Nuestro carisma comienza con una historia, la historia de un joven, Eugenio de  Mazenod. A lo largo de su vida, experimentó en sí mismo el amor misericordioso de Dios, manifestado en Jesucristo, el Salvador crucificado. Nosotros también, inspirados por nuestro Fundador, reconocemos el poder de CRISTO en nosotros y queremos EVANGELIZAR, que es lo mismo que decir, hacerlo conocer y mostrar con nuestras vidas la alegría de la Buena Noticia.

A partir del encuentro de Eugenio con Jesús en la cruz, se sintió conmovido por la situación deplorable de la IGLESIA de su tiempo, y se sintió llamado a reavivar la llama de la fe que se estaba muriendo en los corazones de muchos de sus hijos, especialmente de los pobres. Por eso es sobre todo a los POBRES a los que entregamos este mensaje de alegría liberadora: a los más abandonados, aquellos cuya situación clama justicia ante Dios.

Por esa razón vivimos en COMUNIDAD, un grupo humano donde unos a otros nos fortalecemos en la fe, en la caridad, enriqueciéndonos mutuamente por aquello que descubrimos de Dios y de Cristo, que vive y obra en nosotros y en el mundo.

Somos MISIONEROS. El Papa Pío XI nos calificó como “especialistas en las misiones difíciles de la Iglesia”. Queremos dedicar nuestras vidas a todos aquellos que no conocen a Jesucristo o bien han olvidado a Jesús en sus vidas, allá donde estén en todo el mundo, y por eso muchos Oblatos sirven en tierras lejanas a las suyas. En la misión, buscamos nuestro camino de santidad.

Somos OBLATOS. Esto significa misioneros totalmente entregados, incondicionalmente y sin dar marcha atrás, a Dios, al cual pertenecemos realmente, y a los hermanos y hermanas, a los que hemos sido enviados. La VIDA CONSAGRADA es el “marco” en el cual vivimos nuestra oblación. Oblación significa la dedicación radical, sin reservas, a la obra de Cristo y al cumplimiento de su misión. Juntos en comunidad, dedicamos nuestras vidas a construir la familia de los hijos de Dios y así ayudar a que la oración de Jesús llegue a suplenitud: “Que todos sean uno”.

Somos los Misioneros Oblatos de MARÍA INMACULADA. Ella es nuestro Modelo, nuestra Patrona y nuestra Madre. En ella vemos a Cristo, vemos a Dios. En su “fiat”, ella nos muestra cómo cooperar con la Voluntad de Dios, y vivir la muerte de Jesús para así participar en su Resurrección. Nosotros Oblatos, vivimos nuestra misión con ella. Como dijo el Papa León XII, nuestra misión como Oblatos es “llevar al seno de la Madre de Misericordia aquellos hijos a los que Cristo desde la cruz ha querido darle”. Por eso cuando Eugenio contempla María, la llama “Madre de la Misión”.