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Documentación OMI - enero 2000

DOCUMENTACIÓN OMI
No.231 enero 2000

La Comunidad en san Eugenio de Mazenod (II)
Bernard Dulliero.m.i.


Indice

Documentación OMI presenta aquíla continuación del estudio del p. Bernard Dullier sobre el tema"la comunidad en san Eugenio de Mazenod" (véase Doc.OMIno. 230nov. 99).

Cuarta parte: La comunidad según san Eugenio
se funda en la caridad

Sabemos queen su lecho de muertenuestro fundadornos recomienda la caridadentre nosotrosen nuestras comunidades: “Practicadentre vosotros la caridadla caridadla caridadyfuerael celo porla salvación de las almas(90).

En esto una vez más el modelo es la comunidadapostólica. Los apóstoles formados por Cristo estánunidos por el vínculo de la caridad. Los apóstoles Juany Pablo insisten en esta dimensión: “Amaos unos a otroscomo yo os he amado”dice el primero (cf. Jn 1334).“Vuestra caridad sea sin fingimiento... amándoos cordialmenteunos a otros”dice el segundo (cf. Rm 129).

El ser apostólico de la comunidad de los misionerosde Provenza tienepuescomo corolario indispensable el vínculode la caridad. Eso está ya presente desde el principio en el esbozode proyecto que el fundador propone al sacerdote Aubert: “Librespero unidos por los lazos de la más tierna caridadviviremos apostólicamente(91).

Eso se trasluce después en toda la correspondenciadel fundador. Así la cartita que envía durante la misiónde Grans forma parte de los textos más significativos sobre eltema: “Entre nosotrosmisionerossomos lo que debemos seresdecirque tenemos un solo corazónuna sola almaun solo pensamiento:-es admirable! Nuestros consuelos son como nuestras fatigassin igual(92). En 1821 habla al joven padre Courtès“de esta cordialidadde esta fusión que debe existir entretodos los miembros de nuestra sociedad que no deben formar sino un corazóny un alma” (93). Y dos años mástardeescribe al novicio Guibert: “Formamos una familia en laque todos los que la componen sólo quieren tener un corazóny un alma(94).

Y esto debe seguir siendo verdadincluso cuando losmiembros de la comunidad están momentáneamente separados:“Aunque estuviéramos dispersosno por eso estaríamosmenos unidos” (95).

En la Regla de 1826 repetirá literalmente loque había escrito sobre el tema en la Regla de 1818 por la necesidadque tienen los misioneros de imitar a Jesucristo: “Los misionerosdebenen cuanto lo permite la fragilidad humanaimitar en todo los ejemplosde nuestro Señor Jesucristo principal fundador de la sociedady de los apóstolesnuestros primeros padres.

Imitando a estos grandes modelosemplearánuna parte de su vida en la oraciónel recogimiento y la contemplaciónen el retiro de la casa de Diosen la que habitarán juntos. Laotra partela consagrarán enteramente a las obras exteriores delcelo más activo... Pero tanto en la misión como en el interiorde la casapondrán su principal empeño en avanzar por elcamino de la perfección... Estarán todos unidos por loslazos de la más íntima caridad(96).

Los hermanossin embargotratados en muchas congregacionescomo miembros de "segunda clase"proceden también paraEugenio de Mazenod de este vínculo de la caridad que une a la familiaoblata. En el manuscrito autógrafo de la Regla de 1826los artículosrelativos a los hermanos conversos son del puño y letra del padreTempier excepto los que se refieren a su participación en la vidade la familia y que son del fundador: “Los hermanos conversosno deben ser considerados en la Sociedad como criados. Son miembros delInstituto encargados de los empleos manuales de la casa como otros estánencargados de empleos más altosen beneficio común de laSociedad y de Iglesia...(97).De ahí que “los hermanos comerán en el comedor yasistirán a todos los ejercicios compatibles con su empleo...”con los otros miembros de la comunidad.

Eso deberá ser la característica constantede la comunidad oblatay precisamente porque es comunidad apostólica.En este espíritu deberán ser formados los novicios: “Espreciso que ellos (los novicios) encuentren ahí una verdadera familiaunos hermanos y un padre” (98). Asíes como los jóvenes oblatos deberán ser acogidos en su nuevacomunidad: “Mi intención es que tengan con estos jóvenestodas las atenciones. Se trata de formarlosde comunicarles nuestro espíritude inspirarles amor a la familia sin el cual no se será apto paranada bueno” (99).

Es verdad para aquellos a los que conoce bien y amaparticularmente como a su querido padre Semeria gravemente enfermoalque escribe: “-Oh! mis queridos hijos cuánto les quiero!Merecen todo el amor que les tengoforman sólo uno entre ustedesforman sólo uno conmigo. Eso es lo que Dios pide de nosotros puestoque él es el principio y el vínculo de nuestra unión”(100).

Es verdad también para los oblatos a los queno conoce personalmente como al hermano Baret y que entraron en la familia:“No le conozco personalmentepero... me basta saber que nuestroSeñor Jesucristonuestro común Maestroha recibido susjuramentos (su oblación)que lo ha adoptado y marcado con el selloque nos constituye lo que somospara que los lazos de la caridad másíntima nos unan y yo sea suyo para siempre como usted es mío(101).

Es verdaddesde luegocuando todo va bien dentro yfuera de la comunidad. Pero es aún más verdad en las dificultades.En este caso¿qué puede permitir a la comunidad mantenerseen pie sino la caridad? Es lo que escribe a la comunidad de Aixvíctimade la oposición de los curas de la ciudad: “Estemos unidosen el amor de Jesucristoen nuestra común perfecciónamémonossiempre como lo hemos hecho hasta ahoraformemos sólo unoenuna palabray ellos (los curas de Aix) morirán de despecho y derabia” (102).

Es verdad cuando el oblato está soloalejadofísicamente de la comunidad. Debe entonces recordar este vínculode la caridad que lo une a todos sus hermanos por el mundo y que lo hacerealmente partícipe de su comunidad. “En los confines dela tierra donde se encuentranes consolador pensar que viven de la mismavida y en comunión íntima con sus hermanos dispersos porla superficie del globo. Están en las antípodas de Ceilán¿y qué?ahí tienen hermanos unidos a ustedestrabajandopor ustedes como ustedes trabajan por ellos... Elevamos al cielo

las mismas oracionesnos animan los mismos sentimientos.Están presentes a nosotros como si los viéramos” (103).

Es verdad también durante la oración.Aun cuando la comunidad oblatareunida en torno a su centro que es Cristoesté geográficamente dispersa a través del mundopuede encontrarse unida por la caridad: “Es el único mediode acortar distanciasencontrarse en el mismo instante en presencia denuestro Señores encontrarsepor decirlo asíal ladouno de otro. No nos vemospero nos sentimosnos oímosnos confundimosen un mismo centro” (104).

¿No es este vínculo de la caridad el quelo ayuda a él mismo muy a menudo a mantenerse en las dificultadesen los viajes o en las diferentes misiones que debe desempeñarfuera de la congregación? “Vicario general de Marsellapor necesidad y por fuerzano dejo por eso de ser el jefe omejor dichoel padre de esta Sociedad de la que todos los miembros son modelos detodas las virtudes. Me debo ante todo y principalmente a esta familiapara la cual el Señor me ha dado tanto amor y que es para míconstantemente y tan justamente motivo de admiración... Cuánfeliz me considero ser uno de ellos... Vivirépuessiempre enla unión más íntima con ellos” (105).

Es tan importante que no duda en reprender a sus hijosmás queridos. Ante los desórdenes y la falta de caridadde que es testigo a su paso por Ntra. Sra. de Lausen 1830no vacilaen amonestar a su querido hijo Guibert: “Estoy todavíaapenadomi querido amigopor lo que he visto en Ntra. Sra. de Laus.Quiera Dios que mis exhortaciones hayan producido el efecto que tengoderecho a esperar... Hay que llenarse de nuestro espíritu y vivirsólo por él. La cosa habla por sí misma y no necesitaexplicación. Lo mismo que en una Sociedad se tiene un hábitocomúnunas Reglas comuneses preciso que haya un espíritucomún que vivifique ese cuerpo particular... Los que no lo hancaptado por no haber hecho un buen noviciadoson entre nosotros comomiembros dislocados. Hacen sufrir a todo el cuerpo y tampoco ellos estána gusto. Es indispensable que se pongan en su sitio. La caridad es eleje sobre el que gira toda nuestra existencia. La que debemos tener paracon Dios... nos ha consagrado a su gloria por toda clase de sacrificiosaunque fuese incluso el de nuestra vida... La caridad para con el prójimola practicamos primero entre nosotros amándonos como hermanosno considerando a nuestra Sociedad sino como la familia más unidaque existe sobre la tierraalegrándonos de las virtudestalentosy otras cualidades que poseen nuestros hermanos como si las poseyéramosnosotros mismossoportando con dulzura los pequeños defectos quealgunos no han superado aúncubriéndolos con el manto dela caridad más sincera(106).

Por últimoesta comunidad que hay que construiren el vínculo de la caridad es el único viático queda a los misioneros que envía para la gran aventura de Ceilán:“Vivan en la unión más perfecta. Si alguna nubesurgiera... ámense unos a otrostengan mutua deferencia y evitaránesa desgracia y Dios bendecirá todas sus empresas y seránrecompensados en esta vida esperando ser coronados en el cielo(107).

Quinta parte: La comunidad según san Eugenio
se ordena a la misión

Es evidente que es para la misión por lo queEugenio de Mazenod reúne a algunos sacerdotes en el antiguo Carmelode Aix. Como los apóstoles que son reunidos para luego ser enviados.Eso explica que la forma concreta que va a tomar la vida comunitaria evolucionaráal ritmo de las diferentes misiones que van a proponerse al fundador.

I - La comunidad y la misión en Francia

Concretamente eso parece sencillo en los comienzos dela congregación. Las comunidades son poco numerosas. Las fundacionesnuevas (Ntra. Sra. de Laus en 1819el Calvario en 1821Nîmes en1825) se hacen siempre para responder a una llamada misionera determinadaque no puede ser programada más que por una comunidad o a partirde una comunidad.

Por esocuando parten en misión a ciudades yaldeaslos misioneros de Provenza nunca son individuos aislados. Vansiempre varios y así pueden más fácilmente continuarla vida comunitaria. La Regla de 1818 como la de 1826 insiste en estepunto: “Los misioneros se alojaránsi es posibleen lamisma casa. Al menos comerán juntos” (108).Siguen los mismos ejercicios comunitarios que en casa y “el sábadode cada semana se suspenderán los ejercicios de la misión.Ese día se dedicará especialmente a la conferencia espiritualque debe tener lugar en el apartamento del superior. Todos los misionerosestán obligados a acudir y nadie más que ellos debe seradmitido” (109). Incluso las visitas generalesy a los enfermos deben hacerse de dos en dos (110).Es también la comunidad la que los envía y bendice antesde partir (111) ycuando la misiónestá terminada“se retiran sin demora de la comarca ala que han evangelizado(112)para volver cuanto antes a la comunidad.

Durante ese tiempolos que se quedaron en casa rezanpor los obrerosporque “si no rezan por nosotrosvamos a estarmal 'plantados'” (113)escribe él mismo a la comunidad de Aix cuando está en misiónen Grans. Los que están en misión informan a los hermanosque quedaron en casa de los progresos de la misión.

La comunidad como tal es como un signo de la misiónque debe ser perceptible incluso para los extraños. Hablando delo que los sacerdotes de la diócesis dicen de la comunidad de Ntra.Sra. de l'Osierel fundador escribe: “Andan a ver quiénadmira más la regularidadel buen ordenla piedad que dominanen la casa... Todo los edificael silencio que reina en la casala puntualidaden todos los ejerciciosel oficiolas pequeñas penitencias enel comedor. Seanpuessiempre lo que deben ser y que nunca la presenciade extraños les haga modificar en nada ni la Regla ni los usos(114).

Aun cuando el trabajo es a menudo extenuantela vidacomunitaria no debe por ello sufrir menoscaboporque la misiónmisma estaría comprometida. Hace incluso esta advertencia en lasReglas: “Lamentemos que los deberes impuestos por la caridad nostengan alejados tan a menudo y por tanto tiempo del cuerpo de nuestrascomunidades donde ella (la observancia) reina y nos privena pesar nuestrode su benéfico influjo durante gran parte de nuestra vida”(115).

Es en el contexto de la comunidad donde se podrámedir el celo de los misioneros: “Guárdese bien de abusarde sus fuerzas para mantener la apuesta. En nombre de Diosque vuelvana la comunidad para renovarse en el espíritu de su vocaciónde lo contrario se acabó con nuestros misioneros. Pronto no seránmás que platillos que hacen ruido(116).

Perouna vez afirmado el principioa veces se hacecomo se puedecon los medios de que se dispone. Así cuando lafundación en l'Osier. “Se entiende que no ha sido posibleaplicar todos los puntos prescritos por la Regla cuando uno solo de losnuestros debe tomar posesión de la casay cuando otro llega después.Pero hoy que la comunidad está formada por cuatro miembrosquehay un superiorque son nombrados sus dos asesoresque de un díaa otro puede reforzarse la familia con uno y hasta con dos miembros máses necesario que la observancia se mantenga puntualmente para la edificacióncomún” (117).

Lo que es fácil con el entusiasmo del principiose hace más difícil a medida que se alejan de los comienzosy que el grupo se extiende. Al multiplicarse las comunidadeses grandela tentaciónsobre todo para las comunidades más alejadasde la casa madrede anteponer el celo apostólico a toda otra consideración.En tal caso”que no olvide el superior que no hay que enviar nuncaa un misionero solo en misión. Sólo muy raramente y cuandoverdaderamente no se pueda hacer de otro mododispensará de estaregla importante” (118). -Digamos queel nunca se convierte en a veces !

El riesgo puede venir del celo de los misioneros que"corren en todos los sentidos"poniendo así en peligrola comunidad y el logro de su apostolado. El padre Honorat parece bastanteespecialista en este modo de hacer y hasta el padre Albini pone a vecesa muy dura prueba la comunidad de Vico por sus ausencias apostólicasdemasiado frecuentes.

Pero el peligro viene aún más a menudode algunos obispos que no comprenden esta resistencia para dejar salira los oblatos fuera de sus comunidades. En tales circunstanciaslas decisionesdel fundador son inapelables: si la vida comunitaria no puede respetarseque se cierre la comunidad: “Escribí a mons. de Limoges.Es una carta razonada para hacerle comprender que no es posible continuarun servicio que saca a los misioneros de su vocación. Es esenciala su manera de ser vivir en comunidad. Le explico las cosas por el textomismo de nuestras Reglas” (119). Al hilode las cartasencontramos las mismas observaciones para la comunidadde Clérypara la comunidad de Nancy e inclusoen cierto momentopara la comunidad de Vico. Protesta a menudo ante el padre Courtèscon demasiada tendencia a ceder a la petición del arzobispo deAix y a enviar a padres solos: “Todos esos sermones parcialesno significan nada. No está en eso nuestro ministerio(120).


II - La comunidad y la misión en Canadá

Con la marcha al extranjero aparecen las dificultadesmás importantes y el fundador debe insistir en los lazos muy fuertesentre comunidad y misión.

Cuando envía al padre Honorat a Canadáen 1841le da como línea de conducta formar comunidades. “Noes conveniente dejar al hermano Laverlochère abandonado a símismo. Y a propósito de esoquiero insistir una vez máspara que no se envíe a nuestros padres solos en misión(121).

Se impacienta al ver que envía a un padre soloa Bytowncuandopara que la misión sea eficazhubiera debidoestablecer allí una comunidad: “Pataleo al encontrarmea 2.000 leguas de ustedes y no poder hacerles oír mi voz sino alos dos meses... No es un ensayo lo que había que hacer. Habíaque ir con la firme resolución de superar todos los obstáculosde quedarse y establecerse allí. -Qué hermosa misión!Ayuda en los lugares de trabajomisiones a los salvajesestablecimientoen una ciudad con mucho futuro... Vea un pocopuesy que se forme comoDios manda la comunidad” (122).

Si no hay más remedioacepta una comunidad dedos miembros. Pero será sólo al principioen espera deotros misioneros. Se deberá siempre tener presente hacerla crecer:“Me dice que los jesuitas forman establecimientos de a dos. Nopienso que nuestras Reglas lo prohiben cuando no se puede hacer de otromodo. Ciertamente prefiero que las comunidades estén mejor constituidaspero no censuraré jamás quepara aprovechar una circunstanciafavorablese comience por un número tan pequeño” (123).

¿Pero misioneros aislados? -Nunca! No vacilaen cerrar la misión del Río Rojo porque los padres estándemasiado tiempo solos: “Nuestros dos padres van a separarse porun año. Pero yo no entiendo las cosas así. No puedo consentirque nuestros padres vayan solos a la misión que sea. Expóngaseloa nuestros señores obispos y téngalo por norma de su propiogobierno(124).

Lo mismo para la misión de san Antonio: “Noquiero que deje a un padre solo en este nuevo ministerio. Es necesarioque sean siempre al menos dos y que los dos sigan exactamente la Regla.De lo contrarioel que estuviera solo se volvería insulso y perderíala costumbre de la vida religiosa. Por eso considero importante que mantenganrelaciones frecuentes con su comunidadque vayan a hacer su retiro demes y su dirección al lado del superior” (125).

III - La comunidad y la misión en Ceilán

Lo dicho de Canadá vale también para Ceilán.La primera carta al padre Semeria se centra esencialmente en la comunidad.Debe establecerla y mantenerla a toda costaaun cuando pueda crear conflictocon el obispo: “Lo que debe haceres insistir ante el señorvicario apostólico para que no los separe. No hay que ceder antelas razones opuestas que pueda alegarle. Le hará notar que esosería violentar al Institutoque es necesario absolutamente quevayan de dos en dos(126).

Sin embargoel vicario apostólico tiene dificultadpara comprender tales argumentos y para ceder. Andando escaso de sacerdotesno tiene en cuenta para nada el proyecto comunitario de los oblatos ylos emplea en diversos puestos de "vieja cristiandad"dispersoscomo los demás sacerdotes de su vicariato.

En este casoel fundador reacciona de otro modo queen Canadá. Las apuestas de la misión le parecen tan importantesque no es cosa de largarse. Simplemente intenta salvar lo que se puedede la vida comunitaria: “Aunque estén dispersosquierosin embargoconstituirles en comunidad regular ahora que son bastantenumerosos” (127).

De hecholos oblatos sólo pueden organizarseen verdadera comunidad en 1856cuando su superiorEtienne Semeriallegaa ser obispo coadjutor. Su primera preocupaciónuna vez liberadode la tutela del vicario apostólicoes establecer verdaderas comunidadesy enviar a los misioneros en grupo. Pronto llegan los buenos resultadosy el nuevo obispo y superior puede escribir finalmentetriunfante: “Entodas partes la gracia actuando poderosamente en los corazones de estospobrestenemos la dicha de verlos renovadoscambiados y santificados”(128).

Hemos de constatar que el fundador había vistojustamente y que el éxito de la misión de sus hijos en Ceiláncoincide con el establecimiento de una verdadera vida comunitaria.

IV - La comunidad y la misión en Argelia

El fracaso de la misión en Argelia es la ilustraciónde lo que acabamos de descubrir a propósito de la misiónen Ceilán. Aun cuando hubo otros problemasen particular la malaadministración financieralo que provocó la suspensiónbrutal de la misión en ese país fue la imposibilidad deestablecer una verdadera vida comunitaria.

Ocho oblatos parten en 1849 para Argeliacinco a Blidahy tres a Philippeville. Se les había asegurado que las dos comunidadesiban a poder vivir al estilo de su Instituto.

Pero18 meses más tardeel 20 de junio de 1850el fundador debe cerrar la misión y hacer volver a todos sus hijos.Los motivos de esta decisión se exponen claramente en su Diario:“Hemos comprobado que el ministerio que se ha confiado a nuestrosmisioneros en Argelia no es el que debemos ejercer. El obispo (129)tiene una manera de ver poco conforme a nuestro espíritu. Secomprometió a darles en Blidah un puesto como es necesario a hombresesencialmente de comunidad. Dio marcha atrás en su decisióny redujo a nuestros padres a ser solamente simples párrocos dediminutas aldeas(130).

Como en Ceilánconstata que sólo la vidacomunitaria puede permitir comportarse como misionerosa falta de locual se convierten en sacerdotes diocesanos actuando “como párrocosenviados a viejos cristianos(131). Enviados soloslos oblatos pierden lo específicode su vocación apostólica.

V - La comunidad y la misión en Natal

Consciente de las dificultades de la misión enCeilán y del fracaso de ArgeliaEugenio de Mazenod quiere quela misión en Natal se ponga en marcha sobre otras bases. Para evitardificultades con los obisposdesde el principiola misión eserigida en vicariato apostólico bajo la responsabilidad de un oblato.Para evitar los extravíos de un novicio en materia de misiónescoge a un misionero de Canadá ya experimentadoJean-FrançoisAllardcomo superior de la fundación. Por últimoda consignasbien precisasinsistiendo entre otras cosas en la dimensión comunitariade la misión que se le confía: “Puede contar conexcelentes compañeros que serán su consuelo y le ayudaránmucho para obrar el bien que están llamados a hacer en esa hermosamisión” (132).

A pesar de todas estas precaucionesahí tambiénlos comienzos son muy difíciles. Fundada el 15 de marzo de 1852la misión de África austral comienza a ver sus primerosresultados en febrero de 1862con el establecimiento entre los basutos.La misión cuenta nueve oblatos repartidos en tres establecimientos.Entre ellosel p. Jean Sabon que se estableció solo en medio deun grupo de indios de Durbanel p. Barret que está desanimadoy sólo piensa volver a Franciael p. Logeraray que “frustratodas las esperanzas e incurre en el escándalo de las extravaganciasde una conducta inexcusable(133) yel p. Dunne que hace lo que le da la gana. Sólo el hermano Bernardy el padre Gérard resisten.

Para Eugenio de Mazenodlas causas de este fracasohay que buscarlas en el fracaso de la vida comunitaria. La culpa es demons. Allardno en su papel de obisposino en su papel de superior:“Hasta ahorasu misión es una misión fracasada...Piensopara decirle la verdadque no cumple su misión... Lo quees sobre todo tristees que se queje tanto de sus colaboradores. Examineun poco ante Dios si no habría que cambiar algo en sus relacionescon ellosen su dirección. No se ha visto aún tal desafecto.Todos admiran sus virtudespero le falta algo para que a ese sentimientose añada ese afecto que facilita la obediencia y la docilidad.Es horroroso ver el número de defecciones de su vicariato. El hermanoCompinel padre DunneLogegaray y qué decir del padre Sabon.Ahora está muy poco contento del padre Barret... Todo eso es muytriste y es para temblar cuando se trata de enviarle a alguien... Se exasperaa los débiles cuando sólo se les hacen reproches(134).

Las dificultades surgen en el seno mismo de la comunidadoblata. Y el fracaso de la misión resulta del fracaso de la vidacomunitaria.

VI - "Instrucción sobre las misionesextranjeras"

Estas experienciasa menudo difícilesllevansin ninguna duda a Eugenio de Mazenod a añadir a la nueva ediciónde las Reglasdefinidas por el capítulo de 1850 y aprobadas porRoma en 1853un apéndice esencial: "Instrucción sobrelas misiones extranjeras".

En este textola vida comunitaria tiene un lugar importante.Va a tomar formas variadasincluso formas a las que el fundador se resistíaveinte años antes. Pero siemprey bajo cualquier forma que seadebe permanecer en el centro del ser misionero oblato. La vida comunitariase concibe en relación con la misión y para la misión:“A fin de asegurar los auxilios de la religión a familiasque viven a grandes distanciaspodrá suceder que sea necesarioerigir a veces misiones dondepor algún tiemposólo permaneceríauno de los nuestros. El vicario de misiones procuraráen estecasoque vaya un hermano converso con el padre designado para este puestoy se preocupará de enviarle cuanto antes un compañero sacerdote”(135). Se lee además: “Cualquieraque sea el punto del globo en que nuestros misioneros desplieguen su celono deberán nunca perder de vista que su deseo de perfeccióndeberá ser tanto más ardiente cuanto que están retenidoscontra su voluntadmás lejos de la sociedad de sus hermanos ypor otra partese mostrarán tanto más ligados a sus obligacionesreligiosas y a los ejercicios de piedad cristiana cuanto que se encuentranmás a menudo privados de las ventajas de la vida en común”(136).

Conclusión

Si examinamos la historia de la vida comunitaria ennuestra congregaciónvemos sucederse durante la vida del fundadorcierto número de etapas.

Después de haber optado resueltamente por lacomunidad y establecido un modelo bastante próximo al modelo monásticonuestro fundador ha dejado este modelo evolucionar en el transcurso delos años y según las necesidades. Si la comunidadconcebidacomo comunidad apostólicaha sido siempre para él el signofundamental de nuestro carismala forma concreta del modelo comunitarioha cambiado entre la instalación en el antiguo Carmelo de Aix enenero de 1816 y la muerte de Eugenio de Mazenod el 21 de mayo de 1861.

En 1819con la aceptación de la peregrinaciónde Ntra. Sra. de Lausabandona el estilo monolítico de una comunidadúnica para adoptar la pluralidad de las comunidades regidas porla misma Regla y animadas por el mismo espíritupero viviendodiferentemente puesto que las misiones a partir de la ciudad de Aix sondiferentes de las misiones a partir de la peregrinación rural deLaus.

En 1830la multiplicación de las casas dispersasa través del mediodía de Francia lleva a comunidades menosnumerosascompuestas a menudo de sólo tres miembros. Ya no separecen mucho al modelo del principio. Pero el espíritu de la Reglaque les recuerda su identidad de comunidades apostólicas estásiempre ahí para mantener la intuición fundadora.

En 1837recorriendo el Diario del fundadorconstatamos una gran diversidad entre las ocho comunidades que formanentonces la congregación. La grande y estable comunidad de la casamadreen Aix de Provenzano se parece a la comunidad fragmentada deVicodonde sólo el padre Telmon asegura cierta permanencia cuandolos padres Albini y Rolleri andan constantemente por los caminos. Sinhablar de la comunidad del Calvario que es verdaderamente 'variable segúnlas necesidades'.

En 1844 en Canadála comunidad relativamentebien constituida de Montreal no se parece a la comunidad de los padresdispersos en Saguenay.

En 1848 en Ceilány esto a pesar de los textosde la Reglase necesitará inventar otra forma de comunidad paramisioneros aislados y distantes unos de otros varios cientos de kilómetros.Y ¿qué decir de Tejas o de África del Sur?

¿Qué decir de la comunidad del seminariomayor de Marsella donde dos oblatos forman comunidad con cuatro sacerdotesdiocesanos?

¿Qué decir de la comunidad de Nancy ala que pronto se unencomo miembros de pleno derecholos dos oblatosenviados a Ntra. Sra. de Sion?

La lista no es exhaustiva. Pero esto debe bastar parahacernos comprendermás allá de la aparente rigidez delos textosque Eugenio de Mazenod ha pasado su tiempo inventandoa vecescon tensionesnuevas formas de comunidad para responder a las necesidadesde la misión.

No espuesen la forma en lo que el fundador insistey sus cartas nos muestran suficientemente que sabe tener audacia pararenovar. En cambiono acepta ningún cuestionamiento sobre el fundamentode la comunidad. La comunidad es constitutiva del carisma de los misionerosoblatos. Para poder continuar la misión apostólicala comunidades indispensable y constitutiva del ser oblatopues significaen elsentido casi sacramental de la palabrala iniciativa de Cristo instituyendoa los doce para la gloria de su Padre y la salvación del mundo.

En esta herenciala cuestión para nosotros hoyno es saber si tal o tal manera de vivir es conforme al pensamiento delfundador. Es saber si nuestra manera de vivir se funda en la iniciativaapostólica de Cristo y responde a la misión de Cristo quees el enviado del Padre para sus hermanos los hombres. La cuestiónno es saber si hacemos "regularmente" los "ejercicios comunitarios"sino si lo que hacemos comunitariamente contribuye a santificarnosesdecira hacernos transparentes a la ternura y a la misericordia de Diosal lado de aquellos a quienes somos enviados. La cuestión no essaber si nuestra comunidad nos hace eficaces para la misiónsinosi nuestra comunidad es misión. En una palabrapara volver a loque se repite como un estribillo en la pluma de san Eugenio¿esverdaderamente la "comunidad apostólica"contodas las vibracionesla que está en la base y el términode nuestra vida comunitaria?

Lyon3 de diciembre de 1998
en el tercer aniversario de la canonización de san Eugenio

Notas:

90. Rey tomo II - pág. 855
91. E. de Mazenod - Carta al sacerdote Hilaire Aubert - octubre 1815
92. E. de Mazenod - Carta al padre Tempier - 24 febrero 1816
93. E. de Mazenod - Carta al padre Courtès - 8 noviembre 1821
94. E. de Mazenod - Carta al hermano Guibert - 20 enero 1823
95. E. de Mazenod - Carta al padre Courtès - 29 octubre
96. E. de Mazenod - Regla de 18181ª partecapítulo 2 yRegla de 18262ª partecapítulo 3párrafo I
97. E. de Mazenod - Regla de 18263ª partecapítulo 2párrafo4artículo 11
98. E. de Mazenod - Carta al padre Dasymaestro de novicios - julio-agosto1848
99. E. de Mazenod - Carta al padre Mille - 6 junio 1831
100. E. de Mazenod - Carta al padre Semeria - 15 diciembre 1843
101. E. de Mazenod - Carta al hermano Charles Baretnuevo profeso - 18agosto 1843
102. E. de Mazenod - Carta al padre Courtès - 3 marzo 1822
103. E. de Mazenod - Carta a los padres Maisonneuve y TissotCanadá- 24 noviembre 1858
104. E. de Mazenod - Carta al padre de L' Hermite - 10 enero 1852
105. E. de Mazenod - Apuntes de retiro - mayo 1824
106. E. de Mazenod - Carta al padre Guibert -29 julio 1830
107. E. de Mazenod - Carta al padre Semeria -25 enero 1848
108. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Primera partecapítulo 2párrafo 2artículo 34
109. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Primera partecapítulo 2párrafo 2artículo 5556 y 57
110. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Primera partecapítulo 2párrafo 2artículo 53
111. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Primera partecapítulo 2párrafo 2artículo 23 y 4
112. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Primera partecapítulo 2párrafo 2artículo 64
113. E. de Mazenod - Carta al padre Tempier - marzo 1816
114. E. de Mazenod - Carta al padre Guigues - 8 octubre 1835
115. E. de Mazenod - Regla de 1826 - Segunda partecapítulo 2párrafo 1artículo 8
116. E. de Mazenod - Carta al padre Guigues - 27 mayo 1835
117. E. de Mazenod - Actas inéditas de la visita canónicaa l'Osier de 1835pág. 6
118. E. de Mazenod - Actas inéditas de la visita canónicaa l'Osier de 1835pág. 16
119. E. de Mazenod - Carta al padre Courtès - 26 febrero 1848
120. E. de Mazenod - Carta al padre Courtès - 8 enero 1841
121. E. de Mazenod - Carta al padre HonoratCanadá - 1 marzo 1844
122. E. de Mazenod - Carta al padre HonoratCanadá - 1 marzo 1844
123. E. de Mazenod - Carta al padre GuiguesCanadá - 6 julio 1845
124. E. de Mazenod - Carta al padre GuiguesCanadá - 30 julio1846
125. E. de Mazenod - Carta al padre Gaudet - 28 agosto 1858
126. E. de Mazenod - Carta al padre Semeria - 25 enero 1848
127. E. de Mazenod - Carta al padre Semeria - 10 noviembre 1849
128. E. de Mazenod - Informe de mons. Semeria - Missions 1862 -pág. 191
129. E. de Mazenod - Mons. L. A. Pavyobispo de Argel
130. E. de Mazenod - Diario - 28 marzo 1850
131. E. de Mazenod - Cartas al padre Semeria - 21 febrero 1849
132. E. de Mazenod - Carta a mons. Allard - 9 febrero 1851
133. E. de Mazenod - Carta al padre Barret - 23 abril 1856
134. E. de Mazenod - Carta a mons. Allard - 10 noviembre 1857
135. E. de Mazenod - Instrucción relativa a las misiones extranjeras- 1853
136. Ibidem

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