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"Tenemos un sueño.."
Documentación OMI No. 235 -- Septiembre 2000

Los oblatos de Filipinas reflexionan sobre el presentey sueñan con el futuro

Presentación

En el pasado mes de agosto, fuerzas de liberación musulmanas en Joló, Filipinas, liberaron a otros rehenes después de un rescate de 1 millón de dólares por persona. Hay aún otros 24, niños o esposas de los ya liberados, que esperan con ansiedad destino. Podemos preguntarnos si este dinero no va a servir para comprar armas y proseguir la lucha. Ronald Zamora, secretario ejecutivo del presidente de Filipinas, Estrada, comentaba en el International Herald Tribune (31 agost. 2000): “Pagar rescate tal vez no fue buena idea. Puede crearnos más problemas en el futuro”.

La lucha de la guerrilla por la autonomía en el sur de Filipinas lleva ya años. La reciente acción militar de las fuerzas del gobierno contra el MILF (Frente de liberación islámico moro) parece haber empeorado la situación y creado un problema serio a los refugiados. A primeros de abril, la Provincia oblata de Filipinas tuvo un encuentro especial para reflexionar sobre las relaciones cristiano-musulmanas y la situación actual. El primer documento de este número de Documentación OMI presenta un informe del encuentro, publicado en el boletín de la Provincia.

El segundo documento de este número es un artículo del p. Eliseo Mercado en el que trata de identificar cinco problemas más urgentes en Mindanao. El documento se dio en dos foros de Manila: The Philippine International Forum, patrocinado por expatriados en Filipinas, y el Forum on Mindanao, patrocinado por la Comisión de Justicia y Paz de los Superiores mayores religiosos de Filipinas. Posteriormente se dio también en San Francisco, California, Estados Unidos, en la primera semana de agosto, sobre la base de la Mindanao Crisis Coalition.

Ronald LaFramboise, o.m.i.

Tadabbar: Mente y corazón abiertos

Síntesis del encuentro oblato sobre relaciones cristiano-musulmanas,
Centro de espiritualidad oblata,Tamontaka, 3-5 de abril de 2000

P. Federico Labaglay, o.m.i.
- Del boletín OMI de Filipinas, vol. X. nº 6, marzo-abril 2000 -

Tadabbar, el título, en árabe es una actitud de apertura de mente y corazón, una disposición esencial en la comprensión y en vivir las relaciones entre cristianos y musulmanes. Con este espíritu, nos hemos reunido 58 oblatos de Filipinas para compartir experiencias, puntos de vista, y ver nuestro camino en la situación actual de Mindanao, Sulú y Tawi Tawi, marcada por dificultades y dramas. Estamos especialmente agradecidos con nuestros oblatos mayores, a cuya inspiración e iniciativa atribuimos este especial encuentro.

Tal vez en coincidencia, pero también oportunamente, el consejo general, en febrero de 2000, invitaba a toda la Congregación a dedicar un tiempo especial para la reflexión y renovación, respondiendo al deseo del Capítulo general de 1998: “Tomemos tiempo... para evaluar y discernir... a la luz de nuestro carisma... si nuestra evangelización es siempre en concordancia con la realidad del mundo y la llamada de Dios...” (cf. Actas, nº19). Nuestro encuentro, por tanto, responde de algún modo a esta invitación...

Camino que hemos seguido...

En nuestro recorrido, hemos pasado por tres momentos a los que hemos llamado Experiencia, Tendencias, llamadas y desafíos. Evocamos nuestra historia personal de relaciones con musulmanes e indígenas, nuestros sentimientos y los de nuestra gente en una situación que se agrava, nuestra interpretación y puntos de vista en los acontecimientos actuales, y las llamadas y desafíos que se nos hacen a nosotros oblatos misioneros.

Ha sido éste para muchos de nosotros un momento de purificación, dada nuestra exasperación e impotencia afrontando o dejando de afrontar la situación durante muchos años. Nos ha permitido también intercambiar ideas con libertad, que contribuyan y nos lleven a una acción de colaboración más concreta, o incluso a mantener “lo mejor de nuestras prácticas” actuales en este campo del ministerio. Lo fundamental, parece, es que hemos vislumbrado destellos de esperanza que nos van a acompañar en este sector cada vez más difícil y complejo de nuestra vida y misión. Destellos de esperanza que encontrarán también, esperamos, los que viven y trabajan con nosotros.

Experiencia: Nuestras impresiones

El estado actual de las relaciones cristiano-musulmanas y de las condiciones predominantes en las comunidades, particularmente en los sectores en conflicto de Mindanao, despierta en nosotros y en nuestra gente sentimientos de impotencia, desesperación, ansiedad, miedo, confusión, enojo, tristeza, pasividad, indiferencia, desconfianza, frustración, inseguridad, y prejuicio, entre otros. Tales sentimientos podrían llevar a muchas reacciones, pero en nosotros predomina, entre todos, un sentimiento fuerte de esperanza, manifestado en nuestro deseo de encontrarnos para compartir experiencias, impresiones, y modo de ver las cosas. Esta esperanza es también alentada por el valiente testimonio, a veces desapercibido, de personas, parejas, familias y grupos que están dispuestos al diálogo con gente de credos y tribus diferentes.

La Situación

Violencia es lo que mejor describe las circunstancias de nuestras comunidades. Toma muchas formas: la anarquía y criminalidad, el aumento de hostilidades entre gobierno y grupos armados, el desplazamiento de comunidades, la intolerancia religiosa, entre otras.

Cuando tratamos de descubrir orígenes posibles de esta situación de violencia, encontramos, entre otros, los siguientes: la miseria, el resurgir de grupos extremistas y fanáticos, el desposeimiento de tierras a los indígenas y otros problemas sin resolver en este campo que giran en torno a cuestiones de derecho legal e histórico, la evolución del liderazgo con razones discutibles, la toma de armas por los grupos políticos, el resurgir mundial del islam y la posible instigación por parte de “terceros” no identificados...

Así mismo, la situación se ha agravado por las ocasiones perdidas no sólo por soborno y corrupción de nuestros dirigentes locales y nacionales, sino también por su incapacidad y falta total de credibilidad y liderazgo. Falta un gobierno efectivo, particularmente en los sectores musulmanes. Los pilares básicos de la sociedad son prácticamente inexistentes como, por ejemplo, la ausencia de un sistema judicial en Sulú. Hemos visto también el peligro de la “exaltación religiosa” presentando el conflicto como originado fundamentalmente por la religión.

Los diferentes partidos y sectores implicados han tratado de resolver este problema. Verbalmente, al menos, nuestros dirigentes nacionales han hablado de un planteamiento de guerra total, en vista del fracaso de las anteriores campañas puramente militares. Este planteamiento va con un proceso de paz, actualmente entre el gobierno y los líderes del MILF (Frente islámico moro de liberación), cuya línea dura de secesión, autodeterminación, y concepto de límites territoriales, hemos de encontrar modo de comprender plenamente. Incluso en este caso, cuestionamos la sinceridad y credibilidad de los implicados en discursos, ya que la violencia no disminuye.

Instituciones tanto de gobierno como no gubernamentales siguen arriesgando en estos sectores, dando competencias a funcionarios del gobierno local, emprendiendo iniciativas para la paz y creando condiciones socio-económicas a través de proyectos. Sin embargo, sus esfuerzos parecen valorados en exceso e incluso a veces son anulados por la violencia en sus diferentes formas.

En todo esto, los que más sufren son la gente sencilla, los musulmanes, los indígenas y los cristianos, cuya voz y aspiraciones pueden haberse perdido en la retórica de sus líderes. Ellos siguen siendo las víctimas y son utilizados inconscientemente para otros intereses. Pero, ¿hay alguna vez algún “poder” que les haya preguntado: ¿Qué desean realmente? ¿Cuál es su postura en asuntos como secesión, autonomía, estado islámico, dominio ancestral?

Tendencias: Respondiendo como seres humanos, como cristianos, y como oblatos

  • ¿Cuál es la actitud fundamental cristiana hacia la gente de otros credos?
  • ¿Hasta qué punto reconocemos nuestras faltas y fracasos de perdón y reconciliación en nuestra red de relaciones con la gente de otros credos?
  • ¿Cómo podemos llegar a comprender la manera como los musulmanes perciben sus relaciones con la gente de otros credos?
  • ¿Cómo deberíamos responder como oblatos a este problema general y a casos específicos de violencia implicando especialmente a la gente que conocemos, a la gente con la que trabajamos en nuestros sectores de ministerio?
  • ¿Cómo podemos levantarnos y hablar claro, cuando es necesario, para oponernos a una “cultura” de silencio frente a las amenazas?
  • Cuando se nos amenaza a nosotros, ¿cómo mantener un equilibrio entre prudencia, indiferencia, y confianza en Dios y en la gente? ¿Quién hablará por nosotros, sin ahogar opiniones e iniciativas sinceras de oblatos individualmente?
  • ¿Qué mecanismos han de establecerse para poner en práctica nuestras bellas palabras y estar preparados razonablemente para cualquier eventualidad?
  • ¿Cómo podemos comprometernos a proseguir conversaciones e intercambios para lograr un equilibrio, incluso entre nosotros, sobre problemas que siguen siendo discutibles y están por resolver?

Hacemos hoy estas preguntas e invitamos a nuestros dirigentes oblatos a indicar caminos en busca de respuestas.

Nuestro compromiso misionero nos lleva a vivir y a trabajar en comunidades con cristianos, musulmanes e indígenas. No los abandonaremos especialmente cuando las cosas van de mal en peor. No podemos sino establecer buenas relaciones con todos ellos. Necesitaremos entrar realmente en la vida de toda nuestra gente y, especialmente, como oblatos misioneros, entre los musulmanes y los indígenas. Necesitamos estudiar su religión, su cultura, su lengua y su comprensión del mundo lo mejor posible, para comprenderlos y vivir y trabajar con ellos. Debemos escucharles, a ellos y a sus representantes para conocer su pensamiento sobre los problemas que nos atormentan a todos, y entonces, si es posible, dialogar y compartir con ellos. Pero debemos responder a este compromiso conscientes de nuestra fe cristiana y del carisma oblato.

Ésta es nuestra oportunidad para repensar y reajustar nuestras estrategias misioneras con respecto al ministerio con y entre musulmanes e indígenas.

Iniciativas concretas

Desalentados por la incapacidad e indiferencia de algunos líderes, e inspirados por el testimonio de simples musulmanes, cristianos e indígenas, viviendo en armonía y diálogo, queremos adoptar una estrategia de paz construyendo “desde abajo”.

Nuestras escuelas, medios de comunicación e instituciones humanitarias, particularmente al servicio de comunidades de musulmanes, indígenas y cristianos, ofrecen lugares importantes e influyentes para apoyo y educación en la paz. Así también las comunidades eclesiales de base, las comunidades humanas de base y otras instituciones que pueden explorar el concepto de “zona de paz”. Queremos promover un proceso de paz en el ámbito de la base, donde diferencias y conflictos están más efectivamente asentados, y donde se aprecian auténticamente las verdaderas aspiraciones de la gente.

Hay ya otras iniciativas y actividades logradas en otros lugares que podemos siempre tratar de repetir en nuestros sectores. No podemos menos de intentar proyectos nuevos y creativos, aun más cuando los planteamientos tradicionales han resultado insuficientes ante las nuevas situaciones. Nuestro Fundador, san Eugenio de Mazenod, decía que “la caridad incluye todo; y en caso de necesidades nuevas, inventa medios nuevos, si es necesario”. Tales esfuerzos nuevos son también más efectivos cuando se hacen con grupos y personas de buena voluntad, con todos los que apuestan por la solución del problema.

Llamadas y desafíos : Prioridades

En la tercera etapa de nuestro recorrido, subrayamos algunas llamadas y desafíos que nos llegan de la situación presente en Mindanao. La primera llamada es la promoción y consolidación de una cultura de paz y no violencia en nuestros sectores de ministerio a través de las comunidades eclesiales de base y comunidades humanas de base, a través de nuestra red de escuelas, medios de comunicación, centros de paz, zonas de paz, y otras instituciones y campos similares.

La segunda llamada o desafío es reforzar el diálogo interreligioso en el ámbito de la base por un contacto positivo personal con las masas de musulmanes e indígenas y sus líderes, así como por el conocimiento de su cultura, su religión, su lenguaje y su lucha.

La tercera llamada prioritaria es lograr consenso entre nosotros oblatos con respecto a los problemas que nuestra gente y nosotros hemos de afrontar. Esto podemos hacerlo examinando nuestro estilo de vida, nuestra credibilidad y actitudes, tratando de ponernos de acuerdo sobre los problemas, creando mecanismos para dar a conocer nuestras posturas tras atento estudio y reflexión, y estableciendo estructuras para poder responder.

Otras llamadas
Además de estas prioridades, invitamos a nuestros dirigentes y a nosotros mismos, a trabajar por un gobierno bueno y responsable, por un desarrollo auténtico para mitigar la pobreza; a hablar claro contra el soborno y la corrupción; a educar a nuestra gente en la elección de líderes responsables y creíbles; a dar una respuesta cristiana a través de la oración, el ayuno, y la preocupación por el prójimo, saliendo al paso de ansiedades, miedos y confusiones.
Principios básicos

Al término de este encuentro, queremos afirmar estos principios básicos en nuestro ministerio entre cristianos, musulmanes, e indígenas:

  • Creemos que la paz es la preocupación de todos, y debe, por tanto, ser el esfuerzo de todos.
  • Creemos en la posibilidad de vivir con gente de diferentes tribus y credos en un espíritu de respeto mutuo, confianza y comprensión.
  • Creemos en el derecho de toda persona, a pesar de la religión o tribu, a sus libertades humanas más fundamentales, y hacemos un llamamiento a todos a respetar y a garantizar estas libertades.
  • Creemos en el principio de la no violencia, de ahí, en la solución pacífica de todo conflicto.
  • Creemos que el desarrollo humano auténtico crea las condiciones para la paz y la armonía, especialmente en comunidades que han sido privadas tanto tiempo de lo más indispensable.

Conclusión

El “Sueño” de Martin Luher King es una conclusión apropiada para nuestro encuentro. Es una invitación a la esperanza, algo como lo de -“reavivar una inmensa esperanza”- del consejo general oblato de 2000. Nuestra esperanza, en este momento de nuestra vida y ministerio, no puede ser tan inmensa, pero queremos creer que hasta una pequeña semilla de esperanza puede llegar a ser un árbol de paz. Invitamos a toda la gente de buena voluntad a rezar y actuar con nosotros reavivando esta esperanza compartida.

Sueño
que un día
todo valle se levantará,
toda colina y montaña
se abajarán,
lo escabroso
se igualará,
lo torcido
se enderezará,
Y la gloria del Señor
se revelará,
Y toda carne a una la verá
Ésta es nuestra esperanza.
Con esta fe,
podremos labrar
de la montaña de desesperación
una roca de esperanza.
Con esta fe,
podremos transformar
lo discordante de nuestra nación
en una bella sinfonía
de fraternidad.
Con esta fe,
podremos trabajar juntos
orar juntos,
luchar juntos,
ir a la cárcel juntos,
sabiendo
que un día seremos libres.

Cinco asuntos pendientes en Mindanao

por P. Eliseo Mercado, Jr., o.m.i.
Presidente, Universidad Notre Dame -- Cotabato, Filipinas

El primero es el problema de los desplazados .

Se dan cifras diferentes sobre su número exacto. Las ONGs hablan de 600.000 mientras que el gobierno de 350.000. Si lo último es cierto es un desastre, y si lo primero, una catástrofe. Los desplazados no son simplemente números estadísticos o “algo secundario” de la guerra en Mindanao. Tienen rostro humano, nombres y familia y, antes de la guerra en Mindanao, tenían casas y tierras que cultivar.

El problema de los desplazados es el mayor desafío para toda personas de buena voluntad durante este Año jubilar. Lo primero es “el regreso a la tierra”. Éste puede ser nuestro sueño y el comienzo de reconstrucción... Volver a la tierra, a la aldea, reconstruir sus hogares y ganarse el pan. ¡ Espacio a la paz!

El segundo es el proceso de paz en el sur de Filipinas.

Es trágico hablar de proceso de paz en medio de una política de guerra total adoptada por el gobierno a partir del 28 de abril de 2000, y la respuesta del Frente de Liberación Islámico Moro (MILF) después que las Fuerzas armadas de Filipinas (AFP) tomaran el Campo Abubakar en la segunda semana de julio. Lo que era entonces estrategia del gobierno de “reducir la capacidad del Frente ” a través de una acción militar limitada, se convirtió en una pesadilla. La ofensiva del Gobierno de la República de Filipinas (GRP) contra el Frente ha causado más desplazamientos, mayor polarización en la sociedad “confesional” de Mindanao, un desastre económico y casi la pérdida total de la fe de la gente en el proceso de paz. ¡Difuminada quedó la esperanza y la confianza construidas durante años!

Ambas partes han establecido ahora condiciones para volver a las conversaciones de paz. Las tres condiciones del gobierno: a) renuncia al secesionismo, b) renuncia a los actos terroristas, y c) renuncia a la armas, han sido el mayor escollo en el proceso de paz ya que dichas condiciones suenan a rendición para el Frente. Por otra parte, el Frente, al ser incluidos sus líderes en la orden de detención por parte de la Policia Nacional Filipina (PNP), está insistiendo en mantener las conversaciones fuera de Filipinas.

Además, el Frente ha rechazado el así llamado “acuerdo global político” que el gobierno le ha ofrecido. El acuerdo provisional propuesto está en un callejón sin salida ya que Gobierno y Frente no están de acuerdo en la comprensión de la negociación y las conversaciones. El Gobierno insiste en que el Frente acepte la autonomía como la solución política al problema bangsamoro. Y el Frente acepta discutir la autonomía como una solución política al problema bangsamoro.

Creo personalmente que el Frente está abierto a la autonomía si se encuentra la justa fórmula de paz. El mero hecho de que el Frente ha entrado en un proceso de paz es un índice de flexibilidad. Pero el gobierno tiene que ofrecer un acuerdo político creativo e innovador que pueda servir como fórmula de paz. Lo que desea el Frente es vivir y trazar su destino según sus creencias. La libertad religiosa es una garantía constitucional que está incluso antes de los derechos políticos y civiles.

El eslogan del Frente “Estado islámico independiente y separado” es la expresión de un ideal. El simple hecho de que no está incluido entre los puntos de conversación demuestra su convencimiento de que no es alcanzable ni viable dentro de los parámetros de las realidades presentes. Es el reconocimiento de que ningún gobierno concederá la desmembración de su integridad territorial y/o la disminución de su soberanía. Lo que se está considerando con los paneles de paz es una fórmula por la que los ideales sean conciliables a través de una concesión o un reconocimiento de autonomía en los asuntos locales tanto en el gobierno como en la administración de la justicia que incluye, entre otras cosas, disposiciones pertinentes de la sharía.

Los últimos obstáculos para el proceso de paz son las órdenes de detención y los nueve millones de gratificación que el gobierno ha puesto por las cabezas de los líderes del Frente: cinco millones por el presidente Salamat Hashim; tres por el vicepresidente para asuntos militares Kagui Murad, y uno por el portavoz del Frente islámico, Eid Kabalu. Esta última medida del gobierno ha llevado a la suspensión indefinida, por parte del Frente, de las conversaciones de paz entre ambos.

El tercer asunto crucial es el desarrollo y la atribución de poderes.

La guerra en Mindanao ha exacerbado la dura realidad del subdesarrollo y la pobreza, especialmente después de la destrucción masiva y la casi parálisis económica a partir del 28 de abril de 2000. Incluso antes de la toma por parte del gobierno del Campo Abubakar en la primera semana de julio, el Presidente proyectaba y aprobaba un plan de recuperación y rehabilitación para Mindanao central. “El Consejo de coordinación para el desastre nacional dirigirá y supervisará, en el ámbito nacional, la realización del plan que el Ministerio de defensa pondrá en funcionamiento.” El secretario ejecutivo presidencial, Ronald Zamora, despachó el memorándum a todos los organismos de gobierno respectivos el 22 de junio de 2000.

Así, el 5 de julio, el Presidente promulgó el decreto nº 261 constituyendo el Consejo de coordinación para Mindanao (MCC). Dicho organismo está encargado de dirigir y facilitar la rehabilitación de Mindanao, especialmente en los sectores afectados por la guerra.

A esto siguió la promulgación, el 17 de julio, del decreto nº 267 constituyendo el Comité ejecutivo presidencial para ayuda y rehabilitación de Mindanao central.

Lo interesante es que estos tres superorganismos, cuya tarea es dirigir, supervisar y llevar a cabo la reconstrucción de Mindanao -especialmente los sectores afectados por la guerra- tienen prácticamente los mismos papeles y funciones. La gente se pregunta si estos organismos no representan la tan conocida lucha “encubierta” en los pasillos de poder...

Pero la tragedia en todo este lío de desarrollo, rehabilitación y reconstrucción es el hecho de que estos superorganismos fueron todos “cocinados” en la Región de la Capital sin ninguna consulta o participación real de la gente de Mindanao en general, y de las zonas afectadas en particular. Todo plan de desarrollo, especialmente la rehabilitación, pediría dar algún poder a la gente del lugar que es el elemento principal y concreto en la empresa.

Lo mismo que no puede haber “paz forzada”, no hay tampoco “desarrollo forzado”. Lo trágico es además la proliferación de tantos organismos “flotantes” rondando, como MEDCO, PARECO, RDC, SPDA, AARMM, y SPCPD. Lo que se necesita en medio de tanto organismo flotante de desarrollo es un guía para no perderse. Éste es un ejemplo clásico de un gobierno volviéndose loco tras la destrucción del lugar. ¡No hay perspectiva, enfoque, coherencia y... demasiados cocineros!

El cuarto punto pendiente es el gobierno y la responsabilidad

El gobierno nacional y local es el problema en la actual tragedia de Mindanao. Buen gobierno con visión y responsabilidad es tan difícil de conseguir en Mindanao como la paz y el desarrollo. Las entidades del gobierno local, particularmente en Mindanao central y meridional y la región autónoma de Mindanao musulmán son verdaderos “vasallos” del señor que reside en alguna parte a lo largo del río Pasig. Las exenciones para proyectos y las “inexplicables” asignaciones de ingresos están ligadas a votos “cautivos” durante las elecciones. Realizaciones en el servicio público y responsabilidad con los electores son cuestiones ajenas a las únicas relaciones de tipo patrón-cliente entre Malacanang (residencia del Presidente en Manila) y las entidades del gobierno local.

Muy a menudo la falta de cumplimiento o el fracaso en el gobierno se atribuyen a la falta de capacidad en las entidades locales de gobierno. Las soluciones ofrecidas a menudo son seminarios y talleres de “capacitación”. Sin embargo, el problema real en el gobierno es, tal vez, no la capacidad sino la estructura o sistema de gobierno que no es adaptado y sensible a la cultura y praxis tanto de gobernantes como de gobernados. El comportamiento de los gobernantes y gobernados corresponde a las relaciones fuertemente “semifeudales” y “semicoloniales” tipificadas en la estructura existente patrón-cliente. Tal gobierno tiene índices distintos que no se miden por la realización real sobre el terreno y la responsabilidad con la gente.

Cuando la gente pide “autonomía” o algún tipo de “autodeterminación”, apunta no sólo a la cuestión de capacitarlos a ellos para decidir y determinar sobre asuntos locales sino también a la cuestión de poner fin a lo que comúnmente se califica como la “Manila imperial”, que significa precisamente las relaciones patrón-cliente.

El quinto punto es la urgente necesidad de diálogo y una cultura de paz

. Mindanao se ha conocido siempre como la olla de fusión cultural. Mindanao es “bendita” por las comunidades culturales tan variadas popularmente conocidas como los Lumads que siguen viviendo en la meseta. Además de los Lumads están los trece “grupos” etnolingüísticos conocidos también como los Bangsamoro que, a través de los siglos, han luchado por vivir según sus particulares creencias. Así, desde el comienzo de la segunda década del siglo pasado, diferentes tribus cristianas y grupos de Luzón y Visayas se han establecido en Mindanao y con el tiempo llegaron a ser mayoría en casi todas las provincias y ciudades, excepto en las provincias de Basilan, Lanao del sur, Maguindanao, Sulú y Tawi Tawi y las ciudades de Marawi y Cotabato.

La diversidad de culturas, creencias religiosas y pueblos pide una constante “educación” en la tolerancia religiosa y cultural para todos. La guerra en Mindanao y los prejuicios y estereotipos religiosos y culturales continuos más que nunca, apuntan a la urgente necesidad de educar a la gente en el diálogo y la tolerancia. El fanatismo y los prejuicios siguen alimentando la hostilidad y animosidad entre musulmanes y cristianos. El aumento de la vigilancia y de una mentalidad de milicia establecida con el pretexto de CAFGU, especialmente entre la gente del campo, está vinculado a un tipo de fanatismo religioso que es también antimusulmán. (Nota: CAFGU son Unidades paramilitares del gobierno conocidas como “Unidades Geográficas de las Fuerzas Armadas de los Ciudadanos”.)

En un Mindanao pluralista, lo nuestro no es el camino de la guerra, sino el camino del diálogo y de los esfuerzos conscientes y concertados de todos para engendrar una cultura de paz.

DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación no oficial
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Introducción

A medida que esta década y este siglo se acercan a su fin, es cada vez más claro que un nuevo orden mundial está tomando forma. Al comienzo de esta década, vimos la caída del comunismo en Europa del este y, con esto, el fin de la Guerra Fría. Este acontecimiento ha puesto fin a la división bipolar del mundo en el plano político y, en este caso, a su división entre economías capitalistas y socialistas.

Lo que ha reemplazado al orden mundial de la Guerra Fría, que duró más de cuatro décadas, es lo que se llama hoy la globalización. Mientras que ésta está emergiendo como nuevo orden mundial, los perfiles que está dando al mundo y las direcciones que parece tomar, van siendo más claras para nosotros. Dados los efectos de este orden mundial sobre las personas concretas, incumbe a la Iglesia, a la que Cristo ha confiado el cuidado de todos, comprometerse, como lo hace en todas las culturas, con una doble finalidad: para afirmar lo que es noble y bueno en éste, y para confrontar sus deficiencias y defectos a la luz y fuerza del evangelio.

En esta conferencia, quiero explorar cuáles son los desafíos que la globalización lanza hoy a la misión de la Iglesia. Enorme tarea, por cierto, que no puede realizarse plenamente en una exposición de este género. Comenzaré presentando los desafíos mayores de la globalización, así como los recursos que la Iglesia tiene para aceptar estos desafíos en la presentación del mensaje de Jesús. Haré una breve descripción de la globalización, como se presenta al mundo hoy, y, después, una breve evaluación de sus aspectos negativos y positivos. Veremos, a continuación, la manera como la Iglesia, en su misión evangelizadora, debe y puede responder hoy a esos desafíos. Concluiré con algunas reflexiones sobre la globalización a la luz de la nueva evangelización y del gran Jubileo.

¿Qué es la globalización?

Hoy se hacen muchos esfuerzos para tratar de explicar lo que es la globalización. Es un fenómeno tan vasto que tratar de comprenderlo de modo exhaustivo puede llevar al fracaso. Permítanme comenzar con una imagen que puede ayudarnos a comprender la globalización en el nivel técnico y espiritual.

En julio se ha celebrado el 30º aniversario de uno de los acontecimientos más notables del siglo XX: el día en que un ser humano puso, por primera vez, el pie en otro cuerpo planetario, la luna. Fue para nosotros un acontecimiento con muchos significados. Pero una de las imágenes más poderosas que emergen de las aventuras del viaje espacial fue la de nuestro planeta tierra que podíamos, por primera vez, contemplar desde el espacio. Es hoy una imagen para todos familiar. Vista desde la nave espacial Apolo 8, la tierra aparecía como una esfera de zafiro, iluminada, en contraste con la oscuridad del espacio. Si se mira a esta gema, ni se ven líneas de división política, ni otras delimitaciones o barreras que marcan y a veces dividen a la comunidad humana. Al contrario, la imagen que percibimos desde el espacio es de una perfecta unidad.

Pienso que la globalización, en su sentido más positivo, es esta aspiración aquí en la tierra a la armonía y unidad vista desde el espacio. Entraña la esperanza y la promesa de una familia humana verdaderamente unida, aliada en profunda comunión. Una tal imagen debería inspirarnos en un proceso con potencial de unir a toda la humanidad de una manera sin precedente. La imagen de la tierra, vista desde la nave espacial Apolo 8, ofrece la base de una espiritualidad que puede llevarnos a aceptar los desafíos misioneros que nos lanza la globalización, una espiritualidad más adaptada a la visión que nos da una verdadera fe católica.

¿Qué es, pues, la globalización? De una manera sencilla, se puede decir que la globalización es como una extensión y comprensión simultánea del tiempo y el espacio. Por un lado, la globalización ha puesto en comunicación a gente y lugares alrededor del mundo de una manera hasta ahora desconocida por la humanidad. Por otro lado, estas conexiones han creado un conjunto de relaciones que pueden resultar hasta opresivas para la comunidad humana. El ordenador da una imagen de esta extensión y comprensión: internet y la red mundial (web) representan este estado de interconexión extensa del mundo; el chip informático, donde la información se comprime en un pequeñísimo espacio, nos da una imagen de lo que el mundo ha llegado a ser.

Las fuerzas ambivalentes de la expansión y comprensión crean una potente dinámica y revelan las profundas contradicciones internas en la globalización, a las cuales volveré en un momento. Para tratar de comprender cómo opera la globalización en nuestro universo actual, hablaré brevemente de la manera como ella implica cuatro dimensiones de nuestra vida: la tecnológica, económica, política y cultural.

1. Dimensión tecnológica

Los rápidos avances en la tecnología de la comunicación han hecho posible la globalización. El éxito del ordenador personal en los años 80 y la posibilidad de interconexiones ofrecidas por Internet en los 90, han creado una forma de comunicación que puede mover grandes cantidades de información de manera extremadamente rápida. Esto ha ampliado el campo y reducido el tiempo de comunicación de forma espectacular. Es esta posibilidad de poner en contacto a tanta gente e instituciones, y de hacer esta interacción rápida y relativamente fácil, la que está en la base de la globalización como nosotros la experimentamos. El flujo de información que hace posible esta nueva tecnología de las comunicaciones es la prueba. La información es más accesible y abundante para un número cada vez mayor de personas.

Por otra parte, la facilidad de trasladarse a grandes distancias ha supuesto a la vez la emigración de poblaciones deseosas de mejorar su situación económica y política, y el movimiento rápido de capitales y bienes de consumo. Por supuesto, estas emigraciones y movimientos no son nuevos. Pero ahora se están dando a un nivel desconocido hasta ahora.

2. Dimensión económica

La globalización se hace sentir particularmente en la dimensión económica de la vida humana. La transferencia rápida de información y de capitales permite acelerar e intensificar las transacciones comerciales. El orden económico que emerge de esta posibilidad es un capitalismo de mercado mundial a menudo llamado capitalismo neoliberal porque se parece mucho al capitalismo liberal de fines del siglo XIX. Es una forma de capitalismo cada vez menos controlado y regulado por instancias culturales o gubernamentales. Éste ha unido entre sí a más países como nunca antes había sido posible. Constituye, sin embargo, una de las mayores paradojas de la globalización. A pesar de su capacidad para mejorar la vida de todos, ha ampliado, por lo menos hasta ahora, el foso entre algunos grupos e individuos inmensamente ricos y un número cada vez mayor de gente prisionera de las dificultades económicas o incluso de la miseria. El informe de 1999 del programa de desarrollo de las Naciones Unidas indica que la diferencia entre ricos y pobres aumenta cada vez más en lugar de disminuir. Volveré sobre este punto. Así mismo, a pesar de su capacidad para unir a todos en esta nueva organización económica, ha unido sobre todo a los más privilegiados sea en los países ricos o en los países pobres.

3. Dimensión política

La consecuencia política de las tecnologías de comunicación y de transporte, las fuerzas poderosas del capitalismo mundial y las imágenes culturales que circulan e invaden la vida cotidiana es un estado-nación debilitado. Las comunicaciones saltan por encima de las fronteras nacionales. Una economía de mercado globalizada limita el control del gobierno, reduciendo la importancia y el poder del estado-nación. Por otra parte, los acuerdos económicos entre naciones han creado bloques que limitan la soberanía nacional: la Unión europea, la Zona de libre comercio del atlántico norte, y el Mercosur son todas organizaciones muy conocidas. Por último, el derrumbamiento del mundo bipolar de la Guerra Fría ha ido acompañado de un aumento de los conflictos en pequeña escala, que, hoy, la mayor parte del tiempo, se desarrollan dentro de los estados-naciones y no entre ellos. A causa de estas guerras, se asiste a una marejada de personas desplazadas y de refugiados nunca vista desde el final de la segunda guerra mundial.

Cuando el poder político se desplaza, el estado-nación no desaparecerá en seguida, pero sus poderes y funciones cambian. Somos también testigos de la importancia creciente de las organizaciones transnacionales no controladas por el estado como las organizaciones no gubernamentales en la esfera política. Especialmente importantes son las acreditadas por las Naciones Unidas.

4. Dimensión cultural

De esta red de interconexiones desarrollada gracias a las tecnologías de la comunicación, nació un tipo de cultura mundial. Esta cultura está marcada sobre todo por signos de consumo: comida, ropa y entretenimiento. Muchos de estos signos de consumo han tenido su origen -al menos inicialmente-, en Norteamérica: las hamburguesas de McDonal, la coca- cola, las camisetas, el calzado deportivo, la música rock, las videocintas y películas. Dado que son compañías o empresas públicas, pertenecen a inversionistas repartidos por todo el hemisferio y el mundo entero. Aunque estos signos culturales sean recibidos e interpretados diferentemente en el mundo, según las culturas, crean un lenguaje cultural común, en particular entre los jóvenes. Cuando la gama de los productos culturales y modos de vida es más vasta, ha surgido una especie de escepticismo con respecto a la capacidad de la inteligencia humana para captar la verdad. El espíritu posmoderno desconstruye, pero resiste la síntesis espiritual.

Paradójicamente, la diversidad posmoderna parece llevar a la uniformación de la cultura. Los poderes uniformantes de las formas económicas de la globalización dan la impresión de que no hay alternativa al capitalismo neoliberal. Esta economía de mercado, descrita por el papa Juan Pablo II, en su carta encíclica Centésimus Annus, -fundada en la propiedad privada, el mercado libre y la iniciativa económica individual, pero concebida de modo que la economía esté al servicio de la persona y no que la persona esté al servicio de la economía- ¿podrá emerger de este nuevo orden económico mundial? Los poderes uniformantes de la globalización cultural parecen estar echando abajo formas de arte, música e incluso el lenguaje en las culturas locales. Aunque el español sigue siendo la lengua que más se habla hoy en la Iglesia católica, el inglés se ha convertido en la lengua de la globalización.

Estas fuerzas que empujan a la uniformización son profundamente sentidas. Dada su amplitud, mucha gente se siente incapaz de controlarlas. Paralelamente algunos signos siguen indicando que su poder englobante podría ser menor de lo que hoy parece. El programa de desarrollo de las Naciones Unidas invita a una mayor regulación de la globalización económica, lo que muestra una toma de conciencia del problema, pero no aporta soluciones. Algunos estudios indican asimismo que signos de cultura globalizada pueden insinuarse en una cultura, sin por eso erradicar las expresiones culturales locales; a veces incluso, las intensifican. Se reconoce cada vez más que para comprender la globalización, no hay que contentarse con ver sus aspectos uniformantes. Es necesario más bien fijar nuestra mirada en el punto de intersección entre lo que es mundial y lo que es local. Pocas personas, con excepción de una pequeña elite dirigente y cultural, viven exlusivamente a nivel de la globalización. La mayoría de la gente siente el efecto cuando ésta entra en interacción con su medio ambiente local.

Una de las actitudes más extendidas relativas a la globalización es la resistencia por la reafirmación de la identidad local. Es esa una de las causas del crecimiento de los conflictos en el mundo de hoy. A veces, la identidad religiosa ha sido utilizada a fin de hacer aún más clara esta identidad y esta diferencia con respecto a los vecinos, lo que ha llevado a menudo a la violencia. En otros lugares, eso ha contribuido también a la renovación de lenguas y de costumbres. En los dos casos, lo que es local se vive más intensamente puesto que contrapuesto por la incursión de lo que es mundial.

Esta interacción entre lo que es mundial y lo que es local se combinó con la emigración de los pueblos (a la vez voluntaria y forzosa) para crear interacciones desiguales en el ámbito de su intensidad y de su extensión. Muchos países de América son desde hace tiempo multiculturales. Lo que es nuevo es la intensidad de la interacción entre las culturas. Estados Unidos y Canadá son hoy el segundo y tercer país más multiculturales en el mundo, después de Australia. Cabe añadir también que Estados Unidos ocupa el quinto lugar entre los países de habla hispana en el mundo.

El hecho del roce de unas culturas con otras ha supuesto una fragmentación cultural y nuevas formas de cultura. Digamos que las culturas han tomado siempre unas de otras. Pero lo que estamos viendo hoy, es una fragmentación cultural, sobre todo en ambiente urbano.

La conjunción de sentimientos de impotencia frente a la globalización, de resistencia a su invasión y de miedo de ver fragmentarse los valores culturales de base hace que, en el mundo, algunos grupos repliquen con lo que se llama a veces integrismo. El integrismo es una reafirmación de la identidad y de la autonomía por la selección de algunos aspectos antimodernistas y antimundialistas de la identidad local (y sobre todo religiosa) para hacer de ellas a la vez los pilares sobre los que está construida la identidad y el límite contra toda usurpación mundialista suplementaria. Si la globalización es responsable de una uniformización inaceptable, el mundo posmoderno podría utilizar fenómenos premodernos para proteger lo que es local. La libertad humana podría así encontrarse desconectada de la modernidad y un orden posmoderno auténticamente nuevo podría nacer del diálogo entre una cultura premoderna como el islam y la cultura posmoderna de la cristiandad secularizada

Una evaluación de la globalización

Después de haber dicho todo eso sobre la globalización, ¿cómo debemos evaluarla? Hay una tendencia, sobre todo en círculos religiosos, a centrarse en los aspectos negativos. Una gran parte de esta evaluación está justificada. Pero el hecho de centrarse exclusivamente en los aspectos negativos de la globalización impide percibir dos cosas importantes. En primer lugar, la globalización incluye aspectos positivos que deben reconocerse. En segundo lugar, no se puede condenar simplemente en bloque la globalización dado que todos los fenómenos culturales son ambiguos desde el punto de vista del evangelio, y no hay alternativa a la vista. No se puede ni pasar por alto la globalización ni librarse fácilmente de ella. Si la Iglesia quiere comprometerse en el mundo –como se había claramente subrayado que debía hacerlo en el concilio Vaticano II- no debemos así por las buenas eludir, ignorar o incluso condenar una fuerza tan considerable en el mundo de hoy. Por eso deseo examinar a la vez los resultados positivos y negativos de la globalización.

Aspectos positivos: la globalización como oportunidad

Desearía insistir aquí en dos aspectos positivos de la globalización. Representan ambos la oportunidad que ofrece la globalización. En primer lugar, la posibilidad de una mayor interconexión mundial. Gracias a las tecnologías de comunicación y de transporte de las que nos beneficiamos hoy, tenemos la posibilidad de llegar a ser verdaderamente una familia humana unida. Es primordial para una Iglesia que se dice católica. La posibilidad que se nos ofrece, es esta visión que se tiene de la tierra desde la nave especial Apolo 8. Como veremos, eso implica algunas cosas que el papa Juan Pablo II ha expresado repetidas veces en su llamamiento a una mayor solidaridad humana.

Eso nos permite abordar un segundo aspecto positivo de la globalización: el acceso a la información y la disminución de las distancias permitirían aumentar las posibilidades de desarrollo humano. Las tecnologías de comunicación, en esta nueva era mundial, han permitido defender los derechos humanos de manera efectiva. El movimiento contra la utilización de las minas antipersonales, por ejemplo, fue llevado enteramente por internet. Los reportajes televisados sobre el hambre y los sufrimientos provocados por la guerra han movilizado a la opinión pública y forzado a los gobiernos a reaccionar frente a estas tragedias humanas. En el campo de la medicina, la globalización lleva a campañas de erradicación total de algunas enfermedades. En otras palabras, el acceso a la información y la disminución de las distancias pueden mejorar la calidad de la vida humana de manera significativa.

Aspectos negativos: la globalización como ideología

Tres aspectos en particular han llamado la atención de los detractores de la globalización. En primer lugar, los valores que han llevado a menudo a la globalización económica y cultural: a saber, la búsqueda de la ganancia económica considerada como el objetivo humano supremo y la asimilación del ser humano a un consumidor. Si la sola ganancia -y más particularmente la ganancia a corto plazo- es reconocida como el valor organizador de un sistema económico, los seres humanos y las sociedades humanas están condenadas a sufrir.

Así mismo, valorar a los seres humanos esencialmente en función de lo que pueden consumir, es reducir, de forma inaceptable, la dignidad de la persona humana. Es causar afrenta al principio de base de la antropología teológica, a saber, que somos creados a imagen y semejanza de Dios. Definir a las personas sobre la base de lo que pueden comprar y consumir destruye nuestro sentido de la persona que revela su ser verdadero a través de la generosidad y el don de sí. Es verdad, por cierto, que estos fenómenos negativos no están ligados únicamente a la globalización. Han existido en todos los sistemas económicos desde la caída de Adán y Eva, pero su alcance los hace, en nuestros días, más poderosos.

El segundo aspecto negativo de la globalización es el foso cada vez más ancho entre ricos y pobres. La economía mundial promete a los que se someten a sus leyes, mejores condiciones de vida económica. Pero lo que muchos experimentan, es la exclusión o la explotación más que la participación en esta riqueza cada vez mayor. En respuesta, cada vez más voces están pidiendo una regulación de esta economía a fin de que la riqueza se reparta más equitativamente. El problema, naturalmente, es que no existe interlocutor político para la economía mundial, ni se quiere tampoco un gobierno mundial. En otros términos, las dinámicas económicas no pueden ser disociadas de los factores políticos y culturales. Miren, por ejemplo, las diferencias entre las economías posmarxistas de Polonia y de Hungría y la de Rusia. Las dos primeras se beneficiaban de un contexto cultural que permitía un cambio económico, lo que no era aparentemente el caso de Rusia.

El tercer aspecto negativo tiene relación con la fractura de las culturas y los modos de vida que las fuerzas uniformantes de la globalización llevan tras de sí. Parte de la dignidad humana radica en el derecho a la cultura, que es una manera auténtica pero distintiva de ser un ser humano. Es un punto sobre el cual el santo padre ha insistido siempre en sus viajes alrededor del mundo. Privar a los pueblos de su lengua y de su modo de vida, obligarlos a insertarse en otros esquemas de vida, es arrebatarles una de las dimensiones de base de su humanidad. Por otra parte, la respuesta integrista a la globalización cultural va acompañada a menudo de abusos y conflictos contra los derechos humanos.

Desafíos misioneros de la Iglesia en la era de la globalización

¿Qué significan las posibilidades y los desafíos de la globalización para la misión de la Iglesia hoy?

El santo padre ha hablado, por primera vez, de globalización con motivo de la Jornada mundial de la Paz en 1998. En su mensaje, reconocía la manera como el mundo cambiaba. En vista de los cambios políticos y sobre todo económicos, hizo una serie de preguntas sobre la integración y la justicia. A fin de crear una sociedad más justa y de favorecer la paz en el mundo, expuso dos principios: en primer lugar, tener un mayor sentido de la responsabilidad del bien común y, en segundo lugar, no perder nunca de vista a la persona humana que debe estar en el centro de todo proyecto social. En una palabra, dice el papa que aceptar el desafío consiste en asegurar una globalización de la solidaridad, una globalización sin marginación. A la luz de estas palabras del santo padre, propondría centrarnos en dos tareas que podrían definir la misión de la Iglesia en la era de la globalización y permitir identificar tres tipos de recursos que la Iglesia podría proponer para llevar a cabo estas dos tareas.

A. Dos tareas

1. Proclamación y defensa de la dignidad de la persona humana

En la base misma de una globalización justa y equitativa, está la dignidad de la persona humana, un tema al que el papa Juan Pablo II ha vuelto una y otra vez, desde su primera encíclica Redemptor hominis. Sin este punto de convergencia, todo proyecto de sociedad está condenado a extraviarse y a esclavizar más que a liberar. Debemos hacer de la proclamación de la verdad sobre la persona humana el centro de nuestra proclamación misionera en un universo globalizado. La redención que hemos recibido en Jesucristo manifiesta la manera como Dios ve y ama a cada ser humano.

2. Creación de una cultura de vida

Al estar tan influenciada nuestra actitud con respecto a la dignidad humana por los valores contenidos en la cultura de cada uno, la segunda tarea principal de una Iglesia es la conversión de la cultura. Según las palabras de la Exhortación apostólica Ecclesia in América, las culturas afectadas por la globalización deben ser guiadas por una visión moral de “la dignidad humana, de la solidaridad y de la subsidiariedad”(nº 55). Como explica la Exhortación apostólica, esta transformación impulsa a la vez a inculcar estos valores positivos en cada cultura y en interacción entre las naciones, así como a reducir de manera concomitante los efectos negativos de la globalización en los pobres y los débiles. La conversión globalizada de la cultura implica asimismo apoyar a las organizaciones internacionales que se esfuerzan por crear y sostener una cultura de vida.

Permítanme dar un ejemplo de una respuesta adecuada a un problema crucial en los países de América: la deuda externa. Para tratar de este problema central en la vida de la gente de nuestros países, dos estrategias son necesarias. Por una parte, debemos atenuar los efectos negativos de la deuda, que absorbe los recursos de un país y perjudica sobre todo a los pobres. Esfuerzos concertados son indispensables para que los países y los organismos acreedores reduzcan la deuda -o incluso la anulen totalmente en algunos casos. Aun cuando las instituciones financieras mundiales y los países más industrializados se esforzaron por admitir este problema, todos los esfuerzos fueron hasta ahora insuficientes. Por otra parte, sin embargo, debemos promover una cultura interna en cada nación deudora que pueda garantizar que los préstamos y las inversiones concedidas son utilizados para el bien común y para una verdadera promoción humana. Así, los elementos culturales que fomentan el amiguismo, la corrupción y el fraude deber ser eliminados en el interior mismo del país. Como cristianos, estamos llamados a trabajar en estas dos dimensiones.

B. Tres recursos

1. Catolicidad de la Iglesia en una era de globalización

Uno de los grandes recursos que aporta la Iglesia católica a la misión de la evangelización en la era de la globalización es su catolicidad. Entiendo aquí catolicidad en sus dos dimensiones teológicas: su expansión en el mundo entero y la plenitud de verdad que aporta a la familia humana.

Como Iglesia extendida por el mundo entero, la Iglesia católica es una institución transnacional que aporta recursos particulares a un mundo globalizado. En una época en que las instituciones transnacionales (como las Ongs) pueden prestar a la humanidad un servicio especial que no puede prestar ninguna nación, la Iglesia dispone de redes de comunicación que permiten crear solidaridad entre las naciones y en el seno de toda la comunidad humana. Como Iglesia, tenemos un desafío que aceptar: utilizar la red de que ya disponemos de manera aún más eficaz. Los institutos y las organizaciones misioneras tienen aquí un papel particular que desempeñar. La comunión entre las Iglesias locales debe ser la levadura de la solidaridad entre los pueblos.

El mensaje de fe predicado por la Iglesia ofrece una visión moral y espiritual para una sociedad justa y equitativa en una época de globalización. Las verdades que ha recibido de Cristo animan a la Iglesia a proclamar la dignidad de la persona humana, el carácter central de la persona humana para todo proyecto social, el llamamiento a la solidaridad entre todos los miembros de la familia humana, la presencia a la vez del bien y del mal en cada cultura, y la misión de reconciliación de Jesucristo para reunir todas las cosas sobre la tierra en una ofrenda a Dios (cf. Ef 1,10; Col 1,20).

Permítanme esbozar cómo veo la presentación de estas verdades. Una Iglesia realmente católica propone el mensaje de salvación a todos sin excepción y sin distinción; todos están invitados a la mesa del banquete del reino de Dios. La eficacia de esta propuesta se funda en nuestra conversión permanente, en un continuo “cambio de mentalidad” (metanoia), cambio provocado por el encuentro con Cristo en su cuerpo, la Iglesia. En esta conversión y comunión eclesial constantes, nuestra relación con los otros en Cristo se hace más profunda. La inculturación de la fe -la conversión de una sociedad y de una cultura provocada por la predicación de quién es Cristo en un lenguaje comprensible para la gente- comienza por identificar semina Verbi (las semillas del Verbo) presentes en toda cultura y, después, los elementos demoníacos igualmente presentes en todas las culturas. Este discernimiento aparece en la vida de los evangelizadores mismos, que son los testigos del poder de la gracia de Dios. Tales evangelizadores católicos deben estar en íntima conversación con Cristo y con aquellos a los que él ha puesto en su camino.

2. Llamamiento a una nueva evangelización

La nueva evangelización a la que nuestro santo padre ha invitado por primera vez durante una visita a Haití, toma en cuenta la manera como el mundo ha cambiado y se pregunta cómo el mensaje de salvación de Jesucristo puede ser comprendido por aquellos que, habiendo, en un momento determinado, aceptado la Biblia, la han dejado ahora deliberadamente de lado. Este rechazo consciente de la fe no está solamente presente en este nuevo areópago de los medios de comunicación y de la ciencia de los que habla el papa en su Encíclica Redemptoris missio. Lo está también en el punto de vista diferente de muchos hombres y mujeres de hoy, de grupos enteros que viven en un orden mundial en el que los antiguos puntos de referencia ya no permiten orientarse. Teniendo en cuenta los principios de la nueva evangelización, nuestra misión será más eficaz en un mundo globalizado: es bíblica, universal en su servicio a todos los pueblos; dialogal en su respeto a la libertad de conciencia; culturalmente adaptada transformando las sociedades, innovadora en su uso de los nuevos medios de comunicación, y de responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia.

La nueva evangelización presupone un diálogo a la vez ecuménico e interconfesional. Siendo Cristo y la Iglesia una sola cosa, la desunión eclesial es un escándalo que debilita la predicación del evangelio. Las economías, las sociedades, las culturas globalizadas sólo responderán a una Iglesia realmente unificada. Cuando, en el muevo milenio, las comunidades de fe lleguen a ser las principales modeladoras y levadura de la cultura, el diálogo interconfesional va a ser tanto más imperativo. Particularmente crucial es el diálogo entre el catolicismo y el islam, los dos en expansión. Las relaciones entre católicos y musulmanes determinarán la globalización más profundamente que cualquier acuerdo económico o político.

3. Celebración del gran Jubileo

La celebración del gran jubileo es un tercer recurso para la misión en un contexto de globalización. El jubileo es portador de mensajes esenciales para la misión. En primer lugar, expresa el carácter gratuito del amor de Dios que ha ofrecido a su Hijo para la salvación de nuestro mundo. En un mundo donde toda relación corre peligro de ser comercializada, donde los actos generosos y gratuitos son considerados como una pérdida eventual de ganancia, el mensaje de cómo Dios actúa gratuitamente para salvar al mundo nos lleva hacia un nuevo mundo más auténtico.

En segundo lugar, en la Biblia, jubileo significa condonación de la deuda y nuevo comienzo. Si la verdadera globalización es la integración y la participación, esta integración y participación deben hacerse posibles, con ese nuevo comienzo para los pobres. La Iglesia aporta sus recursos para mantener este sueño de nuevo comienzo en el que la justicia y la paz tengan más oportunidad de triunfar al fundarse las dos en el amor.

Conclusión

Para mantener esta actividad misionera, debemos tener una espiritualidad misionera que nos sostenga, nos nutra y nos guíe. Vuelvo aquí a la imagen de la tierra vista desde el espacio: nuestro mundo es, después de todo, muy pequeño en el cosmos. Es frágil. Sus barreras y divisiones son hechura humana, y los creyentes debemos ser los que perciben de dónde viene el mundo, y a dónde va.

El mundo en todas sus dimensiones viene de Dios. Es creación de Dios y lleva la impronta de su imagen. Tiene, pues, una dignidad, una bondad y belleza innegables, poco importa cuánto los pecados han desfigurado el rostro del mundo. El mundo partió para un viaje más allá de sus rupturas y divisiones, hacia una nueva armonía y comunión con Dios, un viaje al que las cartas de Pablo a los efesios y colosenses llaman reconciliación. En plena fractura que el mundo experimenta más vivamente a causa de la globalización, el mensaje de reconciliación de todas las cosas en Cristo es una verdad que nuestro mundo ansía escuchar.

Algunos decenios antes de que fuera común hablar de globalización, el papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II para revitalizar la misión de la Iglesia en el mundo. Lo convocó para que la Iglesia, como asamblea global, mundial y universal, fuera, más visiblemente, el sacramento de la unidad de la raza humana después que las divisiones nacionales, culturales y económicas nos han llevado a guerras y matanzas en la primera parte de este siglo. El llamamiento a una misión que sea realmente católica, es el verdadero llamamiento del Concilio. Por varias razones, el Concilio no ha sido recibido aún como un llamamiento de la Iglesia a cambiar el mundo. Se ha gastado mucha energía para cambiar a la Iglesia según varios esquemas, pero no la suficiente para cambiarnos a nosotros mismos con la ayuda de la Iglesia, a fin de poder cambiar el mundo.

Este cambio comienza con Jesucristo y termina en él. Él es el reino de Dios en persona. El mayor desafío dirigido a la misión de la iglesia en un nuevo orden mundial, sigue siendo lo que ha sido el mayor desafío de estos 2000 últimos años: ¿cómo superar los obstáculos que nos impiden ser discípulos y aceptar con corazón gozoso la libertad que Jesucristo, Salvador del mundo, quiere darnos? En toda situación, la gente puede temer esperar. Al ampliar esta conferencia a toda América, ustedes dan al mundo otra razón para esperar, y yo se lo agradezco.

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