siempre que cada uno tome en serio su
llamada y su consagración. Sin minimizar los problemas importantes de algunas
unidades oblatas, si compartimos la misma convicción, con certeza, la comunidad
nunca faltará a su misión. Nuestro Señor es fiel, y nos promete quedarse con
nosotros. Nos conviene ahora discernir su voluntad, lo que espera de nosotros,
para cumplirlo en el amor y la fidelidad. Ciertamente, estamos preocupados por
unas situaciones difíciles como, por ejemplo, la falta de vocaciones oblatas
en algunas regiones, mientras en otras muchos jóvenes quieren ingresar en nuestra
Comunidad. ¿No sería ya el primer paso de una intervención directa de Dios,
o más bien una llamada a establecer una verdadera cooperación en nuestras obras
y campos de misión? Las vocaciones son signos procedentes del Señor, que nos
aseguran que, de ninguna manera, la Esperanza que Él mismo ha depositado en
nosotros pueda fallar. Así, dóciles al Espíritu Santo, continuemos nuestro camino
con confianza, pues la soberanía del Señor sostiene y levanta la debilidad humana.
Desde ahora me estoy preparando para recibir una nueva inspiración, una gracia
particular para continuar a vivir la radicalidad del Evangelio anunciado y del
carisma transmitido. Puesto que después de este Capítulo General la Esperanza
continuará más que nunca a estar en el corazón de nuestra vivencia cotidiana,
entonces podremos testimoniarlo sin defecto. Nuestra Congregación, seguramente,
va a mejorar la calidad de su presencia en medio de los pueblos, para ser un
signo auténtico del Reino de Dios en el mundo.
Finalmente, debemos ser símbolos de esta Esperanza que no decepciona, para nosotros
mismos y para el mundo que espera de nosotros una respuesta a sus inquietudes.
La necesidad de comprometernos aquí y ahora por la causa de la felicidad y de
la salvación es urgente. Es en eso que Cristo nos ha introducido a través de
su encarnación. Estamos llamados a ser diferentes y a enfrentar la desesperanza.
Que la superabundancia del amor del Señor nos transforme al punto de conformarnos
a su voluntad y hacer de nosotros símbolos auténticos de Esperanza: mensajeros
de paz, de alegría y de amor en el mundo. Por la intercesión de María nuestra
Madre y de San Eugenio nuestro Fundador, que este Capítulo General sea un logro
en plenitud y constituya una página nueva en nuestra historia de Alianza con
Dios, en nuestra búsqueda de fidelidad bajo su mirada y entre sus manos. (Traducido
del francés por Esc. Wilson FOUQUET, OMI - Haití)
Al servicio de los pobres como abogado
Esc. Pawel Ratajczak, OMI
Escolasticado St. Charles, Ottawa, Canadá
Viviendo el carisma
Me veo al servicio de los pobres como Oblato en un ministerio muy específico:
tengo la profunda convicción de que los marginados requieren a menudo de una
representación legal adecuada. Por experiencia, puedo decir también que normalmente
dicha representación legal no es accesible, aún en los países con grandes programas
sociales. Cuando la representación legal gratuita que ofrece el gobierno está
disponible, se dirige solamente a un segmento de la ley – como los delitos de
criminales – y en ocasiones es de muy poca calidad.
Mi esperanza es poder servir a los pobres y marginados como abogado. Esto me
pondría directamente en contacto con los que San Eugenio De Mazenod consideraba
como los más desvalidos: los prisioneros, los pobres, los inmigrantes, a quienes
se ignora frecuentemente. Espero poder combinar el ministerio sacerdotal de
la Iglesia Católica y la vocación como religioso Oblato con mi trabajo como
abogado, sirviendo a la gente no sólo en el campo legal, sino en los asuntos
espirituales. Además, en la sociedad norteamericana, el tribunal tiene mucha
influencia en la política pública: espero utilizar la ley y la corte para llevar
los valores del Evangelio a la esfera pública, particularmente al aplicarse
a la dignidad de la vida humana.
Tal vez pueda realizar mi llamado de servicio a los pobres como abogado en un
despacho o asociación formada por individuos de la misma forma de pensar, lo
que pondría en práctica la sexta constitución de nuestras Constituciones y Reglas
Oblatas, que habla de la cooperación con no Oblatos al trabajar por la justicia
y la paz. Posiblemente podría trabajar con los asociados de los Oblatos. Con
el tiempo, mi ministerio como abogado podría transformarse a trabajar al nivel
de las Naciones Unidas en favor de los pobres. También veo como posibilidad
el atender las necesidades legales de la Congregación, esperando que los pobres
continúen siendo el enfoque principal de mi ministerio.
Como Oblato, en cualquier servicio que realice, espero ser solidario con los
pobres, al llevar una vida sencilla que de credibilidad a alguien que trabaja
con los marginados y que sirva también como antídoto contra el poder y el prestigio
asociado a la profesión legal.
Vivir el carisma en el contexto de la Congregación Oblata
Tengo la profunda convicción de que la comunidad apostólica es una señal muy
efectiva en el mundo contemporáneo: la vida y trabajo en conjunto de los Oblatos
puede ayudar a vencer el individualismo desenfrenado de la cultura norteamericana.
Creo que el estar ligado a la comunidad apostólica me ayudará a vivir el carisma
dentro del contexto de la Congregación de los Oblatos. Idealmente, espero trabajar
como parte de un equipo Oblato: de llegar a ser abogado, puede ser en el contexto
de un centro de justicia-social, establecido para ayudar a los pobres y marginados.
Finalmente, viviendo el carisma dentro del contexto de la Congregación, espero
estar abierto a los ministerios que proponga la comunidad Oblata. En otras palabras,
consideraré seriamente el discernimiento de mis hermanos Oblatos – particularmente
mis superiores – al decidir qué actividad seguir. Como Oblato – asignado a cualquier
ministerio – lucharé por seguir el carisma al ser obediente a quienes la comunidad
Oblata ha designado a los puestos de liderazgo. La Fe de la que habla Dios a
través de los humanos y a través del voto de obediencia, es crucial para mí
al vivir el carisma en la Congregación.
Dar vida al carisma Oblato: Mis esperanzas
y deseos
Esc. Márcio Soares do Santos, OMI
Instituto de Teología, São Paolo, Brasil
Desde que conocí a los Oblatos hace nueve años, he percibido la importancia
de su misión y lo más interesante aún es que todos están involucrados, incluyendo
todos los campos en el proceso. Nunca me he sentido como extraño durante el
tiempo de formación, al contrario, tanto como ha sido posible, los Oblatos me
han comentado los proyectos de trabajo y misión, que a menudo presentan conflictos
por su misma naturaleza, sin que estas barreras nunca hayan representado obstáculos
insalvables a través del diálogo y la comunicación, llegando por lo tanto a
una solución adecuada. Un ejemplo muy claro de este proceso se ha presentado
a través del proyecto ESPERANZA INMENSA. Nunca he visto tanto compromiso y dedicación
en todos. Participé en todas las reuniones de preparación y reflexiones para
los documentos, que demostraron una gran alegría fluyendo de este proyecto,
que nació en nuestra casa Oblata en mi comunidad.
Creo firmemente en la misión de los Oblatos, en su propuesta de vida y el asumir
misiones a favor de los más necesitados. Entre las muchas esperanzas que tengo,
una se encuentra en la misión: que crezca en madurez en el sentido de que no
fracase en base a mis errores o los de mis hermanos Oblatos, para que pueda
conservar su finalidad, pero que sea una señal de gran fuerza y unidad para
todos nosotros. Tenemos muchos ejemplos de ello, como los misioneros que han
llegado a Brasil procedentes de Francia, Estados Unidos, Canadá e Irlanda. Cada
uno ha contribuido de la mejor manera posible y hasta el día de hoy nos beneficiamos
de sus experiencias. Soy consecuencia de dichas experiencias y estoy muy agradecido
al Señor por esta bendición.
Deseo contribuir intensamente al proceso, pues al estar en formación tengo una
participación limitada debido a mis obligaciones académicas. Pienso conservar
todos los valores que estoy aprendiendo en mis años de formación, tanto en la
escuela como en la vida en comunidad, para poder servir como Oblato en cualquier
lugar donde esté, siendo uno entre muchos que den testimonio de nuestro carisma
Oblato. Este es mi deseo sincero y espero crecer en este ideal, contando con
la ayuda de Oblatos más experimentados, que son puntos de referencia, sintiendo
que la congregación Oblata alienta nuestras iniciativas a favor de la misión
y que nuestros proyectos no son personales, sino que abarcan a todo el grupo.
Espero que en el Capítulo puedan analizarse estas preguntas sobre las motivaciones
de los seminaristas para la vida misionera. No me refiero específicamente a
una misión, sino a lo esencial en la misión Oblata, como una característica
específica. Ser un signo en el mundo de hoy, dar testimonio del señor Resucitado
y estar presente en medio de los más abandonados. Estos son los valores que
trato de vivir en mis experiencias como seminarista y que espero conservar a
toda costa, aún sabiendo que los retos son muchos y que el mundo moderno en
que vivimos demanda más de nosotros que nunca antes en la historia como misioneros.
Pero pertenezco a una comunidad que vive realmente en espíritu fraternal, una
amistad profunda que muchas ocasiones, en momentos difíciles y de prueba, me
da el apoyo necesario para comprometerme aún más activamente en la misión. Creo
que en este punto puedo percibir el papel real de una comunidad apostólica,
que debe ser enfatizada en el capítulo para promover una relación profunda entre
la comunidad y la misión bajo nuestra responsabilidad.
Veo con gran esperanza el futuro de nuestras comunidades que nos dan alegría
y una cálida bienvenida donde quiera que encontremos a un Oblato, quien quiera
que sea. Estas declaraciones me animan a continuar buscando nuevas fuentes de
vida en las huellas de nuestro Fundador, quien siempre vivió el espíritu de
la Congregación recién establecida en su realidad. Mi deseo es hacerlo igual.
Siempre que estoy en las comunidades pastorales que visito, pienso en el papel
que ejerzo y aparece alguien al final del encuentro diciendo: “¡Qué bueno que
ustedes los Oblatos estén aquí!” Esta frase me conmueve profundamente y me hace
sentir como una señal entre la gente, una señal que va más allá de mí. No es
crédito personal, pero proyecta el nombre de la Congregación, o mejor aún, es
una seña de nuestro carisma que aparece entre nosotros. Hay otra referencia
de esperanza que tengo desde mi ingreso con los Oblatos. Siento el sentido de
pertenencia y de ser el seguidor de alguien que tiene la misión de continuar
el trabajo del Fundador. Para mí, esto es extremadamente importante y debería
ser una señal latente siempre en nuestra presencia actual y futura: el mostrar
esperanza en medio de la gente que la ha perdido. Para lograr esto sólo conozco
un camino a la misión y por medio de ello tenemos la oportunidad de llegar a
los abandonados como San Eugenio nos enseñó. Es un reto, que para mí puede cumplirse
a través de la actividad misionera, profundizando y alcanzando el significado
real de la misión.
A causa de ello creo en mi futuro y en el nuestro. Somos responsables de la
llama de nuestro Fundador y no debemos permitir nunca que se extinga. Somos
hombres apostólicos con todo tipo de problemas y dificultades, llamados al servicio
del Evangelio. Espero poder dar testimonio en nuestra misión de todos los valores,
de nuestras esperanzas y sobre todo de nuestra fidelidad a la cruz que Cristo
dejó
¡Inmigrantes... Mis Hermanos Respetables!
Esc. Quilin Bouzi, OMI
San Antonio, Texas, EE.UU.
Con
humildad y orgullo al mismo tiempo, comparto con ustedes mis esperanzas y deseos
para el próximo 34° Capítulo General. Quisiera reflexionar en el tema dentro
del contexto de los EU. El tema “dar testimonio de la esperanza, un llamado
a nuestra misión” es verdaderamente cierto y adecuado a la realidad que vivimos
actualmente en los Estados Unidos. Es un tema que llama particularmente la atención
hacia varias realidades que afectan a los pobres en sus muchas formas. Deseo
y espero que el Capítulo General preste especial atención a la realidad de nuestra
misión respecto a la justicia social, especialmente a la realidad de los inmigrantes.
Cientos de personas, principalmente los pobres, han sido víctimas de la injusticia
social, al morir y quedar olvidados a lo largo de las fronteras entre México
y los Estados Unidos, en su intento de cruzar, buscando un mejor estilo de vida.
Aquéllos que lo han logrado, son sujetos a un trato injusto.
Mi deseo de atención hacia los inmigrantes se deriva de mi propia experiencia.
Nací y crecí en Haití en una familia católica. Enfrentando la muerte prematura
de mi padre, mi madre optó por no volver a casarse, criando sola a cinco hijos.
Enfrentó grandes dificultades económicas en Haití y vino a los Estados Unidos
en 1982 a comenzar una nueva vida, a los doce años del fallecimiento de mi padre.
Ocurrió que al migrar a Nueva York tuvo muchas penurias. Le fue difícil comunicarse
con la gente, pues no hablaba inglés. Para sobrevivir trabajaba varias horas
a la semana y de su salario exiguo nos mantenía en Haití. Por la gracia de Dios
y su gran esfuerzo, logró ahorrar algún dinero para traernos con ella a Nueva
York y fue entonces que llegué con mis hermanos. En esa época tenía veintiocho
años y como inmigrante criollo de ascendencia francesa, tuve que aprender el
inglés, pudiendo después inscribirnos y asistir al City College. Ahora mis hermanos,
después de su graduación de la universidad, trabajan en Nueva York. Dos como
ingenieros en electricidad, otro como programador y otro como técnico.
Por mi antecedente como inmigrante, creo firmemente que el tema para el Capítulo
General de este año puede remitirse a la realidad de los inmigrantes. De acuerdo
a nuestro carisma como misioneros hacia los pobres en sus muchas formas, es
cierto que los inmigrantes forman parte de los que tienen una gran necesidad
de nuestra presencia. No podemos negar la realidad de que la respuesta del fundador
a los pobres en Aix tenía la intención de reconocer la integridad y dignidad
personal. Su preocupación fue la dignidad de cada persona, sin importar su clase
social. Es obvio que la humanidad no puede estar separada de las necesidades
humanas básicas, que por mencionar sólo algunas, implicamos como: habitación,
alimentos, ropa, salud, educación, etc.
La intención de nuestro padre fundador, San Eugenio de Mazenod, era de compartir
con los pobres su experiencia personal del amor de Dios hacia él. Para él, esta
atención especial fue hacia los abandonados por la sociedad o los menos reconocidos,
cuyos derechos eran pisoteados; personas a quienes la sociedad francesa les
negaba sus derechos, tendiendo a clasificar a las personas de acuerdo a sus
posesiones monetarias o materiales. El amor hacia los pobres en la vida de San
Eugenio de Mazenod es lo que lo llevó a defenderlos. En la tarea de su experiencia
con los pobres, dedicó su vida a enseñarles la riqueza de la fe. Es evidente
que desde el inicio de su ministerio sacerdotal en el sur de Francia, buscó
llegar a los “más abandonados”, según los veía él, incluyendo a la gente de
recursos humildes como sirvientes, artesanos, mendigos, jóvenes y prisioneros.
El fundador se comunicaba con ellos en un idioma que comprendían. Hablaba el
dialecto local provenzal del sur de Francia, poco común en la iglesia francesa.
San Eugenio de Mazenod, de manera profética, luchó contra este tipo de actitud,
según reflexiona en esta parte de su sermón del Viernes Santo:
¡Ustedes, los pobres de Jesucristo, los afligidos y miserables, enfermos
y dolientes… mis respetables hermanos, escúchenme! Son hijos de Dios, hermanos
y hermanas de Jesucristo, coherederos de su reino eterno, la parte querida de
su herencia. ¡Ustedes están en las palabras de San Pedro, la santa nación, son
reyes, son sacerdotes, son en cierta forma, dioses!” (Marzo 1813)
En estas palabras puedo ver cuál era el lugar de los pobres en su corazón. Denunciaba
las actitudes injustas hacia ellos, reconociendo la revelación de Dios. Esta
denuncia va más allá de palabras vacías, se trata de identificarlos a través
de la misma sencillez de vida. A través de nuestras vidas podemos ser solidarios
con ellos. Los inmigrantes, legales o no, forman parte de los pobres hoy en
día. Estos hombres y mujeres son personas que han sido forzadas a dejar sus
lugares de herencia natural por dificultades políticas y económicas. Han dejado
su tierra en busca de un estilo de vida que mejore su dignidad como seres humanos.
Como personas sin “casi” derechos, son la esencia de los pobres. Han sido forzados
a perder su integridad en condiciones infrahumanas en las que han vivido en
su tierra natal. Han abandonado su casa para ir a vivir donde no tienen familia
ni conocidos, con la esperanza de restaurar su dignidad humana.
Por lo tanto, mi esperanza es que el capítulo en respuesta a la esencia del
tema, le otorgue una atención considerable a la difícil situación de los inmigrantes.
Carisma Oblato, Formación, Inmensa
Esperanza
Esc. L. Mosemedi, C. Nabwenje, S. Rossouw, OMI
Escolasticado St Joseph, Cedara, Sudáfrica
Nuestras
experiencias del carisma en la Formación
Encontramos en nosotros mismos un deseo iluminado por la esperanza que tenemos
en la congregación. El carisma Oblato se resume en la Constitución # 5: el convertirse
en miembros de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada es escuchar
el llamado de Jesucristo dentro de la Iglesia, a través de la necesidad de salvación
de la gente.
Nuestra formación es tal que nos acompaña al entendimiento del carisma Oblato.
Sentimos la necesidad de tener esa visión del carisma para comprender lo que
significa la vida Oblata. Nuestra formación permite que los individuos se conozcan,
pues esto es importante para el ministerio. Hemos experimentado hasta cierto
punto la realidad de nuestro carisma en diversas formas, como las inserciones
pastorales y los programas de dirección y el contacto continuo que tenemos con
Oblatos de diferentes países. Hasta ahora, nuestra casa de formación nos ha
permitido tener estas experiencias.
Hemos llegado a comprender que el ministerio entre los jóvenes requiere más
consideración. Se ha enfatizado hasta cierto punto el ministerio a los jóvenes.
Sentimos que aun hay más por hacer. El trabajo con los jóvenes es un ministerio
de tiempo completo. Sólo puede uno convertirse en Oblato si escucha el llamado
de los que piden ayuda, especialmente los pobres en sus muchas formas.
Mis esperanzas y deseos en la actualización en mí del carisma Oblato
Sólo puede actualizarse el carisma Oblato en mí al estar comprometido y
viviendo la realidad que lo busca. Nuestra esperanza es tener más experiencia
a través de lo que se vive en diferentes realidades. La pregunta actual para
nosotros es: seguimos todavía la inspiración original de nuestro fundador? Nuestro
programa de formación debe ayudarnos a ver esta pregunta. A través de las experiencias
que tenemos somos capaces de ser más efectivos. No podemos dar lo que no tenemos.
Otra pregunta sería: cuál es nuestra misión hoy en día? En los Misioneros Oblatos
de María Inmaculada, el P. Fernando Jetté escribió: “A la luz de lo precedente,
el carisma Oblato es antes que nada un panorama, un panorama lleno de amor y
fe que nos permite ver cosas que los demás pasan por alto y escuchar súplicas
que otros olvidan.”
Mis esperanzas y deseos en la actualización del carisma Oblato en la Congregación
Deseamos que los Oblatos pasen algún tiempo en reflexión de las realidades
en las que se encuentran, para ver y contemplar lo que es nuestro carisma en
el mundo actual. Al haberlo hecho y dándole el tiempo debido, el carisma siempre
vendrá a actualizar la congregación. Entonces podremos ir con el celo por las
almas.
Decimos que hoy en día nuestra misión son los jóvenes y se encuentran entre
los pobres de varias formas. Necesitamos mirar atrás y ver qué se podría hacer
en el futuro para llegar a la gente que nos necesita. Necesitamos la inspiración
original de nuestro fundador en nuestro tiempo.
Conclusión
Nuestra formación nos da la oportunidad de conocer los retos a los que se
enfrenta nuestra congregación. Tenemos oportunidades de inserción pastoral.
Nuestra casa de formación nos ayuda a ser la voz de los que no la tienen. Los
jóvenes son los líderes del futuro y requieren nuestra atención. Los jóvenes
deberían enriquecer nuestras vidas.
Nuestra formación debe enfocarse siempre a ampliar nuestros horizontes porque
aquéllos en formación son la congregación del futuro. En el escolasticado tenemos
conferencias espirituales que nos ayudan a estar preparados para enfrentar la
realidad de la vida. Nos agrada la formación que recibimos.
Esperanza,
deseos…y el carisma Oblato
Esc. G.Rambola, M. Ratelolahy, E. Ramiadamanana, OMI
Escolasticado San Eugenio de Mazenod
Fianarantsoa, Madagascar
Las
palabras “esperanza” y “deseo” se han vuelto oportunas. Durante el año anterior,
hemos tratado de promover estas palabras dentro del proyecto “esperanza inmensa”
de nuestra Congregación, al iniciar el Tercer Milenio. Con alegría, los jóvenes
en primera formación en Madagascar, deseamos compartir algunas señales de esperanza
y enviar algunos deseos. Queremos que se escuchen antes o durante el próximo
Capítulo General.
Indicadores de esperanza
Vivir el carisma Oblato en Madagascar, donde el 80% de la población depende
de la agricultura y la cría de ganado, llama la atención a la vida espiritual,
material e intelectual de la gente, tres factores básicos del desarrollo humano.
Nuestra experiencia en la Congregación en los últimos años, especialmente con
la gente de la diócesis de Tamatave, nos hace comprender que nuestro carisma
no debe limitarse a predicar la espiritualidad. Aún más, debemos enseñar el
valor del conocimiento, de la utilidad del aprendizaje, cosas que sin duda les
ayudarán a mejorar su vida material. Las vocaciones Oblatas son raras en esa
región, precisamente por la pobreza intelectual y material (son pocos los que
terminan su educación primaria). Por otro lado, muchos jóvenes de otras regiones
llaman a nuestra puerta pues quieren hacer algo por la Iglesia y el país, viviendo
el carisma Oblato.
El espíritu de comunión, fraternidad y colaboración en el estilo de nuestra
vida Oblata es al mismo tiempo un indicador y esperanza para el futuro de nuestra
Congregación en Madagascar, pues estos mismos valores ya existen en el pensamiento
Malgache, que se basa en el paternalismo (Fihavanana) y por lo tanto esta identidad
en los Oblatos corresponde en forma exacta al pensamiento Malgache. La gente
tiene una gran admiración por la armonía que observan entre los Oblatos.
Algunos deseos
En Madagascar, como en cualquier parte, la pobreza obstaculiza el desarrollo
humano. Aún así no nos esforzamos por unirnos a los que trabajan por el desarrollo
intelectual y material de la gente. Es por ello que me gustaría colaborar en
la formación intelectual (por ejemplo, establecer escuelas en la provincia...),
en la formación especial de catequistas y en la educación de adultos analfabetas,
que son tan numerosos.
Desde el punto de vista financiero, la Delegación OMI en Madagascar depende
siempre de otros países. Para mejorar nuestras finanzas en el futuro, creemos
que quedarnos en el rezago no solucionará el problema… Tal vez al establecer
instituciones de educación avanzada, de agronomía, ciencias humanas… podríamos
lograr algún ingreso! Los jóvenes malgaches en primera formación sencillamente
desean evitar el espíritu de dependencia… con el acuerdo de los miembros de
nuestra Delegación.
Madagascar es una isla donde sólo hablamos un idioma, “Malagasy”, emparentado
al idioma Indonesio (nuestros antepasados vinieron de Indonesia y Malasia).
Por ello, los jóvenes malgaches quieren expandir su conocimiento de otros idiomas
como el Francés, Inglés… yendo a otras provincias (por ejemplo durante una etapa
pastoral de uno o dos años). Ello nos permitiría entrar en contacto con la internacionalidad
de la Congregación, experimentar otras culturas, y reforzaría la unidad de los
Oblatos tanto a nivel local como internacional.
Queridos hermanos, ésta es la esperanza y algunos deseos de los jóvenes Oblatos
en primera formación en Madagascar. ¡Tenemos confianza en Dios respecto al futuro
de la Congregación en este país y al mismo tiempo estamos luchando por construir
un mejor futuro al conservar nuestro carisma y en el espíritu internacional
de la Congregación!
¿Cómo podemos hacer que el carisma Oblato
se encuentre activo en nuestras vidas y en la Congregación?
Por los Escolásticos de Ucrania y Bielorrusia,
Ahora en Obra (Polonia)
“La
Iglesia –amada esposa del único Hijo de Dios, sumida en la angustia al llorar
la vergonzosa deserción de los hijos que tuvo y que le han sido cruelmente arrebatados
en nuestros días”.Estas palabras de nuestro Fundador permanecen vigentes.
De una forma sorprendente son aplicables a los territorios que alguna vez formaron
parte del bloque Soviético, como en nuestros países de Ucrania y Bielorrusia.
De hecho, no son territorios típicos de misión; más bien son lugares
para una nueva evangelización. Al vivir entre la gente de estos países post-Soviéticos,
debemos concluir que la población no es Cristiana, aún cuando algunos comúnmente
asumen que así es. Los habitantes se consideran a sí mismos creyentes, aunque
su vida diaria lo contradice en forma absoluta. Es por ello que deseamos enfatizar
que ser misioneros en Ucrania o Bielorrusia, como en los demás países post-Soviéticos,
es ser fieles a nuestro carisma de llegar a los pobres y más abandonados. No
debemos olvidar que en nuestra tierra, la pobreza espiritual está acompañada
muy a menudo de pobreza material extrema.
El ejemplo de los Apóstoles, que consagraron sus vidas a Jesús, nos enseña que
cada uno de nosotros, siguiendo a San Eugenio, debemos tener el amor de Jesucristo,
el servicio de la Iglesia, y estar llenos de celo, listos para sacrificar
nuestros bienes, dones y a nosotros mismos por la gloria de Dios. Podemos hacerlo
si permanecemos unidos a Dios a través de la oración y los santos sacramentos.
La Comunidad Oblata debe por lo tanto, encontrar en la oración el medio primario
y el punto crucial de sus actividades. Aún más, nuestra vida común debe ser
tal que cada miembro pueda encontrar el entendimiento, una evaluación honesta
y una aceptación verdadera de su vida. En nuestras comunidades, quisiéramos
tener Oblatos extraordinarios, que realmente desaran ser santos y que busquen
en su vida diaria lograr la meta descrita por el Fundador. Aun cuando puedan
presentarse desacuerdos entre los hermanos, deben resolverse siempre los problemas
sin tardanza, hablando honestamente y permaneciendo abiertos a la corrección
fraterna.
Nos complace afirmar que en nuestras comunidades consideramos esencial y como
elementos constructivos a la oración, el ministerio y la recreación común. También
estamos convencidos de que la oración debe preceder nuestro ministerio y actividades;
no debemos permitir que el trabajo destruya la vida espiritual de la comunidad.
Las necesidades son enormes de verdad! Pero igualmente es cierto que antes de
llevar a alguien un vaso lleno de amor, debemos llenarlo. Para nosotros es evidente!
También nos atrevemos a sugerir: que cada siete días haya en nuestras comunidades
tiempo para la adoración común de Jesús en la Eucaristía y cuando sea posible,
sería deseable que los laicos que trabajan con nosotros y los feligreses, se
nos unieran en la oración.
Creemos que en ocasiones nuestras comunidades necesitarían más disciplina, docilidad
y disponibilidad y que por medio de estas cualidades Dios podría actuar más
fácilmente en y a través de nosotros, y por lo mismo darnos una ocasión más
de practicar –en un espíritu de obediencia– la pobreza de corazón. Así podríamos
rebasarnos a nosotros mismos y nuestros límites, al abandonarnos más completamente
al Señor.
Creemos que somos llamados, antes que nada, a anunciar la palabra de Dios, logrando
este ministerio a través de la celebración de los sacramentos y al servicio
amoroso a los necesitados. Nos parece que en cada Eucaristía – de ser posible
– nuestra predicación debe explicar las Escrituras. Parece igualmente necesario
alentar a los fieles a acercarse a los sacramentos y facilitar que lo hagan.
Al responder a sus necesidades espirituales, debemos también permanecer receptivos
a la pobreza material de la gente. De hecho, muchos de los que conocemos carecen
de lo necesario para vivir. No debemos olvidarlos, sino por el contrario, rescatarlos.
Así los pobres nos sensibilizarán hacia la necesidad de un mayor radicalismo
en nuestras vidas, inspiradas por los consejos evangélicos. Este radicalismo
evangélico puede pedirnos renunciar a ciertos bienes y conveniencias en nuestro
estilo de vida. Sin embargo, podría darnos la ocasión de descubrir nuestra propia
carencia. No debemos temer ser pobres, ni temer que el llevar una vida de pobreza
nos haga perder contacto con algunas cosas: el Fundador las aceptó y aún así
tuvo muchos amigos y conocidos en Francia y otros lugares.
Al trabajar con los pobres de muchos rostros y los marginados, permitiremos
que ellos nos evangelicen. Nuestras casas – respetando las exigencias de
la vida religiosa y el claustro – deben permanecer abiertas a los pobres, aún
al punto de compartir nuestra mesa con los indigentes, si se presentara la ocasión.
Normalmente la gente viene a nuestras casas, pero estamos convencidos de que
también debemos atrevernos a llamar a las puertas de los que no vienen y así
conocerlos en su vida diaria y hablar con ellos. Si no vienen a Jesús, permitamos
que El se acerque a ellos.
Estamos conscientes de que Dios ha dado ciertas cualidades y talentos a cada
uno de nosotros. Debemos desarrollarlos, mirando al futuro en la tarea de la
Evangelización. De igual forma debemos ser cautelosos de no obstaculizar a los
que descubren nuevos carismas dentro del marco del carisma Oblato. Así podremos
saber más adelante si es necesario ir más allá del ministerio parroquial y la
predicación en las misiones, formar comunidades especializadas, concentradas
en una actividad muy especial. Cierto es que antes de iniciar un nuevo proyecto
debemos considerar la situación de la iglesia local, enviar el proyecto a nuestros
superiores y discernirlo seriamente. Entre los posibles proyectos pensamos en
el ministerio a los jóvenes, el ministerio a los marginados y la promoción de
las vocaciones Oblatas. Estas comunidades especializadas podrían colaborar
con especialistas en otras congregaciones o con otros expertos eclesiásticos
o seglares.
María Inmaculada es la patrona de nuestra Congregación, lo que significa que
nuestras actividades deben reflejar una orientación Mariana. Aquéllos que están
con y cerca de nosotros deben ver que María es verdaderamente nuestra Madre
y tiene un lugar muy especial en nuestras vidas. Nuestras parroquias deben promover
una auténtica devoción a la Virgen Inmaculada a través de celebraciones
Marianas y utilizando los medios audio-visuales contemporáneos.
En resumen: debemos regresar a nuestro Fundador, conocerlo mejor y re-descubrirlo
siempre, pudiendo entonces buscar similitudes con la situación actual de nuestro
país. No debemos cesar nunca de crecer en la espiritualidad como Oblatos, para
ser realmente hombres apostólicos y que la gente pueda conocer quién es Cristo.
Debemos tomar la cruz y seguir a Jesús todos los días, abandonar esta vida para
llegar a la eternidad.
DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación no oficial
de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada
C.P. 9061, 00100 ROMA-AURELIO, Italia
Tel: (39) 06 39 87 71 Fax (39) 06 39 37 53 22
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