Documentación OMI presenta aquíla continuación del estudio del p. Bernard Dullier sobre el tema"la comunidad en san Eugenio de Mazenod" (véase Doc.OMIno. 230nov. 99). Cuarta parte: La comunidad según san Eugenio se funda en la caridadSabemos queen su lecho de muertenuestro fundadornos recomienda la caridadentre nosotrosen nuestras comunidades: “Practicadentre vosotros la caridadla caridadla caridadyfuerael celo porla salvación de las almas” (90). En esto una vez más el modelo es la comunidadapostólica. Los apóstoles formados por Cristo estánunidos por el vínculo de la caridad. Los apóstoles Juany Pablo insisten en esta dimensión: “Amaos unos a otroscomo yo os he amado”dice el primero (cf. Jn 1334).“Vuestra caridad sea sin fingimiento... amándoos cordialmenteunos a otros”dice el segundo (cf. Rm 129). El ser apostólico de la comunidad de los misionerosde Provenza tienepuescomo corolario indispensable el vínculode la caridad. Eso está ya presente desde el principio en el esbozode proyecto que el fundador propone al sacerdote Aubert: “Librespero unidos por los lazos de la más tierna caridadviviremos apostólicamente”(91). Eso se trasluce después en toda la correspondenciadel fundador. Así la cartita que envía durante la misiónde Grans forma parte de los textos más significativos sobre eltema: “Entre nosotrosmisionerossomos lo que debemos seresdecirque tenemos un solo corazónuna sola almaun solo pensamiento:-es admirable! Nuestros consuelos son como nuestras fatigassin igual”(92). En 1821 habla al joven padre Courtès“de esta cordialidadde esta fusión que debe existir entretodos los miembros de nuestra sociedad que no deben formar sino un corazóny un alma” (93). Y dos años mástardeescribe al novicio Guibert: “Formamos una familia en laque todos los que la componen sólo quieren tener un corazóny un alma” (94). Y esto debe seguir siendo verdadincluso cuando losmiembros de la comunidad están momentáneamente separados:“Aunque estuviéramos dispersosno por eso estaríamosmenos unidos” (95). En la Regla de 1826 repetirá literalmente loque había escrito sobre el tema en la Regla de 1818 por la necesidadque tienen los misioneros de imitar a Jesucristo: “Los misionerosdebenen cuanto lo permite la fragilidad humanaimitar en todo los ejemplosde nuestro Señor Jesucristo principal fundador de la sociedady de los apóstolesnuestros primeros padres. Imitando a estos grandes modelosemplearánuna parte de su vida en la oraciónel recogimiento y la contemplaciónen el retiro de la casa de Diosen la que habitarán juntos. Laotra partela consagrarán enteramente a las obras exteriores delcelo más activo... Pero tanto en la misión como en el interiorde la casapondrán su principal empeño en avanzar por elcamino de la perfección... Estarán todos unidos por loslazos de la más íntima caridad” (96). Los hermanossin embargotratados en muchas congregacionescomo miembros de "segunda clase"proceden también paraEugenio de Mazenod de este vínculo de la caridad que une a la familiaoblata. En el manuscrito autógrafo de la Regla de 1826los artículosrelativos a los hermanos conversos son del puño y letra del padreTempier excepto los que se refieren a su participación en la vidade la familia y que son del fundador: “Los hermanos conversosno deben ser considerados en la Sociedad como criados. Son miembros delInstituto encargados de los empleos manuales de la casa como otros estánencargados de empleos más altosen beneficio común de laSociedad y de Iglesia...” (97).De ahí que “los hermanos comerán en el comedor yasistirán a todos los ejercicios compatibles con su empleo...”con los otros miembros de la comunidad. Eso deberá ser la característica constantede la comunidad oblatay precisamente porque es comunidad apostólica.En este espíritu deberán ser formados los novicios: “Espreciso que ellos (los novicios) encuentren ahí una verdadera familiaunos hermanos y un padre” (98). Asíes como los jóvenes oblatos deberán ser acogidos en su nuevacomunidad: “Mi intención es que tengan con estos jóvenestodas las atenciones. Se trata de formarlosde comunicarles nuestro espíritude inspirarles amor a la familia sin el cual no se será apto paranada bueno” (99). Es verdad para aquellos a los que conoce bien y amaparticularmente como a su querido padre Semeria gravemente enfermoalque escribe: “-Oh! mis queridos hijos cuánto les quiero!Merecen todo el amor que les tengoforman sólo uno entre ustedesforman sólo uno conmigo. Eso es lo que Dios pide de nosotros puestoque él es el principio y el vínculo de nuestra unión”(100). Es verdad también para los oblatos a los queno conoce personalmente como al hermano Baret y que entraron en la familia:“No le conozco personalmentepero... me basta saber que nuestroSeñor Jesucristonuestro común Maestroha recibido susjuramentos (su oblación)que lo ha adoptado y marcado con el selloque nos constituye lo que somospara que los lazos de la caridad másíntima nos unan y yo sea suyo para siempre como usted es mío”(101). Es verdaddesde luegocuando todo va bien dentro yfuera de la comunidad. Pero es aún más verdad en las dificultades.En este caso¿qué puede permitir a la comunidad mantenerseen pie sino la caridad? Es lo que escribe a la comunidad de Aixvíctimade la oposición de los curas de la ciudad: “Estemos unidosen el amor de Jesucristoen nuestra común perfecciónamémonossiempre como lo hemos hecho hasta ahoraformemos sólo unoenuna palabray ellos (los curas de Aix) morirán de despecho y derabia” (102). Es verdad cuando el oblato está soloalejadofísicamente de la comunidad. Debe entonces recordar este vínculode la caridad que lo une a todos sus hermanos por el mundo y que lo hacerealmente partícipe de su comunidad. “En los confines dela tierra donde se encuentranes consolador pensar que viven de la mismavida y en comunión íntima con sus hermanos dispersos porla superficie del globo. Están en las antípodas de Ceilán¿y qué?ahí tienen hermanos unidos a ustedestrabajandopor ustedes como ustedes trabajan por ellos... Elevamos al cielo las mismas oracionesnos animan los mismos sentimientos.Están presentes a nosotros como si los viéramos” (103). Es verdad también durante la oración.Aun cuando la comunidad oblatareunida en torno a su centro que es Cristoesté geográficamente dispersa a través del mundopuede encontrarse unida por la caridad: “Es el único mediode acortar distanciasencontrarse en el mismo instante en presencia denuestro Señores encontrarsepor decirlo asíal ladouno de otro. No nos vemospero nos sentimosnos oímosnos confundimosen un mismo centro” (104). ¿No es este vínculo de la caridad el quelo ayuda a él mismo muy a menudo a mantenerse en las dificultadesen los viajes o en las diferentes misiones que debe desempeñarfuera de la congregación? “Vicario general de Marsellapor necesidad y por fuerzano dejo por eso de ser el jefe omejor dichoel padre de esta Sociedad de la que todos los miembros son modelos detodas las virtudes. Me debo ante todo y principalmente a esta familiapara la cual el Señor me ha dado tanto amor y que es para míconstantemente y tan justamente motivo de admiración... Cuánfeliz me considero ser uno de ellos... Vivirépuessiempre enla unión más íntima con ellos” (105). Es tan importante que no duda en reprender a sus hijosmás queridos. Ante los desórdenes y la falta de caridadde que es testigo a su paso por Ntra. Sra. de Lausen 1830no vacilaen amonestar a su querido hijo Guibert: “Estoy todavíaapenadomi querido amigopor lo que he visto en Ntra. Sra. de Laus.Quiera Dios que mis exhortaciones hayan producido el efecto que tengoderecho a esperar... Hay que llenarse de nuestro espíritu y vivirsólo por él. La cosa habla por sí misma y no necesitaexplicación. Lo mismo que en una Sociedad se tiene un hábitocomúnunas Reglas comuneses preciso que haya un espíritucomún que vivifique ese cuerpo particular... Los que no lo hancaptado por no haber hecho un buen noviciadoson entre nosotros comomiembros dislocados. Hacen sufrir a todo el cuerpo y tampoco ellos estána gusto. Es indispensable que se pongan en su sitio. La caridad es eleje sobre el que gira toda nuestra existencia. La que debemos tener paracon Dios... nos ha consagrado a su gloria por toda clase de sacrificiosaunque fuese incluso el de nuestra vida... La caridad para con el prójimola practicamos primero entre nosotros amándonos como hermanosno considerando a nuestra Sociedad sino como la familia más unidaque existe sobre la tierraalegrándonos de las virtudestalentosy otras cualidades que poseen nuestros hermanos como si las poseyéramosnosotros mismossoportando con dulzura los pequeños defectos quealgunos no han superado aúncubriéndolos con el manto dela caridad más sincera” (106). Por últimoesta comunidad que hay que construiren el vínculo de la caridad es el único viático queda a los misioneros que envía para la gran aventura de Ceilán:“Vivan en la unión más perfecta. Si alguna nubesurgiera... ámense unos a otrostengan mutua deferencia y evitaránesa desgracia y Dios bendecirá todas sus empresas y seránrecompensados en esta vida esperando ser coronados en el cielo”(107). Quinta parte: La comunidad según san Eugenio se ordena a la misiónEs evidente que es para la misión por lo queEugenio de Mazenod reúne a algunos sacerdotes en el antiguo Carmelode Aix. Como los apóstoles que son reunidos para luego ser enviados.Eso explica que la forma concreta que va a tomar la vida comunitaria evolucionaráal ritmo de las diferentes misiones que van a proponerse al fundador. I - La comunidad y la misión en FranciaConcretamente eso parece sencillo en los comienzos dela congregación. Las comunidades son poco numerosas. Las fundacionesnuevas (Ntra. Sra. de Laus en 1819el Calvario en 1821Nîmes en1825) se hacen siempre para responder a una llamada misionera determinadaque no puede ser programada más que por una comunidad o a partirde una comunidad. Por esocuando parten en misión a ciudades yaldeaslos misioneros de Provenza nunca son individuos aislados. Vansiempre varios y así pueden más fácilmente continuarla vida comunitaria. La Regla de 1818 como la de 1826 insiste en estepunto: “Los misioneros se alojaránsi es posibleen lamisma casa. Al menos comerán juntos” (108).Siguen los mismos ejercicios comunitarios que en casa y “el sábadode cada semana se suspenderán los ejercicios de la misión.Ese día se dedicará especialmente a la conferencia espiritualque debe tener lugar en el apartamento del superior. Todos los misionerosestán obligados a acudir y nadie más que ellos debe seradmitido” (109). Incluso las visitas generalesy a los enfermos deben hacerse de dos en dos (110).Es también la comunidad la que los envía y bendice antesde partir (111) ycuando la misiónestá terminada“se retiran sin demora de la comarca ala que han evangelizado” (112)para volver cuanto antes a la comunidad. Durante ese tiempolos que se quedaron en casa rezanpor los obrerosporque “si no rezan por nosotrosvamos a estarmal 'plantados'” (113)escribe él mismo a la comunidad de Aix cuando está en misiónen Grans. Los que están en misión informan a los hermanosque quedaron en casa de los progresos de la misión. La comunidad como tal es como un signo de la misiónque debe ser perceptible incluso para los extraños. Hablando delo que los sacerdotes de la diócesis dicen de la comunidad de Ntra.Sra. de l'Osierel fundador escribe: “Andan a ver quiénadmira más la regularidadel buen ordenla piedad que dominanen la casa... Todo los edificael silencio que reina en la casala puntualidaden todos los ejerciciosel oficiolas pequeñas penitencias enel comedor. Seanpuessiempre lo que deben ser y que nunca la presenciade extraños les haga modificar en nada ni la Regla ni los usos”(114). Aun cuando el trabajo es a menudo extenuantela vidacomunitaria no debe por ello sufrir menoscaboporque la misiónmisma estaría comprometida. Hace incluso esta advertencia en lasReglas: “Lamentemos que los deberes impuestos por la caridad nostengan alejados tan a menudo y por tanto tiempo del cuerpo de nuestrascomunidades donde ella (la observancia) reina y nos privena pesar nuestrode su benéfico influjo durante gran parte de nuestra vida”(115). Es en el contexto de la comunidad donde se podrámedir el celo de los misioneros: “Guárdese bien de abusarde sus fuerzas para mantener la apuesta. En nombre de Diosque vuelvana la comunidad para renovarse en el espíritu de su vocaciónde lo contrario se acabó con nuestros misioneros. Pronto no seránmás que platillos que hacen ruido” (116). Perouna vez afirmado el principioa veces se hacecomo se puedecon los medios de que se dispone. Así cuando lafundación en l'Osier. “Se entiende que no ha sido posibleaplicar todos los puntos prescritos por la Regla cuando uno solo de losnuestros debe tomar posesión de la casay cuando otro llega después.Pero hoy que la comunidad está formada por cuatro miembrosquehay un superiorque son nombrados sus dos asesoresque de un díaa otro puede reforzarse la familia con uno y hasta con dos miembros máses necesario que la observancia se mantenga puntualmente para la edificacióncomún” (117). Lo que es fácil con el entusiasmo del principiose hace más difícil a medida que se alejan de los comienzosy que el grupo se extiende. Al multiplicarse las comunidadeses grandela tentaciónsobre todo para las comunidades más alejadasde la casa madrede anteponer el celo apostólico a toda otra consideración.En tal caso”que no olvide el superior que no hay que enviar nuncaa un misionero solo en misión. Sólo muy raramente y cuandoverdaderamente no se pueda hacer de otro mododispensará de estaregla importante” (118). -Digamos queel nunca se convierte en a veces ! El riesgo puede venir del celo de los misioneros que"corren en todos los sentidos"poniendo así en peligrola comunidad y el logro de su apostolado. El padre Honorat parece bastanteespecialista en este modo de hacer y hasta el padre Albini pone a vecesa muy dura prueba la comunidad de Vico por sus ausencias apostólicasdemasiado frecuentes. Pero el peligro viene aún más a menudode algunos obispos que no comprenden esta resistencia para dejar salira los oblatos fuera de sus comunidades. En tales circunstanciaslas decisionesdel fundador son inapelables: si la vida comunitaria no puede respetarseque se cierre la comunidad: “Escribí a mons. de Limoges.Es una carta razonada para hacerle comprender que no es posible continuarun servicio que saca a los misioneros de su vocación. Es esenciala su manera de ser vivir en comunidad. Le explico las cosas por el textomismo de nuestras Reglas” (119). Al hilode las cartasencontramos las mismas observaciones para la comunidadde Clérypara la comunidad de Nancy e inclusoen cierto momentopara la comunidad de Vico. Protesta a menudo ante el padre Courtèscon demasiada tendencia a ceder a la petición del arzobispo deAix y a enviar a padres solos: “Todos esos sermones parcialesno significan nada. No está en eso nuestro ministerio”(120). |