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Documentación OMI septiembre 1999

DOCUMENTACIÓN OMI

N° 229 septiembre 1999


* * *
Oblatos testigos de la fe en Laos

P. Pierre Chevroulet, o.m.i.

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Indice

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Documentación OMI propone un documento del P. Chevroulet, que ha sido ya publicado en francés e inglés con el título "Oblatos a orillas del Mekong" en la serie Herencia oblata. Gracias a Documentación OMI y su publicación en seis lenguas, este documento llegará a otros lectores.

De 1935 a 1976, más de cien oblatos han trabajado, sufrido, rezado en la misión del norte de Laos. Algunos han derramado su sangre. Un oblato laosiano es hoy uno de los responsables de la Iglesia local. "A más de veinte años de la tormenta, escribe el autor, justo es constatar que sus trabajos y oraciones, sus penas y sacrificio no han sido en vano. Es una hermosa página de historia la que ahí se escribió y hay que dar gracias al Señor que fue el único Maestro de obras."

El P. Chevroulet, que llegó como misionero a Laos en 1956 y fue provincial de 1965 a 1971, reside hoy en Bangkok. Es miembro de la delegación de Tailandia.

* * *

La misión del norte de Laos, confiada a la congregación de los misioneros oblatos de María Inmaculada de 1935 a 1975, ha tenido una historia tempestuosa a imagen de todo el país. Laos, en efecto, habiendo entrado en guerra con los comienzos de la segunda guerra mundial, no iba salir de ella, y de qué manera, sino en 1975. Guerra japonesa, guerra de Indochina, francesa, americana: durante casi cuarenta años, el país entero fue víctima de ásperas revueltas agravadas por el peso incontrolable de la geopolítica mundial.

El país
País sin salida al mar, encajonado entre China al norte, Vietnam al este, Camboya al sur y el reino de Siam al oeste, Laos no había caído, al fin del siglo pasado, bajo la bota de sus atrevidos vecinos del este y del oeste, gracias al protectorado francés. La segunda guerra mundial le dará, paradójicamente, con una unidad más bien artificial, una independencia de la que dispondrá con mucha dificultad, para terminar bajo el yugo del comunismo triunfante de 1975.

Mosaico de pueblos entre los que dominan los laos, la población que, a mediados del siglo, no llega aún a tres millones de habitantes, carece de toda clase de unidad sea étnica, política, cultural o religiosa. El principal lazo entre las provincias del norte y del sur, a más de mil kilómetros de distancia, es el Mekong. Los laos se establecieron a orillas de este majestuoso río y en los bajos valles de sus afluentes. El campesino laosiano construyó ahí su casa sobre pilotes y ahí cultiva el arroz "viscoso" en arrozales inundados. A lo largo del río se establecieron también las ciudades más importantes: del norte al sur Louang-Prabang, la capital real que conserva el Prabang, estatuilla de Buda, paladión del reino; Vientiane, ciudad principal y capital administrativa; más al sur aún, Savannakhet y Paksé. En las montañas del norte y en las altiplanicies del sur viven poblaciones aborígenes o, en el norte sobre todo, tribus diversas de origen sinotibetano que avanzan hacia el sur al ritmo de la tala de los bosques para su tradicional cultivo sobre chamicera (monte quemado): arroz, maíz y, principal fuente de ingresos, adormidera de la que se extrae el opio. Cada etnia tiene su propia lengua, sólo algunos hombres conocen suficiente laosiano para el comercio y las relaciones, bastante flojas, con las autoridades.

Desde el punto de vista religioso, mientras los laos son budistas y la antigua sociedad lugareña se construye alrededor del templo y de la comunidad de los monjes, las poblaciones montañesas siguen apegadas a sus creencias tradicionales y no aceptan fácilmente la instalación de un templo en su aldea. Aunque la religión de los laos está aún fuertemente impregnada de las antiguas creencias y prácticas a las que el budismo se guardó mucho de destruir, sigue siendo verdad que el budismo es la religión nacional, por lo menos hasta la caída de la realeza. El lema, repetido constantemente en la escuela y en los discursos políticos, rezaba: "una nación, una religión, un rey".

Laos cristiano
La evangelización tardía se explica a la vez por lo lejano del país, de difícil acceso, las condiciones climáticas y culturales y, por otra parte, por la historia general de las misiones. Había habido tentativas de penetración a partir del siglo XVII, desde Siam en una época en que las dos riberas del Mekong eran todavía laosianas; desde Camboya río arriba o desde Tonkín. Una de estas tentativas permitió al P. de Leria, jesuita italiano, permanecer cinco años en Vientiane entre 1642 y 1647, bajo el reinado de Soulignavongsa, el rey-sol laosiano, pero sin resultado. Los Padres de las Misiones Extranjeras de París, que habían llegado a Siam ya en 1662, enviaron también misioneros hacia este país que se encontraba en su jurisdicción; fracaso igualmente. Después vinieron la supresión de los jesuitas y los años, negros para la misión, de la Revolución francesa.

Es sólo con el gran impulso misionero de la segunda mitad del siglo XIX como pudo reanudarse un serio esfuerzo de evangelización. Además, es sólo después de 1880 cuando algunos misioneros lograron asentarse en el país. Partiendo de Bangkok y llegando al Mekong, algunos Padres de las Misiones Extranjeras de París habían fundado la misión de Laos que comprendía los territorios que lindaban con las dos riberas del río; al Alto-Laos o Chao-Laos, en el nordeste, lograron llegar desde Vietnam y esta misión permanecerá vinculada al vicariato apostólico de Thanh-Hoa hasta 1958. La evangelización avanzó lentamente, al no recibir la parte norte del país sino de tarde en tarde la visita del misionero.

Para poner remedio a este estado de cosas, los Padres de las Misiones Extranjeras de París pidieron que otro Instituto se hiciera cargo de un territorio separado de la misión de Laos y que comprendería toda la parte norte del país. Varios Institutos declinaron el ofrecimiento y finalmente los oblatos aceptaron en 1933. Hay que señalar, por lo demás, que fue la primera misión de la congregación en un país bajo administración colonial francesa.

Los Oblatos en Laos
En enero de 1935, llegaba el primer grupo de oblatos a Laos; eran tres padres: el superior Jean MAZOYER, un veterano con veinte años de misión en Ceilán, y dos jóvenes: Etienne LOOSDREGT, de Francia, y Jean-Paul BROULLIETTE, de Canadá. Se cuenta que en un primer viaje de reconocimiento en el año anterior, el P. Mazoyer había llorado viendo las dificultades que le esperaban al misionero en el país... -sin poder adivinar, claro está, lo que las circunstancias de la guerra y la maldad de los hombres añadirían a los obstáculos naturales! En el territorio que se abría a su actividad apostólica había sólo dos sectores bastante bien establecidos: el distrito rural de Paksane que contaba en sus aldeas con la primera cristiandad del norte de Laos, Ban-Keng-Sadok, a orillas del Mekong, y con la cristiandad urbana de Vientiane compuesta toda ella prácticamente de vietnamitas, de annamitas como se decía entonces. Era, pues, necesario ponerse en seguida al estudio de las lenguas.

El grupo, felizmente, se reforzó rápidamente: un sacerdote diocesano, P. Thomas NANTHA, se ordenó en 1935; llegaron misioneros de Francia, Canadá y Bélgica. En 1938, la misión se desarrolló lo suficiente como para erigirse en prefectura apostólica, primera circunscripción eclesiástica totalmente laosiana. Mons. Mazoyer es el prefecto y tiene ya con él 14 sacerdotes, 13 de ellos oblatos, y un hermano, Paul Mary, que había llegado en 1937. El esfuerzo significativo de la congregacion permitió no sólo mantener los puestos existentes, sino sobre todo abrir otros con misionero residente, particularmente en Louang-Prabang y en Xieng-Khouang. Además, algunos padres se lanzan por la selva donde establecen contactos prometedores como en Phak-Beuak a tres días de barco y de camino de Paksane, y en Nong-Het al este de Xieng-Khouang.

Consecuencias de la guerra
Todo este impulso va a quebrarse de pronto con el comienzo de la guerra que desorganiza la misión y la priva de todo refuerzo hasta 1947. Por otra parte, el corte de todas las relaciones con Europa es causa de graves problemas financieros. Desde el comienzo de la guerra, varios padres franceses son movilizados; la guerra con Siam en 1940 no tiene consecuencias tan dramáticas como en la misión del sur que ocupa las dos riberas del Mekong: en diciembre de 1940, la persecución en la ribera siamesa lleva al martirio a siete beatos de Song-Khone. En Laos mismo, la ocupación japonesa limita mucho los movimientos y las actividades de los misioneros. Desde 1943, los dos padres canadienses van a estar recluidos en Vietnam, reclusión benigna en un convento de los padres redentoristas en Hué, pero esto reduce otro tanto el personal activo de la misión. En esta época, la administración francesa que depende nominalmente del gobierno de Vichy, adherido a las fuerzas del eje, llega a asegurar cierta protección a los súbditos franceses.

Todo va a cambiar a partir del 9 de marzo de 1945 cuando el duro ataque japonés permite al ejército nipón tomar las riendas de todo. Esto se traduce en la detención de todos los misioneros franceses, con excepción de los que han podido echarse a la selva. Mons. Mazoyer, que se encontraba en Xieng-Khouang, es conducido a la cárcel de Vinh con los padres del sector. Otros son recluidos en Vientiane. El personal de la misión se encuentra en ese momento reducido a los dos padres laosianos, el P. Vien, hermano del P. Nantha, ordenado en 1943. Una vez más, la misión de los oblatos se siente menos afectada que la del sur que ve dos obispos franceses, el vicario apostólico y su predecesor, y dos padres masacrados por los japoneses (marzo-agosto 1945).

Período agitado que va a prolongarse más allá de la capitulación japonesa (15 de agosto 1945) porque el Viet-Minh (Liga para la independencia del Vietnam) comunista ha aprovechado de esto para proclamar la independencia de Vietnam, pronto imitado por su pálido calco laosiano que comienza a darse a conocer con el nombre de "Pathet Lao" (="País Lao") o bien "Lao Issara" (="Laos libre"). Será entonces la lenta reconquista del país por el ejército francés que vuelve a subir el valle del Mekong. Situación muy confusa, con ocupación china de las provincias del norte, que necesitaría mucho tiempo para volver a lo normal. La vuelta del prefecto apostólico sólo tendrá lugar después de varios meses, mientras que tribulaciones de todo tipo son el lote de los misioneros que quedaron en el país, incluso después de su liberación de las cárceles japonesas. Algunos deben pasar a Tailandia –es el nuevo nombre de Siam desde 1939–; un Padre en Paksane tiene que hacer frente a la acusación de alta traición completamente imaginaria y corre el riesgo de pasar al consejo de guerra francés; el P. Georges KOLBACH va de Louang-Prabang a Kunmig, capital de la provincia china de Yunnan; contraerá achaques tales que lo mantendrán alejado de Laos durante más de diez años y fuertemente impedido por el resto de sus días.

Al menos la guerra, finalmente terminada en Europa, parece también tocar a su fin en Asia y nuevos refuerzos misioneros van a poder dar nuevo vigor a una joven misión golpeada demasiado pronto por los azares de la política internacional. Pero no es más que apariencia puesto que, desde 1946, a pesar de los acuerdos firmados entre Ho Chi Minh, jefe de los comunistas vietnamitas, y el gobierno francés, se abre un nuevo período de desórdenes que la historia recuerda con el nombre de primera guerra de Indochina o guerra francesa. La misión, sin embargo, volvió a partir con nuevo impulso, gracias a la llegada entre 1947 y 1952 de quince oblatos entre ellos un hermano. Sus desarrollos más notables conciernen al seminario menor de Paksane, abierto en 1942, en plena guerra, con el nombre "Institución De Mazenod". Simple choza de paja para poner a cubierto a los seminaristas, mientras que los padres acampan mal que bien en la antigua casa de misión, tendrá que seguir en pie aún unos años antes de comenzar a construirse algo más sólido en 1956. Los desarrollos conciernen también a los comienzos difíciles, pero destinados a un desarrollo seguro, de la misión entre las minorías: entre los hmongs primero con el P. Yves BERTRAIS en el sector de Louang-Prabang sobre todo, después entre los khmuh, pobres entre los pobres, en los bordes de la Llanura de las Tinajas (Xieng-Khouang) con los padres Louis MORIN y más tarde Jean SUBRA.

En vista de los progresos de la misión durante estos años, nada de extrañar que sea pronto cuestión de erigir un vicariato apostólico: lo que se hará en marzo de 1952. El pionero, mons. Jean MAZOYER, de 70 años de edad, se jubila, y el P. Etienne LOOSDREGT es nombrado primer obispo de Laos. El lema escogido por el nuevo obispo expresa a la vez una convicción profunda y un deseo: la convicción es la certeza de fe que la verdadera paz puede venir sólo de Dios, y el deseo es que esta paz se establezca finalmente en un país que no la ha conocido un solo día desde hace 13 años. Es lo que quiere decir: "Pax a Deo". Este deseo, en forma de oración, ¿va a ser escuchado? La situación parece cada vez más precaria cuando duros ataques comunistas amenazan Louang-Prabang, y luego Xieng-Khouang desde Vietnam del norte. Sin embargo, la victoria decisiva de Diên Biên Phû va a poner término a esta primera guerra; es al menos un claro que hacen entrever los acuerdos de Ginebra (julio de 1954) entre Francia y el Viêt-Minh.

Oblatos italianos
Vienen entonces los años que podrían considerarse los más hermosos de la misión oblata en Laos. El vicariato se extendió de la provincia de Sam-Neua a la frontera vietnamita, después que los comunistas la devolvieron a la comunidad nacional. Diciembre de 1958 ve la ordenación de dos sacerdotes diocesanos totalmente formados en el lugar; era el broche final de un ensayo de seminario mayor, sin duda prematuro, que iba a pararse en seco el año siguiente. Los seminaristas mayores deberán proseguir sus estudios en Vietnam o en Europa. Un nuevo distrito misionero va a organizarse en Nam-Tha en los confines de China. Para responder a las necesidades en aumento, la congregación de los oblatos decide el envío a Laos de misioneros italianos. Esta afluencia de fuerzas nuevas, a partir de noviembre de 1957, va a permitir un desarrollo rápido en la parte norte de la misión bien puesto de manifiesto por la creación en 1963 del vicariato apostólico de Louang-Prabang cuyo primer obispo es mons. Leonello BERTI. Sin embargo, en este momento la Iglesia de Laos ha vivido ya tiempos trágicos cuyo origen conviene referir aquí brevemente.

Movimiento comunista en Laos
Aunque muy ligado al movimiento vietnamita en el que se apoya desde su origen, el movimiento comunista laosiano tiene una historia muy diferente. En Vietnam se trata de un movimiento duro, negándose a todo compromiso, fuertemente organizado en torno a un partido que reivindica su pertenencia, cuyo jefe es conocido de todos. Su base territorial está bien determinada puesto que se trata de un Estado reconocido internacionalmente que no hace misterio de su objetivo último: reunificar todo el país bajo su gobierno exclusivo. Nada de todo eso del lado laosiano: aquí todo es borroso, al menos en apariencia. Avanza enmascarado: el movimiento no dice su nombre, no se conocen los verdaderos jefes. La palabra "comunista" no aparece nunca: si la antigua denominación "Lao Issara" se entiende aún un poco, como en los comienzos del movimiento, el que prevalece es el nombre de la vitrina política "Neo Lao Hak Sat" o "Frente patriótico" a sueldo de un partido totalmente oculto que sólo saldrá a la luz una vez obtenido definitivamente el poder.

El brazo armado es designado habitualmente con la expresión "pathet lao", pero muchos prefieren "lao viet" para subrayar que estas tropas actúan en relación con los vietnamitas o incluso bajo su mando. Ellos mismos se presentan como "hermanos" ("ai nong"), en particular cuando hacen incursiones por las aldeas con fines de propaganda o de abastecimiento. Por otra parte, los puentes no se han cortado nunca con el gobierno oficial de unión nacional formado en 1962: aun cuando, al año siguiente, los ministros del Frente se declararon disidentes, se mantiene la ficción de la unión nacional y no se nombran titulares para los puestos que estos ministros han dejado vacantes.

Signo simbólico de esta situación paradójica, los militares "pathet lao" mantienen permanentemente en Vientiane, sede del gobierno al que combaten en el campo, un destacamento que nunca será hostigado, ni siquiera durante golpes de Estado que esgrimirán periódicamente las facciones de derecha. Y este gobierno de unión nacional es reconocido por todos los países de modo que hay en Vientiane embajadores de los dos lados: tanto el embajador de Estados Unidos, que parece actuar como verdadero procónsul, y el de Vietnam del sur como los de Vietnam del norte, de China y de la U.R.S.S. Todo este mundo parece encontrarse bien y sacar de esto algún provecho: así es –se dice– como se tuvieron en Vientiane las conversaciones preliminares que permitieron la apertura de la Conferencia de París sobre Vietnam.

Pero en el mismo tiempo, y muy pronto desde 1959, la presión militar no cesa de acentuarse y la zona controlada por los militares pathet lao no deja de extenderse, mientras que aquella donde se ejerce efectivamente la autoridad del gobierno central va encogiéndose como piel de zapa. Sin embargo, es muy difícil trazar una línea divisoria. Es a Laos, al menos tanto como a Vietnam del Sur, al que puede convenir la expresión "piel de leopardo", tan en boga en la época.

Actitudes del pueblo frente al movimiento comunista
No hay que olvidar que estamos, al fin de los años 50, en un país pobre, desprovisto de vías de comunicación, antes de la verdadera revolución que fue la llegada del transistor, del que la propaganda comunista sabrá hacer el mejor uso. Aparte de un pequeño grupo de la población urbana, compuesto sobre todo de estudiantes, el pueblo laosiano, esencialmente agrícola, está muy poco politizado. Aspira sólo a una cosa: su tranquilidad. Ahora bien, la guerrilla trae todo lo contrario: son los muchachos enrolados en el ejército, la inseguridad en los caminos y senderos, el éxodo de aldeas enteras. Los laosianos no tienen simpatía alguna por los vietnamitas y no desean de ningún modo la instalación de un régimen duro como el de Hanoi. Reconocen que no todo es falso en la propaganda que combate la corrupción del gobierno y de los partidos de derecha en general y, cuando un grupo de "pathet lao" irrumpe en una aldea, es necesario, de grado o por fuerza, que los campesinos entreguen arroz y pollos. Pero finalmente, como buenos laosianos bastante optimistas por naturaleza, esperan que todo termine por arreglarse un día gracias a un entendimiento entre los dos príncipes medio-hermanos, el príncipe Souvanna Phouma, primer ministro inamovible, y el príncipe Souphanouvong, tenido por uno de los jefes de la parte contraria.

Temores de los cristianos
Los cristianos, si comparten a la vez las aprehensiones y esperanzas de sus compatriotas, tienen, sin embargo, motivos para abrigar temores particulares: saben lo que pasó en China cuando la instalación del régimen comunista. Todos los misioneros extranjeros tuvieron que abandonar el país y, muy rápidamente, incluso sin esperar la gran revolución cultural, se puso en marcha una verdadera persecución. Conocen también el éxodo de cientos de miles de católicos vietnamitas que han huido del régimen del norte, en 1954, para conservar su fe. Ellos mismos no podrían escapar de la misma manera.

Objetivamente, las razones para temer son muy reales, porque se sabe bien lo que piensan los comunistas de la religión en general y del catolicismo en particular. Aun cuando, en los encuentros de propaganda, declaran respetar la fe de la gente, no se privan, sin embargo, de atacar las creencias que dicen supersticiosas y que, de hecho, quieren cubrir todo lo que no está en la línea de un marxismo-leninismo declarado científico. Otro ángulo de ataque fácil consiste en tomarla con la religión de los extranjeros y, además, colonialistas; ser católico, ¿es tener aún el "corazón lao"?

Y sin embargo, el primer sacerdote católico muerto en Laos por los comunistas es un laosiano auténtico, de etnia thai deng: el 2 de junio de 1954, unas semanas después de [la batalla de] Diên Biên Phu, el P. Joseph Tien, único sacerdote diocesano originario de Sam-Neua fue prendido, metido en un saco y apaleado hasta morir.

Durante los cuatro años que precedieron la vuelta, provisional, de esta provincia a la comunidad nacional, los cristianos han podido seguir viviendo según su fe, pero las autoridades comunistas les prohibieron toda asamblea en la iglesia. ¿Era o no persecución? Ésa es al menos una primera impresión de lo que puede amenazar a toda comunidad católica.

Se preguntará también cuál podía ser la actitud de los misioneros en estas circunstancias. No es exagerado hablar por estos años 1954-1959 de un verdadero entusiasmo, el entusiasmo de la juventud: el personal era joven, su decano, el vicario apostólico, no tenía aún cincuenta años, cada año llegaban nuevos misioneros, la misión se desarrollaba. Se quería contar aún con una paz duradera que no dejaría de favorecer el trabajo de evangelización.

Los primeros nubarrones aparecieron durante los meses de verano de 1959 cuando un batallón de pathet lao, integrado en el ejército regular según acuerdos pasados, fue partidario de la secesión. Combates esporádicos se reanudaron en Sam-Neua donde la misión se había vuelto a establecer hacía menos de un año. Se barruntaba que días difíciles se preparaban para los misioneros, pero ¿no había sido este su lote desde el principio? Por otra parte, no había pánico; se comprendió que había que comenzar a preparar las comunidades cristianas a vivir su fe en la fidelidad a su bautismo, incluso sin el apoyo del sacerdote, y se puso el acento en la formación de los catequistas.

En la época, la consigna romana era que, en caso de que los comunistas se hicieran con el poder, el misionero permaneciera en su puesto en medio de su pueblo. Eso no se discutía: ¿se preveían, sin embargo, las consecuencias posibles? Nadie hablaba de martirio, palabra rimbombante que, parece, no puede emplearse sino 'post factum', pero cada uno cumplía fielmente su tarea admitiendo, dadas las circunstancias, la posibilidad de la captura seguida de la cárcel o incluso lo peor. Teniendo esto en la mente, se comprenderá mejor lo que ha podido acontecer a aquellos de los misioneros que, efectivamente, fueron llevados a dar su vida por el evangelio.

* * *

Consideraremos sólo aquí el caso de los oblatos o de algunos de sus compañeros más próximos, sabiendo que otros en Laos han sabido también dar el mismo testimonio con su sangre. Son seis, y éstos son sus nombres y su edad en el momento de su muerte: P. Mario BORZAGA (28 años), P. Louis LEROY (38 años), P. Michel COQUELET (30 años), P. Vincent L' HÉNORET (40 años), P. Jean WAUTHIER (40 años), P. Joseph BOISSEL (60 años). Ninguno, con excepción del P. Mario BORZAGA, ha dejado diario personal; sin embargo, las pocas líneas del "codex" de un puesto de misión o los breves apuntes de Jean Wauthier, por ejemplo, en sus agendas dicen bastante de la entrega de estos hombres a las personas y a la obra.

P. Mario BORZAGA (1932-1960)
   
(cf. Héritage Oblat, I, n° 4)

Mario era el más joven de los seis: natural de Trento, había entrado primero en el seminario de su ciudad natal. Ahí iba a madurar una vocación misionera de la que, según lo que él mismo escribe en su diario, el pensamiento del martirio no estaba ausente. La congregación de los oblatos que lo recibió en 1952, reconoció plenamente esta vocación puesto que, después de su ordenación sacerdotal al término de sus estudios, colmando su deseo, lo envió a Laos con el primer grupo de oblatos italianos destinado a esta misión. Llegó en noviembre de 1957 y pasó el primer año estudiando la lengua e iniciándose a la vida misionera en Paksane. En noviembre de 1958, se unía a sus compañeros ya al pie del cañón en el sector de Louang-Prabang y fue pronto destinado al puesto de misión de Kiu-Kacham. Mario era un religioso bastante sobrio y, sobre todo, un misionero lleno de celo: lo había demostrado desde sus primeros meses en el país por el ardor con que se había puesto a aprender la lengua, procurando entrar lo antes posible en contacto con la gente, deseoso de entregarles la palabra de Dios, apenas le fuera posible. Lo demostrará mejor aún en su nuevo puesto de misión.

Kiu-Kacham era esta pequeña aldea hmong donde, ocho años antes, el P. Yves BERTRAIS había inaugurado la misión entre los hmong. Los cimientos habían sido sólidamente puestos, quedaba por construir y desarrollar la comunidad. Mario, haciéndose cargo de ella en 1959, después de irse el compañero francés que lo había ayudado durante los primeros meses mientras él aprendía la lengua, asumió la tarea con toda su alma. Enseñar catecismo, iniciar en la oración, visitar a las familias, recibir a los enfermos que se apiñaban diariamente a la puerta de la misión que disponía de un pequeño dispensario, era, aquí como en la mayor parte de los puestos, a lo que Mario dedicaba tiempo y energías. Tenía también la preocupación de ir más lejos, a aquellos a los que el evangelio no había llegado aún. Pero si la seguridad en la aldea estaba más o menos garantizada, no era lo mismo en cuanto uno se alejaba del camino Astrid que, partiendo de Louang-Prabang, a unos ochenta kilómetros, se bifurca al este para llevar a Hanoi y hacia el sur a Vientiane. Elementos pathet lao se habían infiltrado en esta zona y circulaban por ella sin que nadie los molestara.

Algunos hmong de una aldea situada al sur del camino habían ido ya varias veces a pedir al padre que fuese a visitarlos, interesados por la religión y, sin duda, por la perspectiva de una atención sanitaria. Hasta ahora, Mario no había podido darles ese gusto muy ocupado por el trabajo en el lugar y no queriendo dejar solo en la aldea al compañero oblato que estaba allí desde hacía unos meses estudiando la lengua. El domingo 24 de abril de 1960, después de misa, mientras que Mario atendía a los enfermos en el dispensario, se presentó un pequeño grupo de hmong: pedían de nuevo al padre que fuera a sus casas. Esta vez, Mario pensó que había que aprovechar la ocasión pues había en la aldea dos padres que habían venido para las vacaciones de Pascua. La cosa, parece, no se discutió mucho, Mario era un hombre de decisión: prometió a la gente ir al día siguiente. Su plan era visitar varias aldeas de los mismos parajes y subir volviendo hacia el oeste por el valle del Mekong hasta Louang-Prabang... una buena gira misionera antes que comience la estación de las lluvias.

Viaje hacia la muerte
El día siguiente, lunes 25 de abril, Mario tomaba el camino acompañado de Shiong, su joven catequista. Los que estaban presentes lo vieron partir, mochila a la espalda, boina en la cabeza, todo de negro vestido como un hmong, apenas unos cientos de metros y desapareció en la curva del camino para internarse en el matorral y descender hacia el río Nam Ming. Al irse, había dicho simplemente: "Dentro de quince días en Louang-Prabang". No se le volvería a ver, como tampoco al catequista. ¿Qué había pasado? Las investigaciones hechas más tarde, cuando la desaparición era manifiesta, no dieron ningún resultado. Se supo solamente que había llegado bien a la aldea adonde iba, que había atendido a enfermos y que después se había ido de nuevo con el catequista. Después, toda huella se había borrado. Corrieron rumores de vez en cuando para hacer creer que había sido visto, un "farang" (extranjero) alto atendiendo a enfermos. Pero se sabe que rumores parecidos han seguido, en muchos otros casos, a la desaparición de misioneros.

No hay duda de que Mario fue muerto en los días que siguieron a su partida. Lo que queda por determinar es saber si los que vinieron a buscarlo a la aldea estaban implicados en la emboscada, lo que no puede excluirse, o bien si cayó en manos de un grupo hostil que aprovechó la ocasión que se presentaba. De todos modos, el caso de Mario debe ser entendido en continuidad con lo que ha precedido, el asesinato del P. René Dubroux, m.e.p. en su aldea en diciembre de 1959, y los sucesos en el sector de Xieng-Khouang de abril y mayo de 1961, de los que vamos a hablar.

Sucesos de Xieng-Khouang
Se está ahora en plena guerra civil: ha habido un golpe de estado el 9 de agosto de 1960 en Vientiane y el país se divide en tres facciones, cada una con su ejército: la parte llamada "neutralista" con su primer ministro, el príncipe Souvanna Phouma, ha sido expulsada de Vientiane por la parte de derecha que acaba de formar su propio gobierno; pero los neutralistas que se replegaron sobre Xieng-Kouang y la Llanura de las Tinajas son de hecho rehenes del tercero en discordia, los pathet lao comunistas. Éstos han aprovechado la desorganización que ha seguido al golpe de estado para adelantar sus peones: ya en septiembre de 1960, se hicieron los únicos dueños de Sam-Neua de la que van a hacer su base indiscutible. Los padres presentes en esta provincia –eran todavía cuatro– tuvieron que participar en las festividades de la "liberación" y escaparon por un tris de la tropa que iba a detenerlos. De ahí, los pathet lao avanzaron hacia la Llanura de las Tinajas y se encuentran en Xieng-Khouang con los neutralistas cuyas actividades controlan, mientras tratan de aumentar su ventaja sobre el terreno. En enero de 1961, militares pathet lao detuvieron a dos padres en sus aldeas, el P. Jean WAUTHIER, del que hablaremos más tarde, y el P. Jean-Marie OLLIVIER, acusándolos de espionaje y condenados a muerte sin proceso. Estos dos padres estaban ya frente al pelotón de ejecución cuando fueron salvados en el último momento por la intervención inesperada de un oficial neutralista.

En este contexto hay que situar el asesinato de tres misioneros uno tras otro entre el 18 de abril y el 11 de mayo. Nos detendremos más sobre el caso del P. Louis LEROY, porque es típico del modo de actuar de los enemigos de la religión y es también el mejor documentado.

P. Louis LEROY (1923-1961)
Normando de la diócesis de Coutances, Louis era un robusto campesino llegado a la vida religiosa bastante tarde porque entró en el noviciado a la edad de veinticinco años. Parece que las circunstancias de vida familiar le habían impedido responder antes a una vocación misionera muy asentada. Sus estudios secundarios se habían reanudado gracias al curso para vocaciones tardías en el juniorado de Pontmain. Dotado de gran inteligencia práctica, nunca llegará a dominar la lengua latina, y éste era uno de sus padecimientos, pero lo compensaba ampliamente por la seriedad que ponía en todo lo que hacía. Todos los que lo han conocido suscribirán gustosos lo que dice de él uno que lo acompañó desde el comienzo de sus estudios hasta el fin de su escolasticado:

    "El Padre Leroy era muy serio en todo, muy aplicado en sus estudios y su vida espiritual. Era muy alegre, muy fraternal. Era un amigo. Su deseo de las misiones extranjeras era muy fuerte. Le oí varias veces expresar un deseo de mártir."

Tal era Louis durante el tiempo de su formación, tal fue también en misión cuando, con gran satisfacción suya, fue enviado a Laos. Llegó en noviembre de 1955 y se le envió en seguida a Xieng-Khouang que iba a ser prácticamente el único escenario de su vida apostólica. Tuvo alguna dificultad para aprender la lengua debido a una sordera precoz. Después de un año, pidió pasar unos meses en el valle del Mekong para familiarizarse mejor con el lao de la llanura.

Vuelto a Xieng-Khouang en noviembre de 1957, se hizo cargo de la aldea de Ban-Pha, comunidad de thai dam, que le entregaba el P. Joseph BOISSEL. Ahí lo encontramos en abril de 1961. El "códex históricus", que ha tenido escrupulosamente al día, nos cuenta sus alegrías y sus penas de misionero en una aldea todavía neófita, dando también testimonio de una fe inquebrantable y una entrega sin límites. Lo más sencillo es dar la palabra al vicario apostólico de la época que hizo el relato de los acontecimientos para los misioneros, basándose en el testimonio de una joven cristiana de la aldea totalmente fidedigna.

    "El 15 de abril de1961, a eso de las 17 hrs., tropas de kong lè (=neutralistas) y pathet lao entran en Ban-Pha, después de 2 ó 3 días de combate en los alrededores y tiros de artillería. El domingo y lunes son tranquilos. Los militares circulan por la aldea, los pathet lao comienzan su propaganda y hacen muchas preguntas sobre el padre: "¿Se relaciona con los americanos? ¿Ha ayudado a los phoumistas [facción de derecha], a los meos [hmong]? ¿Hace informes? ¿No tiene una emisora, armas?" Algunos vienen a curiosear a la misión, intercambian palabras con el padre. El martes por la mañana 18 de abril, el P. Leroy dice misa y desayuna como de costumbre. Hacia las 9.30 hrs., algunos pathet lao rodean la misión. Ordenan a Anna B. llamar al padre. Ella lo encuentra en la capilla. Él sale y va al encuentro de los jefes pathet lao a la puerta del recinto. Le dicen que llegó una orden por radio del gobierno, orden para el padre de volver al centro de la misión en Xieng-Khouang. El padre responde que no quiere dejar a sus cristianos, porque está solo en Ban-Pha para ocuparse de ellos, mientras que en Xieng-Khouang hay ya varios padres. Los pathet lao le piden entregarles el revólver. Él responde que no lo tiene, que nunca lo ha tenido, es sacerdote. Quieren registrarle, él se quita la sotana y la camisa sin hacerse de rogar. En sus bolsillos encuentran el rosario y el pañuelo, es todo. Vestido, entra en casa acompañado de dos pathet lao que se apoderan en seguida de su fusil de caza, registran rápidamente la habitación en busca del famoso revólver; hablan entre ellos en vietnamita. Anna se pregunta si este dichoso revólver no es simplemente la gran cruz que el padre lleva en el fajín... Finalmente los pathet lao se retiran pidiendo excusas. El padre va a la capilla a rezar y le dice a Anna que rece mucho también.

    "Apenas hora y media después (11.30 hrs.), un numeroso grupo pathet lao llega a casa del P. Leroy. Un poco más tarde, Anna que está preparando en su casa la comida los ve salir a todos. El padre ha cerrado ventanas y puerta, metido las llaves en el bolsillo y va delante de cinco o seis pathet lao: cabeza descubierta y descalzo, en sotana, cruz en el fajín, breviario bajo el brazo. Al pasar delante de la casa de Anna, responde a una pregunta de ésta: "Voy al comandante que desea verme". Otros pathet lao se quedan delante de la casa y no dejan entrar a nadie.

    "Hacia las 14 hrs., vuelven algunos pathet lao; tienen las llaves, y responden a Anna que pregunta dónde está el Padre: "Se fue a Xieng-Khouang; venimos a hacer inventario y poner sus cosas en orden.

    Nota: Anna B. logra poner a salvo el Santísimo y los vasos sagrados cuando hacen el inventario de la iglesia.

"A eso de las 8 hrs. de la tarde, la población de la aldea es reunida para un "khosana" (sesión de propaganda): "El padre no ha sido asesinado, dicen, aunque sea un espía y un traidor. Es malo; se le ha llevado a Xieng-Khouang; más tarde otro, mejor, vendrá a reemplazarle".

"Dos o tres días más tarde, es el saqueo total de la misión por los pathet lao; rompen las imágenes, queman lo que no pueden llevar.

"El día de la captura del P. Leroy, una mujer de Ban Pha Teu vio pasar al padre rodeado de pathet lao por el arrozal de al lado de la aldea. Uno poco más tarde, oyó varias detonaciones y pensó que mataban al padre no lejos en la selva. Por la tarde, un grupo de mujeres de la misma aldea al ir por leña, tropezaron con soldados pathet lao que las echaron de allí. Ellas volvieron a casa, asustadas. En los días siguientes, ellas descubrieron en la selva, en este mismo rincón, una tumba reciente a la que se quiso dar un aspecto de no tan reciente echando por encima ramitas y hojas secas. Se cuchichea que el Padre está ahí enterrado, y nadie se atreve ya a acercarse."

Más tarde, al principio de mayo, Anna B. reconocerá efectivamente la tumba y tendrá la convicción de que el padre está ahí enterrado. Esto se confirmará años más tarde cuando un padre podrá volver al lugar.

El documento que tan extensamente acabamos de citar lleva la fecha del 15 de junio, casi dos meses después de los hechos. Se ha necesitado todo este tiempo para saber lo que había pasado. Los pathet lao, que nunca han reconocido el crimen, han tratado de camuflar por todos los medios la verdad de sus maniobras. Se puede leer en el "codex históricus" de Xieng-Khouang el relato de todas las diligencias hechas en vano por el padre superior para obtener información sobre la desaparición del P. Louis LEROY y la de su compañero, P. Michel COQUELET, del que vamos a hablar.


P. Michel COQUELET (1931-1961)
Oriundo del norte de Francia, de la diócesis de Cambrai, la familia Coquelet se había ido a Orleans durante el éxodo de mayo de 1940. Familia numerosa y pobre, lo que obligaba a la mamá a trabajos domésticos para completar el salario insuficiente del padre. Michel hizo, sin embargo, sus estudios en el colegio de Pithiviers, y después entró en el noviciado de los oblatos de La Brosse-Montceaux el mismo año que Louis LEROY. El compañero cuyo testimonio hemos ya citado (hablando del p. Leroy), escribe esto de Michel:

"...Lo conocí en el noviciado. Era discreto, alegre, con mucho humor. Un hermano serio, bondadoso y fraternal. Generoso y con mucha fe. Era muy afable."

Ocho años más joven que Louis LEROY, Michel COQUELET terminó sus estudios en el escolasticado dos años más tarde por el servicio militar que hizo como enfermero. Llegó a Laos en 1957 por Pascua.

Como muchos otros, estuvo primero unos meses en el seminario de Paksane ayudando en la enseñanza mientras aprendía la lengua. Al final del mismo año, fue enviado al distrito de Xieng-Khouang: una foto en la portada de la revista "Pôle et Tropiques" lo muestra partiendo para su aldea, descalzo, sombrero de campo, muy sonriente, llevando del ramal a su caballo de carga. Aldea humilde la suya de neófitos khmuh cuya instrucción, por circunstancias, no había podido hacerse regularmente. Las reflexiones de Michel al respecto, anotadas en el "códex históricus" son muy significativas; dan la medida de sus sufrimientos de misionero, pero también de su gran espíritu de fe, coloreado de un humor del que sabemos ya que era uno de los rasgos interesantes de su carácter.

No se conocen bien las circunstancias de la desaparición de Michel que se produjo, sin embargo, en el mismo período y en el mismo sector que la de Louis LEROY. Sus aldeas no estaban muy lejos una de otra, Ban-Pha a un día de camino al sudoeste de Xieng-Khouang, Phôn-Pheng, la aldea de Michel, en pleno sur a una mayor distancia, y en caminos diferentes. Michel no debió saber lo que había pasado con Louis, a no ser que lo informaran los pathet lao que lo habían detenido. Escribe el superior del distrito:

    "El 30 de abril, recibía una carta de un catequista de Sam Tom (uno de los anejos de Michel) anunciando que la casa-capilla de Sam Tom había sido saqueada y destruida por un destacamento militar de paso y que el P. Coquelet había desaparecido. Habitantes de Nam Pan habían visto su bici abandonada a la orilla del camino en Sop Xieng. El portador de la carta nos precisó que todos pensaban que había sido detenido por un destacamento lao-viet de paso ese día por el sector. Era en el momento de las operaciones en Ban-Pha.

    "El martes 3 de mayo, llegaba a Xieng-Khouang el catequista de Nam Pan con un grupo de Phôn Pheng entre ellos el samien (secretario). La información anterior fue confirmada y completada. Una carta del catequista N[.] daba los detalles siguientes: el P. Coquelet habría dejado Phôn Pheng el 17 de abril para ir a atender a un enfermo (herido) en Ban Nam Pan. El 20 de abril volvía a casa en bici cuando ha sido detenido en Sop Xieng. El 24, N[.] y el nai ban (jefe de aldea) al no ver llegar al padre fueron a informarse. Los soldados del puesto de Sop Xieng (teniente pathet lao) les dijeron que el padre había sido llevado a Xieng-Khouang al mismo tiempo que el padre de Ban Pha. La bici había sido llevada también por lo visto al día siguiente o dos días después.

    "Es todo lo que he podido saber acerca del Padre Coquelet."

Todo hace pensar que Michel había corrido la misma suerte que Louis.

La película de estos acontecimientos no se desarrollaba de una forma tan clara y regular como acabamos de exponer para el resto de la misión que sólo recibía noticias fragmentarias y a través de las suposiciones. Puede ser interesante dar aquí, como ejemplo, la reacción del redactor del "códex históricus" del seminario menor de Paksane, con fecha 3 de mayo de 1961:

"Por la mañana regresa de Vientiane el P. O' ROURKE. Una carta de Monseñor, otra del R. P. Superior (P. Paul Sion) nos informan de graves sucesos en lo que concierne a la misión: no se sabe nada del P. Coquelet desaparecido desde el 15 de abril, han encontrado su bicicleta a lo largo del camino entre Xieng-Khong y Sop Xieng, y, con toda probabilidad, el padre ha sido capturado por un grupo de pathet lao. Tal es el contenido de un telegrama llegado ayer por la mañana a la misión de Vientiane. Otros dos habían llegado la semana pasada, anunciando que el P. Leroy había sido hecho prisionero por los pathet lao y acusado de espionaje. El padre había permanecido de continuo en su aldea de Ban Pha, incluso después de la retirada de las tropas reales. Está detenido actualmente en Khang Khai [–es lo que se quería aún creer !] en manos de los pathet lao. Tal vez se le podrá sacar de allí y estará a salvo, él al menos gracias al alto el fuego [que se anunciaba], pero para el P. Coquelet (?) desaparecido como el P. Borzaga hace un año, ¿qué esperanza se puede tener? Oración, abandono a la Providencia, el reino de Dios se siembra con lágrimas y sacrificio. Lo trágico en la lucha contra el comunismo ateo es que se las arreglan para asfixiar incluso ese testimonio, para convertirlo en un crimen político: ahí está la peor perversión, el sello del demonio."

Y la serie no terminaba con Michel COQUELET.

P. Vincent L' HÉNORET (1921-1961)
Bretón de Finistère, de esta tierra fecunda en vocaciones misioneras, si las hay, Vincent había entrado en el noviciado de Pontmain en 1940. Fue testigo, en el escolasticado de La Brosse-Montceaux, de la masacre perpetrada por los nazis que causó la muerte de cinco oblatos, dos padres, dos escolásticos y un hermano; sufrió con sus compañeros la deportación al campo de Compiègne, pero pudo reanudar los estudios y recibir la ordenación sacerdotal en 1946. El año siguiente, partía para la misión de Laos.

Pasó en el sector de Paksane todo el tiempo de su primera permanencia en Laos. Pastor atento, bastante sobrio, supo hacerse querer por estos cristianos que se decían antiguos, porque eran ya la tercera generación. Al volver de sus primeras vacaciones en noviembre de 1956, estuvo un año en el mismo campo de apostolado. Pero, en noviembre de 1957, tuvo que dejar el valle del Mekong para ir al distrito de Xieng-Khouang.

En la extremidad de la Llanura de las Tinajas, en el camino que va hacia Vietnam, Ban-Ban es un pequeño poblado que cuenta sólo con un puñado de cristianos, pero en los alrededores había varias aldeas de refugiados thai deng llegados de la región de Sam-Neua. El trabajo pastoral y misionero no es fácil: esta gente ha sufrido los azares de la guerra durante años. Hay mucho que hacer, en particular para recomponer las familias separadas. Vincent se puso a trabajar con entusiasmo con la ayuda, desde el comienzo de 1959, del joven padre Jean-Baptiste Khamphanh, sacerdote diocesano recientemente ordenado.

Hemos visto cómo, en los últimos meses de 1960, los comunistas habían extendido su dominio sobre toda esta región desde Sam-Neua. El sistema se había establecido con su ritmo de reuniones de adoctrinamiento y sus trabas a la libre circulación de las personas. Para ir a sus puestos de misión, el padre debía proveerse cada vez del salvoconducto prescrito que las autoridades, sin embargo, concedían sin demasiada dificultad. Vincent había dado a entender que, después de los temores del principio, se había establecido una especie de 'modus vivendi' entre las nuevas autoridades y los padres y que la cosa iba bastante bien.

El asesinato
El miércoles 10 de mayo, Vincent solicitó y obtuvo un salvoconducto para ir a celebrar la fiesta de la Ascensión en una estación de la misión. Era antes del Concilio y la fiesta de la Ascensión era aún de obligación, el jueves, en toda Indochina. Contaba con volver al centro al día siguiente. Así es como la mañana del jueves 11 de mayo, había tomado el camino en bicicleta hacia Ban-Ban. Estaba aún a varios kilómetros del lugar cuando fue detenido por los militares pathet lao. Una campesina que trabajaba en su campo fue testigo de la primera parte de la escena: el padre sacó un papel, el salvoconducto sin duda, que pareció satisfacer a los militares porque el padre montó de nuevo en su bici y siguió su camino. La campesina no vio lo que pasó después, pero al poco tiempo oyó disparos y pensó que habían matado al padre. Asustada, no se atrevió a decir ni hacer nada en ese momento. Más tarde durante el día, fue al lugar con otras personas y dio sin dificultad con el lugar donde habían enterrado casi a flor de tierra el cuerpo. Unos días después, avisado el padre superior de Xieng-Khouang, pudo ir a la tumba, arreglarla y poner una cruz. Nunca se dio explicación alguna para este asesinato, como tampoco para los anteriores. Fueron negados pura y simplemente por los pathet lao, y sus asociados neutralistas no tuvieron la valentía de reconocer los hechos, y menos de atreverse a atribuírselos.

Hno. Alexis GUÉMENÉ (1924-1961)
No podíamos poner punto final al relato de la serie de desgracias que sacudieron la misión de Xieng-Khouang en estas semanas trágicas, sin evocar al menos lo que sucedió al hermano Alexis GUéMENé. Era del mismo tiempo de noviciado que los padres Louis y Michel. Habiendo llegado a Laos en 1955, había participado activamente en la construcción del nuevo seminario de Paksane, y había hecho su oblación perpetua el 1 de mayo de 1956. En marzo de 1957 había sido destinado al centro de Xieng-Khouang donde todos apreciaban su tacto, su entrega y amabilidad, especialmente las monjas para las que había construido una casa.

El domingo 4 de junio 1961, el hermano Alexis GUéMENé había ido a la enfermería militar a visitar a unos enfermos: disparan, no se sabe cómo, y la bala va derecha al corazón. El superior, que anotaba la cuarta muerte en siete semanas, describe el suceso como "un accidente estúpido debido a la inconsciencia de una joven recluta". –Sin duda! No se puede menos de pensar, sin embargo, que, dadas las circunstancias, Alexis, como sus compañeros, estaba dispuesto a dar su vida por el evangelio, y que efectivamente la dio.

Opresión comunista
Pasaron los años y, a pesar de la formación de un gobierno de unión nacional en 1962, la presión comunista no aflojó: desembocó, a partir de mayo de 1963, en la eliminación de todas las fuerzas otras que las suyas de Xieng-Khouang y de la Llanura de las Tinajas. Masacres de aldeanos en huida tuvieron lugar en los caminos; es difícil decir el número de cristianos que encontraron la muerte ese año. Los supervivientes se establecieron mal que bien en las colinas a lo largo de la Llanura de las Tinajas, pero la mayor parte del tiempo sin poder emprender los trabajos de los campos que requieren cierta estabilidad. Esto es especialmente cierto para las poblaciones khmuh que cuentan entre ellas con un número bastante importante de cristianos. Esta situación inestable va a ser la ocasión para un nuevo asesinato.

P. Jean WAUTHIER (1926-1967)
Nacido en la diócesis de Cambrai, en el norte de Francia, Jean WAUTHIER había experimentado también en su adolescencia los tormentos del éxodo de 1940, y se había encontrado en el sudoeste del país donde hizo su seminario menor. Después de volver al norte, entró en el noviciado de Pontmain en 1944. De físico robusto, de rectitud moral a toda prueba, no sorprende que, llamado al servicio militar, escogiera el cuerpo de paracaidistas. De vuelta al escolasticado de Solignac, es de aquellos a los que los trabajos manuales no echan para atrás, y Dios sabe si los hay, y duros, en estos años de habilitación de la antigua abadía de san Eloy para poder mantener un centenar largo de escolásticos. Pide evidentemente ir a las misiones y tiene la dicha de ser enviado a Laos.

Con los khmuh
Llega en 1952 y va ponerse sin tardar al servicio de la misión entre los khmuh, y prácticamente siempre con la gente de la misma aldea a la que sigue en sus desplazamientos. De hecho, es él quien los incita a abandonar Nam-Mon, donde han sido bautizados, por Khang-Si, un lugar mejor donde podrán tener un arrozal. Ahí, Jean ha realizado un sistema de traída de agua por medio de bambúes que es la delicia de los aldeanos al no tener que ir a por agua más lejos. Por desgracia, esta instalación durará pocos años: en 1961, toda la aldea debe desplazarse al límite de la Llanura de las Tinajas, a Ban-Na primero, y a Hin-Tang después. Tras la alerta de enero 1961, Jean se retira por un tiempo de este sector. Estará dos años en Paksane, de octubre 1961 a diciembre 1963. Se puede confiar en él para el trabajo que se le pide, sea la enseñanza, el deporte o la música. Cada sábado, escapa del seminario para la pastoral dominical en las aldeas de los alrededores. Pero queda muy claro que a lo único que aspira es encontrarse de nuevo lo antes posible con sus queridos Khmuh.

Escasea la comida
En diciembre de 1963, vuelve al equipo del apostolado entre los khmuh, establecido en adelante en Vientiane donde el equipo trabaja en primer lugar en la formación de los catequistas que se enviarán por las aldeas. En la montaña, entre todos estos refugiados a los que la guerra ha expulsado de sus casas reina la miseria. No es posible tener cosechas regulares, y cuando se ha conseguido cultivar un campo de arroz, nunca se sabe si se podrá cosechar: nuevos ataques, minas colocadas por todas partes a lo largo de los caminos. Pasa lo mismo con la escasez de medicinas. Jean pasará la mayor parte de sus últimos años en Hin-Tang, dedicado a la difícil tarea de distribuir equitativamente la ayuda humanitaria, clave de la supervivencia de estas poblaciones. Y ahí se prepara el drama, porque hasta en la peor de las miserias hay explotadores y explotados. Los pobres khmuh estaban siempre del lado de los explotados. Jean ha tratado de defenderlos, sin favorecerlos sin embargo, porque sabía ponerse al servicio de todos. Esto, sin embargo, no era del agrado de todos: los militares de las fuerzas especiales que se arrogaban el derecho de controlar las distribuciones y, por tanto, de servirse bien los primeros ellos y los suyos, veían esto con muy mal ojo.

Muerte del P. Jean
¿Había habido polémicas, o amenazas concretas? Jean no parece haberlas tenido en cuenta en Laos. Sin embargo, durante sus vacaciones en Francia en este año 1967, habría dicho al menos una vez que si algún día lo mataban, sería a causa de su trabajo por los khmuh de Hin-Tang. Los hmong de Ban-Na no le habían perdonado el desplazamiento de los khmuh cristianos a Hin-Tang que los había privado de una parte del abastecimiento que ellos codiciaban. Estaban, pues, decididos a vengarse.

Jean, en la semana antes de Navidad, había querido visitar a un pequeño grupo de khmuh que había quedado en los alrededores de Ban-Na. Fue no sin antes advertir al jefe militar de su paso. La ocasión se prestaba: so capa de un ataque simulado de los lao-viet, fue agredido cuando volvía a Hin-Tang la tarde del sábado16 de diciembre. Dos disparos en el pecho y se desplomaba. El cuerpo fue transportado a Vientiane al día siguiente. El gobierno se apresuró a atribuir la muerte a los comunistas, y tal fue la verdad oficial. La verdad de los hechos era muy distinta, se supo muy pronto, pero nadie podía servirse de ella en aquellas circunstancias. Transcribimos lo que se escribió en la época:

    "¿Por qué lo han matado? Nunca se sabrá. El sentido de la organización y el ingenio que desplegó para preservar y repartir la ayuda humanitaria, han podido indisponer; y esta ayuda, caída del cielo, agudizó sin duda los apetitos y excitó la codicia. Lo cierto es que lo mataron en el ejercicio del ministerio apostólico y a causa de él."

Al día siguiente uno de los catequistas escribía a sus padres:

"El padre Jean murió porque nos quería y no ha querido abandonarnos."

P. Joseph BOISSEL (1909-1969)
Bretón de las marcas de Bretaña, de una pequeña aldea entre Rennes y Pontmain, Joseph BOISSEL era un robusto campesino, resistente al trabajo, con una fuerza fuera de lo común que será más tarde la admiración de la gente de Laos. Ordenado en La Brosse-Montceaux en 1937 a la edad de veintiocho años, fue enviado a Laos al año siguiente.

Formaba parte del grupo de los antiguos que habían experimentado las sacudidas de la guerra desde el principio. Había llegado a Laos en octubre de 1938 y había sido enviado bastante pronto al sector de Xieng-Khouang que comenzaba a desarrollarse. Más tarde, hablaba con nostalgia del puesto de Nong-Het, estación de vanguardia, casi en la frontera de Vietnam, que tuvo que abandonar por la guerra y que nunca más se volvió a abrir. En marzo de 1945, fue hecho prisionero por los japoneses y llevado a Vinh con mons. MAZOYER. Al volver a la misión en 1946, se encuentra de nuevo en Xieng-Khouang y durante varios años se dedica a la formación de los catecúmenos y neófitos de Ban-Pha. Dejaba esta aldea en noviembre de 1957 en manos del P. Louis LEROY.

En Paksane
Habiendo vuelto al distrito misionero de Paksane, Joseph iba a prodigarse ahí hasta su muerte, primero encargado de la aldea de arrozal de Nong-Veng, después desde 1963, instalado en el kilómetro 4 de Paksane en el famoso Lak-Si, para atender a varias aldeas de refugiados thai deng y khmuh. Circulaba en yip entre estas aldeas a pesar de no ver muy bien por haber perdido completamente la visión de un ojo. En esos años, tomar el camino era siempre arriesgado: era en 1969 y, desde finales de marzo, el peligro había aumentado de modo que había debido renunciar a celebrar la Semana Santa en estas aldeas. Sólo a principios de junio, se había atrevido de nuevo a aventurarse por este camino de emboscadas.

El sábado 5 de julio, había decidido ir a pasar la noche en la aldea de Hat-I-Et, a unos veinte kilómetros de Paksane subiendo a lo largo del río Nam San. Saliendo a eso de las 4.30 hrs., iba acompañado de dos jóvenes oblatas misioneras que, como de costumbre, le ayudaban para las visitas, la atención a los enfermos y el servicio religioso. Damos la palabra al relato de un compañero. Escribía el 9 de julio:

"A las 6.25 hrs., la terrible noticia: sobresalto, nerviosismo, deseo de saber más. Un autocar que venía de Muong-Kao se cruzó con el vehículo del padre poco después del atentado. El conductor vio al padre muerto, el vehículo en llamas, prendas de mujer desparramadas a la orilla del camino. Asustado, no se atrevió a parar, ¿para qué?, todo parecía terminado.." [Al llegar a Paksane, avisó a los militares.]

[Nota: Ante el ruego insistente de los oblatos y los padres de las oblatas que preguntaban por sus hijas, los oficiales acceden a personarse en el lugar. Montan toda una operación, y de noche, con vehículos blindados, el convoy sale con precaución, acompañado de un padre y un amigo de la misión. Encontrarán primero a las dos oblatas heridas, pero vivas, y después el cuerpo medio calcinado del padre en el vehículo.]

"Las oblatas heridas dieron algunos detalles de la emboscada. Aparecieron tres hombres armados. Una descarga a los neumáticos del yip que, salvando el terraplén, quedó inclinado del lado izquierdo. Otra descarga al padre, que murió en el acto. Las dos habían rodado por encima del padre Boissel. Hubo entonces una explosión de B.40 [especie de bazuca] en la parte trasera del vehículo, salpicándolas de metralla. Una de ellas (Thai Deng) dice haber oído la orden de disparar dada en vietnamita. [Lograron salir del vehículo]. Era el momento. El yip ardía, alcanzado de lleno en el depósito. Las dos escaparon, se dirigieron a la selva muy próxima y se escondieron. Los asesinos hubieran podido rematarlas, no lo hicieron. Ellas pudieron verlos contemplar su faena, el arma al hombro, y desaparecer...

"Padre Boissel, usted sigue entre nosotros... Esta muerte violenta impresiona, una muerte en la brecha, en plena misión apostólica, una muerte que había rondado tantas veces, una hermosa muerte de misionero. Pero lo que hay que decir es que toda su vida nos impresiona: vida de apóstol con el corazón ardiente, vida entregada, vida consumada de un hombre de Dios para quien sólo contaba anunciar a Jesucristo a los pobres. Esta vida tan lograda, tan rica en peripecias, tan a las claras llevada, de un corazón tan joven que impedía que se notaran las canas y nos hacía esperar tenerle siempre con nosotros..."

El elogio que acabamos de citar lleva ciertamente la marca de la emoción del momento. No por eso es menos sincero, objetivo y válido. Puede aplicarse a cada uno de los misioneros cuya vida y oblación final hemos trazado a grandes rasgos. Mario BORZAGA, Louis LEROY, Michel COQUELET, Vincent L' HÉNORET, Jean WAUTHIER y Joseph BOISSEL, y añadiremos Alexis GUÉMENÉ a esta lista, cada uno era a su estilo, con su carácter, sus talentos, sus limitaciones también, un hombre de Dios que había tomado la medida de la obra a realizar por Jesucristo y por los pobres, que conocía los riesgos de la empresa, pero no ha vacilado en ir hasta el extremo del amor.

Llegado a este punto, hay que recordar a otros cristianos, que siguieron el mismo camino, que afrontaron parecidos obstáculos en la afirmación de su fe, e hicieron también el sacrificio supremo. En primer lugar están los catequistas: Shiong, catequista hmong del P. Mario BORZAGA, que compartió sin duda su destino; Luc Sy, catequista khmuh, asesinado al borde del camino en Dene-Din, entre Vang-Bieng y Meuong-Kasi, el 7 de marzo de 1970. Hemos visto cómo dos oblatas habían arriesgado su vida en compañía del P. Joseph BOISSEL: heridas las dos, quedaron marcadas, física y psicológicamente, para el resto de su vida.

– 1975
Y después están todos aquellos, anónimos la inmensa mayoría, que, desde que los comunistas asumieron el poder (mayo-diciembre de 1975), fueron enviados a los campos de trabajo y de reeducación al estilo chino. Aunque estos campos llevaban el bello nombre de "sammana" (= seminario) y pretendían modelar al hombre nuevo según la doctrina marxista-leninista, eran auténticos campos de muerte. Sirva de ejemplo el caso del hermano mayor del actual vicario apostólico de Savannakhet, oficial del ejército real: enviado al "sammana" en Sam-Neua, en octubre de 1975, sucumbió meses más tarde a consecuencia de los malos tratos y la falta total de asistencia.

Partida de los misioneros
En esa época, muchos misioneros extranjeros habían tenido ya que abandonar el país. La historia de esta partida merecería tratarse con mayor extensión. Es el fin de la misión a la antigua y el nacimiento, en el sufrimiento, de una Iglesia local completamente nueva. Recordemos solamente que la revolución iniciada el 1 de mayo, el día después de la caída de Saigón, puso en movimiento un proceso que se extendió por todo el país de un modo muy organizado, con la eliminación progresiva de todo lo que pudiera aparecer opuesto al nuevo orden de cosas, para desembocar en la abolición de la monarquía y la instauración (2 de diciembre) de una República Democrática Popular.

Ya a mediados de mayo, los tres obispos franceses, entre ellos mons. Etienne LOOSDREGT, habían presentado la renuncia. Fueron reemplazados rápidamente por obispos laosianos. En Vientiane, mons. Thomas Nantha, nombrado obispo auxiliar el año anterior, tomó posesión el 9 de junio. Mons. Alessandro STACCIOLI, cuyo vicariato tenía sólo un sacerdote diocesano, no se vio afectado por este movimiento y permaneció en el lugar hasta su expulsión en septiembre de 1975.

Desde el exterior, se ha comprendido a menudo mal la salida de los misioneros, en particular de los oblatos. Esta partida tomó formas diversas, según los lugares y las circunstancia, entre mayo de 1975 y julio de 1976:

– A medida que las obras desaparecían –el seminario menor de Paksane, por ejemplo, tuvo que mandar a casa los alumnos y cerrar sus puertas en mayo– que los edificios de Iglesia eran confiscados, casas como iglesias, la presencia de algunos ya no tenía justificación. Esto era especialmente cierto para el vicariato de Vientiane donde, por la fuerza de las cosas, muchas obras estaban concentradas.

– Por otra parte, misioneros eran expulsados individualmente de su puesto allí donde una población cristiana demasiado débil numéricamente no podía asegurar su protección. Ya se trate del lanzamiento de una granada como en Vang-Vieng donde el misionero no pudo ni quedarse en la aldea de los leprosos de Somsanouk, o de una manifestación popular manipulada, como en Phôn-Hong, el resultado es el mismo: el misionero, extranjero o lao, debe irse del lugar.

– Hubo dos casos de expulsiones formales de todo un grupo por orden de las autoridades locales. En agosto–septiembre, todos los misioneros oblatos italianos fueron expulsados de Houei–Sai, Sayaburi y, por último, de Louang-Prabang, y eso entre las muestras de simpatía de la población y de los monjes budistas, especialmente del patriarca supremo. Así mismo, a los misioneros franceses de Paksé se les ordenó abandonar el país en febrero de 1976.

– En marzo de 1976, sólo quedaba un pequeño grupo de oblatos en el vicariato de Vientiane (cinco padres, entre ellos el provincial, y un hermano), y algunos misioneros franceses en el de Savannakhet. Una reunión urgente de los misioneros y laicos con el obispo, el 3 de abril de 1976, decidió la partida de los de Vientiane. ¿Por qué esta decisión? Obispo, sacerdotes y cristianos laosianos debían rendirse ante la evidencia: la permanencia de extranjeros entre ellos, a los que habían visto por un tiempo como una especie de garantía para sí mismos, se había convertido en un peso insoportable para la Iglesia. Sólo uno permanecerá dos años más para el servicio de la comunidad internacional de la capital. Una decisión parecida se había tomado en julio para el vicariato de Savannskhet.

Sólo un oblato, mons. Khamsé
De los tres oblatos laosianos todavía presentes en ese momento, dos tomarán pronto el camino del exilio, siguiendo el ejemplo de un número cada vez mayor de sus compatriotas. Quedará en adelante en Laos sólo un oblato, Jean Khamsé: ordenado sacerdote el 26 de enero de 1975, en junio era vicario general. Ha sido ordenado obispo el 16 de enero de 1983 y es actualmente vicario apostólico de Vientiane.

Durante estos cuarenta años, de 1935 a 1976, más de cien oblatos de varias nacionalidades han trabajado, sufrido, rezado, y a veces derramado su sangre en esta misión del norte de Laos. Quince de ellos se quedaron en tierra laosiana: además de aquellos cuya breve carrera y último sacrificio hemos tratado de describir, ha habido otros ocho, víctimas, también, de la enfermedad o de los accidentes del río, de los aires o del camino. Ellos también han dado su vida aún joven –la media de edad de los quince no llega a cuarenta años– para que la Iglesia de este país nazca y se desarrolle. A más de veinte años de la tormenta, justo es constatar que sus trabajos y oraciones, sus penas y sacrificio no han sido en vano. Es una hermosa página de historia la que ahí se escribió y hay que dar gracias al Señor que fue el único Maestro de obras.

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