PROVINCIA MEDITERRÁNEA

Italia es hasta ahora, después de China, uno de los países a los que peor ha golpeado la pandemia del coronavirus. En una carta con fecha del 11 de marzo de 2020, el P. Gennaro ROSATO, el Provincial de la Provincia Mediterránea, invita a todos los miembros de la familia oblata a vivir este momento de gran dificultad y desasosiego enraizados en la fe y el amor.

A continuación la totalidad de la carta:

Queridos hermanos y miembros de la Familia oblata:

Estamos experimentando una situación que parece surrealista. Nos encuentra desorientados porque estamos indefensos ante algo que percibimos como amenazante, sobre todo porque es desconocido. Como muchos, quizás también nosotros experimentamos no solo las molestias causadas por las medidas cautelares impuestas, sino también por el sentimiento del miedo que nos ataca impulsivamente. No podemos evitar sentir emociones, lo que podemos hacer es tratar de manejarlas con inteligencia y fe. La inteligencia nos permite afrontar la situación de una manera más objetiva y racional. La fe nos permite hacer una lectura más profunda de lo que estamos experimentando, nos ayuda a dar sentido a lo que está sucediendo y a guiar las decisiones que hemos de tomar.

Como discípulos del Señor, aceptando la invitación a pedir con confianza (Lc 11, 9), nos dirigimos a Él para presentar nuestras necesidades y las necesidades de nuestros hermanos; además con sentido de responsabilidad, queremos hacer nuestra parte empleando nuestra inteligencia, energía y corazón, seguros de que «todo contribuye al bien de los que aman a Dios» (Rom 8, 28).

Unidos en la oración…

Las medidas de seguridad requeridas han tenido como consecuencia para muchos de nosotros el que de repente tengamos mucho “tiempo libre” para administrar. ¿Por qué no aprovecharlo para rezar un poco más y más tranquilamente? Idealmente, todos podemos unirnos en oración y rezar juntos. Os invito a hacer esta oración, u otras adecuadas, como un compromiso diario, eligiendo un momento del día para hacerla:

“Señor de la vida y dador de todo bien, por intercesión de María Inmaculada, de S. Eugenio y de los Beatos Oblatos, recurrimos a Ti para pedir la gracia de Tu protección para nosotros y para todas las personas del mundo. Te rogamos por todos los afectados por la infección para que puedan recuperar la salud. Te encomendamos a aquellos que tienen que trabajar más directamente contra la epidemia: los gobernantes, los científicos, los médicos, el personal sanitario, los agentes de la ley y todos aquellos que, de diferentes maneras, están involucrados en colaborar en la emergencia. Sostén, a través de los múltiples caminos de tu Providencia, a quienes más sufren las consecuencias de los daños económicos, especialmente a los pobres.

En tu bondad, ten piedad de todos los que han muerto, y alivia el dolor de aquellos que sufren la perdida de sus seres queridos.

No dejes que nos desanimemos. Danos la gracia de confiar en ti y contribuir, en la medida de lo posible, al bien de los demás. Te encomendamos confiadamente nuestra vida y la vida del mundo entero y rezamos para que, al hacer frente juntos a este momento, los pueblos puedan crecer en solidaridad y paz».

Hagamos nuestra parte concretamente (para las comunidades Oblatas en Italia)…

Hasta el 3 de abril (a menos que el legislador indique lo contrario), de conformidad con las disposiciones gubernamentales, y en un espíritu de solidaridad con todo el pueblo italiano, se nos pide que no nos alejemos de nuestras comunidades y que cancelemos cualquier actividad que no permita garantizar las normas de seguridad aprobadas. Por decreto, se permite salir del propio domicilio sólo por razones objetivamente válidas y urgentes: ir de compras o adquirir artículos de primera necesidad, ir a la farmacia, por razones de salud o urgencias reales generadas por serias situaciones personales, comunitarias, pastorales, o familiares.

1. Si hubiera una urgencia real que implicara salir del municipio donde se reside, se deberá escribir el obligatorio documento de auto-certificado para no incurrir en un delito penal.

2. En materias pastorales y litúrgicas, nos adaptaremos a las directivas eclesiales de la Conferencia Episcopal Italiana y de los Obispos diocesanos.

Cada comunidad, teniendo en cuenta diligentemente la legislación civil y eclesial, tomará las medidas de seguridad que considere apropiadas para su situación concreta, en un espíritu de comunión y corresponsabilidad. En nuestras comunidades en este período no planificaremos encuentros, reuniones o celebraciones abiertas a otras personas. Será posible celebrar la misa comunitaria en forma privada, garantizando la debida distancia. Para las comunidades donde tenemos personal externo que trabaja para nosotros, nos aseguraremos de que se garantice la distancia de seguridad requerida y consideraremos seriamente la posibilidad de usar una máscara y guantes protectores para los empleados que trabajan en la cocina, especialmente donde hay hermanos mayores, enfermos o físicamente débiles. En nuestras «enfermerías» provinciales, por supuesto, esta precaución se convierte en obligatoria para todos aquellos que trabajan en la cocina y para los cuidadores, enfermeras/os, auxiliares sanitarios, o cualquier otro tipo de personal que cuida a nuestros hermanos mayores y enfermos.

… Seguros de que «todo contribuye al bien de los que aman a Dios».

Tratemos de vivir este momento arraigados en la fe y en el amor. Podemos cumplir con las reglas que se nos piden por escrúpulo o por miedo. Como cristianos, podemos motivar nuestro compromiso viviéndolo como un signo concreto de nuestro amor por nuestros hermanos, es decir, para hacer toda nuestra parte para salvaguardar la salud de los demás y ayudar a no propagar la epidemia.

Nos estamos preparando para la Pascua, que es la fiesta de la Vida. Desde esta perspectiva debemos mirar a la cruz de Cristo, un evento que Jesús mismo compara con los dolores de parto (cf. Jn 16, 21). Leamos también nosotros este momento como el tiempo del esfuerzo del parto, que no es un fin en sí mismo, sino que conducirá a la generación de una nueva vida. Vivámoslo como una gracia que se nos da para revisar nuestra vida y recuperar lo esencial, que quizás habíamos dejado de lado y que, en cambio, es lo que, en el fondo, da sentido a nuestra vida. Por mi parte, creo que esta realidad, que ahora se ha convertido prácticamente en planetaria, pueda, entre otras cosas, ser una oportunidad para revisar las relaciones entre los pueblos, de modo que, al superar el egoísmo y los intereses partidistas, todos puedan tomar en serio el progreso y el bienestar de los demás, con espíritu de solidaridad y, ¿por qué no?, de auténtica fraternidad. Confiando en la ayuda de María, nuestra Madre y salvaguardia, nuestro refugio y defensa, saludo a cada uno en el Señor.

P. Gennaro Rosato omi
Superior Provincial