Un obispo en el Norte Grande canadiense

Entrevista a Reynald Rouleau, OMI
 
 
 
Msr. Reinaldo Rouleau O.M.I. es obispo en la diócesis de Churchill-Bahía de Hudson, desde hace 16 años. Esta diócesis cuenta con una población católica de cerca de 6.500 personas y se extiende hasta el círculo polar ártico. Relato de la actividad misionera de un obispo que ha hecho de este territorio su tierra de adopción.

  • El hombre que está sentado delante de mí, tiene una bella cabellera blanca. Sonriente, habla con mucha admiración de pueblo Inuit,(esquimales) que lo acoge desde hace dieciséis años. Diría que son sus propias palabras que traicionan los hechos, pues esta cultura lo ha llevado a reconsiderar ciertos valores que él ya vivía cuando residía en el sur. Msr. Reinaldo Rouleau cuenta que ha sido impactado desde el principio de su presencia en medio de los Inuit, por la capacidad que tienen para vivir una intensa vida espiritual.

«Me acuerdo que encontraba sus celebraciones demasiado largas. Parecía que nunca terminaban de cantar. Esto me cansaba. Un día me di cuenta que el canto era para ellos portador de todos sus sentimientos. Podían expresar todas las dimensiones de la experiencia humana en el canto. Es por esta razón que le otorgaban una inmensa importancia. Pueden cantar juntos por horas. Esto incluso tiene un hechizo. Lo hacen con un ánimo increíble. Mientras más largo es el canto mas contribuye a pacificar al conjunto. Me debía adaptar a este rasgo de la cultura.»

  • Rouleau rápidamente constató que los Inuit no tienen la misma concepción del tiempo, que el modo ser norteamericano. Estamos obsesionados por el tiempo. Nada marcha con velocidad.

«Observé, poco después de mi llegada a la diócesis, que el tiempo no contaba para ellos. No es necesario pedir con anticipación una cita, para visitar a una persona. Ya que estas ahí, te puedes detener y golpear a la puerta del matrimonio que deseas visitar. Eso es todo. No hay necesidad de hacer mas trámites. Ahora me he adaptado y hago la misma cosa que ellos. No me anuncio cuando voy a visitar a alguien», cuenta el obispo de Churchill. «Me siento más cercano al papel de un párroco que de un coordinador de la actividad pastoral. Hago este trabajo, pero no es lo esencial de mi presencia, ni de mi actividad. Estoy ahí para vivir los acontecimientos como todo el mundo. Además la gente me percibe así. Una señora comprometida con la pastoral me llama y directamente me dice: ‘Buenos días, es Teresa…’ es como que si yo la conociera. Se presentan ante mí como que si les conociera personalmente. Se trata realmente de una relación de fraternidad y sólo de una relación pastoral. No es porque el obispo está en la casa, que le van a limpiar la mesa. Me siento y estoy, con ellos, como en mi casa para tomar té. No vivimos una relación de tipo protocolar, sino más bien una de tipo familiar.»

  • Los Oblatos están presentes en esta región desde 1912 con Msr. Arsenio Turquetil. Este territorio en muy alejado y depende de otros, ya sea en sus finanzas que en la incorporación de sacerdotes y agentes de pastoral. Por el momento hay seis sacerdotes, dos religiosas y ocho laicos agentes de pastoral, entre ellos un inuk al servicio de la población de este inmensa comarca. Msr. Reinaldo Rouleau hoy se encuentra satisfecho de los servicios prestados, revela al mismo tiempo, que no es capaz de comprometer más, a la gente sino con esta labor. Las personas que trabajan al servicio de la diócesis de Churchill-Bahía de Hudson, lo hacen en forma casi gratuita. Se trata de un verdadero trabajo misionero.

«Les damos un subsidio de $3.500 dólares canadienses, para sus gastos personales. Contribuimos también a su fondo de pensión y le pegamos un viaje anual para ir a ver a la familia. Tenemos un presupuesto de $700.000, del cual un tercio se dedica a gastos de viajes. Nuestra área es inmensa 2.300.000 kilómetros cuadrados, por lo que los gastos en viajes son importantes. Otra parte de nuestro presupuesto, se financia con el aporte de los obispos canadienses, y la otra proviene de donativos recogidos por «Esq-o.m.i.» Tenemos benefactores muy generosos que se podría decir que, casi adoptan al obispo y a la causa de los Inuits. Es por eso, que estoy profundamente tocado por este testimonio de solidaridad».

  • Una decisión muy importante se tomó en 1970. La diócesis decidió promover la formación de líderes Inuits

«Habíamos observado que ellos tenían dirigentes en otras actividades sociales y políticas. Hemos consagrado muchísima energía para entregarles una formación de buena calidad. Hacemos cada año una sesión de formación que dura quince días. Por el momento, tenemos sesenta líderes que trabajan en el terreno mismo. En su mayoría son parejas. Esta fórmula es original. Son dos los miembros de la pareja que son líderes, por lo que estamos muy satisfechos con esta fórmula. Este procedimiento ha sido aceptado, porque la familia es la entidad fundamental de esta cultura autóctona. Por cierto, que cuando se habla de la familia esto incluye a los abuelos, aún cuando hayan muerto. Los lazos comienzan con los ancestros».

  • Reinaldo Rouleau explica que es muy gratificante para las parejas comprometerse con su comunidad.

«Son parejas muy entregadas y ayudan a mejorar a la comunidad. Es cierto, que ellos a traviesan por pruebas, pero tienen una intensa vida de oración. Su pena más grande viene del hecho que son criticados o ridiculizados en su ambiente. Estas parejas no descuidan la crianza de sus hijos, pero hay personas que le reprochan, diciendo que no hacen nada por ellos, descuidándolos.»

  • Sin embargo, observa Msr. Rouleau, estas parejas no tienen igual, cuando se trata de apoyar a los que atraviesan por un problema. Es entonces cuando la comunidad cobra su importancia.

«Por lo demás, hay como en todas partes, acontecimientos trágicos y cuanto estos acontecen, están prontos a organizar vigilias de oración. Esto ayuda a los que sufren a reencontrar la esperanza y el valor. Este pueblo ha vivido acontecimientos nefastos, pero encuentro, al mismo tiempo que poseen una valía extraordinaria».

  • ¿Cómo reaccionaran las actuales generaciones de jóvenes? Msr. Rouleau no halla una respuesta clara. Pero una cosa es cierta, la televisión es omnipresente. La tendencia en los jóvenes es usar el inglés como lengua para comunicarse. Pues tienen acceso a todos los servicios de la sociedad moderna.

«Es cierto, que la influencia de la sociedad norteamericana, hoy es mayor que hace sesenta años atrás. Desconozco la opción que harán los jóvenes. El mundo de la vida tradicional está en vías de transformarse. Esta sociedad que en otra época era nómada, por lo que todas sus actividades tenían como objetivo la supervivencia. Hoy no es el caso. Pero creen aún en los valores que son importantes para ellos.»

  • Los problemas de las escuelas con alumnos internos, y las agresiones que sufrieron los jóvenes Inuits aún cobran actualidad. Estas escuelas fueron cerradas en 1963. Hoy todavía, hay problemas que arreglar. El Gobierno canadiense está en vías de dar algunos pasos para arreglar ciertas situaciones, pero el resto de los casos de violencia sexual corresponde estudiarlo a otros. Msr. Rouleau cree que este asunto no afecta las relaciones en su diócesis. Señala, no obstante, que hay personas que quieren clarificar dichas situaciones, además piensa, que se debiera ser capaz de subsanar este problema, de aquí a pocos años. Según Msr. Rouleau hay realidades complejas que según su conocimiento, para los que restan aun dos o tres situaciones aun más graves.

«He observado que los Inuits especifican los casos puntualmente, en vez de atacar globalmente a la Iglesia. Hacen caer la responsabilidad sobre personas precisas. Esto es mas sano, que una campaña ideológicamente masiva.»

  • Reinaldo Rouleau es un hombre feliz de vivir en el Norte Canadiense.

«Encontré difíciles lo primeros años. Debía adaptarme a esta cultura. Hoy no la cambiaría por algo mejor. He tejido lazos indestructibles con los agentes de pastoral y con los líderes inuits. No me vería a gusto en el sur con una responsabilidad sobre ochenta parroquias. Este medio de vida verdaderamente me ha marcado.»

Por Jerónimo Martineau, Nuestra Señora del Cabo, Abril 2004 p14-15.