Siyabonga DUBE, OMI

Sudáfrica: El sábado 11 de mayo de 2024, tuvo lugar un momento verdaderamente especial para los fieles de Eshowe y los peregrinos que visitaban Ngome: la bendición y la inauguración de la nueva estatua de Nuestra Señora, Tabernáculo del Altísimo. Este evento, lleno de reverencia y alegría, señaló una hermosa renovación de la devoción a nuestra Santísima Madre.

Los peregrinos viajaron desde cerca y desde lejos, deseosos de participar en este momento sagrado y de recibir las bendiciones prometidas. Entre los presentes se encontraban Su Eminencia el Cardenal Wilfred Napier, OFM, Administrador Apostólico de la Diócesis de Eshowe, y el Obispo Vusumuzi MAZIBUKO, OMI, Administrador Apostólico del Vicariato de Ingwavuma, junto con representantes de diversas comunidades religiosas.

La ceremonia empezó con oraciones e himnos

En su discurso de bienvenida, Su Eminencia agradeció cordialmente a las comunidades religiosas que sirven en el Santuario, incluidas las Hermanas Benedictinas, las Hermanas Franciscanas y las Misioneras Oblatas de María Inmaculada. La ceremonia empezó con oraciones e himnos, invocando la intercesión de Nuestra Señora y buscando su guía y protección maternal. A continuación, los sacerdotes presentes celebraron los sacramentos de la Penitencia y de la Unción de los enfermos.

Los peregrinos esperaban pacientemente a que el velo que cubría la estatua se levantara

A medida que se acercaba el momento de la develación, el aire estaba cargado de expectación. Los peregrinos esperaban pacientemente a que el velo que cubría la estatua se levantara revelando a Nuestra Señora. Un sentimiento de admiración invadió a todos presentes, seguido de una oleada de alegría mientras los corazones se conmovían ante la belleza de Nuestra Señora. Los peregrinos se acercaron a la estatua y ofrecieron sus oraciones y peticiones. Algunos se arrodillaron en oración silenciosa, encontrando fuerza y consuelo en su abrazo maternal.

Una profunda experiencia espiritual que conmovió a todos los presentes

La inauguración de la nueva estatua fue algo más que una ceremonia: fue una profunda experiencia espiritual que conmovió a todos los presentes. Fue un poderoso recordatorio de la fuerza perdurable de la fe y del amor sin límites de nuestra Madre Celestial, que intercede continuamente por todos los hijos de Dios.