TURKMENISTAN

ASHGABAT: Una flor que florece en un terreno cada vez menos árido: esta es la situación de la Iglesia en Turkmenistan. Es una nación con una aplastante mayoría musulmana y con una Iglesia formada hoy en día por dos sacerdotes y cerca de doscientos cincuenta feligreses.

“Cuando llegué hace veintidós años,” explica a la agencia Fides el P. Andrzej Madej – un sacerdote polaco de los Oblatos de María Inmaculada y superior de la misión ‘sui iuris’ de Turkmenistán, “no había fieles católicos. Con el tiempo, he visto cómo se ha ido levantando ante mis ojos una comunidad. Ser testigo de este nacimiento ha sido una gran gracia de Dios, porque significa que he participado en un nacimiento con no pocos problemas, pero lleno de esperanza: vivimos la experiencia de la Iglesia Apostólica, que empieza con apenas unos trazos y se cimienta en el poder de la palabra de Dios.”

Durante el periodo de dominación de la Unión Soviética, hasta Turkmenistán llegaron católicos desde otras regiones del Este de Europa, como Polonia. Éstos consideraron la fe como su mayor valor:

“Pagaron un alto precio para protegerla de las imposiciones del ateísmo científico. Hoy, sin embargo, hay una cierta dificultad para transmitirla a los hijos; paradójicamente, es más difícil transmitir la fe en tiempos de libertad que en tiempos de represión. A pesar de esto, nuestra comunidad, aunque lentamente, no deja de crecer: si en el pasado sólo bautizábamos a adultos, últimamente también los niños reciben el sacramento.”

Hay problemas, y no pocos, pero éstos no impiden a la pequeña comunidad seguir su camino cimentada en la Palabra de Dios.

“Nuestros feligreses llevan en el corazón la lectura del Evangelio. Tenemos grupos bíblicos que se reúnen para leer la Biblia, tanto en la capilla como en sus casas. Además, celebramos la eucaristía en ruso cada día, y los domingos también en inglés para los extranjeros,” explica el Padre Madej.

De hecho, otra dificultad que ha surgido sola ha sido la dificultad para comprender el mensaje del Evangelio, aunque, últimamente, la necesidad de aprender turcmeno se ha extendido cada vez más.

“Si el conocimiento del ruso había sido hasta ahora suficiente, hoy, los que llegan de los pueblos de la antigua Unión Soviética no conocen ya este idioma. De ahí que, en julio, llegue un tercer sacerdote, también de los Oblatos de María Inmaculada, que en su primer año de residencia se consagrará totalmente al estudio del turcmeno”.

Andrzej Madej ha trabajado en Turkmenistán desde 1997, cuando Juan Pablo II estableció la misión ‘sui iuris’ con la que renació la iglesia católica local En un país de cinco millones de habitantes, el 90 por ciento musulmanes, durante trece años la presencia de los Oblatos fue permitida sólo en cuanto representación de la embajada vaticana. Al principio los encuentros tenían lugar en las casas privadas y las funciones litúrgicas eran celebradas exclusivamente en el territorio diplomático de la Nunciatura apostólica en Ashgabat. En 2010, el gobierno reconoció oficialmente la presencia católica, y la comunidad de los fieles se reúne en la capilla de la Transfiguración del Señor, en la capital. La mayoría son de origen polaco o alemán, pero los hay también turcmenos conversos al catolicismo.