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- 229 Septiembre 1999
- 228 mayo 1999
- 227 abril 1999
- 226 marzo 1999
- 225 febrero 1999
- 224 diciembre 1998
- 223 noviembre 1998
- 222 octubre 1998
- 221 mayo 1998
|
| "Tenemos un sueño.." |
| Documentación OMI
No. 235 -- Septiembre 2000 |
|
Los oblatos de Filipinas
reflexionan sobre el presentey sueñan con el futuro
|
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Presentación
En el pasado mes de agosto,
fuerzas de liberación musulmanas en Joló, Filipinas, liberaron
a otros rehenes después de un rescate de 1 millón de dólares
por persona. Hay aún otros 24, niños o esposas de los ya
liberados, que esperan con ansiedad destino. Podemos preguntarnos si este
dinero no va a servir para comprar armas y proseguir la lucha. Ronald
Zamora, secretario ejecutivo del presidente de Filipinas, Estrada, comentaba
en el International Herald Tribune (31 agost. 2000): Pagar rescate
tal vez no fue buena idea. Puede crearnos más problemas en el futuro.
La lucha de la guerrilla
por la autonomía en el sur de Filipinas lleva ya años. La
reciente acción militar de las fuerzas del gobierno contra el MILF
(Frente de liberación islámico moro) parece haber empeorado
la situación y creado un problema serio a los refugiados. A primeros
de abril, la Provincia oblata de Filipinas tuvo un encuentro especial
para reflexionar sobre las relaciones cristiano-musulmanas y la situación
actual. El primer documento de este número de Documentación
OMI presenta un informe del encuentro, publicado en el boletín
de la Provincia.
El segundo documento
de este número es un artículo del p. Eliseo Mercado en el
que trata de identificar cinco problemas más urgentes en Mindanao.
El documento se dio en dos foros de Manila: The Philippine International
Forum, patrocinado por expatriados en Filipinas, y el Forum on Mindanao,
patrocinado por la Comisión de Justicia y Paz de los Superiores
mayores religiosos de Filipinas. Posteriormente se dio también
en San Francisco, California, Estados Unidos, en la primera semana de
agosto, sobre la base de la Mindanao Crisis Coalition.
Ronald LaFramboise, o.m.i.
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Tadabbar:
Mente y corazón abiertos
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Síntesis del encuentro
oblato sobre relaciones cristiano-musulmanas,
Centro de espiritualidad oblata,Tamontaka, 3-5 de abril de 2000
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P. Federico Labaglay,
o.m.i.
- Del boletín OMI de Filipinas, vol. X. nº 6, marzo-abril
2000 -
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Tadabbar, el título, en árabe
es una actitud de apertura de mente y corazón, una disposición
esencial en la comprensión y en vivir las relaciones entre cristianos
y musulmanes. Con este espíritu, nos hemos reunido 58 oblatos de
Filipinas para compartir experiencias, puntos de vista, y ver nuestro
camino en la situación actual de Mindanao, Sulú y Tawi Tawi,
marcada por dificultades y dramas. Estamos especialmente agradecidos con
nuestros oblatos mayores, a cuya inspiración e iniciativa atribuimos
este especial encuentro.
Tal vez en coincidencia,
pero también oportunamente, el consejo general, en febrero de 2000,
invitaba a toda la Congregación a dedicar un tiempo especial
para la reflexión y renovación, respondiendo al deseo
del Capítulo general de 1998: Tomemos tiempo... para evaluar
y discernir... a la luz de nuestro carisma... si nuestra evangelización
es siempre en concordancia con la realidad del mundo y la llamada de Dios...
(cf. Actas, nº19). Nuestro encuentro, por tanto, responde
de algún modo a esta invitación...
|
| Camino
que hemos seguido... |
|
En nuestro recorrido, hemos pasado por tres
momentos a los que hemos llamado Experiencia, Tendencias, llamadas
y desafíos. Evocamos nuestra historia personal de relaciones
con musulmanes e indígenas, nuestros sentimientos y los de nuestra
gente en una situación que se agrava, nuestra interpretación
y puntos de vista en los acontecimientos actuales, y las llamadas y desafíos
que se nos hacen a nosotros oblatos misioneros.
Ha sido éste para
muchos de nosotros un momento de purificación, dada nuestra exasperación
e impotencia afrontando o dejando de afrontar la situación durante
muchos años. Nos ha permitido también intercambiar ideas
con libertad, que contribuyan y nos lleven a una acción de colaboración
más concreta, o incluso a mantener lo mejor de nuestras prácticas
actuales en este campo del ministerio. Lo fundamental, parece, es que
hemos vislumbrado destellos de esperanza que nos van a acompañar
en este sector cada vez más difícil y complejo de nuestra
vida y misión. Destellos de esperanza que encontrarán también,
esperamos, los que viven y trabajan con nosotros.
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|
Experiencia: Nuestras
impresiones
|
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El estado actual de las
relaciones cristiano-musulmanas y de las condiciones predominantes en
las comunidades, particularmente en los sectores en conflicto de Mindanao,
despierta en nosotros y en nuestra gente sentimientos de impotencia,
desesperación, ansiedad, miedo, confusión, enojo, tristeza,
pasividad, indiferencia, desconfianza, frustración, inseguridad,
y prejuicio, entre otros. Tales sentimientos podrían llevar
a muchas reacciones, pero en nosotros predomina, entre todos, un sentimiento
fuerte de esperanza, manifestado en nuestro deseo de encontrarnos
para compartir experiencias, impresiones, y modo de ver las cosas. Esta
esperanza es también alentada por el valiente testimonio, a veces
desapercibido, de personas, parejas, familias y grupos que están
dispuestos al diálogo con gente de credos y tribus diferentes.
|
| La Situación
|
|
Violencia es lo que
mejor describe las circunstancias de nuestras comunidades. Toma muchas
formas: la anarquía y criminalidad, el aumento de hostilidades
entre gobierno y grupos armados, el desplazamiento de comunidades, la
intolerancia religiosa, entre otras.
Cuando tratamos de descubrir
orígenes posibles de esta situación de violencia, encontramos,
entre otros, los siguientes: la miseria, el resurgir de grupos extremistas
y fanáticos, el desposeimiento de tierras a los indígenas
y otros problemas sin resolver en este campo que giran en torno a cuestiones
de derecho legal e histórico, la evolución del liderazgo
con razones discutibles, la toma de armas por los grupos políticos,
el resurgir mundial del islam y la posible instigación por parte
de terceros no identificados...
Así mismo, la situación
se ha agravado por las ocasiones perdidas no sólo por soborno y
corrupción de nuestros dirigentes locales y nacionales, sino también
por su incapacidad y falta total de credibilidad y liderazgo. Falta un
gobierno efectivo, particularmente en los sectores musulmanes. Los pilares
básicos de la sociedad son prácticamente inexistentes como,
por ejemplo, la ausencia de un sistema judicial en Sulú. Hemos
visto también el peligro de la exaltación religiosa
presentando el conflicto como originado fundamentalmente por la religión.
Los diferentes partidos
y sectores implicados han tratado de resolver este problema. Verbalmente,
al menos, nuestros dirigentes nacionales han hablado de un planteamiento
de guerra total, en vista del fracaso de las anteriores campañas
puramente militares. Este planteamiento va con un proceso de paz,
actualmente entre el gobierno y los líderes del MILF (Frente islámico
moro de liberación), cuya línea dura de secesión,
autodeterminación, y concepto de límites territoriales,
hemos de encontrar modo de comprender plenamente. Incluso en este caso,
cuestionamos la sinceridad y credibilidad de los implicados en discursos,
ya que la violencia no disminuye.
Instituciones tanto de gobierno
como no gubernamentales siguen arriesgando en estos sectores, dando competencias
a funcionarios del gobierno local, emprendiendo iniciativas para la paz
y creando condiciones socio-económicas a través de proyectos.
Sin embargo, sus esfuerzos parecen valorados en exceso e incluso a veces
son anulados por la violencia en sus diferentes formas.
En todo esto, los que más
sufren son la gente sencilla, los musulmanes, los indígenas y los
cristianos, cuya voz y aspiraciones pueden haberse perdido en la retórica
de sus líderes. Ellos siguen siendo las víctimas y son utilizados
inconscientemente para otros intereses. Pero, ¿hay alguna vez algún
poder que les haya preguntado: ¿Qué desean
realmente? ¿Cuál es su postura en asuntos como secesión,
autonomía, estado islámico, dominio ancestral?
|
|
Tendencias: Respondiendo
como seres humanos, como cristianos, y como oblatos
|
- ¿Cuál es la actitud fundamental
cristiana hacia la gente de otros credos?
- ¿Hasta qué punto reconocemos
nuestras faltas y fracasos de perdón y reconciliación
en nuestra red de relaciones con la gente de otros credos?
- ¿Cómo podemos llegar a
comprender la manera como los musulmanes perciben sus relaciones con
la gente de otros credos?
- ¿Cómo deberíamos
responder como oblatos a este problema general y a casos específicos
de violencia implicando especialmente a la gente que conocemos, a la
gente con la que trabajamos en nuestros sectores de ministerio?
- ¿Cómo podemos levantarnos
y hablar claro, cuando es necesario, para oponernos a una cultura
de silencio frente a las amenazas?
- Cuando se nos amenaza a nosotros, ¿cómo
mantener un equilibrio entre prudencia, indiferencia, y confianza en
Dios y en la gente? ¿Quién hablará por nosotros,
sin ahogar opiniones e iniciativas sinceras de oblatos individualmente?
- ¿Qué mecanismos han de
establecerse para poner en práctica nuestras bellas palabras
y estar preparados razonablemente para cualquier eventualidad?
- ¿Cómo podemos comprometernos
a proseguir conversaciones e intercambios para lograr un equilibrio,
incluso entre nosotros, sobre problemas que siguen siendo discutibles
y están por resolver?
Hacemos hoy estas preguntas
e invitamos a nuestros dirigentes oblatos a indicar caminos en busca de
respuestas.
Nuestro compromiso misionero
nos lleva a vivir y a trabajar en comunidades con cristianos, musulmanes
e indígenas. No los abandonaremos especialmente cuando las cosas
van de mal en peor. No podemos sino establecer buenas relaciones con todos
ellos. Necesitaremos entrar realmente en la vida de toda nuestra gente
y, especialmente, como oblatos misioneros, entre los musulmanes y los
indígenas. Necesitamos estudiar su religión, su cultura,
su lengua y su comprensión del mundo lo mejor posible, para comprenderlos
y vivir y trabajar con ellos. Debemos escucharles, a ellos y a sus representantes
para conocer su pensamiento sobre los problemas que nos atormentan a todos,
y entonces, si es posible, dialogar y compartir con ellos. Pero debemos
responder a este compromiso conscientes de nuestra fe cristiana y del
carisma oblato.
Ésta es nuestra oportunidad
para repensar y reajustar nuestras estrategias misioneras con respecto
al ministerio con y entre musulmanes e indígenas.
|
| Iniciativas concretas |
|
Desalentados por la incapacidad
e indiferencia de algunos líderes, e inspirados por el testimonio
de simples musulmanes, cristianos e indígenas, viviendo en armonía
y diálogo, queremos adoptar una estrategia de paz construyendo
desde abajo.
Nuestras escuelas, medios
de comunicación e instituciones humanitarias, particularmente al
servicio de comunidades de musulmanes, indígenas y cristianos,
ofrecen lugares importantes e influyentes para apoyo y educación
en la paz. Así también las comunidades eclesiales de base,
las comunidades humanas de base y otras instituciones que pueden explorar
el concepto de zona de paz. Queremos promover un proceso de
paz en el ámbito de la base, donde diferencias y conflictos están
más efectivamente asentados, y donde se aprecian auténticamente
las verdaderas aspiraciones de la gente.
Hay ya otras iniciativas
y actividades logradas en otros lugares que podemos siempre tratar de
repetir en nuestros sectores. No podemos menos de intentar proyectos nuevos
y creativos, aun más cuando los planteamientos tradicionales han
resultado insuficientes ante las nuevas situaciones. Nuestro Fundador,
san Eugenio de Mazenod, decía que la caridad incluye todo;
y en caso de necesidades nuevas, inventa medios nuevos, si es necesario.
Tales esfuerzos nuevos son también más efectivos cuando
se hacen con grupos y personas de buena voluntad, con todos los que apuestan
por la solución del problema.
|
| Llamadas y desafíos : Prioridades |
|
En la tercera etapa de nuestro
recorrido, subrayamos algunas llamadas y desafíos que nos llegan
de la situación presente en Mindanao. La primera llamada
es la promoción y consolidación de una cultura de paz
y no violencia en nuestros sectores de ministerio a través
de las comunidades eclesiales de base y comunidades humanas de base, a
través de nuestra red de escuelas, medios de comunicación,
centros de paz, zonas de paz, y otras instituciones y campos similares.
La segunda llamada o desafío
es reforzar el diálogo interreligioso en el ámbito de
la base por un contacto positivo personal con las masas de musulmanes
e indígenas y sus líderes, así como por el conocimiento
de su cultura, su religión, su lenguaje y su lucha.
La tercera llamada prioritaria
es lograr consenso entre nosotros oblatos con respecto a los problemas
que nuestra gente y nosotros hemos de afrontar. Esto podemos hacerlo
examinando nuestro estilo de vida, nuestra credibilidad y actitudes, tratando
de ponernos de acuerdo sobre los problemas, creando mecanismos para dar
a conocer nuestras posturas tras atento estudio y reflexión, y
estableciendo estructuras para poder responder.
|
| Otras llamadas |
| Además de estas prioridades, invitamos
a nuestros dirigentes y a nosotros mismos, a trabajar por un gobierno bueno
y responsable, por un desarrollo auténtico para mitigar la pobreza;
a hablar claro contra el soborno y la corrupción; a educar a nuestra
gente en la elección de líderes responsables y creíbles;
a dar una respuesta cristiana a través de la oración, el ayuno,
y la preocupación por el prójimo, saliendo al paso de ansiedades,
miedos y confusiones. |
| Principios
básicos |
|
Al término de este
encuentro, queremos afirmar estos principios básicos en nuestro
ministerio entre cristianos, musulmanes, e indígenas:
- Creemos que la paz es la preocupación
de todos, y debe, por tanto, ser el esfuerzo de todos.
- Creemos en la posibilidad de vivir con
gente de diferentes tribus y credos en un espíritu de respeto
mutuo, confianza y comprensión.
- Creemos en el derecho de toda persona,
a pesar de la religión o tribu, a sus libertades humanas más
fundamentales, y hacemos un llamamiento a todos a respetar y a garantizar
estas libertades.
- Creemos en el principio de la no violencia,
de ahí, en la solución pacífica de todo conflicto.
- Creemos que el desarrollo humano auténtico
crea las condiciones para la paz y la armonía, especialmente
en comunidades que han sido privadas tanto tiempo de lo más indispensable.
|
|
Conclusión
El Sueño
de Martin Luher King es una conclusión apropiada para nuestro encuentro.
Es una invitación a la esperanza, algo como lo de -reavivar
una inmensa esperanza- del consejo general oblato de 2000. Nuestra
esperanza, en este momento de nuestra vida y ministerio, no puede ser
tan inmensa, pero queremos creer que hasta una pequeña semilla
de esperanza puede llegar a ser un árbol de paz. Invitamos a toda
la gente de buena voluntad a rezar y actuar con nosotros reavivando esta
esperanza compartida.
Sueño
que un día
todo valle se levantará,
toda colina y montaña
se abajarán,
lo escabroso
se igualará,
lo torcido
se enderezará,
Y la gloria del Señor
se revelará,
Y toda carne a una la verá
Ésta es nuestra esperanza.
Con esta fe,
podremos labrar
de la montaña de desesperación
una roca de esperanza.
Con esta fe,
podremos transformar
lo discordante de nuestra nación
en una bella sinfonía
de fraternidad.
Con esta fe,
podremos trabajar juntos
orar juntos,
luchar juntos,
ir a la cárcel juntos,
sabiendo
que un día seremos libres.
|
|
Cinco
asuntos pendientes en Mindanao
|
|
por P. Eliseo Mercado,
Jr., o.m.i.
Presidente, Universidad Notre Dame -- Cotabato, Filipinas
|
| El primero
es el problema de los desplazados . |
|
Se dan cifras diferentes sobre
su número exacto. Las ONGs hablan de 600.000 mientras que el gobierno
de 350.000. Si lo último es cierto es un desastre, y si lo primero,
una catástrofe. Los desplazados no son simplemente números
estadísticos o algo secundario de la guerra en Mindanao.
Tienen rostro humano, nombres y familia y, antes de la guerra en Mindanao,
tenían casas y tierras que cultivar.
El problema de los desplazados
es el mayor desafío para toda personas de buena voluntad durante
este Año jubilar. Lo primero es el regreso a la tierra.
Éste puede ser nuestro sueño y el comienzo de reconstrucción...
Volver a la tierra, a la aldea, reconstruir sus hogares y ganarse el pan.
¡ Espacio a la paz!
|
| El segundo
es el proceso de paz en el sur de Filipinas. |
|
Es trágico hablar
de proceso de paz en medio de una política de guerra total adoptada
por el gobierno a partir del 28 de abril de 2000, y la respuesta del Frente
de Liberación Islámico Moro (MILF) después
que las Fuerzas armadas de Filipinas (AFP) tomaran el Campo Abubakar
en la segunda semana de julio. Lo que era entonces estrategia del gobierno
de reducir la capacidad del Frente a través de una
acción militar limitada, se convirtió en una pesadilla.
La ofensiva del Gobierno de la República de Filipinas (GRP)
contra el Frente ha causado más desplazamientos, mayor polarización
en la sociedad confesional de Mindanao, un desastre económico
y casi la pérdida total de la fe de la gente en el proceso de paz.
¡Difuminada quedó la esperanza y la confianza construidas
durante años!
Ambas partes han establecido
ahora condiciones para volver a las conversaciones de paz. Las tres condiciones
del gobierno: a) renuncia al secesionismo, b) renuncia a los actos terroristas,
y c) renuncia a la armas, han sido el mayor escollo en el proceso de paz
ya que dichas condiciones suenan a rendición para el Frente. Por
otra parte, el Frente, al ser incluidos sus líderes en la orden
de detención por parte de la Policia Nacional Filipina (PNP),
está insistiendo en mantener las conversaciones fuera de Filipinas.
Además, el Frente
ha rechazado el así llamado acuerdo global político
que el gobierno le ha ofrecido. El acuerdo provisional propuesto está
en un callejón sin salida ya que Gobierno y Frente no están
de acuerdo en la comprensión de la negociación y las conversaciones.
El Gobierno insiste en que el Frente acepte la autonomía
como la solución política al problema bangsamoro. Y el Frente
acepta discutir la autonomía como una solución política
al problema bangsamoro.
Creo personalmente que el
Frente está abierto a la autonomía si se encuentra la justa
fórmula de paz. El mero hecho de que el Frente ha entrado en un
proceso de paz es un índice de flexibilidad. Pero el gobierno tiene
que ofrecer un acuerdo político creativo e innovador que pueda
servir como fórmula de paz. Lo que desea el Frente es vivir y trazar
su destino según sus creencias. La libertad religiosa es una garantía
constitucional que está incluso antes de los derechos políticos
y civiles.
El eslogan del Frente Estado
islámico independiente y separado es la expresión
de un ideal. El simple hecho de que no está incluido entre los
puntos de conversación demuestra su convencimiento de que no es
alcanzable ni viable dentro de los parámetros de las realidades
presentes. Es el reconocimiento de que ningún gobierno concederá
la desmembración de su integridad territorial y/o la disminución
de su soberanía. Lo que se está considerando con los paneles
de paz es una fórmula por la que los ideales sean conciliables
a través de una concesión o un reconocimiento de autonomía
en los asuntos locales tanto en el gobierno como en la administración
de la justicia que incluye, entre otras cosas, disposiciones pertinentes
de la sharía.
Los últimos obstáculos
para el proceso de paz son las órdenes de detención y los
nueve millones de gratificación que el gobierno ha puesto por las
cabezas de los líderes del Frente: cinco millones por el presidente
Salamat Hashim; tres por el vicepresidente para asuntos militares Kagui
Murad, y uno por el portavoz del Frente islámico, Eid Kabalu. Esta
última medida del gobierno ha llevado a la suspensión indefinida,
por parte del Frente, de las conversaciones de paz entre ambos.
|
| El tercer
asunto crucial es el desarrollo y la atribución de poderes.
|
|
La guerra en Mindanao ha
exacerbado la dura realidad del subdesarrollo y la pobreza, especialmente
después de la destrucción masiva y la casi parálisis
económica a partir del 28 de abril de 2000. Incluso antes de la
toma por parte del gobierno del Campo Abubakar en la primera semana de
julio, el Presidente proyectaba y aprobaba un plan de recuperación
y rehabilitación para Mindanao central. El Consejo de
coordinación para el desastre nacional dirigirá y supervisará,
en el ámbito nacional, la realización del plan que el Ministerio
de defensa pondrá en funcionamiento. El secretario ejecutivo
presidencial, Ronald Zamora, despachó el memorándum a todos
los organismos de gobierno respectivos el 22 de junio de 2000.
Así, el 5 de julio,
el Presidente promulgó el decreto nº 261 constituyendo el
Consejo de coordinación para Mindanao (MCC). Dicho organismo
está encargado de dirigir y facilitar la rehabilitación
de Mindanao, especialmente en los sectores afectados por la guerra.
A esto siguió la
promulgación, el 17 de julio, del decreto nº 267 constituyendo
el Comité ejecutivo presidencial para ayuda y rehabilitación
de Mindanao central.
Lo interesante es que estos
tres superorganismos, cuya tarea es dirigir, supervisar y llevar a cabo
la reconstrucción de Mindanao -especialmente los sectores afectados
por la guerra- tienen prácticamente los mismos papeles y funciones.
La gente se pregunta si estos organismos no representan la tan conocida
lucha encubierta en los pasillos de poder...
Pero la tragedia en todo
este lío de desarrollo, rehabilitación y reconstrucción
es el hecho de que estos superorganismos fueron todos cocinados
en la Región de la Capital sin ninguna consulta o participación
real de la gente de Mindanao en general, y de las zonas afectadas en particular.
Todo plan de desarrollo, especialmente la rehabilitación, pediría
dar algún poder a la gente del lugar que es el elemento principal
y concreto en la empresa.
Lo mismo que no puede haber
paz forzada, no hay tampoco desarrollo forzado.
Lo trágico es además la proliferación de tantos organismos
flotantes rondando, como MEDCO, PARECO, RDC, SPDA, AARMM,
y SPCPD. Lo que se necesita en medio de tanto organismo flotante de desarrollo
es un guía para no perderse. Éste es un ejemplo clásico
de un gobierno volviéndose loco tras la destrucción del
lugar. ¡No hay perspectiva, enfoque, coherencia y... demasiados
cocineros!
|
| El cuarto
punto pendiente es el gobierno y la responsabilidad |
|
El gobierno nacional y local
es el problema en la actual tragedia de Mindanao. Buen gobierno con visión
y responsabilidad es tan difícil de conseguir en Mindanao como
la paz y el desarrollo. Las entidades del gobierno local, particularmente
en Mindanao central y meridional y la región autónoma de
Mindanao musulmán son verdaderos vasallos del señor
que reside en alguna parte a lo largo del río Pasig. Las exenciones
para proyectos y las inexplicables asignaciones de ingresos
están ligadas a votos cautivos durante las elecciones.
Realizaciones en el servicio público y responsabilidad con los
electores son cuestiones ajenas a las únicas relaciones de tipo
patrón-cliente entre Malacanang (residencia del Presidente en Manila)
y las entidades del gobierno local.
Muy a menudo la falta de
cumplimiento o el fracaso en el gobierno se atribuyen a la falta de capacidad
en las entidades locales de gobierno. Las soluciones ofrecidas a menudo
son seminarios y talleres de capacitación. Sin embargo,
el problema real en el gobierno es, tal vez, no la capacidad sino la estructura
o sistema de gobierno que no es adaptado y sensible a la cultura y praxis
tanto de gobernantes como de gobernados. El comportamiento de los gobernantes
y gobernados corresponde a las relaciones fuertemente semifeudales
y semicoloniales tipificadas en la estructura existente patrón-cliente.
Tal gobierno tiene índices distintos que no se miden por la realización
real sobre el terreno y la responsabilidad con la gente.
Cuando la gente pide autonomía
o algún tipo de autodeterminación, apunta no
sólo a la cuestión de capacitarlos a ellos para decidir
y determinar sobre asuntos locales sino también a la cuestión
de poner fin a lo que comúnmente se califica como la Manila
imperial, que significa precisamente las relaciones patrón-cliente.
|
| El quinto
punto es la urgente necesidad de diálogo y una cultura de
paz |
|
. Mindanao se ha conocido
siempre como la olla de fusión cultural. Mindanao es bendita
por las comunidades culturales tan variadas popularmente conocidas como
los Lumads que siguen viviendo en la meseta. Además de los Lumads
están los trece grupos etnolingüísticos
conocidos también como los Bangsamoro que, a través de los
siglos, han luchado por vivir según sus particulares creencias.
Así, desde el comienzo de la segunda década del siglo pasado,
diferentes tribus cristianas y grupos de Luzón y Visayas se han
establecido en Mindanao y con el tiempo llegaron a ser mayoría
en casi todas las provincias y ciudades, excepto en las provincias de
Basilan, Lanao del sur, Maguindanao, Sulú y Tawi Tawi y las ciudades
de Marawi y Cotabato.
La diversidad de culturas,
creencias religiosas y pueblos pide una constante educación
en la tolerancia religiosa y cultural para todos. La guerra en Mindanao
y los prejuicios y estereotipos religiosos y culturales continuos más
que nunca, apuntan a la urgente necesidad de educar a la gente en el diálogo
y la tolerancia. El fanatismo y los prejuicios siguen alimentando la hostilidad
y animosidad entre musulmanes y cristianos. El aumento de la vigilancia
y de una mentalidad de milicia establecida con el pretexto de CAFGU, especialmente
entre la gente del campo, está vinculado a un tipo de fanatismo
religioso que es también antimusulmán. (Nota: CAFGU son
Unidades paramilitares del gobierno conocidas como Unidades Geográficas
de las Fuerzas Armadas de los Ciudadanos.)
En un Mindanao pluralista,
lo nuestro no es el camino de la guerra, sino el camino del diálogo
y de los esfuerzos conscientes y concertados de todos para engendrar una
cultura de paz.
|
|
DOCUMENTACIÓN OMI es una publicación
no oficial
de la Administración general de los Misioneros Oblatos de María
Inmaculada
C.P. 9061, 00100 ROMA-AURELIO, Italia
Fax (39) 06 39 37 53 22 E-mail: information@omigen.org
|
|
Introducción
A medida que esta
década y este siglo se acercan a su fin, es cada vez más claro
que un nuevo orden mundial está tomando forma. Al comienzo de esta
década, vimos la caída del comunismo en Europa del este y, con
esto, el fin de la Guerra Fría. Este acontecimiento ha puesto fin a la
división bipolar del mundo en el plano político y, en este caso,
a su división entre economías capitalistas y socialistas.
Lo que ha reemplazado
al orden mundial de la Guerra Fría, que duró más de cuatro
décadas, es lo que se llama hoy la globalización. Mientras
que ésta está emergiendo como nuevo orden mundial, los perfiles
que está dando al mundo y las direcciones que parece tomar, van siendo
más claras para nosotros. Dados los efectos de este orden mundial sobre
las personas concretas, incumbe a la Iglesia, a la que Cristo ha confiado el
cuidado de todos, comprometerse, como lo hace en todas las culturas, con una
doble finalidad: para afirmar lo que es noble y bueno en éste, y para
confrontar sus deficiencias y defectos a la luz y fuerza del evangelio.
En esta conferencia,
quiero explorar cuáles son los desafíos que la
globalización lanza hoy a la misión de la Iglesia. Enorme tarea,
por cierto, que no puede realizarse plenamente en una exposición de este
género. Comenzaré presentando los desafíos mayores de la
globalización, así como los recursos que la Iglesia tiene para
aceptar estos desafíos en la presentación del mensaje de
Jesús. Haré una breve descripción de la
globalización, como se presenta al mundo hoy, y, después, una
breve evaluación de sus aspectos negativos y positivos. Veremos, a
continuación, la manera como la Iglesia, en su misión
evangelizadora, debe y puede responder hoy a esos desafíos.
Concluiré con algunas reflexiones sobre la globalización a la luz
de la nueva evangelización y del gran Jubileo.
¿Qué es la globalización?
Hoy se hacen muchos
esfuerzos para tratar de explicar lo que es la globalización. Es un
fenómeno tan vasto que tratar de comprenderlo de modo exhaustivo puede
llevar al fracaso. Permítanme comenzar con una imagen que puede
ayudarnos a comprender la globalización en el nivel técnico y
espiritual.
En julio se ha
celebrado el 30º aniversario de uno de los acontecimientos más
notables del siglo XX: el día en que un ser humano puso, por primera
vez, el pie en otro cuerpo planetario, la luna. Fue para nosotros un
acontecimiento con muchos significados. Pero una de las imágenes
más poderosas que emergen de las aventuras del viaje espacial fue la de
nuestro planeta tierra que podíamos, por primera vez, contemplar desde
el espacio. Es hoy una imagen para todos familiar. Vista desde la nave espacial
Apolo 8, la tierra aparecía como una esfera de zafiro, iluminada, en
contraste con la oscuridad del espacio. Si se mira a esta gema, ni se ven
líneas de división política, ni otras delimitaciones o
barreras que marcan y a veces dividen a la comunidad humana. Al contrario, la
imagen que percibimos desde el espacio es de una perfecta unidad.
Pienso que la
globalización, en su sentido más positivo, es esta
aspiración aquí en la tierra a la armonía y unidad vista
desde el espacio. Entraña la esperanza y la promesa de una familia
humana verdaderamente unida, aliada en profunda comunión. Una tal imagen
debería inspirarnos en un proceso con potencial de unir a toda la
humanidad de una manera sin precedente. La imagen de la tierra, vista desde la
nave espacial Apolo 8, ofrece la base de una espiritualidad que puede llevarnos
a aceptar los desafíos misioneros que nos lanza la globalización,
una espiritualidad más adaptada a la visión que nos da una
verdadera fe católica.
¿Qué
es, pues, la globalización? De una manera sencilla, se puede decir que
la globalización es como una extensión y comprensión
simultánea del tiempo y el espacio. Por un lado, la globalización
ha puesto en comunicación a gente y lugares alrededor del mundo de una
manera hasta ahora desconocida por la humanidad. Por otro lado, estas
conexiones han creado un conjunto de relaciones que pueden resultar hasta
opresivas para la comunidad humana. El ordenador da una imagen de esta
extensión y comprensión: internet y la red mundial (web)
representan este estado de interconexión extensa del mundo; el chip
informático, donde la información se comprime en un
pequeñísimo espacio, nos da una imagen de lo que el mundo ha
llegado a ser.
Las fuerzas
ambivalentes de la expansión y comprensión crean una potente
dinámica y revelan las profundas contradicciones internas en la
globalización, a las cuales volveré en un momento. Para tratar de
comprender cómo opera la globalización en nuestro universo
actual, hablaré brevemente de la manera como ella implica cuatro
dimensiones de nuestra vida: la tecnológica, económica,
política y cultural. |
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1.
Dimensión tecnológica
Los rápidos
avances en la tecnología de la comunicación han hecho posible la
globalización. El éxito del ordenador personal en los años
80 y la posibilidad de interconexiones ofrecidas por Internet en los 90, han
creado una forma de comunicación que puede mover grandes cantidades de
información de manera extremadamente rápida. Esto ha ampliado el
campo y reducido el tiempo de comunicación de forma espectacular. Es
esta posibilidad de poner en contacto a tanta gente e instituciones, y de hacer
esta interacción rápida y relativamente fácil, la que
está en la base de la globalización como nosotros la
experimentamos. El flujo de información que hace posible esta nueva
tecnología de las comunicaciones es la prueba. La información es
más accesible y abundante para un número cada vez mayor de
personas.
Por otra parte, la
facilidad de trasladarse a grandes distancias ha supuesto a la vez la
emigración de poblaciones deseosas de mejorar su situación
económica y política, y el movimiento rápido de capitales
y bienes de consumo. Por supuesto, estas emigraciones y movimientos no son
nuevos. Pero ahora se están dando a un nivel desconocido hasta ahora.
2.
Dimensión económica
La
globalización se hace sentir particularmente en la dimensión
económica de la vida humana. La transferencia rápida de
información y de capitales permite acelerar e intensificar las
transacciones comerciales. El orden económico que emerge de esta
posibilidad es un capitalismo de mercado mundial a menudo llamado capitalismo
neoliberal porque se parece mucho al capitalismo liberal de fines del siglo
XIX. Es una forma de capitalismo cada vez menos controlado y regulado por
instancias culturales o gubernamentales. Éste ha unido entre sí a
más países como nunca antes había sido posible.
Constituye, sin embargo, una de las mayores paradojas de la
globalización. A pesar de su capacidad para mejorar la vida de todos, ha
ampliado, por lo menos hasta ahora, el foso entre algunos grupos e individuos
inmensamente ricos y un número cada vez mayor de gente prisionera de las
dificultades económicas o incluso de la miseria. El informe de 1999 del
programa de desarrollo de las Naciones Unidas indica que la diferencia entre
ricos y pobres aumenta cada vez más en lugar de disminuir.
Volveré sobre este punto. Así mismo, a pesar de su capacidad para
unir a todos en esta nueva organización económica, ha unido sobre
todo a los más privilegiados sea en los países ricos o en los
países pobres. |
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3. Dimensión
política
La consecuencia
política de las tecnologías de comunicación y de
transporte, las fuerzas poderosas del capitalismo mundial y las imágenes
culturales que circulan e invaden la vida cotidiana es un estado-nación
debilitado. Las comunicaciones saltan por encima de las fronteras nacionales.
Una economía de mercado globalizada limita el control del gobierno,
reduciendo la importancia y el poder del estado-nación. Por otra parte,
los acuerdos económicos entre naciones han creado bloques que limitan la
soberanía nacional: la Unión europea, la Zona de libre comercio
del atlántico norte, y el Mercosur son todas organizaciones muy
conocidas. Por último, el derrumbamiento del mundo bipolar de la Guerra
Fría ha ido acompañado de un aumento de los conflictos en
pequeña escala, que, hoy, la mayor parte del tiempo, se desarrollan
dentro de los estados-naciones y no entre ellos. A causa de estas guerras, se
asiste a una marejada de personas desplazadas y de refugiados nunca vista desde
el final de la segunda guerra mundial.
Cuando el poder
político se desplaza, el estado-nación no desaparecerá en
seguida, pero sus poderes y funciones cambian. Somos también testigos de
la importancia creciente de las organizaciones transnacionales no controladas
por el estado como las organizaciones no gubernamentales en la esfera
política. Especialmente importantes son las acreditadas por las Naciones
Unidas.
4.
Dimensión cultural
De esta red de
interconexiones desarrollada gracias a las tecnologías de la
comunicación, nació un tipo de cultura mundial. Esta cultura
está marcada sobre todo por signos de consumo: comida, ropa y
entretenimiento. Muchos de estos signos de consumo han tenido su origen -al
menos inicialmente-, en Norteamérica: las hamburguesas de McDonal, la
coca- cola, las camisetas, el calzado deportivo, la música rock, las
videocintas y películas. Dado que son compañías o empresas
públicas, pertenecen a inversionistas repartidos por todo el hemisferio
y el mundo entero. Aunque estos signos culturales sean recibidos e
interpretados diferentemente en el mundo, según las culturas, crean un
lenguaje cultural común, en particular entre los jóvenes. Cuando
la gama de los productos culturales y modos de vida es más vasta, ha
surgido una especie de escepticismo con respecto a la capacidad de la
inteligencia humana para captar la verdad. El espíritu posmoderno
desconstruye, pero resiste la síntesis espiritual.
Paradójicamente, la diversidad posmoderna parece llevar a la
uniformación de la cultura. Los poderes uniformantes de las formas
económicas de la globalización dan la impresión de que no
hay alternativa al capitalismo neoliberal. Esta economía de mercado,
descrita por el papa Juan Pablo II, en su carta encíclica
Centésimus Annus, -fundada en la propiedad privada, el mercado
libre y la iniciativa económica individual, pero concebida de modo que
la economía esté al servicio de la persona y no que la persona
esté al servicio de la economía- ¿podrá emerger de
este nuevo orden económico mundial? Los poderes uniformantes de la
globalización cultural parecen estar echando abajo formas de arte,
música e incluso el lenguaje en las culturas locales. Aunque el
español sigue siendo la lengua que más se habla hoy en la Iglesia
católica, el inglés se ha convertido en la lengua de la
globalización.
Estas fuerzas que
empujan a la uniformización son profundamente sentidas. Dada su
amplitud, mucha gente se siente incapaz de controlarlas. Paralelamente algunos
signos siguen indicando que su poder englobante podría ser menor de lo
que hoy parece. El programa de desarrollo de las Naciones Unidas invita a una
mayor regulación de la globalización económica, lo que
muestra una toma de conciencia del problema, pero no aporta soluciones. Algunos
estudios indican asimismo que signos de cultura globalizada pueden insinuarse
en una cultura, sin por eso erradicar las expresiones culturales locales; a
veces incluso, las intensifican. Se reconoce cada vez más que para
comprender la globalización, no hay que contentarse con ver sus aspectos
uniformantes. Es necesario más bien fijar nuestra mirada en el punto de
intersección entre lo que es mundial y lo que es local. Pocas personas,
con excepción de una pequeña elite dirigente y cultural, viven
exlusivamente a nivel de la globalización. La mayoría de la gente
siente el efecto cuando ésta entra en interacción con su medio
ambiente local.
Una de las actitudes más
extendidas relativas a la globalización es la resistencia por la
reafirmación de la identidad local. Es esa una de las causas del
crecimiento de los conflictos en el mundo de hoy. A veces, la identidad
religiosa ha sido utilizada a fin de hacer aún más clara esta
identidad y esta diferencia con respecto a los vecinos, lo que ha llevado a
menudo a la violencia. En otros lugares, eso ha contribuido también a la
renovación de lenguas y de costumbres. En los dos casos, lo que es local
se vive más intensamente puesto que contrapuesto por la incursión
de lo que es mundial.
Esta
interacción entre lo que es mundial y lo que es local se combinó
con la emigración de los pueblos (a la vez voluntaria y forzosa) para
crear interacciones desiguales en el ámbito de su intensidad y de su
extensión. Muchos países de América son desde hace tiempo
multiculturales. Lo que es nuevo es la intensidad de la interacción
entre las culturas. Estados Unidos y Canadá son hoy el segundo y tercer
país más multiculturales en el mundo, después de
Australia. Cabe añadir también que Estados Unidos ocupa el quinto
lugar entre los países de habla hispana en el mundo.
El hecho del roce de
unas culturas con otras ha supuesto una fragmentación cultural y nuevas
formas de cultura. Digamos que las culturas han tomado siempre unas de otras.
Pero lo que estamos viendo hoy, es una fragmentación cultural, sobre
todo en ambiente urbano.
La conjunción
de sentimientos de impotencia frente a la globalización, de resistencia
a su invasión y de miedo de ver fragmentarse los valores culturales de
base hace que, en el mundo, algunos grupos repliquen con lo que se llama a
veces integrismo. El integrismo es una reafirmación de la identidad y de
la autonomía por la selección de algunos aspectos antimodernistas
y antimundialistas de la identidad local (y sobre todo religiosa) para hacer de
ellas a la vez los pilares sobre los que está construida la identidad y
el límite contra toda usurpación mundialista suplementaria. Si la
globalización es responsable de una uniformización inaceptable,
el mundo posmoderno podría utilizar fenómenos premodernos para
proteger lo que es local. La libertad humana podría así
encontrarse desconectada de la modernidad y un orden posmoderno
auténticamente nuevo podría nacer del diálogo entre una
cultura premoderna como el islam y la cultura posmoderna de la cristiandad
secularizada |
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Una
evaluación de la globalización
Después de
haber dicho todo eso sobre la globalización, ¿cómo debemos
evaluarla? Hay una tendencia, sobre todo en círculos religiosos, a
centrarse en los aspectos negativos. Una gran parte de esta evaluación
está justificada. Pero el hecho de centrarse exclusivamente en los
aspectos negativos de la globalización impide percibir dos cosas
importantes. En primer lugar, la globalización incluye aspectos
positivos que deben reconocerse. En segundo lugar, no se puede condenar
simplemente en bloque la globalización dado que todos los
fenómenos culturales son ambiguos desde el punto de vista del evangelio,
y no hay alternativa a la vista. No se puede ni pasar por alto la
globalización ni librarse fácilmente de ella. Si la Iglesia
quiere comprometerse en el mundo como se había claramente
subrayado que debía hacerlo en el concilio Vaticano II- no debemos
así por las buenas eludir, ignorar o incluso condenar una fuerza tan
considerable en el mundo de hoy. Por eso deseo examinar a la vez los resultados
positivos y negativos de la globalización.
Aspectos positivos: la globalización como oportunidad
Desearía
insistir aquí en dos aspectos positivos de la globalización.
Representan ambos la oportunidad que ofrece la globalización. En primer
lugar, la posibilidad de una mayor interconexión mundial. Gracias a las
tecnologías de comunicación y de transporte de las que nos
beneficiamos hoy, tenemos la posibilidad de llegar a ser verdaderamente una
familia humana unida. Es primordial para una Iglesia que se dice
católica. La posibilidad que se nos ofrece, es esta visión que se
tiene de la tierra desde la nave especial Apolo 8. Como veremos, eso implica
algunas cosas que el papa Juan Pablo II ha expresado repetidas veces en su
llamamiento a una mayor solidaridad humana.
Eso nos permite
abordar un segundo aspecto positivo de la globalización: el acceso a la
información y la disminución de las distancias permitirían
aumentar las posibilidades de desarrollo humano. Las tecnologías de
comunicación, en esta nueva era mundial, han permitido defender los
derechos humanos de manera efectiva. El movimiento contra la utilización
de las minas antipersonales, por ejemplo, fue llevado enteramente por internet.
Los reportajes televisados sobre el hambre y los sufrimientos provocados por la
guerra han movilizado a la opinión pública y forzado a los
gobiernos a reaccionar frente a estas tragedias humanas. En el campo de la
medicina, la globalización lleva a campañas de
erradicación total de algunas enfermedades. En otras palabras, el acceso
a la información y la disminución de las distancias pueden
mejorar la calidad de la vida humana de manera significativa.
Aspectos negativos: la globalización como
ideología
Tres aspectos en
particular han llamado la atención de los detractores de la
globalización. En primer lugar, los valores que han llevado a menudo a
la globalización económica y cultural: a saber, la
búsqueda de la ganancia económica considerada como el objetivo
humano supremo y la asimilación del ser humano a un consumidor. Si la
sola ganancia -y más particularmente la ganancia a corto plazo- es
reconocida como el valor organizador de un sistema económico, los seres
humanos y las sociedades humanas están condenadas a sufrir.
Así mismo,
valorar a los seres humanos esencialmente en función de lo que pueden
consumir, es reducir, de forma inaceptable, la dignidad de la persona humana.
Es causar afrenta al principio de base de la antropología
teológica, a saber, que somos creados a imagen y semejanza de Dios.
Definir a las personas sobre la base de lo que pueden comprar y consumir
destruye nuestro sentido de la persona que revela su ser verdadero a
través de la generosidad y el don de sí. Es verdad, por cierto,
que estos fenómenos negativos no están ligados únicamente
a la globalización. Han existido en todos los sistemas económicos
desde la caída de Adán y Eva, pero su alcance los hace, en
nuestros días, más poderosos.
El segundo aspecto
negativo de la globalización es el foso cada vez más ancho entre
ricos y pobres. La economía mundial promete a los que se someten a sus
leyes, mejores condiciones de vida económica. Pero lo que muchos
experimentan, es la exclusión o la explotación más que la
participación en esta riqueza cada vez mayor. En respuesta, cada vez
más voces están pidiendo una regulación de esta
economía a fin de que la riqueza se reparta más equitativamente.
El problema, naturalmente, es que no existe interlocutor político para
la economía mundial, ni se quiere tampoco un gobierno mundial. En otros
términos, las dinámicas económicas no pueden ser
disociadas de los factores políticos y culturales. Miren, por ejemplo,
las diferencias entre las economías posmarxistas de Polonia y de
Hungría y la de Rusia. Las dos primeras se beneficiaban de un contexto
cultural que permitía un cambio económico, lo que no era
aparentemente el caso de Rusia.
El tercer aspecto
negativo tiene relación con la fractura de las culturas y los modos de
vida que las fuerzas uniformantes de la globalización llevan tras de
sí. Parte de la dignidad humana radica en el derecho a la cultura, que
es una manera auténtica pero distintiva de ser un ser humano. Es un
punto sobre el cual el santo padre ha insistido siempre en sus viajes alrededor
del mundo. Privar a los pueblos de su lengua y de su modo de vida, obligarlos a
insertarse en otros esquemas de vida, es arrebatarles una de las dimensiones de
base de su humanidad. Por otra parte, la respuesta integrista a la
globalización cultural va acompañada a menudo de abusos y
conflictos contra los derechos humanos. |
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Desafíos misioneros de la Iglesia en la era de la
globalización
¿Qué
significan las posibilidades y los desafíos de la globalización
para la misión de la Iglesia hoy?
El santo padre ha
hablado, por primera vez, de globalización con motivo de la Jornada
mundial de la Paz en 1998. En su mensaje, reconocía la manera como el
mundo cambiaba. En vista de los cambios políticos y sobre todo
económicos, hizo una serie de preguntas sobre la integración y la
justicia. A fin de crear una sociedad más justa y de favorecer la paz en
el mundo, expuso dos principios: en primer lugar, tener un mayor sentido de la
responsabilidad del bien común y, en segundo lugar, no perder nunca de
vista a la persona humana que debe estar en el centro de todo proyecto social.
En una palabra, dice el papa que aceptar el desafío consiste en asegurar
una globalización de la solidaridad, una globalización sin
marginación. A la luz de estas palabras del santo padre,
propondría centrarnos en dos tareas que podrían definir la
misión de la Iglesia en la era de la globalización y permitir
identificar tres tipos de recursos que la Iglesia podría proponer para
llevar a cabo estas dos tareas.
A.
Dos tareas
1.
Proclamación y defensa de la dignidad de la persona
humana
En la base misma de
una globalización justa y equitativa, está la dignidad de la
persona humana, un tema al que el papa Juan Pablo II ha vuelto una y otra vez,
desde su primera encíclica Redemptor hominis. Sin este punto de
convergencia, todo proyecto de sociedad está condenado a extraviarse y a
esclavizar más que a liberar. Debemos hacer de la proclamación de
la verdad sobre la persona humana el centro de nuestra proclamación
misionera en un universo globalizado. La redención que hemos recibido en
Jesucristo manifiesta la manera como Dios ve y ama a cada ser humano.
2.
Creación de una cultura de vida
Al estar tan
influenciada nuestra actitud con respecto a la dignidad humana por los valores
contenidos en la cultura de cada uno, la segunda tarea principal de una Iglesia
es la conversión de la cultura. Según las palabras de la
Exhortación apostólica Ecclesia in América, las
culturas afectadas por la globalización deben ser guiadas por una
visión moral de la dignidad humana, de la solidaridad y de la
subsidiariedad(nº 55). Como explica la Exhortación
apostólica, esta transformación impulsa a la vez a inculcar estos
valores positivos en cada cultura y en interacción entre las naciones,
así como a reducir de manera concomitante los efectos negativos de la
globalización en los pobres y los débiles. La conversión
globalizada de la cultura implica asimismo apoyar a las organizaciones
internacionales que se esfuerzan por crear y sostener una cultura de vida.
Permítanme dar
un ejemplo de una respuesta adecuada a un problema crucial en los países
de América: la deuda externa. Para tratar de este problema central en la
vida de la gente de nuestros países, dos estrategias son necesarias. Por
una parte, debemos atenuar los efectos negativos de la deuda, que absorbe los
recursos de un país y perjudica sobre todo a los pobres. Esfuerzos
concertados son indispensables para que los países y los organismos
acreedores reduzcan la deuda -o incluso la anulen totalmente en algunos casos.
Aun cuando las instituciones financieras mundiales y los países
más industrializados se esforzaron por admitir este problema, todos los
esfuerzos fueron hasta ahora insuficientes. Por otra parte, sin embargo,
debemos promover una cultura interna en cada nación deudora que pueda
garantizar que los préstamos y las inversiones concedidas son utilizados
para el bien común y para una verdadera promoción humana.
Así, los elementos culturales que fomentan el amiguismo, la
corrupción y el fraude deber ser eliminados en el interior mismo del
país. Como cristianos, estamos llamados a trabajar en estas dos
dimensiones. |
|
B. Tres recursos
1.
Catolicidad de la Iglesia en una era de globalización
Uno de los grandes
recursos que aporta la Iglesia católica a la misión de la
evangelización en la era de la globalización es su catolicidad.
Entiendo aquí catolicidad en sus dos dimensiones teológicas: su
expansión en el mundo entero y la plenitud de verdad que aporta a la
familia humana.
Como Iglesia
extendida por el mundo entero, la Iglesia católica es una
institución transnacional que aporta recursos particulares a un mundo
globalizado. En una época en que las instituciones transnacionales (como
las Ongs) pueden prestar a la humanidad un servicio especial que no puede
prestar ninguna nación, la Iglesia dispone de redes de
comunicación que permiten crear solidaridad entre las naciones y en el
seno de toda la comunidad humana. Como Iglesia, tenemos un desafío que
aceptar: utilizar la red de que ya disponemos de manera aún más
eficaz. Los institutos y las organizaciones misioneras tienen aquí un
papel particular que desempeñar. La comunión entre las Iglesias
locales debe ser la levadura de la solidaridad entre los pueblos.
El mensaje de fe
predicado por la Iglesia ofrece una visión moral y espiritual para una
sociedad justa y equitativa en una época de globalización. Las
verdades que ha recibido de Cristo animan a la Iglesia a proclamar la dignidad
de la persona humana, el carácter central de la persona humana para todo
proyecto social, el llamamiento a la solidaridad entre todos los miembros de la
familia humana, la presencia a la vez del bien y del mal en cada cultura, y la
misión de reconciliación de Jesucristo para reunir todas las
cosas sobre la tierra en una ofrenda a Dios (cf. Ef 1,10; Col 1,20).
Permítanme
esbozar cómo veo la presentación de estas verdades. Una Iglesia
realmente católica propone el mensaje de salvación a todos sin
excepción y sin distinción; todos están invitados a la
mesa del banquete del reino de Dios. La eficacia de esta propuesta se funda en
nuestra conversión permanente, en un continuo cambio de
mentalidad (metanoia), cambio provocado por el encuentro con
Cristo en su cuerpo, la Iglesia. En esta conversión y comunión
eclesial constantes, nuestra relación con los otros en Cristo se hace
más profunda. La inculturación de la fe -la conversión de
una sociedad y de una cultura provocada por la predicación de
quién es Cristo en un lenguaje comprensible para la gente- comienza por
identificar semina Verbi (las semillas del Verbo) presentes en toda
cultura y, después, los elementos demoníacos igualmente presentes
en todas las culturas. Este discernimiento aparece en la vida de los
evangelizadores mismos, que son los testigos del poder de la gracia de Dios.
Tales evangelizadores católicos deben estar en íntima
conversación con Cristo y con aquellos a los que él ha puesto en
su camino.
2.
Llamamiento a una nueva evangelización
La nueva
evangelización a la que nuestro santo padre ha invitado por primera vez
durante una visita a Haití, toma en cuenta la manera como el mundo ha
cambiado y se pregunta cómo el mensaje de salvación de Jesucristo
puede ser comprendido por aquellos que, habiendo, en un momento determinado,
aceptado la Biblia, la han dejado ahora deliberadamente de lado. Este rechazo
consciente de la fe no está solamente presente en este nuevo
areópago de los medios de comunicación y de la ciencia de los que
habla el papa en su Encíclica Redemptoris missio. Lo está
también en el punto de vista diferente de muchos hombres y mujeres de
hoy, de grupos enteros que viven en un orden mundial en el que los antiguos
puntos de referencia ya no permiten orientarse. Teniendo en cuenta los
principios de la nueva evangelización, nuestra misión será
más eficaz en un mundo globalizado: es bíblica, universal en su
servicio a todos los pueblos; dialogal en su respeto a la libertad de
conciencia; culturalmente adaptada transformando las sociedades, innovadora en
su uso de los nuevos medios de comunicación, y de responsabilidad de
todos los miembros de la Iglesia.
La nueva
evangelización presupone un diálogo a la vez ecuménico e
interconfesional. Siendo Cristo y la Iglesia una sola cosa, la desunión
eclesial es un escándalo que debilita la predicación del
evangelio. Las economías, las sociedades, las culturas globalizadas
sólo responderán a una Iglesia realmente unificada. Cuando, en el
muevo milenio, las comunidades de fe lleguen a ser las principales modeladoras
y levadura de la cultura, el diálogo interconfesional va a ser tanto
más imperativo. Particularmente crucial es el diálogo entre el
catolicismo y el islam, los dos en expansión. Las relaciones entre
católicos y musulmanes determinarán la globalización
más profundamente que cualquier acuerdo económico o
político.
3.
Celebración del gran Jubileo
La celebración
del gran jubileo es un tercer recurso para la misión en un contexto de
globalización. El jubileo es portador de mensajes esenciales para la
misión. En primer lugar, expresa el carácter gratuito del amor de
Dios que ha ofrecido a su Hijo para la salvación de nuestro mundo. En un
mundo donde toda relación corre peligro de ser comercializada, donde los
actos generosos y gratuitos son considerados como una pérdida eventual
de ganancia, el mensaje de cómo Dios actúa gratuitamente para
salvar al mundo nos lleva hacia un nuevo mundo más auténtico.
En segundo lugar, en
la Biblia, jubileo significa condonación de la deuda y nuevo comienzo.
Si la verdadera globalización es la integración y la
participación, esta integración y participación deben
hacerse posibles, con ese nuevo comienzo para los pobres. La Iglesia aporta sus
recursos para mantener este sueño de nuevo comienzo en el que la
justicia y la paz tengan más oportunidad de triunfar al fundarse las dos
en el amor. |
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Conclusión
Para mantener esta
actividad misionera, debemos tener una espiritualidad misionera que nos
sostenga, nos nutra y nos guíe. Vuelvo aquí a la imagen de la
tierra vista desde el espacio: nuestro mundo es, después de todo, muy
pequeño en el cosmos. Es frágil. Sus barreras y divisiones son
hechura humana, y los creyentes debemos ser los que perciben de dónde
viene el mundo, y a dónde va.
El mundo en todas sus
dimensiones viene de Dios. Es creación de Dios y lleva la impronta de su
imagen. Tiene, pues, una dignidad, una bondad y belleza innegables, poco
importa cuánto los pecados han desfigurado el rostro del mundo. El mundo
partió para un viaje más allá de sus rupturas y
divisiones, hacia una nueva armonía y comunión con Dios, un viaje
al que las cartas de Pablo a los efesios y colosenses llaman
reconciliación. En plena fractura que el mundo experimenta más
vivamente a causa de la globalización, el mensaje de
reconciliación de todas las cosas en Cristo es una verdad que nuestro
mundo ansía escuchar.
Algunos decenios
antes de que fuera común hablar de globalización, el papa Juan
XXIII convocó el Concilio Vaticano II para revitalizar la misión
de la Iglesia en el mundo. Lo convocó para que la Iglesia, como asamblea
global, mundial y universal, fuera, más visiblemente, el sacramento de
la unidad de la raza humana después que las divisiones nacionales,
culturales y económicas nos han llevado a guerras y matanzas en la
primera parte de este siglo. El llamamiento a una misión que sea
realmente católica, es el verdadero llamamiento del Concilio. Por varias
razones, el Concilio no ha sido recibido aún como un llamamiento de la
Iglesia a cambiar el mundo. Se ha gastado mucha energía para cambiar a
la Iglesia según varios esquemas, pero no la suficiente para cambiarnos
a nosotros mismos con la ayuda de la Iglesia, a fin de poder cambiar el mundo.
Este cambio comienza
con Jesucristo y termina en él. Él es el reino de Dios en
persona. El mayor desafío dirigido a la misión de la iglesia en
un nuevo orden mundial, sigue siendo lo que ha sido el mayor desafío de
estos 2000 últimos años: ¿cómo superar los
obstáculos que nos impiden ser discípulos y aceptar con
corazón gozoso la libertad que Jesucristo, Salvador del mundo, quiere
darnos? En toda situación, la gente puede temer esperar. Al ampliar esta
conferencia a toda América, ustedes dan al mundo otra razón para
esperar, y yo se lo agradezco. |
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